martes, 21 de febrero de 2012

Impecable

Freí milanesas

Volqué un poco de aceite

Lavé los platos

Limpié la cocina

el baño

Tendí la ropa

Barrí

Al final

El impulso no cesaba

Y lavé mi corazón

Quedó limpio y perfumado

No hay caso con la plancha

Arrugado me quedó

Como siempre


Se puede llevar una camisa que esté un poco sucia, pero una camisa arrugada, jamás

"Suave es la noche" de Francis Scott Fitzgerald

15 comentarios:

  1. Y los hombres como tú...¿en qué sección del supermercado los encontramos?

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Marce, las arrugas del corazón son indelebles. Como las grietas del alma.
    Pero significa que ¨hemos vivido¨.
    Un corazón sin arrugas es como de plástico, vio, de siliconas, naaa, naaaa.

    Beso.

    SIL

    ResponderEliminar
  4. ¡Qué trabajador!

    Esas arrugas nos siguen, Marce.
    Son nuestras marcas de identidad.

    Abrazo.

    Antón.

    ResponderEliminar
  5. Bueno... el corazón tiene mucho trabajo, recibe constantemente estímulos y contraestímulos ( lo que quiera que sea eso), así que mientras esté limpio y perfumado, no me importa que esté arrugado.
    En cambio, una camisa...
    ay no,
    eso

    que
    no.
    ;-)

    ResponderEliminar
  6. Imposible planchar un corazón que ha sido usado...... :(

    ResponderEliminar
  7. Me has recordado a un amigo que yo tenía. Nunca llevaba los zapatos sucios...Desgraciadamente, yo sí. Y un día desapareció sin dejar rastro. No sé si se fue a por tabaco, o porque, en realidad, nunca pudo soportar mis zapatos sucios.

    ResponderEliminar
  8. La poesía de lo cotidiano no es sencilla señor Suárez, sí enormemente bella. Lo común vence a los individuos y da de comer a los terapeutas...Usted prefiere juntarlo en versos y que parezca extraordinario.

    ResponderEliminar
  9. Siento mucho lo del accidente ferroviario que habeis tenido en Buenos Aires. Espero que no tengas tu ni tus comentaristas a nadie querido entre las víctimas, querido Marcelo. Muchos besotes, M.

    ResponderEliminar
  10. Venite a casa y dame una manito, ya que a parte de marido ahora se me instaló el cuñado!!!

    Abrazos y me diste antojo de mielcitas y milanesas.

    ResponderEliminar
  11. Para ciertas cosas no hay plancha que valga!

    ResponderEliminar
  12. Purificar el corazón, como se limpia la propia casa es una bonita analogía. Por más cursi que suene, un corazón limpio, para mi, es aquel que no dejó entrar el rencor

    ResponderEliminar

¿Se acuerda cuando los lectores comentaban?