domingo, 28 de octubre de 2012

El esquema Ponzi




Dígale a un hombre que lo ama.
Y a otro y a otro y a otro. Devuélvale al primero el amor que ud. recibe del segundo, y así sucesivamente.
Los seducidos contarán a cuatro vientos toda la ternura que Ud. es capaz de dar, y arribarán entonces otros enamorados con mucho amor para darle. Y parte de ese amor,  Ud. se lo dará a los primeros del esquema. Pero sea cuidadosa, que si el último le reclama la devolución de su pasión, toda junta y al contado, la pirámide puede comenzar a agrietarse.
El embrollo es viejo. Lo hizo Carlo Ponzi en Boston en 1.920. Es más, aunque lleve su apellido, él no lo inventó. Si no, William “520 por ciento” Miller no se hubiera hecho famoso con el mismo truco, en Nueva York, veinte años antes. Por mencionar un antecedente.
Lo curioso de la pirámide de Ponzi es que los mismos estafados pueden  caer más de una vez porque se enceguecen. A mí, en materia de amores me han trampeado  infinidad de ocasiones, y sin embargo me vuelve a pasar más a menudo de lo que debiera.
Es que no hay mejor estafa que la del estafado que sabe lo que ocurrirá y sin embargo entra voluntariamente, porque no puede evitarlo. No hay timo, no hay delito.

Y allí estás vos, sutil, inteligente y hermosa como una virgen elegante, esperando que te entregue todo mi amor para estafarme. Yo lo sé y vos sabés que yo lo sé. Y sin embargo te lo doy. Otra vez, el viejo esquema Ponzi vuelve a dar sus frutos.

martes, 23 de octubre de 2012

Frankie

Soy el sueño de otro
Cada herida
Cada amor
Me han hecho esto que soy
Loco ciego,
Invasor
Que arrasa
Dando tumbos 
Y que también
Habla bajo
Y pide perdón
Soy un Frankenstein
Que no sabe quien es
Su creador
Busco
En mi alma
En tu mirada
La alegría de saber
Cual de todos esos hombres
Que no he visto y que me forman
Soy yo.



sábado, 20 de octubre de 2012

Fue hoy


          Estábamos en la librería El Ateneo con mi hija, sentados junto al piano del café, a punto de leer. Se quitó las zapatillas y se recostó en el sofá, explicándome que necesita estar descalza para respirar y leer cómoda. Entonces le conté que estábamos en el escenario de un teatro convertido en librería, y que allí había cantado Gardel. Ella abrió bien grandes los ojos y me dijo “¿en serio cantó Gardel acá donde estoy sentada?” y yo le dije que desde ahí  se veían perfectamente los palcos tal cual los debe haber visto él. Y la música del piano nos envolvía, y yo sentía que el libro que elegí desaparecía de mis manos, mi mirada iba del piano a mi hija leyendo, de ahí a los palcos, luego al viejo tablero de luces, y las personas tomando café tranquilamente, conversando. Entonces comprendí que ese momento único estaba gobernado por una fuerza poderosa y fugaz. Era la felicidad que me venía a visitar, esquiva muchas veces pero hoy no, y se sentó junto a nosotros un momento, con distinción de soberana. Lentamente giré mi cara como buscando al mozo y mis ojos se aflojaron, agradecido con la vida y ese instante que me dio, sin deudas que pagarle, sin planes a futuro, simplemente ese momento, ese aquí y ahora con mi hija que crece y la felicidad sentada entre los dos, abrazándonos. Luego la música acabó y la vida siguió como en un día cualquiera. Fue hoy, sábado 20 de octubre de 2.012, en la librería El Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires.






miércoles, 17 de octubre de 2012

Las flores del jardinero triste



Como no podía ser de otra manera, al jardinero triste las flores le salían tristes. Y eso que las llenaba de cuidado y cariño. Pero inevitablemente las plantas le florecían tristes. Tristes los malvones, tristes la hortensias. Tristes las calas, e incluso tristes las alegrías del hogar, que más bien se parecían a la alegría de un hogar deshecho, con padres discutiendo y tías dándose palos.
Había dos flores que brillaban excepcionalmente luego de pasar por las manos del jardinero triste: los lirios y los crisantemos. Radiantes, clamaban otro destino que el de acompañantes del dolor. Ellos querían ser regalados a una casa nueva, a una madre, a una novia. En eso pensaba el jardinero cuando vio a la chica detrás de la verja, sorprendida por sus tristes margaritas, y no lo pensó dos veces: con manos mágicas organizó el mejor ramo de flores alegres que su dicha le permitió (recordemos que el jardinero era un hombre triste casi a tiempo completo) y con una sonrisa a flor de labios, se lo regaló. Alegre la chica, alegres los crisantemos, alegres los lirios. Y alegre el jardinero triste, para alegría de todas las flores de su jardín. Incluso, la de sus rosas altaneras.

domingo, 14 de octubre de 2012

Fragmento


Por eso, cuando me lo preguntó por teléfono hice ese gesto con la boca, apenas perceptible, como de intentar tragar algo difícil de tragar. Ella me conoce tan bien que adiviné que lo percibiría del otro lado de la línea, como si en lugar de un teléfono se tratara de una pantalla, así que sin convicción y contra mis principios, preferí decirle la verdad.

viernes, 12 de octubre de 2012

Cinco segundos antes del knock out


No recuerdo quién soy
Donde estoy
Ni a quién tengo enfrente
Sólo veo que alguien me grita
Pero no entiendo qué dice
Hay un señor de blanco
Me hace señas con los dedos
Empiezo a recordarme
A sentir el cuerpo
El dolor ya pasa
La rabia vuelve
¿Me quedo quieto o me muevo?
Que el instinto elija
Si vivo de pie
O muero en la lona
De tu amor



lunes, 8 de octubre de 2012

El septérsilo floralis


Esta planta con su flor de tres colores posibles fue descubierta por el botánico Cristóbal Hicken en las orillas del río Paraná, a la altura de nuestra provincia de Misiones.  Se adapta tanto a los hogares como a sitios abiertos, aunque es  rara y no puede aplicarse para su cuidado la experiencia de otros poseedores ni consejo alguno en general.
Así, hay dueños que aunque la rieguen religiosamente cada atardecer y le cambien la tierra a la maceta entre estación y estación, se les muere inmediatamente.
Otros poseedores no le hacen el más mínimo caso a nada de eso y la dejan afuera cuando debería estar adentro adentro y viceversa, y así y todo les luce rozagante y fuerte.
En general a nadie se le ocurre tener más de un septérsilo floralis por vez, pero hay quien tiene dos o tres y en alguno de esos casos extraordinarios, todos ellos parecen gozar de buena salud. Está el que  lo deja tirado en la vereda, abandonado a la vista de los demás y sin embargo los resultados son sorprendentemente buenos. Muchas personas que tienen uno y finalmente se les marchita, se deprimen y no buscan otro. También hay quien muerto el primero, empieza a comprar uno detrás de otro buscando ver reflejado el original, lo cual no parece dar buenos resultados. Eso sí, aunque se les seque de inmediato van por el siguiente sin detenerse y así se pasan la vida.

Yo jamás he tenido un septérsilo floralis.  Me abruma tanta cosa mezclada, tanta incertidumbre, tanto dolor cuando se va y tanta ansiedad cuando no llega. Prefiero las cosas con manuales de instrucción, con planos, con mecanismos infalibles. Pero han abierto un vivero a la vuelta de mi casa y los tiene de los tres colores, rojo, verde o amarillo, e incluso mezclados. Me gustan mucho las flores de uno de ellos, amarillo fuerte en sus pétalos y con el cáliz sorprendentemente anaranjado. Pero tengo miedo de ponerle demasiada agua o dejarlo expuesto mucho al sol, o hacer todo lo contrario y que por eso se marchite. Mi madre, que es implacable, me dijo una vez que yo no estaba hecho para los septérsilos floralis. Justo ella me lo dice, cuando el suyo se murió hace años y aún espera que reviva (esa es otra de las infinitas posibilidades de esta flor)
Tal vez no me de miedo que se muera por falta de los indescifrables cuidados adecuados. Quizá lo que me angustia es que crezca sano y fuerte, y que luego yo no sepa qué hacer con él.




                                                                     Cristóbal  Hicken

miércoles, 3 de octubre de 2012

La Menor Idea presenta: Poesía Imperfecta (el libro)

Tengo la alegría de compartir con ustedes este libro de Poesía Imperfecta. Casi todas las mejores poesías de esta casa se alojan desde ahora allí (que sean las mejores no quiere decir que sean buenas)
Agradezco la colaboración del Sr. Julio César García y su innumerable batallón de correctores, editores, diseñadores, filólogos, filitos e ingenieros de sonido (?) que interesadamente colaboraron para que este trabajo saliera a la luz. Y digo interesadamente porque una persona que trabaja con desinterés, no trabaja bien. Eso sí, dinero no han cobrado.
¡No sé si son buenas pero son mías!
Deberían hacer click en algún lado, creo.
Espero que les guste el libro. Si les gusta me lo dicen vía comentario, en lo posible laudatorio en extremo y no exento de afectuosidad, incluso sobreactuada.
Y si no les gusta me lo dicen vía mail.
Muchas gracias.
Marcelo