
El trabajo fue un juego de niños. Es verdad que el hotel era algo siniestro y ruidoso por las noches, pero el ambiente parecía más bien de estudiantina. Es verdad también que había un canal de películas condicionadas, pero bueno, la “programación” era variada. Es cierto que la conserje era un bull dog rabioso, y que apenas se le veía la cara por el cuadradito de la recepción; y que las valijas se depositaban en un subsuelo, apiladas en una montaña sin número ni orden alguno.
Pero podría decirse que era un hotel corriente. Y limpio. Aprovechó la noche, y se fue a beber un whisky sin agua ni hielo a un barsucho de mala muerte en Broadway.

Al día siguiente fue al restaurante vietnamita, y también era difícil en la primera impresión. Sobre todo la mesa escondida en el salón del fondo, donde apacibles orientales comían en silencio. Pero no había ninguna mafia. Nuestro hombre se tomó el trabajo de verificarlo bien. Y no encontró nada. Tomó fotos de todo y en el mismo bar de la noche anterior preparó un informe detallado. Luego voló por las escaleras hasta el cuarto 203. Se relajó al encontrar su segundo cheque. Necesitaba ese dinero, el primero se había evaporado con las deudas.
Bajó para enviar el correo con su informe a la casilla que le dejó el cliente anónimo, y se volvió al Chelsea para recoger sus escasas pertenencias y largarse. Pero una mano salió por el pequeño cuadrado de la recepción con otro sobre a su nombre. ¿Otro sobre?

Se quedó perplejo al ver el pasaje “Nueva York-Madrid”
Y una esquela indicándole que la limusina que lo llevaría al aeropuerto ya lo esperaba abajo. En en el vehículo tendría más instrucciones.
Camino al JFK, mientras abría el último sobre, comprendió que su trabajo en Nueva York había sido una prueba. Que lo que se pretendía de él era otra cosa, más importante. Y lo corroboró al ver el nuevo cheque, que ahora era en euros y con un cero más que el anterior. No podía creerlo. Tres días atrás estaba quebrado y con orden de desalojo. Ahora, abandonaba Nueva York, rumbo a Madrid. Se sirvió el último whisky neoyorkino del bar de la limo. Era hora de analizar las nuevas instrucciones...
Continuará...









