Las calles de Buenos Aires han sido designadas
manu militari. Llena está nuestra ciudad de generales y coroneles e incluso,
de soldados y alférez. Y eso que nuestras batallas han sido módicas y que la
independencia de la patria tuvo más en cuenta los derechos aduaneros de Buenos
Aires que la libertad de la nación. Para peor, el infame enemigo español estaba
más pendiente de Napoleón que de los indios del sur. En términos futbolísticos,
pusimos en el campo de batalla a nuestro primer equipo y ellos, a los
suplentes. Así y todo nos costó bastante vencerlos.
Por suerte, entre los barrios de Viila Devoto y Versailles
(el nombre de este barrio avisa, ¿verdad?) tenemos juntos a Lope de Vega,
Virgilio, Moliére, Víctor Hugo, Pedro Calderón de la Barca, Cervantes, Virgilio,
Paul Groussac e incluso Martín Fierro, que no fue escritor sino un personaje
literario.
No es un dato demasiado interesante para los turistas,
supongo. Porque no es una zona fashion ni hay comercios que vendan las marcas
top. Allí, a la geografía la dominan las casas bajas y por la tarde puede verse
a alguna familia tomando mate en la puerta, si el sol acompaña. No sé por qué
están todas juntas. Me ilusiona pensar que algún concejal del barrio, con
inquietudes literarias, sugirió estas denominaciones, las que fueron aceptadas
ignorantemente por los demás políticos de la ciudad, tal vez porque todos los
héroes ya habían sido utilizados. En cualquier caso, siempre es mejor para un
cita amorosa encontrarse en Virgilio y Cervantes, que en Combate de los Pozos y
Belgrano. Lejos, en los presuntuosos barrios de Palermo y Recoleta, las calles
Borges y Bioy Casares aparecen solitarias. El pobre Borges al menos se topa con la Plaza Cortázar. ¿Qué no darían
los dos amigos por ser vecinos de Virgilio, de Cervantes o Groussac?