Hace unos días mi hija me regaló una camiseta. No es de un club de fútbol pero se parece a alguno de España, de esas blancas con las tiras negras. El enamoramiento fue instantáneo y allí empecé a repetir la historia, cuarenta años después. Claro que como ahora soy un poco más grande en seguida me ví en la necesidad de lavarla, lo cual hice a mano para evitar todo tipo de estrujamiento, manchado con otras prendas o cosas por el estilo. La puse en una percha y la llevé al balcón, para que el sol de primavera realzara el blanco inmaculado, y me fui. El día fue largo y la noche, tormentosa. Hubo truenos, rayos, viento y agua, un temporal hecho y derecho. Me olvidé de la camiseta y de que tal vez no la sujeté demasiado bien…
Llegué de madrugada y ella no estaba. Creí que me moría. Automáticamente miré hacia la calle (vivo en un piso alto) y por supuesto no había nada. Se me dio por buscar en la terraza del edificio de al lado y vi un bulto retorcido y blanco. Era ella. Bajé como un rayo. El problema fue que eran las siete de la mañana de un día feriado y el encargado no aparecía. Tampoco nadie que entrara o saliera. Estuve dos horas haciendo guardia, y nada. En eso apareció el encargado de mi edificio y me advirtió que en el otro no había portero, apenas una señora mayor que iba dos veces por semana y que además estaba enferma.
No me importó. Ya eran las diez y había intentado dormir un rato, sin resultados. Cada cinco minutos me asomaba al balcón para ver si estaba. Sabía que el primero que la viera al subir a la azotea se la llevaría sin miramientos. Bajé resuelto a despertar a todos los moradores. Era feriado pero ya era una hora más razonable. El edificio tiene veinte departamentos y toque todos y cada uno de sus timbres. Sólo contestaron dos vecinos. Una chica con voz de dormida que esperó que yo terminara mi numerito, y cuando le pedí que subiera a buscarla lacónicamente me contestó “no puedo”, y me cortó el portero eléctrico. El otro señor me dijo que casi ningún vecino tenía llaves de la terraza y también me cortó. Pasaron varias horas y la portera no aparecía. Tampoco nadie que entrara o saliera, porque me quedé allí hasta el mediodía. Empecé a sospechar si no sería un edificio fantasma o gobernado por alguna secta. Mi encargado empezó a intentar el recupero por su lado, la señora que me ayuda en la limpieza también, y nada. Era como si allí no viviera nadie. La angustia seguía y todo empeoró cuando volvió a llover. Me imaginaba que el deterioro era inminente, como el de Gregorio Samsa debajo de su cama. Pensaba que la camiseta se despedía de mí como Di Caprio cuando se hunde con el Titanic.
Esto fue un miércoles. Ya era sábado y casi había desistido. Estaba hablando por teléfono, recién me había despertado y me pareció oír un murmullo. O tal vez fue un pálpito, pero me fui hacia el balcón y abrí la ventana con algo de furia. En la azotea habían unos operarios de televisión por cable y un vecino. Pero la camiseta ya no estaba. Comencé a gritarles pero no sabían de donde venía mi voz, porque me encontraba arriba y al costado de ellos: ¡Muchachos! ¡Muchachos! ¡Acá arriba! Les gritaba. Por un momento habrán pensado que era Dios quien les hablaba, pero no. Era yo desde el balcón.
Les pregunté por la camiseta y me dijeron que sí, que la habían encontrado. No podía esperar a que llegara el ascensor. Y casi me meto al edificio de al lado al ver la puerta de calle abierta. Minutos después llegó el vecino con mi camiseta, un poco sucia pero sin roturas. La llevé de inmediato a la tintorería y ahora la tengo puesta, por supuesto, mientras escribo estas letras.

Dedicado a Angel, del café de la Farmacia, que estuvo atento al desarrollo de la historia de la camiseta
Si te regalo una del Taladro... te la pondrías????
ResponderEliminarMire que es pertinaz, en algún tramo de su apasionado relato, llegué a sospechar que haría la “gran Spiderman”… Es bonito lo que nos cuenta y creo que muchos sentimos identificación con la anécdota. A mí me chiflan los sombreros y las medias deportivas , y ante cualquier pérdida o uso indebido , muestro los colmillos (o muerdo, llegado el caso) Y es que el amor no se explica, no se resigna ni se comparte! Alegrámonos del reencuentro con su amada camiseta!
ResponderEliminarMarce, la próxima vez cuelga la camiseta en una cuerda y con pinzas... He disfrutado mucho con tu odisea camiseteril... Besotes, M.
ResponderEliminarHay cosas que se empeñan en traernos dolores de cabeza, desaparecer, hacerse buscar... para que las deseemos más, y una vez recuperadas, las adoremos.
ResponderEliminarHay cierta analogía de personas con cosas, también.
Besos mil.
SIL
como sufrí, ché!
ResponderEliminarmenos mal por vos y la camiseta si yo fuera ella tb estaría encantada con un dueño que em quiere tanto.
feliz encuentro.
beso
Los hijos en sí ya son un regalo, por extensión, todo lo que ellos (o ellas) regalan es un tesoro. La peripecia rezuma ternura. Y por eso, de verdad, me alegro que recuperases la prenda.
ResponderEliminarpd Por cierto, si era blanca con franjas negras se parece a la del CD Badajoz (ese que compró un tal Tinelli)
pd albinegra, blanca por el color del pendón de castilla y negra por ser este el emblema aftasí.
Ja, viernes con camiseta Ok?
ResponderEliminareso! viernes en camiseta. y ya!
ResponderEliminarescuche: lo que realmente es interesante en usté (anduve buscando otros adejetivos, pero ninguno era suficientemente objetivo), es el ejercicio de la pasión, qué quiere que le diga!
ResponderEliminarbesos
Y si, estaba sana.
ResponderEliminarNo hay nada que hacer, soy como Casandra: hago pronósticos que nadie escucha. :)
Sí, hincha del Taladro! Pero no me la vas a regalar...
ResponderEliminar"Y es que el amor no se explica, no se resigna ni se comparte!" es de antología.
ResponderEliminarMedias deportivas????? de súperantología!!!
Gracias Merche! la próxima le pongo un candado!
ResponderEliminarAbsolutamente de acuerdo Sil! Pero con las personas es más difícil: no podemos recuperarlas de la terraza de al lado!
ResponderEliminarUn beso
Imaginate lo que sufrí yo, Alelí!
ResponderEliminarUn beso
SBM: qué bueno saber que se parece al Badajoz! Temía que fuera igualita a la del Real. Es que mi gusto futbolístico está más cerca del Barça!
ResponderEliminarUn abrazo gomezdelaserneano
Magah, Miralunas: gracias! Pero el viernes estoy de franco...
ResponderEliminarUd. es parte de la historia, Malena!
ResponderEliminarHola Marcelo:
ResponderEliminarSi haces un sacrificio así por una camiseta de club indefinido, pienso que de haberse tratado de la de Vélez hubieras llegado a dar la vida por ella.
(A propósito:
¿En qué momento de tu existencia te hiciste de Vélez?)
Nos haces estar en vilo!!!
ResponderEliminarMomentos de auténtica risa los mezclas con otros casi dramáticos.
¡Qué angustía me has hecho sentir por una camiseta que ni es mía!
Menos mal que en esta historia DiCaprio se salva!!!
Esta camiseta es un talismán.
Ciao, Marcelo.
Ahhh! Sabes elegir equipo! Te gusta el futbol de categoria jaja
Hola Marcelo, menuda historia!! A veces aferramos nuestro sentimiento sobre algo tan tonto como pueda ser una camiseta, ¡Muy bien reflejado ese apego! No se me hubiera ocurrido comparación mejor que la de DiCaprio hundiéndose! Jeje...
ResponderEliminarAprovecho para desearte unas felices vacaciones ya que, como siempre, ando liado y no sé si podré pasearme la semana que viene por mis blogs amigos.
Así que, feliz navidad!!
Manu UC.
Jajajajajajajajajà! No me cargueeeee, su camiseta fue muy inspiradora! Y no se meta con mis medias, ché, Usted! De antología es su homenaje a la izquierda! Tiene a Ricardito llorando en la puerta del blog, se acaba de enterar cuántos años tiene la mujer! My Dog!…al lado de la Ullman, después soy yo la audaz…
ResponderEliminarPD: sssssssspetacular la anécdota parroquial!!!!
No hay club que iguale cuánto nos ponemos la camiseta de los hijos...
ResponderEliminarD.
Marcelo: Ud es pertinaz y yo fisonomista (modestia aparte) ;-)
ResponderEliminarUn abrazo.
Antón.
Menos mal que hubo un final feliz, por un momento temí lo peor: rotura, latrocinio, voladura hacia otros techos. Ahora respiro.
ResponderEliminarSaludos aliviados.
Mientras leia tu historia veia las imagenes, te veia por la ventana gritando a los operarios, te vei mirando tu camiseta y hasta te vi de niño jugando con el balón!
ResponderEliminarEn serio Marcelo, no se quien de los dos esta peor!!!. TQ. Un beso.
lo que más me gusta es la foto, transmite todo el deseo y la frustración de la historia, me alegra haya tenido un final feliz
ResponderEliminarHola marcelo:
ResponderEliminarSólo paso para desearte unas ¡¡¡Felices Pascuas!!!
Cordiales saludos,
Luis
cuak,cuak
ResponderEliminarfalta Cecy
cuak cuak
cuak, cuak
ResponderEliminarPor una camiseta querida se hace lo que haga falta.
ResponderEliminarNi a un familiar se le quiere tanto.
Saludos.
Marcelo cuando escribes sobre tus odiseas de libros comprados y devueltos, o hoy sobre la camiseta, confieso que me vuelvo marcelista, y que de haberlo sabido, habría tenido helado de chocolate para ir a la nevera y dar cuenta de él mientras te leo.
ResponderEliminarMe encantó!
Emocionante historia. Casi un milagro de Navidad.
ResponderEliminarUn beso.
Compañero comprendo tu sudor ante la perdida de la camiseta, no hay con que darle a tal extravio.
ResponderEliminarHe perdido la mía de la gloriosa UBA en el 132. :'
Ya nada fue igual.
Va sobe en orsay.
M.
Hazme el favor de no colgarla más en el balcón, que voy a morir de la angustia si se vuelve a volar!!!!
ResponderEliminarEl valor de las cosas muchas veces es lo que representan. Y por eso somos capaces de cualquier cosa. Esa azotea me recuerda la de mi casa.
ResponderEliminarFeliz Navidad Maestro. Besos.
Esteban:
ResponderEliminarTambién tuve una de Vélez que se me fue destiñendo. Supongo que antes las telas eran más nobles, ahora es todo química que no destiñe pero no siente...
Un abrazo!
Hola Ana! Es mi talismán, claro. Y tal vez debiera ser el de otros también.
ResponderEliminarDebiera cortarla en mil pedacitos y regalárselos a las personas que quiero, con una constancia notarial que certifique "este trozo de tela estuvo perdido durante varios días, para dolor y gloria de su dueño"
Un beso!
Gracias Manu! No poseemos las cosas, ellas nos poseen.
ResponderEliminarFelices fiestas!
Con cual de las dos actrices se queda, Susana? Si tardó más de un segundo en responder, gané yo! jajajajajaja
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo Daniel. De ese equipo no nos queremos ir nunca.
ResponderEliminarUn abrazo!
Querido Antón, la sorpresa mía la habrás notado también. Un genio!
ResponderEliminarmariela:
ResponderEliminarLos patrocinantes me prohibieron por contrato terminar las historias en forma triste. Entenderás que se trata de millones de dólares, no?
Un beso!
Tú Helena, naturalmente. Pero lo que viste es lo que sucedió
ResponderEliminarUn beso y felices fiestas!
Gracias Anne. Justamente por eso lo de las fotos y la música. Porque con un trabajo solo no se puede conformar a todo el mundo!
ResponderEliminarjajajajajajaja qué buena memoria Luis!
ResponderEliminarFelices Pascuas para vos también!
Te quedaron remeras Estercita? mirá si se me volaba una de esas?
ResponderEliminarClaro Torazo! Aunque esta se parezca a la del Real, no? jajajajajaja
ResponderEliminarNo eres Malvada Bruja. Eres Buena Bruja y aquí se te quiere mucho.
ResponderEliminarUn beso
El 132 tampoco, Malena. Ya empiezo a tomármelo al solo efecto de recuperar tu preciado bien. Tengo la experiencia, tengo el optimismo. Y tengo tiempo porque en enero estoy al dope.
ResponderEliminarUn beso
La sigo colgando pero con 45 broches Pamela! jajajajajajaja
ResponderEliminarUn beso
Es cierto María Eugenia! No lo había pensado! Operaron los espíritus navideños, indudablemente.
ResponderEliminarfeliz Navidad!
Es cierto Nieves. Las cosas pueden ser símbolos de otras cosas, de sentimientos. Por ello las amamos.
ResponderEliminarUn beso!
Marcelo!
ResponderEliminarVetiginoso relato!..Pero hay cosas que tienen un valor especial y nos resultan insustituibles,le damos un valor que solo entendemos nosotros y vale la pena la emoción de mantenerlas.Seguro la sigues disfrutando con el añadido de saber cuanto representa.
Un abrazo enorrrrmeeeeee.