martes, 30 de marzo de 2010

Carta a un joven poeta (de blog)

Joven Poeta:
Si estás por escribir tus primeros versos, es mi deber informarte que te tropezarás con un escollo imprevisto (por eso justamente tropezarás) y es que algunas palabras o conceptos te serán prohibidos porque pertenecen inexorablemente a un autor que no eres tú. Si los usas, a modo de crítica farorabilísima, tus lectores te recordarán quienes son sus memorables descubridores. Te lo repito: no te acusarán de plagio, simplemente les recordarás a sus talentosos propietarios y con ello intentarán halagarte sinceramente.

Por eso, La Menor Idea considera un deber advertirte los...

TERMINOS QUE SON DE GRANDES ESCRITORES QUE NO ERES TÚ Y QUE ES MEJOR EVITAR:
Nunca refieras espejo, porque todos los espejos son inexorablemente borgeanos.
Cucarachas, insectos en general: fueron, son y serán kafkianos.
El mar, metido en cualquier historia te devolverá un: ¡oh!¡me hiciste acordar a Conrad! ( y/o a Melville)
Pueblo de Latinoamérica (se llame como se llame) ¡Qué belleza lo que has escrito! ¡Es igualito a García Márquez!, (también puede ser Rulfo u Onetti)
Sexo: es territorio de Woody Allen o Henry Miller
Evita el planeta Marte, que es de Bradbury por derecho adquirido.
Gato: te convierte automáticamente y como por arte de magia en el heredero de Poe. Y si encima es negro, eres la reencarnación de Edgardo (me refiero a que sea negro el gato… si el negro eres tú, dirán que escribes igualito al Negro Fontanarrosa)
Si tramas historias de borrachos, serás un Bukowski resucitado (y sobrio)

La lista es infinita y también incluye la propiedad autoral de algunos lugares: Roma o Grecia son de Robert Graves; Arabia es de T.E. Lawrence; Bahia, de Jorge Amado; las pampas y los gauchos, de Güiraldes o José Hernández; París, de Cortázar, Henry Miller o Hemingway (en este último caso tampoco cuentes nada de Cuba)

De Andalucía ya se ocupó García Lorca, ese andaluz profesional (según Borges) al que todos nos debemos. ¡Todo lo andaluz recuerda a él!
Si eres detallista con las frívolas costumbres de cierta sociedad que conoces muy bien, tendrá tu trabajo un dejo proustiano, y si clamas contra las injusticias, serás parecido a Hugo.
Si tu personaje es quijotesco no hace falta que te advierta...
¡De lo que sea que escribas, recordarás a un escritor! Y no a cualquiera sino a uno…¡grandioso!
No intentes escaparte del dilema escribiendo sobre tu vida, porque te parecerás a todos ellos a la vez.

Te preguntarás cómo es posible que tu mamarracho ruso le traiga a alguien el recuerdo del inigualable Dostoiewski, sólo porque hay en tu obra ciertas dosis de hambre, nieves y estepas. Yo tampoco me lo explico. Tal vez la culpa sea el entusiasmo de tu lector, que quiere que sepas que conoce que justamente esa hermosa metáfora la usó Alejandra Pizarnik antes que tú y considera que a ti te agradará saber que él lo advirtió solito. ¡Pero no cometas el pecado de creerle! Porque hayas dicho "biblioteca" sólo tienes una cosa en común con Borges: la palabra "biblioteca". El resto de tu poesía será menor seguramente, querido joven poeta, porque aparece un genio cada cincuenta años, en el mejor de los casos. Ni te cuento si la poesía del espejo también habla de insectos, el protagonista está borracho y la escena transcurre en Nueva York (en este último caso tendrás algo de Auster, of course, y si le agregas droga serás un beatnik)

Y así ad infinitum...
Disculpa mi aspereza, pero la vida es dura. Te lo puedo decir con las pruebas sobre la mesa, ya que al intitular este opúsculo de dudoso gusto como "Carta a un joven poeta" a alguien le recordará claramente a Rilke. Y quizás me diga que esto resultó tan bien escrito como aquellas cartas, lo cual es evidentemente falso pero reconforta al comentador, que se regodea con su asociación de epístolas…
No hace falta que me jures que no sabías que un Genio había usado la palabra prohibida antes que tú, porque te creo. Las ideas, las asociaciones pueden aparecer como un dèjá vu, son plagios involuntarios de sensibilidades (no talentos) hermanas.

¿Quieres un consejo que termine definitivamente con el problema? ¡No escribas, joven poeta! Pero si eres valiente y tozudo y quieres seguir tu camino, recuerda estas palabras de Elías Canetti:

“Tantos hombres en la cabeza y todo lo que han dicho. Y, sin embargo, uno mismo tiene que encontrarlo otra vez y decirlo"

lunes, 29 de marzo de 2010

El pájaro

El amor es un pájaro
Que se posa en nuestra ventana
una mañana de otoño
Primero no lo vemos
O pensamos que volará de inmediato
Sin embargo se queda
todas las mañanas de ese otoño tibio

Y nos hace felices
como nunca imaginamos
Lo alimentamos
Y él canta

Pero luego dejamos
de asomarnos a la ventana
Porque su canto llega
hasta adentro de la casa
Y a veces nos olvidamos de alimentarlo
O tal vez al pájaro
ya no le gusta nuestra comida

Y un buen día se echa a volar
No nos damos cuenta enseguida
Porque ya es primavera
y muchos pájaros cantan
Entonces corremos hasta nuestra ventana
Y tan misteriosamente como llegó
En aquel otoño, ahora mítico
Se va
Y esta primavera se nos vuelve fría

No es culpa de nadie
Así es la naturaleza de cambiante
Tal vez si tenemos suerte
Algún día
Escuchemos otro canto
En nuestra ventana.

Pero ahora no podemos pensar en eso
Ahora sólo podemos pensar
En aquel otoño tibio
En que el pájaro frágil y sonriente
Se posó en nuestra ventana
Por primera vez.

viernes, 26 de marzo de 2010

¡El Final de la precuela de Recúpero!

Lo pedían en todos los continentes (Europa, Latinoamérica, Africa, Asia, Australia y Valentín Alsina) y de todas las formas imaginables: correos electrónicos, SMS, mensajes cifrados, morse, Hermes encarnados, chasquis, correveydiles, palomas mensajeras, mensajes de humo, sombras chinescas, telepatía, homeopatía y saludos de mi tía (excepto por teléfono, no sé por qué)
¡La Menor Idea no puede demorar más la entrega del final de esta precuela!
Al staff ya presentado en la primera parte se agregan Maracuyá del blog Capítulos en el papel de la sensual Jéssica, la india guaraní novia de Recúpero, y Segundo, del blog Pensamientos Descoordinados en la voz y estampa de Soler Serrano, el legendario reportero español que nos presenta un tenso mano a mano con El Último Poeta Maldito y Único Argentino.
Apague la luz de su casa así no le dentran mosquitos. Con Ustedes ...(para España, "Con vosotros...")
¡los intérpretes!


martes, 23 de marzo de 2010

La precuela de Recúpero...¡en los cines!

Damas y caballeros: directamente de Hollywood y por el mismo precio, a modo de oferta y de regalo...¡el film de Recúpero!


En otro esfuerzo sin precedentes de La Menor Idea y por todo lo que nos debemos (y le debemos) a nuestro inconmensurable público, la precuela de Recúpero llega a la pantalla. Conozca la verdadera historia del padre de Francis Oliverio: Jorge Luis Oliverio Recúpero y Briones, Capitán de la Marina. ¿Cuánto influyó el cautivante papá en la tortuosa vida de nuestro poeta maldito? ¡Compruébelo Usted mismo!





Créditos

Elenco por orden de aparición:
Narradora/Guión: Susana, de
La Cueva
Capitán Jorge Luis Oliverio Recúpero y Briones: Héctor Suárez, Buby (mi viejo)

Exteriores en la Fragata Sarmiento/Libro: Marcelo
Dirección: María de Voz y Mirada

domingo, 21 de marzo de 2010

Un poco de amor francés


Él huele horrible
Ella es delicada.
Él habla en francés
Ella habla poco
Suspira él
Ella hace mohínes
Él quiere besarla
Ella sí pero no, pone los codos.
Él no es Serge Gainsbourg
Ella no es Jane Birkin
Hace poco me enteré que él se llamaba
Pepe Le Pew
Y ella Penélope
Y cuando era chico
Me encantaban.





jueves, 18 de marzo de 2010

Un piano en el altillo

Nadie quería dormir en la pieza más alta de la pensión de la calle Alsina. No es que hubiera fantasmas. O si alguien lo pensó, nunca me lo dijo. Pero la Buenos Aires de los años cincuenta es un caos de inmigrantes llegando y no pude elegir, así que tomé el cuarto más alto, el que no quería nadie. Como no creo en fantasmas, incluso cuando me aseguran que no existen, me acosté. Aquella noche de marzo era la primera para mí en Buenos Aires. Ya había dormido un buen rato cuando comprendí por qué nadie la quería. El sonido de un piano llegaba, lejano, desde algún lugar que no podía distinguir. Me asomé por la ventana. Salí al pasillo. Nada. Es que los sones venían de arriba, aunque estuviera en el último piso. La puerta que comunicaba a la terraza estaba cerrada con llave, pero mi curiosidad pudo más. No era precisamente una puerta difícil, con un leve empujón cedió dócilmente. A lo lejos, la Avenida de Mayo y sus fachadas madrileñas tornaron más irreal la situación, como si me encontrara en un sueño. Ahora sí, Bach y su Preludio en C mayor llegaban diáfanos desde la buhardilla del viejo edificio de al lado. Un anciano tocaba el piano y no entendí cómo podía haberlo subido hasta allí, ya que la estrecha escalera no se lo permitía de ningún modo. El ejecutante me daba la espalda, así que aprovechando la oscuridad de las estrellas encendí un cigarrillo y presencié el concierto. Me di cuenta que sólo tocaba obras de Bach. Luego del preludio siguió con los conciertos para piano , y varias veces reprimí el instinto de aplaudir cuando mis palmas ya casi se tocaban. Lloré. El anciano seguía y seguía y en cualquier momento comenzaría a clarear.
Al terminar Tocata y fuga el piano se silenció. El hombre giró sobre sí mismo y apuntó su mirada hacia donde yo me encontraba. Pese a que la noche me ocultaba, me inquietó esa mirada firme. No me asustó pero estaba seguro que él sabía que había alguien, allí en lo oscuro. No alguien. Yo. Luego, sin dejar de mirarme –porque me di cuenta que me había visto- sonrió y me dijo

nevermore

Recién ahí, evitando su mirada insostenible, me di cuenta que el altillo no tenía techo. También, que la función había terminado.

A la mañana siguiente pagué el cuarto y nunca más regresé a la pensión de la calle Alsina. Desde aquella noche sí creo en fantasmas. Aunque en este caso, nunca supe si el fantasma era el anciano o su imposible piano en el altillo.

lunes, 15 de marzo de 2010

La Menor Idea cumple dos años

La Menor Idea festeja sus dos años de vida. Habrá discursos alusivos, la bendición papal por internet, un saludo del Dalai Lama por telegrama y otro personal de Armando Quinteros, inolvidable volante por derecha del Vélez subcampeón 1.979. Por supuesto será una noche altamente emotiva, y la cuenta, ídem.
Están todos invitados. Nuestro Departamento de Festejos se encuentra últimando detalles con un maitre que nos recomendaron por lo serio, acorde con la importancia del evento que paralizará el hemisferio oeste, prácticamente totalmente.
Los esperamos de riguroso smoking (ellas) y vestido largo (ellos)

Feliz 2.010, gracias por soportarme.


Si Merche preguntó, lo aclaro: el señor de la foto es un maitre de restaurante, algo alocado por cierto.

domingo, 14 de marzo de 2010

Buda

Ojalá que Buda exista
Porque quisiera en otra vida
Menos oficina y más cocina
Algunos viajes
y caballos


Tengo letras
y unos tangos
También vino
Pero quisiera ser
Menos culposo
y más ocioso

Tal vez Buda me diría
Que no piense en otras vidas
Que todavía tengo tiempo
Para algunas de esas cosas
En esta.




sábado, 13 de marzo de 2010

Diálogo de mudos

La ciega venía apurada
El sordo, distraído
Se chocaron
La ciega comenzó a insultarlo
El sordo, silencioso, se hizo el distraído
un poco más.

Dos mudos que vieron todo gesticularon
Que no hay peor sordo
que el que no quiere hablar.

sábado, 6 de marzo de 2010

De vuelta al barrio


No sé por qué me cuesta volver a Liniers. Cuando voy a ver un partido de Vélez no, pero a la que fue mi casa por quince años, sí que me cuesta. Mi mamá se fue de vacaciones y quedé a cargo de la gata y de las plantas. Cuando ella está nos encontramos en lo de mi hermana o viene a mi casa. Pero a la suya voy poco. Supongo que tiene algo que ver que mi vieja dejó mi cuarto casi igual a cuando yo vivía allí. Aunque noté una Virgen María que yo no hubiera puesto. Por suerte, en mi última etapa retiré los pósters más comprometedores. Sólo quedaron algunas imágenes de fútbol y unos adhesivos de política en el vidrio de la ventana. Tal vez la anacrónica escena cuenta con sobreactuada vehemencia que ese adolescente no existe más, y quedó su cuarto a modo de museo. O quizás me hace pensar que esos años de nuestras vidas no son tan idílicos como los recordamos de grandes, sino que es un tiempo en que se descubre todo. El amor a la hora de la siesta, el sufrimiento.
En la sala también hay muchas fotos y antiguos trofeos de fútbol que gané en la escuela. Lucen antediluvianos y opacos, parecen soldaditos viejos.

Anoche, los negocios del barrio me molestaron. Me molestaron los nuevos, me molestaron los que se mantienen avejentados. Y la noche magnifica esa sensación de dejadez. Antes de llegar a cumplir con mi “trabajo”, me detuve a cenar en una esquina muy bonita. Han puesto un restaurante moderno, con ladrillos a la vista, luces tenues y mesas en la vereda. Para no desentonar me pedí un moderno pollo caprese y vino. Las camareras eran muy jóvenes y atentas. Los clientes también eran jóvenes y disfrutaban la hermosa noche de verano que nos regalaba el viernes.
Ya me había olvidado de esas cavilaciones cuando la moza pasó y gentilmente me preguntó si estaba todo bien.

- ¿Vos sabés quien era Cándido? Pregunté sin preavisar y a quemarropa

La chica se quedó muda. Yo creo que estaba preparada para que le pidiera otra botella de vino, más pan o la cuenta. Pero la palabra “Cándido”, que ni siquiera estoy seguro que supiera que era un nombre de pila, la dejó en silencio. No sé por qué me dio por el mónologo decadente. Me noté viejo y enojado cuando sin esperar respuesta me despaché diciéndole que treinta años atrás, el restaurante moderno no se llamaba “Lisandro” sino que era un bar camino a los mataderos que tenía “Renacimiento” por nombre formal. Que en lugar de luces tenues las había blancas y brillantes. Que no tenía ladrillos a la vista sino revoques descuidados y baldosas gastadas. Que el mostrador no estaba poblado de plantas, era de estaño y nada se interponía en su superficie fría y plateada. Y ese feudo no era gobernado por sus dueños sino por un mozo llamado Cándido, asturiano de cincuenta kilos y cabrón que decidía si te quería o no la primera vez que te atendía. A mis amigos y a mí nos quería, entonces cuando pedíamos licor para combatir las madrugadas frías (Legui para más datos) nos servía la copita a tope y además derramaba otro poco en el platito que le hacía de soporte. Y si no te quería la copa la servía escasa y demoraba un siglo en atenderte. No era mozo para restaurante fashion, claro. Incluso podía rascarse un testículo mientras te tomaba el pedido. Eso sí, lo hacía por afuera del pantalón. Y el pedido jamás lo anotaba. El cigarrillo que llevaba debía ser eterno, nunca ví cuando lo encendía ni cuando lo apagaba, lo tenía en la boca o lo apoyaba en el mostrador. Nadie llamaba al lugar “Renacimiento” sino “Lo de Cándido” y a nadie tampoco se le hubiera ocurrido la locura de pedir un pollo “caprese”, porque ahí había sándwiches, milanesas y churrascos. Y a las mujeres el bar no les gustaba, sólo entraban las que nos querían mucho, mucho. En ese caso Cándido, que era eterno soltero y vivía en una pensión de la lejana avenida Beiró, hacía un esfuerzo por ser más simpático, aunque a las chicas les parecía increíble de todos modos. Jamás se le ocurrió que con quince años no debíamos tomar alcohol. Nunca lo vimos beber. Aunque nos recibía con un ¡hola chicos! a nosotros nos hacía sentir hombres. De verdad. Cuando Cándido murió no fuimos más y luego “Renacimiento” cerró.

Tomé aire y "volví". Reparé que la chica me miraba un poco asustada. Le pedí la cuenta, avergonzado. Precautoriamente vino otra moza con la adición. Fui a casa, hice las tareas encargadas y me quedé a dormir. Me fui al día siguiente. La mañana del sábado era distinta, alegre. El sol daba de lleno en la vereda y los pájaros cantaban casi con furia. Las vecinas compraban carne, pastas, frutas. El fin de semana en un barrio de los de antes invita al disfrute. Los hombres leían el diario en “Lisandro” y para reconciliarme entré de vuelta. Me atendió una chica del turno mañana. Estuve tentado de preguntarle si alguna vez había oído hablar de Cándido. Pero me pareció mejor pedirle una medialuna de manteca para acompañar el café.



Nota del autor: hace años que no vivo en Liniers, me mudé a un barrio más céntrico, más glamoroso. Sin embargo cuando me preguntan dónde vivo aclaro en seguida y con orgullo que me crié en Liniers, ese barrio que ahora no me gusta tanto. Me pregunto como será ese “sentirse de ningún lado” en los emigrantes. Cuando vuelven a su tierra se dan cuenta que ya no les pertenece, pero en el lugar donde viven les dicen –y se sienten- gringos, gallegos o tanos.

viernes, 5 de marzo de 2010

En el bar

- ¿Qué desea? preguntó la moza
- Felicidad- dijo el cliente bromista
La chica pensó un segundo y respondió
- Felicidad no me queda, pero puedo hacerlo sonreír
El cliente bromista sonrió, y pagó su cuenta.