sábado, 31 de diciembre de 2011

Levanto mi copa

Levanto mi copa para brindar contigo

Levanto mi copa para augurarte lo mejor

Y levanto mi copa porque se me resbaló

en la alfombra

El champagne barato la arruinó

Los vidrios me cortaron el dedo gordo

Tal vez la herida se me infecte

Durante este 2.012

Que deseo te sea favorable.



(antiguos festejos de fin de año que seguramente se repetirán esta noche)

martes, 27 de diciembre de 2011

Diario del año de la peste

Entre los años 1664 y 1666, una plaga asoló a Londres y sus alrededores, dejando más de 70.000 muertos. Posiblemente fue peste bubónica y, desde luego, la mayoría de las personas la atribuyeron a la voluntad divina.

En 1.720 otro brote de peste apareció en Marsella y con ella el temor volvió a reinar en Londres. Un señor apellidado Foe (comerciante de vinos, periodista, estafador, espía y más de una vez encarcelado por deudas) decidió aprovechar el temor popular, como lo hacen nuestros actuales periodistas, comerciantes y estafadores, y publicó un ficticio diario sobre los hechos ocurridos seis décadas antes, firmado por un tal “H.F.”, donde desordenadamente narra anécdotas, da explicaciones científicas, brinda consejos ante futuras epidemias, desenmascara farsantes, y nos recuerda que Dios está en todos los sucesos de este mundo.

Cuenta que cuando en una casa se detectaba la peste se prohibía la salida de los integrantes de la familia, estuvieran infectados o no, lo cual condenaba a muerte a todos sus integrantes; que en algunos casos la aparición de los signos físicos de la enfermedad era inmediata: tumores y carbuncos supurantes; llagas, pústulas y tumefacciones dolorosas que se “curaban” mediante emplastos y cataplasmas y, si éstos no servían, mediante cortes y la aplicación de cáusticos que provocaban dolores insoportables. En otros casos, el infectado no mostraba ningún síntoma y se daba cuenta de su condición un par de horas antes de morir. La ciudad vivió una época llena de solidaridades y mezquindades, de escenas dantescas con carros donde los cadáveres se apilaban sin que nadie pudiera llevar a enterrarlos porque el cochero también había muerto; con miles de personas con recursos huyendo de la ciudad y así desparramando el mal por toda Inglaterra; con los pobres quedándose por no tener adonde ir, contentos de conseguir los trabajos más expuestos y poder llevar comida a sus hogares y con ella, la enfermedad. Gente que por estar aprovisionada de víveres no salió casi nunca de las casas hasta que lo peor pasó. Y todas las noches pletóricas de alaridos, quejidos e invocaciones al Señor.

El Sr. Foe cuenta también historias como esta: “Recuerdo a un ciudadano quien, luego de haber escapado así de su casa en Aldersgate Street o algún sitio próximo, recorrió el camino que conducía a Islington. Intentó entrar en la Posada del Angel, y luego en la del Caballo Blanco, dos albergues que son conocidos desde entonces siempre con los mismos rótulos, mas fue rechazado. Entonces llegó a Pied Bull, una posada que también subsiste con su antiguo nombre. Les pidió alojamiento por una sola noche, afirmando que iba a Lincolnshire y asegurándoles que estaba completamente sano y libre de la peste, la que por entonces aún no había llegado a esos parajes.

Le dijeron que no disponían de ninguna habitación libre, pero que tenían una cama arriba en el desván, y que podían darle esa cama por una noche, pues esperaban a unos ganaderos con reses para el día siguiente; de modo que, si quería aceptar ese cobijo, podría disponer de él, cosa que el hombre hizo. Así pues, enviaron con él a una criada con una candela, para que le mostrara la habitación. El hombre estaba muy bien vestido y aparentaba ser una persona no habituada a dormir en un desván. Y cuando entró en la habitación, exhaló un profundo suspiro y dijo a la criada: “ Pocas veces he estado en un aposento como éste” Pero la criada le aseguró nuevamente que no tenía nada mejor; “Bueno” dijo el hombre, “tendré que arreglarme. Es ésta una época espantosa; pero es sólo por una noche” Se sentó al borde del lecho y pidió a la muchacha que le subiera algo, creo que una pinta de cerveza caliente. Por lo tanto, la criada fue a buscar la cerveza, pero alguna cuestión urgente de la casa, que quizás la ocupó en otra tarea, hizo que lo olvidara; y ya no subió más al desván.

A la mañana siguiente, al no ver aparecer al caballero, alguien de la casa preguntó qué había sido de él a la criada que le había enseñado el camino. “¡Ah!” Exclamó sobresaltada, “me olvidé completamente de él. Me pidió que le llevara un poco de cerveza caliente, pero me olvidé” Ante esto, mandaron, no a la muchacha, sino a otra persona para que subiera a ver, quien, al entrar en el cuarto, lo encontró cadáver, rígido y casi frío, echado en cruz sobre la cama. Tenía las ropas arrancadas del cuerpo, las mandíbulas caídas, los ojos abiertos en la más terrorífica de las expresiones y una de sus manos fuertemente agarrotada sobre la manta de la cama, de manera que era evidente que había muerto poco después de que la criada lo dejase solo”

El autor de este magnífico libro, queriendo aparentar antecedentes nobiliarios que no tenía, se agregó un “De” al apellido originario y también escribió la historia de un marinero perdido al que llamó Robinson Crusoe.

Pero blasones no le faltaron a Daniel Defoe para escribir este Diario del año de la peste: nació en St. Giles Cripplegate, un lugar donde la peste atacó violentamente a sus pobladores, y fue hijo de un carnicero, actividad que por su falta de higiene fue arrasada durante aquellos sombríos años.

Y por supuesto, recomiendo calurosamente su lectura.

ADVERTENCIA: durante la lectura del “Diario…”, este cronista ha padecido fiebre, tos, secreción de humores espesos y pegajosos y aftas en la boca. Lejos de él querer obtener con la descripción de estos síntomas un efecto amedrentador en el posible lector, lo aquí dicho responde a la más pura y objetiva realidad de lo que le sucedió. Por la gracia de Dios se encuentra en franca mejoría y ninguna vinculación le atribuye a lo que en el libro de Defoe se cuenta.

sábado, 24 de diciembre de 2011

"No tengo nada que festejar esta noche"

Entonces

Te lo digo bien bajito

para que no te sientas obligado

Si querés mirá la peli

No brindés

Dormite a las diez

Pero no me podés prohibir que te lo diga

Bien bajito

Para no enojarte

(¡Feliz Navidad che!)

sábado, 17 de diciembre de 2011

Nobody




La lluvia estaba ensañada con el detective. Cada vez que salía del bar caían sobre él océanos enteros, y cuando entraba de nuevo a tomar otro café, por poco no salía el sol. Los cigarrillos estaban más mojados que él. De todos modos ya no se puede fumar en ningún sitio. Sólo en los cementerios, pero eso hasta que se queje algún huésped. Nadie en las calles, nadie en el bar. Nadie a quien seguir, nadie a quien investigar, nadie al volver a casa. Nadie. Decidió pasar por el cementerio. Tal vez encontrara gente allí. Incluso, viva. Y si tampoco hubiera nadie, al menos podría intentar encender el último cigarrillo. Ese que al tacto no luce tan mojado. Jugó con el encendedor húmedo y apuró el paso. Ya se sentía mejor.

lunes, 12 de diciembre de 2011

No Tsé y el amor posesivo


Como ya es un clásico de los fines de semana largos, vuelven las reflexiones de No Tsé, un pensador inigualable. Es esta ocasión, el filósofo chino se referirá a un tema doloroso: el amor posesivo.

“Si sientes por tu esposo/a un amor doloroso, es porque eres posesivo/a. Ese sentimiento acabará no sólo con tu matrimonio sino con todo lo que tienes: “El que posee, posee hasta consumirlo todo”

¿Sientes celos enloquecidos porque tu esposa saldrá con sus compañeros de la escuela secundaria el viernes por la noche? Convéncela de que se vaya un fin de semana entero con ellos.

¿Sientes incomodidad porque tu esposo irá a tomar un cafecito con su ex novia para recordar viejos tiempos y saber cómo está? Procura que la invite también a cenar y a bailar, y regrese a las siete de la mañana, ebrio.

¿Acumulas angustia porque tu pareja se va a bailar tango todos los jueves con sus amigos y estás convencido de que Roberto, el taxista, quiere tener amor físico con ella? Dile que se olvide de los niños y vuelva cuando tenga que volver, siempre y cuando Roberto no le cobre la vuelta."

En esta instancia habló Lu Tung, el más antiguo alumno de No Tsé, tal vez su sucesor, y dijo:

“Maestro, ya hice todo esto. Mi esposa se fue con Roberto y me dejó con los chicos. Para siempre. Ya no soy posesivo, aunque tampoco feliz. ¿Qué debo hacer ahora?"

Y el gran No Tsé, volvió a hablar, con sabiduría:

“No sé, Lu. Siempre has sido bastante chambón con las mujeres y yo, célibe a los 85, mucho no sé. No puedo distinguir a una hija del Imperio del Sol de una grulla, el animal más inteligente de la naturaleza y por ello fundamental en mi sabiduría. Si meditas, encontrarás la respuesta adecuada. Pero no te quedes en casa con los niños todo el tiempo, podrías ponerte triste. Ve al club de solos y solas de Rebecca Goldemberg, ellos se reúnen los jueves, día aciago para ti. Rebecca le consigue pareja hasta a las momias, y no importa si no eres de la cole, a lo sumo te cobrará un 20% de recargo. Te encontrará algo, seguro”

CONCLUSION: Como notarás, querido lector, ningún asunto le es ajeno al pensador chino. Me preguntarás si en verdad creo en la existencia de No Tsé. Te respondo “ipso facto”: No sé. Pero que sus enseñanzas existen, existen. Y yo las sigo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Smith Ballew


Pongo un disco

De Smith Ballew

Busco una chica mala

Enfrío el champagne

Me arreglo

el bigote extraño

Y sé que todo esto

Que ahora es terrible

En mil novecientos treinta

Hubiera arrasado

viernes, 2 de diciembre de 2011

Mujeres voladoras

Se deben buscar damas

Norahs Langes por ejemplo

O la alada

De Oliverio

Conste, soy terrestre

Y de repente

Adeudo una mujer

Que se suelte de mi mano

Y vuele sin remedio

De mí

Como un globo en línea recta

Ida al sol

Y quien te dice

parapente

Vuelva a aquí