sábado, 31 de mayo de 2008

Otra Noche de Franco Capítulo Final: El Orgullo tiene caminos extraños



Capitulo V: El Orgullo tiene caminos extraños

-Perdón por interrumpir el romance. Galán, derecho para casita, hace frío y te vas a resfriar. Y vos baby, venís conmigo.
- No dejes que me lleve…
La confusión reinaba en su cabeza. Ahora sí que todo el whisky bebido no lo dejaba pensar bien…
¿Qué hace mi cuñado aquí…?
-¿Adonde la llevás?
- A declarar, por supuesto.
- ¿A declarar sobre qué?
- Oíme idiota, ¿te creíste en serio que sos detective?

El orgullo tiene caminos extraños. No le molestó la palabra “idiota”. Le molestaron las otras dos palabras: “en serio”
- No voy a dejar que te la lleves si no me explicás
- Ah, ¿no? Entonces venís con nosotros
Los subieron al Chevrolet con él al volante. Su cuñado, al lado suyo, lo apuntaba. Detrás, ella entre dos de los chicos azules. En el otro auto, el tercero del grupo.
- ¿Adonde vamos nena?
- No sé. ¿Al Departamento Central?
- No te hagas la estúpida, decime donde tenés el video. Me lo vas a decir de una forma o de otra, pero vas a preferir que me lo digas por las buenas…
- OK, hay que ir a Barracas.
El cuñado se dio vuelta y con una mirada fulminante les dijo a sus cómplices. Si ustedes no revisaron bien la casa…

- ¿Y ahora?
- Allí, en la vía…
Todavía a él le quedaba una carta por jugar: nadie lo había revisado, y tenía el revólver. Sólo faltaba escoger el momento adecuado. Se rió de su idea: ¿sólo eso falta?
Los policías empezaron a sospechar: un lugar demasiado intrincado para escondite de mujeres.
- Si me estás mintiendo te mato aquí mismo.
- ¡Te juro que no! Mi amiga me dijo que lo puso debajo de ese durmiente roto. Es un DVD.
- Las primeras luces de la mañana lluviosa le daban a la escena un tono espectral. Varios tipos buscando frenéticos sobre las vías. El momento llegó: cansino, apareció un carguero. Instintivamente todos miraron al tren. Todos menos él.
- ¡Bajá el arma!
- Imbécil, siempre fuiste un imbécil. Ese revólver te lo conseguí yo. ¿Pensaste que te iba a dar uno que funcionara? Por supuesto que no, podrías hacerte daño con él…¡Imbécil!
El tren ya estaba sobre ellos y sin que nadie dijera nada, todos se fueron para un costado de la vía…Pero él ya la tenía tomada del brazo a ella y le gritó: ¡crucemos! De un salto y un segundo antes que el tren los arrollara, consiguieron pasar al otro lado.

Volaron hacia el Chevrolet. Pero no arrancaba. Tenían algo más de tiempo, el carguero es largo…pero nada. Por el espejo retrovisor vio al grupo corriendo hacia ellos. Como en un film vio los fogonazos en la mañana oscura. ¡Les disparaban!
- Vámonos, por Dios!
- ¿Qué querés que haga?
El auto pareció apiadarse y arrancó. Neumáticos chirriando nuevamente, y al cabo de unos minutos consiguieron perderse de vista.
- ¿Ahora qué hacemos?
- No sé. Si tuviéramos el DVD…
- Lo tenemos, siempre lo tuvimos.
- ¿Adonde?
- Aquí, en tu auto. Por qué te pensás que llegué tarde al bar? Esperé a que entraras y luego lo dejé aquí.
- De acuerdo, entonces vamos a llevarlo a la policía, tengo un amigo allí que nos va a ayudar…
- ¿Estás loco?
Observó un brillo diferente en su mirada, que la alejó inmediatamente de ella.
- El video es nuestro futuro, ¿sabés lo que los tipos que aparecen pagarían por él?
Otra vez le saltó el orgullo:
- ¿nuestro futuro? ¿o el tuyo?
- ¿Qué importa? ¿Sos un idiota al final?
Ya estaban frente a la policía. Deliberadamente, le pidió a ella que esperara en el Chevrolet. Entró y le dejó el video a su amigo.
Cuando salió, ni el auto ni ella estaban más…

Estaba cerca de la oficina, y se fue caminando. Cuando llegó, ¡oh milagro! la Secretaria.
- ¿qué hacés un domingo por acá?
- Vine a limpiar este desastre. ¿Qué le ocurrió? Parece como si le hubiera pasado un tren por encima. ¿No se tomó la noche de franco?
- El sonrió y le pidió un café.
- Vi una nota a medio hacer en la Rémington. ¿Quiere que se la termine?
- No, tirala a la basura.




viernes, 30 de mayo de 2008

Otra Noche de Franco Capítulo IV: Mundo Bizarro



Capítulo IV: Mundo Bizarro

-Te quedaste mudo… ¿por qué no llegaste a tiempo?
- es que el auto…
- me estoy arrepintiendo de haberte llamado…La viste, ¿no?
- sí. Pensé que eras vos. ¿Eras vos? Notó que ambos habían comenzado a tutearse, y aún no se habían visto las caras.
- entonces te estaría llamando desde el infierno. No, no era yo. Pero era mi amiga. Podés encontrarme AHORA? La noche aún no terminó y necesito verte.
- OK, adonde?
-en Mundo Bizarro, lo conocés?
- Obvio, en cuánto?
- Veamos si esta vez llegás. En veinte minutos, como antes.

Y colgó sin darle tiempo a nada. Desesperado, buscó en la guía telefónica “Mundo Bizarro”. No pudo asumir ante ella que no conocía el lugar. Guatemala al 4.800, Palermo.
-Si no me falla el auto…El Chevrolet se comportó como un cero kilómetro, y doce minutos después estaba en Guatemala y Jorge Luis Borges, pero…sólo encontró un local cerrado. Había apuntado la dirección en un papel: Guatemala 4.802. Ahí estaba, y nada. Otra vez se enojó, pero alcanzó a ver un pequeño cartel en la persiana baja: “nueva dirección: Serrano 1.222”
Era cerca, arrancó como si le fuera la vida en ello. El olor a neumático quemado fue desapareciendo lentamente por la lluvia…
Eran las cinco y media y en el lugar aún había gente… Se acercó a la barra y pidió un Jack Daniels sin hielo, y satisfecho por llegar a horario, esperó…Pidió otro. Le llamó la atención que con todo lo que había bebido no se sintiera ebrio. Pero no es para fiarse –pensó- todos los borrachos aseguran que no lo están…
Ya eran las seis y se preguntó si no debía irse. Con un cigarrillo en la boca se acercó hasta la rockola por hacer algo, aunque se imaginó que no tendría ninguna canción que le gustase. Sin embargo por casualidad (¿o cosa de brujas?) encontró “Sunny”, cantada por Robert Mitchum. Su canción favorita por su cantor favorito. La puso y volvió a terminarse el segundo trago.
Mientras canturreaba distraído la canción, una voz conocida a sus espaldas le murmuró:
- ¡por fin!

No pudo creer lo que vio cuando se dio vuelta: una mujer de unos veintiocho o treinta años, alta, sensual, de cabellos y ojos oscuros… ¡muñeca!
Le pareció que todo el bar dejó de hacer lo que estaba haciendo, para observarla a ella, y al tipo que saludó.
- Por favor, sentémonos en una mesa, quiero contarte algo…Aún con evidente pánico, no perdía la belleza ni la prestancia.

En voz casi inaudible le soltó todo de una vez: ella y su amiga trabajaban en un lugar no muy decente, pero con una clientela que sí lo era: gente de dinero, gente de poder, gente de estado, gente de iglesia. Todos con ganas de jugar a juegos peligrosos.
Y a la amiga se le ocurrió filmarlos en secreto. Y luego se lo contó a ella.
Ella comprendió lo arriesgado de la situación y buscó a alguien que pudiera ayudarlas. Encontró su nombre en la guía.
Pero antes los dueños del local descubrieron todo y su amiga se escondió en Barracas, por eso le pidió que fuera allí. Fue en vano, los tipos encontraron el lugar, la mataron y ahora la perseguían a ella.
Se relajaron al llegar a este punto. Pudieron mirarse a los ojos por un segundo sin miedo. Ambos tenían miedo, sólo que ella no sabía que él también lo sentía…Ella posó su mano en la mano de él, y se olvidaron del entorno. El Banco Nación se encontraba en Plutón...
-¡Qué escena más tierna!
Eran los tres chicos azules, y el que habló era quien los comandaba. Su cuñado.

Continuará… (5° y último capítulo)

Guatemala 4.802


Pasaje Rivarola

jueves, 29 de mayo de 2008

Otra noche de franco Capítulo III: Los cadáveres hablan


Capítulo III: Los cadáveres hablan
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Mientras se subía con prisa al auto, rogaba que la batería no le diera problemas…y claro que se los dio. Eso, o el frío de la noche, o los veinte años del Chevrolet, el asunto es que se fueron otros diez minutos hasta que consiguió ponerlo en marcha. Todavía no había salido y ya estaba llegando tarde. Encima comenzó a llover. Por suerte el invierno desmentía que fuera sábado, y las calles estaban desiertas, más aún en la oscuridad de Barracas…
No conocía bien el barrio. Se confundió con la vía del tren y no acertaba la encrucijada. Hasta que vio la calle California (qué casualidad, otra vez cerca de Marlowe…)
Pero en la esquina de la cita, el cuadro era otro: un par de patrulleros con las luces largas apuntando hacia algo. Se acercó un poco más. Como petrificados, tres policías mirando el cadáver de una mujer. Maldijo en silencio al viejo Chevrolet.
Se acercó, y su cuñado lo reconoció bajo el ala del sombrero:
-¿Qué hacés acá?
- Nada, trabajo…Quién es ella?
-No sabemos todavía, estamos esperando al forense…
- ¿A qué médico le tocó el caso?
- a García. ¿Lo conocés?
- No
-¿Conocés a algún médico forense?
- No
- ¿Y entonces por qué preguntás?
- Olvidalo. Puedo darle un vistazo al cuerpo?
- OK, pero no lo toques. Los cadáveres hablan. Eso dicen los forenses.
Comenzó a llover más intensamente, y apuró la inspección. Era una mujer rubia, de unos treinta años, y la muerte la tomó por sorpresa. Bah, eso le pareció indicar su bello rostro y el diminuto agujero rojo en el pecho. Aunque la muerte seguro que siempre nos toma de sorpresa, divagó…

Se preguntó qué estaba haciendo allí, maldijo una vez más su suerte y se fue del lugar.
Volvió a la oficina del Pasaje Rivarola. Decepcionado, colgó el piloto mojado y se sirvió un whisky.
Miró a la Rémington y la nota en blanco. Se refregó las manos para calentarlas, y comenzó a teclear: “Señor Jefe de Personal…”
Sonó el teléfono. Aún no había amanecido. Y ahora quién…?
- Hable…
- ¿Por qué no llegaste a tiempo?
Se quedó estupefacto. Un cansancio repentino lo hundió en su destartalada silla giratoria de estilo inglés.
Era ella de nuevo…




Continuará...

Otra noche de franco (Capítulos I y II)


Escenas del capítulo anterior...(en realidad el capítulo entero, ya que es breve)
La espera

Tenía todo para ser el investigador ideal: la Rémington, el sombrero, el piloto, la puerta de vidrio esmerilado con su nombre y claro, la pistola.
También sufría como todo gran detective de un momentáneo problema de efectivo, y su secretaria venía cuando quería, un poco porque le debía tres meses de salario y otro poco porque no había nada que hacer.
En la biblioteca, la colección completa de Philip Marlowe, y con los zapatos arriba del escritorio vacío, aguarda a que suene el teléfono, whisky en la mano, cigarrillo en la boca. Seguir a tipos casados para probar infidelidades nunca le gustó.
Es sábado a la noche, y aunque no suele trabajar el fin de semana, él espera que suene el teléfono y una voz femenina le pida ayuda desesperadamente.Pero el tiempo pasa y eso no ocurre. Se pregunta si no será hora de volver a trabajar en el banco...


Capítulo Dos

La llamada

Se quedó dormido con la solicitud de readmisión del Banco de la Nación Argentina en la Rémington, mientras el cigarrillo se consumía lentamente sobre el cenicero. A eso de las tres de la madrugada, lo sobresaltó el teléfono. Confundido y sin saber qué ocurría, contestó. Del otro lado de la línea, una voz femenina.
- ¿hablo con el investigador privado?
Pero él no respondió en seguida, calculando la posibilidad de una broma. Le temía al ridículo. ¿Quién podría ser? No reconocía la voz, y además casi nadie de sus allegados sabía de este “emprendimiento profesional”.
- Sí, soy yo. ¿Con quién hablo?
- No tengo tiempo para explicarle ahora. Debe venir ya mismo, estoy en Santa Magdalena y California….
-¿Barracas a esta hora? Es peligroso…
- Lo espero en veinte minutos, por favor se lo suplico, ¡venga!
Se asustó, y aunque se había despertado de golpe, seguía como en sueños. Buscando espabilarse terminó el whisky que había quedado a medias, y pensó en llamar a su cuñado policía para pedirle que lo acompañe.
Giró para buscar el piloto y se topó con la biblioteca.
-Marlowe jamás llegaría con la policía, lo haría antes que ella…

Se puso el piloto, el sombrero, tomó el arma que le había conseguido su cuñado sin papeles y que jamás había disparado, y fue a buscar su viejo Chevrolet en la oscuridad de la noche fría.
La solicitud de readmisión, en blanco, quedó sobre la Rémington.
Continuará...

martes, 27 de mayo de 2008

Las Malas Compañías


San Clemente con mucho viento, 1.981 (El Topa, un servidor, Cacho y el Colorado)

Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.

Mis amigos son unos desahogados
que orinan en mitad de la vereda,
contestan sin que nadie les pregunte
y juegan a los chinos sin monedas.

Mi santa madre
me lo decía:
"cuídate mucho, Juanito,
de las malas compañías".

Por eso es que a mis amigos
los mido con vara rasa
y los tengo muy escogidos,
son lo mejor de cada casa.

Mis amigos son unos malhechores,
convictos de atrapar sueños al vuelo,
que aplauden cuando el sol se trepa al cielo
y me abren su corazón como las flores.

Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rondando por sórdidos arrabales
donde bajan los dioses sin ser vistos.

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa' ellos la amistad es lo primero.
Joan Manuel Serrat

...Cada estrofa del Maestro los pinta de cuerpo entero, porque de nada de ellas me han privado.
A mis amigos!



Liniers, 2.007 : El Jefe, un servidor, el Topa, el Colorado y Claudio, a quien no dejaron ir a San Clemente por no estudiar. El Jefe, que ahí no era el Jefe sino simplemente Vázquez, no sé por qué no fue) El que falta aquí es Cachito, y tampoco sé el motivo de su ausencia.

Quién?


Caminante sobre el mar de niebla (Caspar David Friedrich)

.

Quién será capaz de saber,

al verla llegar

que viene por uno y nada más

que ese es su destino, el nuestro

y todo acabará al fin; o comenzará?

domingo, 25 de mayo de 2008

Podemos ayudarte



¿Que necesitas? Sacamos el cadáver de tu ropero y lo hacemos desaparecer. Te conseguimos cualquier cosa que desees: cigarrillos, la súper TV, chicas, dinero, polvo, lo que sea… ¿Te molesta ese vecino de enfrente? Nos encargaremos de él…
Pero cuidado, que NOSOTROS también vamos a necesitarte algún día… Y si no estás ahí, ah, no querrás saber lo que te va a pasar…

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