jueves, 9 de abril de 2015
El parecido (III)
SUJETO 2: ¡Por
favor! Dos empanadas de carne y una cerveza negra (espera en una especie de
barra de la casa de empanadas de Pueyrredón y Arenales)
SUJETO 1: ¿Te
dijeron alguna vez que sos igualito a Echarri?
SUJETO 2: …
SUJETO 1: En
serio, ¡sos igualito a Pablo Echarri! ¿Nunca te lo dijeron?
SUJETO 2: Me dijeron
que soy igualito a Camero, a Sergio Dalma, A Francescoli, a Cacho Castaña, a
Tarantini, a Montgomery Clift, a Rodrigo, al Turco García y a Fabio Posca. Pero a Echarri, no.
SUJETO 1: ¿Pero
no te da orgullo que te digan que te parecés a Pablo Echarri, el actor?
SUJETO 2: Y,
papi, que me lo diga un barbudo, la verdad que loco no me vuelve…
(Llegan las
empanadas, el SUJETO 2: extrae un libro para dar muerte a la charla y poder
comer en paz)
SUJETO 1: ¿qué
lees?
SUJETO 2: …
SUJETO 1: ¿es
literatura?
SUJETO 2: Las
memorias de Giacomo Casanova en España
SUJETO 1: ¡¡guauuuu
, debe ser erótico!!!
SUJETO 2: en
absoluto, apenas habla de eso, es un tipo que viaja y cuenta lo que ve, nada
más.
SUJETO 1: ¡Yo
estuve en España!
SUJETO 2: Yo también
SUJETO 1: Soy
pianista. En España se trabaja de cualquier cosa, en cambio en Francia se
trabaja de lo que uno desea. Y ahí trabajé de pianista en un hotel.
SUJETO 2: ¡qué
bien! ¿ Y qué hacés acá?
(se interrumpe la
conversación porque entra una llamada al teléfono del SUJETO 1: Trata de
convencer a alguien de que vaya a la casa de empanadas, que está genial (?), el
interlocutor/a no parece dispuesto a ir, el SUJETO 2 le sugiere que le cuente
que está con Echarri: Se corta la conversación telefónica)
SUJETO 1: Me tuve
que ir de Francia porque se me venció la visa… ¡qué bien viven los franceses! El
dueño del hotel, el cocinero, los huéspedes y yo comíamos la misma comida, nada que ver con acá…
SUJETO 2: ¿una
especie de comunismo cool?
SUJETO 1: (
fastidiado) eso le dicen acá, comunismo, es una manera distinta de ver la vida.
Así que me fui a Brasil, a Río.
SUJETO 2: Yo
también estuve en Rio.
SUJETO 1: Pero
ahí para trabajar me pedían que me ponga un smoking, son re caretas como acá.
Así que de ahí me fui a Búzios. Ya sé, me vas a decir que también estuviste en
Búzios…
SUJETO 2: No
todavía (se acerca a pagar a la caja)
SUJETO 1: Un lugar
soñado es Rusia. Y también Israel.
SUJETO 2 (mientras
paga) Genial.
SUJETO 1: ¿Ya te
vas?
SUJETO 2: Sí. ¡Pero
nos vemos en Búzios!
SUJETO 1: (sonriendo) Me llamo Germán, y vos?
SUJETO 2: Pablo.
Te lo juro.
domingo, 29 de marzo de 2015
domingo, 15 de febrero de 2015
El impulso vital
No seguimos por nuestros
hijos, ni por la esperanza. Seguimos, náufragos sin isla ni balsa, por el impulso vital. Aunque estemos
hecho pedazos. Impulso gallináceo de seguir buscando enloquecidos la
comida, pese a la cabeza cercenada. Muertos de Swedemborg que no saben, no
quieren saber, que ya están muertos.
No es el optimismo del gurú, ni el futuro mejor, lo que nos mueve. Es el absurdo impulso vital que sigue contra todo, incluso contra el sentido común, y vence.
Algunos parecen anularlo. Pero a esa mano que dirige la pistola hacia la sien, la mueve el impulso vital. Quizás el mayor impulso vital de todos, ese de querer salirse de una cárcel.
Así están hechos nuestros pedazos. Los cementerios están llenos de antiguo impulso vital resplandeciente, mágica luz que sólo algunos pueden ver.
sábado, 24 de enero de 2015
Caballeros
Se encontraron en
la calle
Eduardo iba caminando
Don Guido, con su
caballo
Pensaron batirse
a duelo
Pero fueron al
serrallo
Hubo chicha y manzanilla
En homenaje de Lima
Y más tarde
Por Sevilla
Por Sevilla
Compartieron sus hazañas
Cubiertas de oro
y tisú
¡Caballeros refinados!
De Andalucía y
Perú
(a propósito de los caballeros de las "Coplas por la muerte de Don Guido" de Antonio Machado, y "Fina estampa" de Chabuca Granda, que se me ocurre que podrían haber sido amigos)
(a propósito de los caballeros de las "Coplas por la muerte de Don Guido" de Antonio Machado, y "Fina estampa" de Chabuca Granda, que se me ocurre que podrían haber sido amigos)
viernes, 16 de enero de 2015
Alicia en el subte
Cuando la miré ella estaba dejando de mirarme. Se llama Alicia, trabajó conmigo hace muchos años. Yo la hacía reír, ella me ofreció un café el primer día de mi primer trabajo, y ahora se subió al subte. La dejé de mirar cuando ella volvía a mirarme, ambos dudábamos de remover la mole de ladrillos que nos separaba de aquellos que supimos ser con un "¡hola! ¿cómo estás?". Nunca pasó nada entre nosotros, ni quisimos que pase, sólo recuerdo que cuando se metió con El Uruguayo a mi no me gustó. No me gustó porque Alicia era jovencita y él un señor mayor y con hijas apenas menores que ella. Además El Uruguayo -que trabajaba en otra dependencia- tenía la mala costumbre de no mirar a los ojos. En las oficinas, todo el personal tiene derechos adquiridos para opinar de los noviazgos de los compañeros, y yo lo ejercí. Ya llega la estación donde Alicia bajará, me pregunto si seguirá trabajando en el mismo sitio porque la estación es la misma. Me apresuro a tomar una decisión, ¿qué podría preguntarle? Por El Uruguayo no creo, quizás lo dejaron enseguida después de que renuncié. O se murió; o lo que es peor, sigue con él. La volví a mirar cuando ella dejaba de mirarme y adivinaba dudas parecidas en su mirada escurridiza. Subí la música de mi teléfono y fingí dormirme, igual bajo en la siguiente estación.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Una tragedia que se repite en Buenos Aires
Desesperado, el
Perdedor de Unicornios se fue hasta el desarmadero de la avenida Warnes y lo
que vio le encogió el corazón:
a)
cebras
pintadas de negro
b)
caballos
pintados de cebra
c)
leones
con las melenas afeitadas y un cartel debajo que decía “cuidado con el puma”
d)
Etc.
El Perdedor de
Unicornios quiso meterse en el perímetro para buscar al suyo de color azul (a esa
altura probablemente rosa) pero lo interceptó un huraño mono con navaja que le
dijo con cara de pocos amigos y fuerte acento ruso: ¡¡¡xxxaxaxsxsxaxsxsxaxax!!!
Más desesperado
todavía, se fue hasta la Comisaría 33º a
hacer la denuncia, pero el gato policía lo paró en seco: “¿Ud. sabe cuántos unicornios se roban por día en la ciudad de Buenos
Aires? ¡Cientos! Hay una banda de
babilonios que los plastifican y los
venden como caballos de calesita en Copenhage, yo la denuncia no se la tomo y
el seguro tampoco lo hará”
Resignado, el
Perdedor de Unicornios volvió a su casa, sin saber qué decirle al hijo cuando le
pregunte por su mascota. Pese a todo, puso un cartel en la puerta de su casa
prometiendo que cien mil o un millón él pagará a quien tenga información, y yo
lo estoy buscando hasta en Babilonia. No lo busco por sentimentalismo, si yo odio los unicornios, especialmente a los
azules. Es que necesito el dinero.
sábado, 6 de diciembre de 2014
..........................................El paraíso de los desmemoriados................................
Los desterrados
Del paraíso de los desmemoriados
Vanas señas suelen dar
Allí el olvido
Es el deseo
De infinitos cuerpos sin dolor
Ansiosos
De un paraíso anónimo
Que olvide
Hasta el perdón
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