sábado, 30 de abril de 2011

Parque Lezama: de una fundación de Buenos Aires a Ernesto Sabato (20/06/08)



Entre San Telmo y la Boca está el Parque Lezama. Los turistas apurados, van en ómnibus de un barrio a otro y generalmente se lo saltean. Podría ser el lugar donde Don Pedro de Mendoza fundó por primera vez Buenos Aires, en 1.536 (¿pueden creer que la ciudad se fundó dos veces?)




A principios del siglo XIX se levantó un lujoso edificio de estilo italiano, embellecido con árboles y plantas llegadas del mundo entero. La residencia tiene una galería exterior, una alta torre mirador, estatuas, macetones de mármol y hasta se hizo un pasadizo secreto en donde ahora se encuentra el Museo Histórico Nacional.



Hoy me adentré por allí, y en una tarde fría y lluviosa, era previsible el paso de pocos transeúntes. Lo que me sorprendió es que no hubiera nadie. Literalmente. Y también, atravesar completamente solo un parque de 80.000 metros cuadrados, en plena ciudad, me inquietó un poco...




Insistí, fui de aquí para allá, y nada. Nadie iba ni venía, pese a que atravesándolo se pueden acortar caminos. Los domingos miles de visitantes invaden el lugar. Pero en esta tarde gris y eléctrica aparece espectral. Miraba hacia atrás, giraba de un lado al otro, y nada...




Entonces recordé una historia que transcurre una tarde como la de hoy, sólo que de 1.953...

El dragón y la princesa (Comienzo de Sobre Héroes y Tumbas de Ernesto Sabato) 20/06/08

"Un sábado de mayo de 1953, dos años antes de los acontecimientos de Barracas, un muchacho alto y encorvado caminaba por uno de los senderos del parque Lezama.
Se sentó en un banco, cerca de la estatua de Ceres, y permaneció sin hacer nada, abandonado a sus pensamientos. "Como un bote a la deriva en un gran lago aparentemente tranquilo pero agitado por corrientes profundas", pensó Bruno, cuando, después de la muerte de Alejandra, Martín le contó, confusa y fragmentariamente, algunos de los episodios vinculados a aquella relación. Y no sólo lo pensaba sino que lo comprendía ¡y de qué manera!, ya que aquel Martín de diecisiete años le recordaba a su propio antepasado, al remoto Bruno que a veces vislumbraba a través de un territorio neblinoso de treinta años; territorio enriquecido y devastado por el amor, la desilusión y la muerte. Melancólicamente lo imaginaba en aquel viejo parque, con la luz crepuscular demorándose sobre las modestas estatuas, sobre los pensativos leones de bronce, sobre los senderos cubiertos de hojas blandamente muertas. A esa hora en que comienzan a oírse los pequeños murmullos, en que los grandes ruidos se van retirando, como se apagan las conversaciones demasiado fuertes en la habitación de un moribundo; y entonces, el rumor de la fuente, los pasos de un hombre que se aleja, el gorjeo de los pájaros que no terminan de acomodarse en sus nidos, el lejano grito de un niño, comienzan a notarse con extraña gravedad. Un misterioso acontecimiento se produce en esos momentos: anochece. Y todo es diferente: los árboles, los bancos, los jubilados que encienden alguna fogata con hojas secas, la sirena de un barco en la Dársena Sur, el distante eco de la ciudad. Esa hora en que todo entra en una existencia más profunda y enigmática. Y también más temible, para los seres solitarios que a esa hora permanecen callados y pensativos en los bancos de las plazas y parques de Buenos Aires...



"Martín levantó un trozo de diario abandonado, un trozo en forma de país: un país inexistente, pero posible. Mecánicamente leyó las palabras que se referían a Suez, a comerciantes que iban a la cárcel de Villa Devoto, a algo que dijo Gheorghiu al llegar. Del otro lado, medio manchada por el barro, se veía una foto: PERÓN VISITA EL TEATRO DISCÉPOLO. Más abajo, un ex combatiente mataba a su mujer y a otras cuatro personas a hachazos.
Arrojó el diario: "Casi nunca suceden cosas" le diría Bruno, años después, "aunque la peste diezme una región de la India". Volvía a ver la cara pintarrajeada de su madre diciendo "existís porque me descuidé". Valor, sí señor, valor era lo que le había faltado. Que si no, habría terminado en las cloacas.
Madrecloaca.
Cuando de pronto —dijo Martín— tuve la sensación de que alguien estaba a mis espaldas, mirándome.
Durante unos instantes permaneció rígido, con esa rigidez expectante y tensa, cuando, en la oscuridad del dormitorio, se cree oír un sospechoso crujido. Porque muchas veces había sentido esa sensación sobre la nuca, pero era simplemente molesta o desagradable; ya que (explicó) siempre se había considerado feo y risible, y lo molestaba la sola presunción de que alguien estuviera estudiándolo o por lo menos observándolo a sus espaldas; razón por la cual se sentaba en los asientos últimos de los tranvías y ómnibus, o entraba al cine cuando las luces estaban apagadas. En tanto que en aquel momento sintió algo distinto. Algo —vaciló como buscando la palabra más adecuada—, algo inquietante, algo similar a ese crujido sospechoso que oímos, o creemos oír, en la profundidad de la noche.
Hizo un esfuerzo para mantener los ojos sobre la estatua, pero en realidad no la veía más: sus ojos estaban vueltos hacia dentro, como cuando se piensa en cosas pasadas y se trata de reconstruir oscuros recuerdos que exigen toda la concentración de nuestro espíritu.
"Alguien está tratando de comunicarse conmigo", dijo que pensó agitadamente...



La sensación de sentirse observado agravó, como siempre, sus vergüenzas: se veía feo, desproporcionado, torpe. Hasta sus diecisiete años se le ocurrían grotescos.
"Pero si no es así", le diría dos años después la muchacha que en ese momento estaba a sus espaldas; un tiempo enorme —pensaba Bruno—, porque no se medía por meses y ni siquiera por años, sino, como es propio de esa clase de seres, por catástrofes espirituales y por días de absoluta soledad y de inenarrable tristeza; días que se alargan y se deforman como tenebrosos fantasmas sobre las paredes del tiempo. "Si no es así de ningún modo", y lo escrutaba como un pintor observa a su modelo, chupando nerviosamente su eterno cigarrillo.
"Espera", decía.
"Sos algo más que un buen mozo", decía.
"Sos un muchacho interesante y profundo, aparte de que tenés un tipo muy raro.
"—Sí, por supuesto —admitía Martín, sonriendo con amargura, mientras pensaba "ya ves que tengo razón"—, porque todo eso se dice cuando uno no es un buen mozo y todo lo demás no tiene importancia.
"Pero te digo que esperes", contestaba con irritación.
"Sos largo y angosto, como un personaje del Greco.
"Martín gruñó.
"Pero callate", prosiguió con indignación, como un sabio que es interrumpido o distraído con trivialidades en el momento en que está a punto de hallar la ansiada fórmula final. Y volviendo a chupar ávidamente el cigarrillo, como era habitual en ella cuando se concentraba, y frunciendo fuertemente el ceño, agregó:
"Pero, sabes: como rompiendo de pronto con ese proyecto de asceta español te revientan unos labios sensuales. Y además tenés esos ojos húmedos. Callate, ya sé que no te gusta nada todo esto que te digo pero déjame terminar. Creo que las mujeres te deben encontrar atractivo, a pesar de lo que vos te supones. Sí, también tu expresión. Una mezcla de pureza, de melancolía y de sensualidad reprimida. Pero además... un momento... Una ansiedad en tus ojos, debajo de esa frente que parece un balcón saledizo. Pero no sé si es todo eso lo que me gusta en vos. Creo que es otra cosa...
Que tu espíritu domina sobre tu carne, como si estuvieras siempre en posición de firme. Bueno, gustar acaso no sea la palabra, quizá me sorprende, o me admira o me irrita, no sé... Tu espíritu reinando sobre tu cuerpo como un dictador austero.
"Como si Pío XII tuviera que vigilar un prostíbulo. Vamos, no te enojes, si ya sé que sos un ser angelical. Además, como te digo, no sé si eso me gusta en vos o es lo que más odio...




Hizo un gran esfuerzo por mantener la mirada sobre la estatua. Dijo que en aquel momento sintió miedo y fascinación; miedo de darse vuelta y un fascinante deseo de hacerlo. Recordó que una vez, en la quebrada de Humahuaca, al borde de la Garganta del Diablo, mientras contemplaba a sus pies el abismo negro, una fuerza irresistible lo empujó de pronto a saltar hacia el otro lado. Y en ese momento le pasaba algo parecido: como si se sintiese impulsado a saltar a través de un oscuro abismo "hacia el otro lado de su existencia". Y entonces, aquella fuerza inconsciente pero irresistible le obligó a volver su cabeza.
Apenas la divisó, apartó con rapidez su mirada, volviendo a colocarla sobre la estatua. Tenía pavor por los seres humanos: le parecían imprevisibles, pero sobre todo perversos y sucios. Las estatuas, en cambio, le proporcionaban una tranquila felicidad, pertenecían a un mundo ordenado, bello y limpio.
Pero le era imposible ver la estatua: seguía manteniendo la imagen fugaz de la desconocida, la mancha azul de su pollera, el negro de su pelo lacio y largo, la palidez de su cara, su rostro clavado sobre él..."

Y esta tarde que me recordó a aquella, siguiendo el camino de Martín y Alejandra. Fue un privilegio que quiero compartir aquí.

viernes, 29 de abril de 2011

Pobre perro viejo

Te perdiste ya de grande
No tenés adónde ir
La gente no te mira
Vos buscás entre las piernas
Una mano que te quiera
Que proteja
Que alimente


No sabés cruzar las calles
Eso es mortal
Un nene te acaricia y vos
Lo festejás
Pero la madre teme que los sigas
y enfila a cualquier parte
Hasta perderte

¡Pobre perro viejo!
Dejame curarte las heridas
Que te cuide
Porque yo estoy tan perdido
Como vos

jueves, 21 de abril de 2011

Abresonrisas

Sonrisas abrepuertas
Abrecorazones
Sonrisas que derriten
Que enamoran
Que sonrojan
Sonrisas de ironía
De secretos al oído
Sonrisas de monja
De vaquero
De pibito de la calle
Sonrisas que sonríen en el alma
En los ojos
En los labios
En tu boca sucia de chocolate
Sonrisas casi risas

No hacen falta diccionarios
Telegramas
traductores
Para ver que en tu sonrisa
Vos me das tu corazón

sábado, 16 de abril de 2011

Café bar "ROMA"



No hay mujeres
Ni muchachos
Los mozos se sientan
En la mesa compartida
Se habla mucho
Y a los gritos
Cuando entré
Me miraron un poquito
¡Forastero!
Enseguida me olvidaron
Se comenta de quiniela
nocturna y vespertina.
Uno tira una cuestión
y lo acompañan
Un cortado en vaso más y
¡oh sorpresa!
Entra una viejita que sonríe.
Nadie la saluda y tiene ganas
Yo sí y me devuelve una sonrisa.
Un gorrión se cuela en el boliche
Mira un poco y vuela
San Martín desde el costado
Nos contempla comprensivo
Café bar “Roma”
Abasto
Hombres grandes solamente.
Es así.




Más sobre el Café bar "ROMA" en http://www.revistaelabasto.com.ar/43_bar_roma.htm

domingo, 10 de abril de 2011

La función (stop)

Estimados radioescuchas de La Menor Idea: el Sr. Juan Carlos Blogger de Blogspot se ha empeñado en prohibirme la utilización del punto y aparte como así también la escritura en verso, obligándome a escribir todo de corrido STOP En efecto, sólo pretende que comunique mis ideas mediante la utilización del punto seguido STOP Yo me niego porque no me gustan las extorsiones y a cabrón, cabrón y medio STOP ¿Que no puedo utilizar el punto y aparte ni el verso? STOP ¿Que sólo puedo escribir con puntos seguidos? STOP ¡Sí a lo primero y NO a lo segundo! STOP Por ello me notarán obligado a la utilización de ciertas estratagemas hasta que un alma caritativa me indique cómo sortear el problema STOP Mientras tanto les entrego la versión STOP de mi última performance intitulada ... La función (obviamente stop)





El actor estaba preocupado STOP Al estreno vinieron: Un señor que tosía STOP Una mamá con un bebé que lloraba STOP Una señora que abría caramelos envueltos en papel celofán STOP Un ejecutivo de teléfono encendido STOP Dos viejitas medio sordas que hablaban a los gritos STOP Un tipo con hipo STOP Una niña que comía papas fritas STOP Dos amantes que no paraban de besarse y reír STOP Un obrero que usaba su martillo neumático STOP Un pirata con un loro parlanchín en el hombro STOP Y un crítico que roncaba STOP Pero eso no es todo: Su apuntador también se quedó dormido STOP Al iluminador se le quemaron las luces STOP Y el telón bajó antes de tiempo STOP Al crítico que roncaba la obra le gustó (ellos ven lo que nadie ve STOP Y viceversa)





El actor podía entender muchas cosas porque era viejo, pero le pareció que el pirata que charlaba con su loro en la fila seis superaba cualquier límite STOP Más tarde, mientras repasaba frente al espejo sus parlamentos para la siguiente función, Macbeth dijo: “La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada” Su orgullo lastimado lo llevó a pensar que tal vez la obra no se desarrollaba arriba del escenario sino debajo STOP Que el actor era el espectador y el público, el intérprete STOP Se sentó con las piernas colgando del proscenio, y cuando se subió el telón, recibió a los artistas con un aplauso tan estruendoso como solitario: Era una de piratas (STOP FINAL)



miércoles, 6 de abril de 2011

Biografía escrita en tercera persona y Cuarto Poema Mortal de Recúpero: “A ti”



Según la mitología recuperana, una mañana de carnaval del año 1.934, el Ultimo Poeta Maldito y Unico Argentino se despertó con una idea que consideró revolucionaria. No se trataba de un nuevo sistema para mojar a las jóvenes del barrio de Tapiales sin ser advertido por ellas, no (1) En este caso pensó que mientras los canonistas literarios no lo descubrieran, bien podía ir ganando tiempo y escribir su autobiografía. En efecto, sabemos que Recúpero ha vivido su vida en el tiempo equivocado y, en lugar de pensar en su paupérrimo presente, planeaba meticulosamente su futuro repleto de éxitos. Y así, lejos de importarle pulir su prosa limitada, su rima discutible o sus vacilantes metáforas, malgastaba su tiempo pensando en como ahorrárselo al destino de autor de renombre internacional que le esperaba, personaje que claramente tendría pocos momentos libres para escribir su propia biografía. Sabemos que Recúpero es un celoso custodio de su literatura y por ello, nunca, pero nunca, podría encargarle su semblanza a un tercero. Eso pensaba cuando percibió la idea que a su criterio transformaría para siempre el mundo de las biografías, superando las del genial Stefan Zweig o incluso las de un Emil Ludwig: un vate que por razones de pudor, siendo consciente de su talento inmarcesible, hablara de sí mismo en tercera persona, expediente que décadas más tarde adoptarían decenas de jugadores de fútbol ignorantes del noble origen de la práctica. Pero esto nunca pasó de la categoría de leyenda porque ni siquiera Edwin Williamson, su biógrafo oficial, pudo dar con la famosa Autobiografía en Tercera Persona de Francis Oliverio Recúpero. Sin embargo, esta mañana ha venido a la redacción de La Menor Idea un sujeto que se presentó como sobrino nieto de nuestro querido poeta. El documento de identidad que exhibió (emitido en Rutherford, Nueva Jersey) asegura que su portador lleva el nombre de William Carlo Recúpero Williams, y sería sobrino nieto del genial poeta (por línea paterna)
Mr. Recúpero Williams no nos ha permitido examinar el antiguo manuscrito amparándose en no debidamente acreditados derechos de autor sobre la obra del Poeta Eximio, lo cual claramente resulta una estratagema para elevar un posible precio de venta del material. Como no nos hemos mostrado especialmente interesados en el trabajo (2) el neojerseíta (3) solamente nos exhibió el que podría ser el Cuarto Poeta Maldito Recuperano y que siempre se dio por perdido: “A ti” También adjuntó la página 623 de la autobiografía, que daría una clave de los motivos de la misteriosa desaparición del poema e incluso, de la mismísima autobiografía.

Es un placer para La Menor Idea, una satisfacción y un dolor de cabeza porque con ella se nos fueron los últimos maravedíes que teníamos en la redacción, presentarles en forma exclusiva y algo ilegal, la posible página 623 de la mítica “Autobiografía Escrita en Tercera Persona” de Francis Oliverio Recúpero, junto al desaparecido Cuarto Poema Maldito de la Suma Docena Recuperana intitulado, “A ti”Una última observación: por razones incomprensibles, Recúpero escribe en primera persona las notas a su “Autobiografía en Tercera Persona” Algunos autores prorrecuperanos sostienen que con esa especie de diálogo pretendía imprimirle mayor ritmo a su monumental trabajo autobiográfico (once mil páginas) En cambio sus detractores calculan que el dislate se explica en que el poeta trabajó su obra en dos tiempos claramente separados: por un lado el cuerpo principal de la autobiografía, menester que hacía antes de la cena; y por el otro, luego de la ingesta, las notas. Es posible que en ese momento ulterior el poeta estuviera lo suficientemente borracho como para olvidar el merengue de la tercera persona, o bien haber perdido la fe en el experimento literario.
Con ustedes, el artista.

A ti (1.934)

A ti, Musa de Tapiales
Que cada mañana viajas
En el Bondi 103
Y que te amo cada vez
Porque alejas a mis males

Cuando abres tu negocio
Yo me asomo subrepticio
Y se ha transformado en vicio
Que me aleja hasta del ocio:

Bien temprano yo te pido
"Algo de pan ¡por favor!"
Y tu esmerada atención
Me enflecha como un Cupido

El autor conoce el valor exacto de estas coplas pseudomartinfierristas. Adjudica la debilidad de sus rimas, la irregularidad de su métrica y la previsibilidad de la metáfora postrera al hambre que lo acosaba en aquel entonces y que tal vez lo acompañó por el resto de sus días. Así lo explica en la página 623 de su Autobiografía (en Tercera Persona, naturalmente)

“En el año 1.934 Recúpero todavía no había ganado ni el Cervantes, ni el Nobel ni el premio “Arrimá tu rima” del Club Social, Cultural y Deportivo “Brisas de Tapiales” Por ello, mandar algo al estómago sin dinero en los bolsillos se transformaba en una diaria odisea. Advirtiendo el genial poeta que las empleadas de la panadería, la verdulería y la carnicería del barrio viajaban en el tranvía 103, y en su afán de administrar las escasísimas fuerzas literarias que su lamentable estado le prodigaba, se le ocurrió dedicarles secretamente la misma poesía a cada una de las tres al mismo tiempo; ello, con la velada intención de recibir favores de cualquier tipo, mutando para cada vendedora el producto que expendía. Y así a la poesía dedicada a Marta, la empleada de “Panificadora Raposo”, le aplicó el sustantivo “pan”. A Mónica, de la verdulería de don Tito le aderezó “papa” y a Estercita, de la carnicería “La Vaca Engreída” le aplicó “bife de chorizo”, corte vacuno que si bien ponía en crisis métrica y rima, era el producto del matarife que más anhelaba recibir el poeta sin entregar un peso por él (12.567)”

NOTA DEL AUTOR Nº 12.567: Espero que esta página escrita dos minutos después de clausurado mi Cuarto Poema Mortal nunca sea leída por Marta, por Estercita ni por Mónica, porque en ese caso no sólo me negarán sus amores sino también el pan, la papa y, lo que más lamentaría en el alma, los bifes de chorizo de don Vicente, el dueño de “La Vaca Engreída” A juzgar por el triple silencio que acompañó mis sincrónicas lecturas, pareciera que el secreto quedará custodiado por la triple carencia de sensibilidad literaria de las vendedoras de Tapiales, miserables en el epíteto, generosas en la entrega de vituallas

¿Es efectivamente Mr. William Carlo Recúpero Williams el sobrino nieto (por parte de padre) de Francis Oliverio Recúpero? y el mamotreto que no nos permitió manipular, ¿podría ser su famosa y nunca constatada “Autobiografía Escrita en Tercera Persona de Francis Oliverio Recúpero”?
¿Existieron Marta, Mónica y Estercita? ¿Viven aún, a sus posibles 95 años? Aquí, en la Menor Idea, no tenemos la menor ídem. Pero consideramos que publicar estas importantes novedades son constitutivas del sacerdocio que abrazamos al comenzar a ejercer la tarea de articulistas. O algo así.

Francis Oliverio Recúpero, circa 1.930

(1) Dicen sus biógrafos que F.O.R. tuvo una época en que se dedicó a la invención de objetos inútiles y de nombres rimbombantes. Evidentemente tuvo éxito en esta empresa porque ninguna de sus creaciones llegó a nuestros días. Es posible que la afición por las tareas manuales se la haya transmitido Horacio Quiroga, junto a la pasión por la yerba mate y las indias guaraníes.
(2) Interesados estuvimos, pero La Menor Idea está a punto de quebrar desde hace prácticamente tres años.
(3) Natural de Nueva Jersey (creemos)

domingo, 3 de abril de 2011

El niño

Cuando veo un niño jugar me pregunto donde estará la niña que mañana lo amará. ¿A qué estará jugando? tal vez estén los dos en la misma plaza y lo invite a jugar. Y él no quiera y se vaya corriendo, orgulloso e invicto. Quizás ella hable otro idioma y ahora esté en un parque lejano, jugando a un juego desconocido y que él nunca aprenderá. El destino es un conductor caprichoso que no aclara adónde nos lleva. A veces nos pone el amor a la vuelta de la esquina y otras, a miles de kilómetros. Tal vez nunca nos de ese regalo; o no lo veamos pese a sus intentos. El niño que estoy mirando ahora no sabe nada de eso ni le preocupa saberlo, absorto en su juego. Sólo él conoce la trama que representa, pero está claro que la obra tiene lugar para uno solo, y en eso es implacable. No hay papel para esa niña pequeña. Esa que tal vez mañana le robe el corazón y que ahora apenas mira, molesto, desde las alturas del tobogán más grande de la plaza.