Sus refugios son
la mesa más oscura del bar; la cortada de la esquina por donde nadie pasa; la
última butaca del cine donde sólo dan viejas películas. Cualquier lugar
donde no lo vean está bien para él. Acepta conversar pero sin nombres ni
confidencias, así puede ser nadie y mirar sin ser mirado. Es un animal en
extinción. Otros se esconden detrás de una pantalla. Con nombres e historias
falsas juegan a juegos parecidos. Sólo que no se mojan con ninguna lluvia ni se
queman con ningún humo de tabaco barato. Juegan a ser nadie en el cobijo del
hogar, con sus pantuflas divertidas, hasta que sus parejas los llaman a dormir.
