Un demonio travieso y envidioso de Dios quiso ser bueno, entonces le retornó la vista al zaino manso
que, herrumbrado en el establo, esperaba la muerte. El viejo patrón advirtió
enseguida la alegría del caballo y lo mató, mientras se preguntaba por qué la
suerte perra hace milagros tan crueles. El
demonio le susurró al viejo quién era y luego, le arrancó los ojos.
En eso llegó Dios, absoluto y perezoso. Por no intervenir, concedió
esa tarde albedríos indultados a demonios bromistas que pretendieran imitarlo, y
descansó.
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ResponderEliminarSoñé que Dios generaba un baño de humildad para su homónimo de la mano,para el titiritero que se retira de los oro y cielo y para el DT que se autoinculpa en ataques a jefes de obra.
ResponderEliminarSaludos.
Qué difícil se me hace comentar debajo de las genialidades de Blas.
ResponderEliminarHace desde que tengo memoria- y de eso hace bastante- que Dios duerme la siesta y demonios traviesos gozan de un libre albedrío absoluto.
Beso, Marce.
SIL
Dios no atiende en el campo. Sólo tiene sucursales en las grandes ciudades.
ResponderEliminarCreo que los demonios se reproducen en demasía... últimamente.... :(
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