domingo, 25 de marzo de 2012

Quinto Poema Mortal de Recúpero: Mis pústulas sanguinolientas


Luego de un largo período retirado en su refugio de la selva misionera (*) nuestro querido Francis Oliverio vuelve en busca de más gloria. Advirtiendo que muchos poetas -malditos o no- escribieron con fluidos corporales las pruebas de su amor, Recúpero, que no es más que cualquiera pero menos que ninguno, buscó la novedad y la originalidad arriesgando el sentido común, el buen gusto y la urbanidad, en su afán de ganar su tan anhelado lugar en el Panteón de los Artistas. Para ello escogió casi al azar (¿acaso el amor se compone de otra cosa?) a su vecina Teresa García de la Ostra, eterna enamorada del amor, aunque no de nuestro vate. Y a quemarropa le espetó, frente a su ventana, el sorprendente y Quinto Poema Mortal de su cosecha, intitulado “Mis pústulas sanguinolientas”, que dice:

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Mis pústulas sanguinolientas

Te regalo

¡Amada mía!

Si Lugones excretaba alejandrinos

Y manaba versos Parra

por su plasma

Mis poemas son escritos

Con detritos

Pus y costra son

Las sustancias de este amor

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¡Teresa!

¡Tú transformas

mis formas

en pasión!

//

Amoroso escarabajo

que deglutes mis horrores

Y me llevas con honores

Al Parnaso

//

Coro de Ninfas:

Si llegare la muerte en este instante…

¡Feliz la acepta!

Es que la vida

¡todo se lo ha dado!


La suerte quiso que en el cuarto de la amada no estuviera solamente Teresa con su madre, doña Gertrudis, sino también su padre, el Comandante Gualberto García de la Ostra, quien luego de asistir estupefacto al festival de purulencias de Recúpero, sacó de la vitrina de la sala su viejo fusil Mauser Karabiner 98 y, para alegría de quienes tanto admiramos al poeta, no dio en el blanco porque éste se profugó velozmente. Lo que jamás se supo (al menos no todavía) es qué sintió la joven Teresa con esta declaración de amor algo confusa y más cercana a un laboratorio de análisis clínicos que a un poemario.

Si hay entre los lectores algún amigo o historiador de la familia García de la Ostra que tenga datos comprobables al respecto, los recibiremos con gusto.

(*) algunos sostienen que estuvo preso en Caseros por tráfico ilegal de tatúes carreta y otras aves exóticas
El fresco es "El Parnaso" de Rafael

jueves, 22 de marzo de 2012

Discurso conmemorativo de los cuatro años de La Menor Idea

Señores Miembros (*) del Jurado:

A lo largo de estos cuatro años he intentado decirles por todos los géneros literarios que suelo afrentar, que
1) La vida es una tragedia llena de momentos felices
2) Pocos asuntos hay que no puedan ser tomados en solfa
3) Me gustan ciertos barrios de Buenos Aires
4) Me gusta Borges
5) El amor es un don que se nos presta por tiempo indeterminado y saber narrar la experiencia de ese amor, es otro don.
6) Los libros son amigos que esperan que los llamemos
7) Los domingos por la noche son feos
8) Mi patria es mi barrio, mis viejos, Vélez y el tango, aunque a todos los vea poco.
9) No sé por qué escribo pero las consecuencias de lo que escribo (una sonrisa, una reflexión, una crítica, indiferencia) no me son indiferentes.
10) Quisiera que envíen una apetitosa suma mensual para que yo la distribuya entre los pobres de mi conocimiento (**)

Con la tranquilidad de espíritu que me caracteriza y sin la más mínima jactancia puedo decir con la frente bien alta que no lo he logrado. Pero que seguramente dentro del próximo cuatrenio que aquí se inicia, lo conseguiré. Ya pueden picotear el buffet froid y beber con abundancia, palabra que rima con muchas gracia.


(*) Perdón por la obscenidad implícita de la palabra
(**) Yo soy un pobre de mi conocimiento
NOTA DEL EDITOR: El primer post de L.M.I. fue subido un resbaladizo día de marzo de 2.008, día que siempre recuerdo con mucho cariño, pero tarde.

Estos señores son Bouvard y Pécuchet, el modelo a seguir por La Menor Idea

domingo, 18 de marzo de 2012

Diez consejos para no dormir solo esta noche


1) Mande un mensaje idéntico a cada amistad de FB diciéndole lo mucho que la extraña

2) Festeje San Patricio y llévese a su casa lo que pueda, incluso un pedazo de la túnica del santito

3) Deje la tele encendida

4) Invite con un plato de leche al gato de cuatro patas que está en la esquina.

5) Llame a su ex pareja, a la hermana de su ex pareja, a su ex amiga, a su ex compañera de jardín de infantes.

6) Llame a su hermana

7) Llame al portero de su edificio

8) Cásese de apuro

9) Róbese un maniquí

10) Quédese leyendo hasta que salga el sol

Si nada de esto funcionó, póngase a escribir consejos. Lo que no es bueno para usted puede serlo para el prójimo.



viernes, 16 de marzo de 2012

El mimo de la calle Florida

En los años ochenta había un mimo en la peatonal más famosa de Buenos Aires que imitaba el caminar de los transeúntes. Se empezaba a juntar gente que se reía mucho del asunto porque el imitado tardaba un poco en darse cuenta y el mimo –detrás de la “víctima”- lo sacaba perfecto, aunque exagerando un poco las prisas, las preocupaciones, las alegrías, las coqueterías o lo que fuera del andar de los porteños. Una señora con paraguas; un tipo exultante; otro cargando un valioso maletín; un niño travieso; cualquiera podía caer bajo la percepción del artista. Tal vez eran varios los mimos, y a mí me parecía que era uno solo pero bueno, es que son fáciles de confundir. Ahora veo que hacen otro tipo de shows y que incluso los contratan empresas respetables para que animen sus happenings. Pero para mí aquel mimo que imitaba a todos los paseantes de Florida era el mejor y además un revolucionario en aquellos estructurados años. Una vez imitó a un adolescente de andar algo extraviado, manos en los bolsillos, caminando completamente enfrascado vaya a saber en qué pensamientos insondables, que al descubrir al mimo detrás suyo y un público que seguía con sonrisas la escena se puso más rojo que la camiseta del Club Independiente.

El paraíso de unos es el infierno de otros

Suave es la noche

Los Havanna de chocolate

Ese gato prudente

Tu sonrisa

Incluso tu hermosa sonrisa

Puede ser para alguien

Un tenaz e insoportable

Infierno

miércoles, 14 de marzo de 2012

Le gente de mi pueblo


La gente de mi pueblo es solidaria

Siempre hay una mano amiga

Cuando llega la malaria

La gente de mi pueblo es generosa

Todos comparten el vino

Y la empanada sabrosa

La gente de mi pueblo es alegre

Nunca falta la guitarra

Y una voz que nos celebre

La gente de mi pueblo es metida

Quiere ver si compro Viagra

En lugar de una aspirina

Le gente de mi pueblo es bien mierda

Y si me tira el tordillo

Desean

Que me guarde bajo tierra

Si me visita una amiga

Piensan muy mal

Y de mi esposa dicen

Que está buscando galán

//

Por eso me fui del pago

De mi Ezpeleta

Y ahora vivo entre coiffeurs

En Recoleta.

jueves, 8 de marzo de 2012

Los jueves

Los jueves la vida es buena.

Las sonrisas son más amplias y los problemas, no son.

Los jueves puedo creer en más personas

Porque las miradas son verdaderas.

Los jueves sé que me amás.

Porque son días de certezas

Jueves de planes eternos como un fin de semana

de risas y paseos


Los domingos por la noche, no.

lunes, 5 de marzo de 2012

París me enloquece


Primero leo “Mis amigos” de Emmanuel Bove. Pobreza en París, marginalidad, soledad. Un libro hermoso y terrible. Lo termino, me quedo en la Ciudad Luz y leo “El fuego fatuo” de Pierre Drieu La Rochelle. Aquí hay un suicidio liso y llano. Asistimos a los últimos días del suicida. No sólo que se mata el protagonista de la novela sino que también se suicidará el autor, diez años después. Un libro bellísimo, pero sigo en el sótano. La tercera es la vencida, me digo. El título predispone a un ganador: “Los tipos como yo” de Dominique Fabre. No hay caso. Al tipo lo dejó la esposa, ama a su hijo aunque no se atreve a decírselo cuando el muchacho se va a Suiza por trabajo. Hace dos años que no hace el amor con ninguna mujer, conoce a una, se le descubre un cáncer, la internan, cirugía y rayos.

Es domingo, tampoco estoy para tirar petardos. Entro a un bar, mesa junto a la ventana. Me pregunto por qué me tocan estos libros tremendos. Es increíble, pero desde la barra se oye la voz inconfundible de Edith Piaf que se esparce por las mesas. Me doy cuenta que el problema soy yo. Sigo la lectura, resignado. El rumor del Sena fluye, tímido, por mi ventana. Esto debe ser Clichy, y en cualquier momento entra el fantasma de Toulouse-Lautrec. En minutos comenzará a llover, estoy segurísimo.