jueves, 31 de octubre de 2013

Los galanes de hoy


Habría que ver si el galán de hoy
Que escucha música beat
y usa carterita
Se le anima a una flor en el ojal
A la crencha bien fijada
A amurarse en Billinghurst
Bajo el farol
Para esperarla
A ella






martes, 22 de octubre de 2013

Homenaje desordenado a César Tiempo




¡Yo nací en Dniepropetrovsk!
No me importan los desaires
con que me trata la suerte.
¡Argentino hasta la muerte!
Yo nací en Dniepropetrovsk.


(César Tiempo)






Creo que soy periodista por haber vivido en Buenos Aires. En Nueva York seguramente hubiera sido cualquier otra cosa. Acá sentí la necesidad de hablar con la gente. Hay una especie de atracción mediúmnica que hace que uno adivine la ciudad a través de los sueños.
Vine a  la Argentina antes de cumplir un año. Aquí viví en San Cristobal, en Villa Crespo, y era, lo que se dice, un vago curioso que andaba siempre de un lado a otro. Roberto Arlt solía acompañarme. Era otro vago como yo. Y, también como yo, amaba Buenos Aires. La llevaba en la sangre. Yo la sigo llevando todavía, quizá como una forma de acordarme de él.
(César Tiempo en revista Salimos, Buenos Aires, agosto 1980)




Desciendo de profetas, de meturguemanes (vayan al diccionario) y de cuéntenikes. Soy judío por todos los costados sensibles de mi ser y no pienso desertar de mi judeidad... En cuanto a mi condición de porteño, te cuento que está amasada en el barro de la calle y de la noche. No se ven ni se viven ciertas cosas si no se llevan dentro, decía mi hermano sideral Julián Centeya. Y yo llevo adentro junto al ”alef-beis” los compases de un tango.



En Buenos Aires hubo un poeta.
¿Y ahora?
Ni una calle ni una plaza porteña llevan todavía su nombre.   

(Eliahu Toker)







César Tiempo


Él nació en un conventillo
Sobre una calle perdida
Viejos patios de ladrillos
De Scakóvaia  Ulitza


En Villa Crespo hace tiempo
Y en San Cristóbal también
Lo declararon porteño
Nacido en Dniepropetrovsk

(M.S.D.L.)


César Tiempo (nacido Israel Zeitlin) fue poeta, cronista, narrador, guionista de cine, editor, periodista gráfico y radial, actor, dramaturgo y porteño. Formó parte del Grupo de Boedo. Nació en Ucrania en 1.903 y a los pocos meses ya estaba en Buenos Aires. Murió en 1.980. Wikipedia no lo cuenta bien. Mejor buscarlo aquí:



martes, 15 de octubre de 2013

Un mero caribeño



Un olvidado profesor dominicano se sube al tren que va hacia La Plata en la Estación Constitución. Elige asiento y muere. Es Pedro Henríquez Ureña y quizás muere porque al destino le gustan las repeticiones. El profesor se encontró con Borges unas noches antes en la avenida Córdoba y habían recordado el anónimo sevillano que dice “Oh Muerte, ven callada como sueles venir en la saeta”. Borges lo contará magistralmente en su cuento “El sueño de Pedro Henríquez Ureña” y dirá que ese diálogo fue profético porque así le llegó la Muerte a Henríquez. A partir de ahí, para muchos de nosotros el dominicano será un personaje más de la mitología borgeana.
Dirá Borges también que algunos países fueron injustos con él. España, que lo consideraba un indiano, “un mero caribeño”;  y Argentina, que lo vio como “un mulato” al que ni siquiera le dio una cátedra universitaria, designándolo apenas profesor adjunto de un hombre de menor valía. Era un aristócrata en su tierra, y un literato que dejó una obra notable. Pero no solamente el autor de "Luna de enfrente" lo valoró aquí. Hubo otro encuentro una noche de Buenos Aires. Una conferencia semidesierta de don Pedro en la “Casa del Pueblo”. Dos jóvenes que llegan tarde e inadvertidos de que en la sala no hay más que un puñado de personas -contándolos a ellos- Dos jóvenes poetas, que esperan la salida del profesor y lo siguen varias cuadras sin animarse a saludarlo. Finalmente lo hacen y entran los tres a un café de la avenida Callao. Allí se habla de literatura. De Ibsen y Tolstoi, autores objeto de la conferencia. Al risueño decir de Borges el profesor lo había leído todo,  y estos dos muchachos pueden dar fe de ello. Apenas habían publicado alguna cosa y sin embargo el maestro los conocía. Debe ser excitante hablar de literatura con alguien que lo leyó todo. Uno de los jóvenes quiere saber sobre personajes semitas en la literatura inglesa. El otro le preguntó por López Velarde, el poeta mexicano, si lo había conocido.

“El bar en esos momentos tenía una sonoridad de piso deshabitado. El mozo vino a llevarse los cafés intactos, después de echarnos una mirada homicida. La madrugada empezaba a desvestirse en la calle”

Cierra el bar y uno de los muchachos, emocionado, le da a Henríquez un beso en cada mejilla. Ya se van el profesor por un lado y los jóvenes por el otro.

-         ¿Qué te pareció?
-         Un santo. ¿Y a vos?
-         Un héroe

Uno de los jóvenes era José Sebastián Tallon, el precursor de la poesía infantil en Argentina y además –no sé si en una suerte de oximoron, ironía o redundancia- boxeador.  El otro, Israel Zeitlin, más conocido como César Tiempo, el verdadero cronista de este relato y al que hubiera querido darle un beso en cada mejilla.  Gracias a don César, puedo bajar por un rato a Pedro Henríquez Ureña del cenotafio borgeano y devolverlo a las calles de Buenos Aires como un mero caribeño tímido, magistral, lector de Todo.







BIBLIOGRAFIA
“El sueño de Pedro Henríquez Ureña” está en “El oro de los tigres” de Jorge Luis Borges (Emecé, 1.972)
La opinión de Borges sobre  el autor dominicano se encuentran en “En diálogo” De Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari, Edición definitiva (SXXI, 2.005)
 “Con Pedro Henríquez Ureña" se encuentra en “Mi tío Scholem Aleijem y otros parientes”, de César Tiempo (Corregidor, 1.978)

jueves, 10 de octubre de 2013

(Sin título)


Escribir para esconderme, para no mostrar quien soy, para hacer la vida más soportable, para poder volverme invisible. Mi amigo el anfitrión conoció al gran Néstor Sánchez, jugaban a las cartas, hablaban de jazz y no de literatura. A veces se ponía muy mal y no quería salir de su casa, vivía con su madre. Todos a veces no queremos salir de nuestra casa, pero vivimos solos, mamá está en otra parte, o no está. Néstor Sánchez fue amigo de mi amigo y de Cortázar y eso me gusta porque me acerca a ellos, los tres amantes del jazz y yo también pero un poquito.
Inventé un juego, la mancha congelada escondida, pero lo cuento otro día, qué bueno no tener que dar la cara esta vez y escuchar música aunque esté solo y no haya madre de Néstor Sánchez que me cuide pero por suerte tampoco fui homeless en Nueva York como él y quizás no muramos desamparados, aunque creo que sí, que todos morimos desamparados porque morimos solos y no es que esté deprimido ni necesito ninguna mierda new age solamente hay que asumir nuestra mortalidad sin muletas che, luego si Dios existe disfrutaremos el milagro pero ahora tengo esto porque no soy Néstor Sánchez y mi vieja vive gracias a Dios pero está mirando televisión española en su casa y cuando me pregunta cómo estoy le digo que bien lo cual además es cierto pero eso no invalida que sepa que me voy a morir como vos que estás leyendo y ahora me querés matar porque te digo que te vas a morir pero por suerte inventé un juego que tal vez a Julio no le molestaría y que mejor te cuento ahora porque te lo voy a regalar para que lo juegues mañana mismo antes de que seas Néstor Sánchez y te mueras solo, incomprendido y desamparado y sin la mamá que lo cuidaba porque uno siempre, pero siempre, muere así.


Instrucciones para jugar a la mancha congelada escondida

1.- Sólo se puede jugar de a dos.
2.- Un jugador elige una manzana de Buenos Aires para desarrollar el juego, en el juego siguiente elige el otro.
3.- Vale esconderse en cualquier recoveco, árbol, zaguán o carrito de la basura que ofrezca la manzana, pero jamás de los jamases se puede cruzar la calle.
4.- No vale contar con cómplices apostados con prismáticos en terrazas para soplar el desplazamiento ajeno, ni señoras mayores que en realidad sean actrices que fingen ser la abuelita del jugador.
5.- Si bien los jugadores son libres de parapetarse en un hueco-refugio y esperar, a los efectos de dinamizar el juego se recomienda mal que mal moverse un poco. Se sabe de jugadores que han perecido por hambre o frío con tal de no dar el brazo a torcer. Pero eso sí, invictos (dicen que cuando encuentran uno de esos esqueletos sonríe triunfal)
6.- Vale disfrazarse de Barney el dinosaurio, Cleopatra, María Antonieta o Borges, o no disfrazarse, o llevar un velo de viuda, incluso el jugador hombre.
7.- Si cumplida una hora de juego los jugadores no se han encontrado, comienza  la “ruleta rusa”. Cada jugador deberá elegir una dirección de las dos posibles y marchar a paso redoblado para propiciar una especie de choque de trenes. Si cumplida la segunda hora de juego el encuentro no se produce, quiere decir que los dos jugadores van en el mismo sentido a la misma velocidad, lo cual sería un milagro de la física siendo que el largo de paso debería ser diferente considerando la segura diferencia de centimetraje existente entre ambos jugadores
8.-  Si un portero ve a dos locos que parecen estar subidos a una calesita invisible y decide llamar a las fuerzas del orden, el jugador que no sea detenido inmediatamente debe acercarse a tratar de liberar a su contrincante.
9.- Ganará la partida el jugador que logre llamar al otro, sorprendiéndolo. Si ambos jugadores gritan el nombre del contrincante, de buena fe las partes decidirán quien comenzó el grito primero. El ganador se hará acreedor a una colación breve que abonará el otro. Si el otro está seco como protagonista de un tango de Discépolo, abona la colación contra el cobro de sus haberes mensuales.
10.- Si uno de los jugadores consigue sorprender al otro por la espalda, depositando las yemas de sus dedos índice y mayor en uno de los hombros del sorprendido (u omóplato o incluso cadera, si el jugador que sorprende es petiso) ganará un súper premio. No vale agarrar, pellizcar, abrazar ni dar un manotazo. Las yemas tienen que estar unidas. El súper premio lo elegirá libremente el jugador que gane, aunque no deberá estar reñido con la moral y las buenas costumbres, ni poner en un aprieto excesivo al perdidoso, ya que lo que vale aquí no es el “ja! te gané! Ahora tendrás que hacer lo que se me antoje” sino más bien la sutileza que logre transformar la prenda en algo placentero para ambos jugadores. A modo de ejemplo, podría tratarse de una prenda que se le ocurriera a un niño (bueno)
11.- El jugador que gane puede agregar algún detalle para la siguiente partida. Vestir determinada prenda, cambiar alguna regla, llevar una cosa, etc., siempre que el otro esté en condiciones de cumplir la nueva condición.



ADVERTENCIA: este juego no se jugó nunca. O por lo menos, no se tiene noticias de ello. Los jugadores deben ser concientes de que lo que en los papeles aparece divertido puede resultar un fiasco en los hechos. Pero eso le puede pasar a cualquiera. Le sucede a muchos novios entusiasmados, por ejemplo. En caso de fracaso, los jugadores pueden caminar como personas normales y preguntarse de qué signo sos, estudiás o trabajás, y cosas así.


viernes, 4 de octubre de 2013

Escritos sobre escritos/ Lecturas sobre lecturas



Leía de Néstor Sánchez: “se fueron todos al amanecer y me quedé apoyado de espaldas contra la puerta viendo girar las paredes, venirse encima los muebles. Trastabillé hasta la ventana –la manía de llegar a la ventana-, logré asomarme casi medio cuerpo afuera olvidado del miedo y vomité sin interrupción hasta la primera claridad de las terrazas, feliz del estremecimiento final, de poder hacerlo a cuenta de un día largarme a reír, haber elegido quedarme solo en esa pieza como el mismo Alain Gerbault, para que venga Blanca Luz y me ame”…..”de golpe me escucho pidiéndole "Madame Ivonne" a Ismael que nunca lo supo y rasca un Discépolo irreconocible, voy hasta los libros con la repentina necesidad de encontrar “Escrito sobre una mesa de Montparnasse”

Sánchez lee a González Tuñón, que dice:

Una tarde por el ancho rumor de Montparnasse
por ese aire de provincia tan confianzudo y claro
–cada ventana paga su pedazo de sol con una canción,
anduve bebiendo el buen vino rojo y alegre como una canción,
rojo y alegre como una revolución.

Y entonces, pensé: ¿qué haré ahora de mi vida?
Tengo dos amigos, un saxofonista y un vendedor de globos.



Algunas mujeres me han detenido en Montmartre
pero me piden cigarrillos y cien francos
y yo solo puedo darles ágiles besos casi inéditos
y hablarles de mi país sin que ellas me comprendan
y decirles que Blanca Luz está en Méjico
sin que ellas me pregunten quién es Blanca Luz.



Yo quisiera explotar una bomba, derrocar un gobierno,
hacer una revolución con mis manos amigas del
cristal, de la luz, de la caricia
–destruir todas las tiendas de los burgueses
y todas la academias del mundo–
y hacerme un cinturón bravío de rutas
inverosímiles como Alain Gerbault
para que venga Blanca Luz y me ame.


Gerbault sigue su ruta inverosímil y llega a la finca, al estudio que mira al parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, Cortázar lee a su amigo Sánchez, que lee a Tuñón, que acaso me lee. Pero Julio deja de leernos a los tres, busca esa novela que lo tiene embelesado. Ya llegan la mujer y su amante, el crimen está urdido. Lee Cortázar su novela y no sabe, no puede saber, que detrás de su sillón de terciopelo verde, el asesino, puñal en mano, busca la sangre del hombre leyendo una novela. Yo en tanto leo, y me dejo leer, porque al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías. Trastabillo hasta la ventana de mi pieza, mientras espero a Blanca Luz. Pero sé que no vendrá.



(Sobre “Nosotros dos” de Néstor Sánchez,; “Continuidad de los parques” de Julio Cortázar, “Escrito sobre una mesa de Montparnasse” de Raúl González Tuñón y “La trama” de Jorge Luis Borges)