jueves, 31 de enero de 2013

Verla pasar


Verano
Arde Buenos Aires en cualquier esquina
En la plaza
Un muchacho espera
Verla pasar
Escondido del sol
y de ella

Eso fue hoy
Y hace cien años
también

sábado, 26 de enero de 2013

Chicas en bici










Pedaleando por las calles
de Mauricio
Aparecen
Dejo que adelanten
Me mantengo cerca
No pierdo panorámica
Empujan suave
Van como flotando
Chicas en bici
Por la city
Olvido todo cuando pasan
Salvo que no vea
Por mirarlas
El pozo aquel
Donde cada tarde
Me mato








domingo, 20 de enero de 2013

PERROS Y GATA



Aliento de gato

Los gatos viejos tienen aliento feo. No es un buen método para saber la edad de un minino meterle la nariz en las fauces, ya que algunos tienen mal carácter. Es lindo hacer la prueba con nuestro gato, pero claro, para qué comprobar lo que ya sabemos? ¿Que la tipa porta quince octubres?
El aliento de mi gata no es fétido. Quizás la huelo con amor. Tiene apenas una imperceptible reminiscencia olorosa que antes no tenía. Ella no sabe que la estoy verificando. Cree que juego con ella. Entonces me da apenas un mordisco suave. Porque Ursula, aunque tiene los colmillos aflojados, si quisiera hacerme daño me deja la nariz hecha un estropicio.
Pero no lo hace porque es  mi gata. O mejor dicho, yo soy de ella.

Aliento al margen.







Perros de Palermo

Mi amigo Blas me preguntó por qué en Buenos Aires sólo se ven caniches, y yo le contesté que tal vez en Palermo sea así, ya que en Liniers –por ejemplo- no me parece que haya tantos.






 Quiero dejar documentado que tenemos la regla, pero también la excepción. En un café, en una cerrajería y en una ventana enrejada, vemos tres exponentes de lo que ya parece ser una plaga palermitana.


Pero también, camouflado en su ventana, con pinta de terrorista, en la calle Soler he detectado un perro de soberbia raza no caniche, montando guardia, organizando La Resistencia o vaya a saberse haciendo qué (¿mirando al cronista?)
En cualquier caso este tipo, de caniche nada, monada.




lunes, 14 de enero de 2013

El Hombre de la hora


Espío la platea desde el escenario, con el telón bajo todavía. Raleada está de público, he conocido tiempos mejores. Pero este monólogo que preparé es el mejor de mi carrera, sé que no fallará. ¡Sólo espero que me escuchen! Algunos creerán que contaré los mismos chistes de siempre y quizás tengan razón. Es que siempre contamos el mismo chiste y lloramos la misma pena.  Pero eso no importa ahora, ya llega el momento de hacer mi número. No será un numerito, no no no. Será MI GRAN NÚMERO. Por cierto, este smoking me queda perfecto, che. ¡Ni en mis momentos de gloria tuve una pilcha como ésta!
Estoy un poco nervioso, eso sí. Y no por falta de experiencia. Quizás por exceso. Ya ví muchas plateas: llenas, vacías, ni sí ni no. Carísimas y regaladas.  He conocido de ovaciones y  rechiflas, de fotos con el Sr. Ministro y de huidas por la puerta del fondo, incluso sin cobrar. Me tranquiliza una cosa. Ahí adelante estará ella, no la miraré hasta terminar para no distraerme. Pero sé que está y me basta.

Que se apaguen las luces, que se levante el telón, y estén quienes estén del otro lado que se preparen porque…

¡¡Ha llegado El Hombre de la hora!!






martes, 8 de enero de 2013

Jesucristo es mexicano y vende tacos en Buenos Aires

Recién llegado de las vacaciones y estando a día ocho, lo mejor es no gastar de más. Por eso ando con poca plata por Buenos Aires. Encima quise sacar algo del banco y el cajero automático estaba fuera de uso. Así que me tomé una cervecita y pá las casas. Pero cuando pasé por el restaurante mexicano se me apeteció un taco. ¿Valor del de carne asada con queso? Veintiocho pesos. Consultada que fue mi billetera, había en ella un billete de $10.-, dos de $5.- y tres de $2.- Rebusqué en el pantalón y tenía una moneda de $1.-, una de $0,50 y dos de $0,25. Exactamente tenía veintiocho pesos y resueltamente me pedí un taco de carne asada con queso, sin bebida. El sitio es cool, estaba lleno de gente linda y a mí me importó un rabanito. El muchacho que me atendió –mexicano, algo más de veinte años y aspecto grave- era el que a la vez preparaba los pedidos de las mesas, los cuales eran cuantiosos. Recibió en silencio el paquetito de dinero y me sirvió el taco.
Ya había terminado mi comida, y mientras pensaba que no me haría falta cenar, en la barra apareció un taco más. De carne asada con queso.

-         Yo no lo pedí
-         Te lo regalo yo

En la mirada grave del muchacho –casi un niño- imaginé una vida complicada. Me pregunto si los siete mil kilómetros que separan a su tierra de la mía habrán convertido a Buenos Aires en un destino dorado –digamos París- o en un castigo -Siberia- Tal vez un poco de ambas cosas. Pero a pesar de todo lo que habrá pasado para llegar hasta aquí, le sobró paño para pensar que tal vez este argentino estuviera algo corto de divisas, y que tal vez estaría mejor si se fuera a dormir con el estómago un poco más lleno.
Ninguna explicación me pidió, yo tampoco se la di. Me comí el segundo taco y esperé un poco hasta que pudiera levantar la vista entre sus múltiples pedidos pendientes para poder saludarlo. Entonces sí, el chico sonrió.

Ayer contaba risueñamente que el loco de la playa que leía a Nietzche podía ser Dios. En verdad no lo creo, porque no se puede tener apariciones todos los días, y hoy me encontré con Jesucristo, que es mexicano y prepara tacos en Buenos Aires.

¡Dios te bendiga muchacho!





Esta entrada va dedicada a otras dos mexicanas que también me alimentan: María Eugenia Mendoza Arrubarrena y María García Esperón. De momento, me alimentan sólo espiritualmente.

lunes, 7 de enero de 2013

POSTALES



Ecce homo

Iba hacia la playa y un loco debajo del puente me preguntó ¿qué libro es ese? 

Como se trataba del polaco impronunciable preferí mostrarle la tapa. Nada dijo de mi libro pero me habló de Nietzche, el alemán. El loco (pocos dientes, mucho pelo, poco shampoo) me dijo que había leído Así habló Zaratustra y Ecce homo, mientras elevaba la voz porque yo no terminaba de frenarme, temeroso de haberme topado con un dios resucitado, con un pedido de colaboración inminente, o con ambas cosas. Lo cierto es que nunca me frené del todo, entonces él me dijo que quería regalarme un libro, y cuando vio que enfilé resuelto hacia la playa, soltó un insulto feroz e inaudito.

Porque así son los locos o los dioses resucitados. Fulmíneos.

“Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano. Así habló Zaratustra” (Nietzche)
“En general, lo grande no puede ser expresado. En cambio, lo pequeño sí se puede intentar” (Adam Zagajewski)





Permiso

Estaba jugando a la paleta con mi hija y una mala devolución acabó con la pelotita a un milímetro del trasero de una atractiva señora que estaba sentada en la arena. La niña me dijo que no, que ella no iría ni loca, a pesar de ser la que devolvió fallidamente mi smash letal. Así que me acerqué a la dama, que estaba con su esposo, ambos tomando sol. El marido, no sé si adormilado, no sé si aburrido, vio la pelotita casi rozando el atributo conyugal, me vio aproximarme, pero no hizo nada. Así que acerqué índice y pulgar, como quien saca la frutilla de una torta, o una perla de su ostra, y con un delicadísimo pinzamiento, capturé lo que buscaba (o sea, la pelotita) 

Lo que nunca entenderé es qué quise decirle al marido exactamente, en el mismísimo momento en que desarrollaba la sutil operación, cuando le solicité con voz amigable… “PERMISO”