Estoy seguro de que no conviene su regreso. Primero porque el regreso no existe, nadie jamás ha regresado de ninguna parte. Además un cuerpo puede aceptar un corazón o un pulmón artificial, pero un amor implantando en quirófano contribuye a que esa mujer duela en todo el cuerpo.
Lo felicito por haber dado hasta el entripado, dar menos que eso duele aun más. D.
Otro poema "visceral" como muchos de los que escribes. Me gustó Marcelo, pero eso de llamarte "trastocado" es peor a que se haya llevado tus viceras. Un abrazo
Ante la intensidad de El infierno y las vísceras, El incendio y las vísperas me parecen tibios. Es como adentrarse en El corazón de las tinieblas, en Las raíces de lo humano, en La montaña mágica... Quiero decir que leyéndolo, me sumerjo y toco fondo. Suerte que con solo un click, aparecen El Hombre Corcho y la cucaracha resistente.
Eso nos ha pasado a todos alguna vez, el problema es que después nunca recuperamos del todo nuestras vísceras, siempre se queda en el tintero algún intestino. A mí mientras me dejen el hígado para seguir ahogando las penas...
Veo que abriste el armario, bien poeta. Iré a comprar la manzana, duran bastante en buen estado aunque unas buenas picaduras en la fruta son como las tripas que describes.
Estoy seguro de que no conviene su regreso. Primero porque el regreso no existe, nadie jamás ha regresado de ninguna parte. Además un cuerpo puede aceptar un corazón o un pulmón artificial, pero un amor implantando en quirófano contribuye a que esa mujer duela en todo el cuerpo.
ResponderEliminarLo felicito por haber dado hasta el entripado, dar menos que eso duele aun más.
D.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarmala mujer, se ha ido de ti despojándote de todo lo que te compone, ahora...a esperar que venga otra y te cure las heridas. esto funciona así, no?
ResponderEliminarOtro poema "visceral" como muchos de los que escribes. Me gustó Marcelo, pero eso de llamarte "trastocado" es peor a que se haya llevado tus viceras.
ResponderEliminarUn abrazo
A ver querido... es que... ¿no podías regalarle sólo una rosa?..!!... ay que ver estos argentinos qué costumbres tan raras...
ResponderEliminar;-) Besote
ay!.. HAY QUE VER... (usted perdone el fallo... ha debido ser el desaguisado ese en el que nos ha metido... )
ResponderEliminarAnte la intensidad de El infierno y las vísceras, El incendio y las vísperas me parecen tibios.
ResponderEliminarEs como adentrarse en El corazón de las tinieblas, en Las raíces de lo humano, en La montaña mágica...
Quiero decir que leyéndolo, me sumerjo y toco fondo.
Suerte que con solo un click, aparecen El Hombre Corcho y la cucaracha resistente.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarja!
ResponderEliminarclaro! eso le pasa por dar sin mirar.
error.
mis condolencias a tus víceras.
besos
Eso nos ha pasado a todos alguna vez, el problema es que después nunca recuperamos del todo nuestras vísceras, siempre se queda en el tintero algún intestino. A mí mientras me dejen el hígado para seguir ahogando las penas...
ResponderEliminarUn abrazo,
Manu UC.
jaja... me encantó el final... sin vísceras no se puede vivir.... :)
ResponderEliminarUn beso
Cuando damos sin límites, a costa de nuestra propia salud, y quizás hasta sin que nos lo exigieron... ya es demasiado tarde reclamar devoluciones.
ResponderEliminarSólo podríamos recuperar desechos PATOLÓGICOS de amor.
Beso grande, Marcelo.
SIL
F de E : exigieran :)
ResponderEliminarNo esperes más. Ya los hizo plata en el mercado negro.
ResponderEliminardevolvé la bolsa....devolvé la bolsa...
ResponderEliminarya se manducó las tripas con aquél rutini que le habías regalado para ocasiones especiales.
salud.
Veo que abriste el armario, bien poeta. Iré a comprar la manzana, duran bastante en buen estado aunque unas buenas picaduras en la fruta son como las tripas que describes.
ResponderEliminarEl comentario de Daniel Os Es una joya.
ah, cuando ya nada queda...es que todo empieza. no sé... es tan gris este lunes!
ResponderEliminarmejor hablemos de esa cucaracha resistente!