No seguimos por nuestros
hijos, ni por la esperanza. Seguimos, náufragos sin isla ni balsa, por el impulso vital. Aunque estemos
hecho pedazos. Impulso gallináceo de seguir buscando enloquecidos la
comida, pese a la cabeza cercenada. Muertos de Swedemborg que no saben, no
quieren saber, que ya están muertos.
No es el optimismo del gurú, ni el futuro mejor, lo que nos mueve. Es el absurdo impulso vital que sigue contra todo, incluso contra el sentido común, y vence.
Algunos parecen anularlo. Pero a esa mano que dirige la pistola hacia la sien, la mueve el impulso vital. Quizás el mayor impulso vital de todos, ese de querer salirse de una cárcel.
Así están hechos nuestros pedazos. Los cementerios están llenos de antiguo impulso vital resplandeciente, mágica luz que sólo algunos pueden ver.