Vuelvo a escribir con una consigna: no hablar de mi. ¡Ay estos sábados sin planes! El tiempo pasa lento,no tengo mucho más para hacer que leer, tomar mate, ahora pruebo escribir. Ya no cumplí la consigna, por otra parte es incumplible: aunque describamos la erupción de un volcán, estaremos hablando de nosotros, siempre. ¿Y por qué sería que quiero describir un volcán en erupción? ¿De quién estoy hablando?
El taxista veterano
limpia los vidrios de su auto en Chacarita, no del lado del cementerio sino de
la pizzería. De golpe llego tarde a mi cita, le hago señas para que cruce de
carril y no tener que dar vueltas, lo hace. Es de los de antes, pero
increíblemente no es demasiado conversador. Le aclaro que no voy a Agronomía
como genéricamente le indiqué al subir, sino al bar Rayuela. Que lo conoce, que
no lo conoce, cuando le dije “doble aquí” lo recordó. ¡Qué lindo es viajar sin
Google Map, en un no Uber, con un chófer que hace memoria para ubicar una
dirección!
El que
arruinó el viaje retro fui yo, que le pagué por transferencia.

