sábado, 29 de diciembre de 2012

2.013: que el deseo sea el deseo del otro.


Este 31 voy a olvidarme de mis deseos de siempre. Los cambiaré por otros. Pero no por otros míos. Lo que tengo es bueno y suficiente, no pensaré en mí.
De puro aburrido nomás miraré a mi alrededor. Buscaré a alguien que necesite algo que yo le pueda dar. Y no me refiero a ninguna forma de beneficencia. Tal vez tengo algo muy bueno y no lo sé, y  cierta persona –llamémosla X- lo necesita con suma urgencia (no me refiero a un pantalón viejo)
Estoy seguro de que cada uno de nosotros puede hacer eso. Que todos tenemos algo muy bueno y conocemos a la persona que lo que necesita. Digo que esto no es caridad. Incluso tal vez nos dé más réditos que los puramente espirituales y alguien haga por nosotros eso que deseamos tanto y solos no podemos.
Pero mejor no pensarlo de ese modo. Ni que se trate necesariamente de algo material. Mejor pensar en la persona adecuada y acertar qué puede necesitar. Eso que nosotros tenemos distraídamente y que para esa persona, sea oro puro.
En todo caso y aunque parezca una contradicción, ese es mi deseo para el 31 de diciembre de 2.012 a las 23:59:59.







viernes, 28 de diciembre de 2012

El Cuarto Mandamiento


Tendría que haberme revisado ese dolor
Debí cumplir mejor
El cuarto mandamiento
Pude haberme administrado de otro modo
¡Era tan fácil evitar el mismo error!
No debí escribir aquella carta
Y sí ciertos poemas
Pude comprarme más ropa
Menos libros
Pagar en término
No debí ver Vélez con Boca
Sino Vélez con Unión
Debí, de una buena vez
Cambiar aquella lámpara
Ordenar esos cajones
Y planchar
Prometo solemnemente
Repetir ciertos errores
Pero no faltar nunca más
El cuarto mandamiento

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Quien se acuerda de los derechos de los blatódeos?








Nos escribe desde Lima (Pcia. de Buenos Aires) Juan Carlos Cucurachi, ingeniero atómico, para alertarnos sobre la proliferación de cucarachicidas que asesinan mediante un método crudelísimo: atrapar a estos milenarios animalitos de Dios en una superficie adherente, matándolos por inanición. Para decirlo en buen romance y sin ambages, señores: los matan de hambre, los matan. La muerte es lenta y produce escenas desgarradoras, por no decir dantescas: la cucaracha queda pegoteada y aunque se prodigue en movimientos desesperados, son en balde. Cucaracha adherida, cucaracha muerta, que expele en sus postreros momentos una especie de pus blanco a través de la barriga por un tiempo que parece infinito, al menos a los ojos de nuestro experto.


Como ya hemos dicho, la muerte es remolona, tarda en llegar, y permite verdaderos velatorios con el insecto aún agonizante: vienen Mamá Cucaracha e hijos a despedirse del padre, el cual incluso tiene algo de tiempo para organizar los asuntos importantes de la casa, más allá de que luego Mamá Cucaracha los resuelva a su antojo (pero ese es tema para otro opúsculo)


Algunas cucarachas que rozan apenas el campo minado, quiero decir adherido, pueden quedar con medio cuerpo y una hilera de patas pegadas y el resto, no. Incluso ha habido casos de cucarachas ligadas en su zona delantera, y hasta inexplicables casos de cucarachas pegoteadas por la retaguardia, lo que ha provocado no pocas situaciones engorrosas de aclarar. A mayor abundamiento, estos últimos casos son espeluznantes por demás, porque al tener las patitas delanteras liberadas, el blatódeo (no lo digo yo, lo dice wikipedia: Blattodea, del latín Blatta, «cucaracha» y del griego eidés, «que tiene aspecto de») da gritos desesperados procurando mejorar la acústica de sus llamados acercando las referidas patitas a su boca (o sus “piezas bucales masticadoras”, siguiendo a wiki)


El Ingeniero Cucurachi asegura (a mí no me consta) que si uno acerca suficientemente la oreja al insecto así atrapado, advierte una especie de cuchicheo (no confundir con Cucurachi) que el idóneo traduce como “auxilioooo” “auxiliooooo” los cuales dejan a uno hecho trizas, más allá de que en verdad no se entiendan bien y se oigan mal, puesto que se trata de una barata (sinónimo de cucaracha, odio repetirme) y no de Luciano Pavarotti. Agrega el Ingeniero que no hay que exagerar con el acercamiento del pabellón auditivo (la oreja) ya que éste también puede ser víctima del letal preparado, encontrándose uno en tal caso no sólo con la superficie pegada a la aurícula sino, lo que es peor, con una o más cucarachas caminándole por canales, yunques y martillos, y lo que es peor, dejando todo el oído interno pegoteado de por vida.



Por todo lo expuesto, señores, mi advertencia. Una cosa es matar cucarachas por razones de higiene, y otra es regodearse con la matanza, revelando instintos impropios del siglo en que vivimos. Eso, sin mencionar la posibilidad de que -si Ud. cree en la reencarnación- ese bicho pegoteado que dejará fenecer tan espantosamente no sea, ni más ni menos, que un Franz Kafka a punto de escribir “El castillo”.

¡Reflexionen!

martes, 25 de diciembre de 2012

Fantasmas de Navidad


Quizás los fantasmas también se juntan esta noche, y celebran Navidad en alguna casa vieja. Quizás encienden cohetes y se ríen recordando viejos tiempos. Quizás haya niños espectro esperando que se hagan las doce para abrir regalos. Quizás brinden y algún espíritu borracho desafíe a pelear a un cuñado detestable. Quizás sean todos pacíficos. O tal vez malvados y crueles con los humanos. El quizá que más me preocupa es que estos fantasmas estén reunidos en mi casa y, ahora que me voy a dormir y escucho una especie de silbido que suena a risa apagada, me estremezco. Quizás esa pequeña luz que entra por la ventana y se marca en la pared, es el ojo de un pérfido fantasma que espera a que me duerma, para hacerme no sé qué maldades de ultratumba.


jueves, 20 de diciembre de 2012

La pulga y el mosquito (crónica de un desencuentro)


La pulga se enamoró del mosquito, pero no funcionó. El tipo se la pasaba zumbando, enojado, porque la pulga levantaba vuelos efímeros. Encima en uno de sus saltos desaforados medio que le rompió el aguijón (por suerte Herr Engleber se lo reparó)
A la pulga tampoco lo convencía el enano volador, mal llevado como todos los enanos. Finalmente se fue con mariposa en plan homo. La multicolor aceptaba subirse en su lomo, entonces aquella pegaba su doble salto pulguil y las dos de marcha por ahí, dibujando piruetas planeadoras. El mosquito no dio patita con bola. Rechazado por la pulga cuando fue a pedir perdón, rechazado por el club de los vampiros por no dar el peso mínimo para entrar al club (peso mosca) finalmente se dio a la bebida. Dicen que lo vieron por los bares de Barracas buscando pelea, rodeado de moscardones. Dicen también que lo mató un aplauso en el teatro Roma de Avellaneda. Y que esa noche, cantaba Gardel.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Tal vez


Tal vez en esa mano que tendí
Viste un puño
Y te alejaste temerosa
De un verdugo que no he sido
Que no creo haber sido
Que no pude haber sido
Tal vez mis besos fueron llagas
De una piel que guarda heridas
Que no puedo imaginar