domingo, 29 de noviembre de 2009

Un café en Barracas

Hay un mundo inabarcable para Menárdez. Un mundo que es un país, una región, o un universo, según quien lo descubra. Deliberadamente lo omitió por años, no pensó en él. Y sin embargo siempre estuvo ahí, esperándolo.
Hubo de suceder ese descubrimiento inevitable en la madrugada, cuando la semioscuridad nos revela la monstruosidad de las cosas, pero no en una quinta sobre la avenida Gaona (en Gaona ya no hay quintas de veraneo ni vive nadie, sólo deambulan grises vehículos buscando la autopista) sino en un bar de Barracas, mientras tomaba un café esperando que pase la tormenta. Observó que el sobre del azúcar decía

“Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”

La espantosa frase era inapropiada. Resulta evidente que no se trata de una sentencia hecha para agradar o para dejar un pensamiento breve, positivo, durante la ceremonia del café. Y sin embargo estaba allí. Distraídamente, Menárdez se acercó al mostrador de estaño, hasta la caja que contenía los sobres de azúcar. Ya sabía que ningún otro repetiría la temible frase, pero era menester comprobarlo. Y así fue. Entre los cientos de sobres no había uno igual al primero.

Se volvió a sentar y pidió otro café. El sobre de azúcar que lo acompañaba decía

“La metafísica es una rama de la literatura fantástica”

Menárdez comenzó a entender la naturaleza de las sentencias. Alguien le indicaba que piense en aquel cosmos, el incomprendido, para salvarlo. Quizás si él recordase un tomo de una antigua enciclopedia todo ese universo que hace muchos años se conoció como "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", no fuera olvidado definitivamente. Pero Menárdez no tiene madera de elegido, él lo sabe. Tenía que haber algo más, algo que lo involucrara de otra manera. Quizás la clave le sería revelada con el postrero café.

El sobre decía:

“Los hombres mortales son capaces de concebir un mundo”

Pensó Menárdez que tal vez no le fue indicado recordar ese mundo concebido por otros hombres para salvarlo, sino a la inversa. Tal vez recordando ese cosmos de tigres transparentes y torres de sangre, sus habitantes pudieran pensar en un hombre tomando café.
Al fin y al cabo Menárdez nunca fue otra cosa que el recuerdo de un recuerdo, inventado por un señor que lee en un hotel de Adrogué, afligido por el gran espejo que adivina su figura en la sala taciturna.



Los textos en cursiva pertenecen a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", de Jorge Luis Borges.
Si alguien nunca vio sobrecitos de café como los que aquí se cuentan, encontrará uno en los laterales de la izquierda, abajo.



12 comentarios:

Cristina dijo...

"...afirmamos esto: que si ha de buscarse la verdad en todo ámbito de la filosofía, debemos ante todo poseer principios y métodos dignos de confianza para el discernimiento de la verdad. SEXTO EMPÍRICO"

Los sobrecitos de azúcar imponen una lógica propia, y aparece como un buen método para la rama metafísca de la filosofía:

La cópula multiplica el número de los hombres.
Los hombres mortales son capaces de concebir un mundo.
Los hombres copulan.
Ergo, la cópula multiplica los mundos.
Metísicamente hablando, entonces, la cópula subyace en la literatura fantástica.

El joven Frank Eistein se ha esmerado con su máquina!

Richard dijo...

Qué relato tán pictórico...con mi imaginación visual veo la escena y hasta los colores... te pido permiso para ilustrarlo en alguna de mis entradas
Qué "Amazing grace" tienen tus palabras...

Un abrazo

SUSANA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SIL dijo...

Pero Marce, que este Ménárdez me obliga a confesar algo abominable, que estaba escrito en un paquete de azúcar de un kilo que compré ayer en el super, y no me quedó otra que leer...
Quizás tu publicación de alto vuelo filosófico me ayude a comprender el mensaje...y ponerlo en práctica...?


Y te juro que decía:


“La cópula multiplica el número de los hombres mortales”
¨Pero es tan lindo copular frente de los espejos, que te dan ganas de concebir el mundo ¨

:O



BESOS EMPÍRICOS, LOCO LINDO.

Merche Pallarés dijo...

Bueno, bueno ¡qué alta filosofía se encierra en un paquetito de azucar! Confieso que cada mañana que voy a tomar mi cafecito en el "Anduriña" (en frente de mi casa), lo primero que hago es ver lo que dice la bolsita de azucar. Hoy me tocó: "¡Por qué no se calla!" Juan Carlos, Rey de España. Besotes, M.

Felipe dijo...

Mucha filosofía y metafísica veo en tu comentario y en las contestaciones.
Me quedo con el azucar, lo de dentro, el dulzor de la vida. El emboltorio me da lo mismo y las etiquetas también.
El café me gusta acompañado y me dan miedo los sitios solitarios, y mi vocabulario es más soez, copular es de ricos, lo nuestro es....

Un saludo

Cecy dijo...

Con tan buenos aportes a tu impresionante entrada, me quedo solo mirando el sobrecito y cuantos habre leido en distintos bares, porque me llaman la atención, a veces se encuentran cosas mas que interesante.

Besos, Marcel.

geheugen dijo...

Menárdez no conoce de argumentos…
vive de las entrañas de su carne hecha de letra y búsqueda incansable.
Será el sueño del sueño,
(igual que cada unos de nosotros)
pero es el sueño que lucha por cumplirse, el que aspira a lograrse.
Así se vuelve soñador
y crea también él sus mundos y sus sueños,
en la eterna espiral de los antiguos que se aleja…
más nunca sale de la fuente.

Menardez es guiado por el sueño a soñar …
y se vuelve la equivalencia de la fórmula.
EL PRESENTE CONTINUO,
LO ÚNICO REAL.


Vine por un ovillo de palabras
y me transforme en Gretel acompañando a Hansel sobre a sobre hasta la eternidad.

Mágia de tus letras.

ana. dijo...

"...cuando la semioscuridad nos revela la monstruosidad de las cosas..."
Insisto: en frases como esta es cuando te le parecés.
Menardez y su mundo, mi preferido-muchas gracias-

besos

Isabel Estercita Lew dijo...

Tengo varios sobrecitos de esos, no tengo ganas de estirar el brazo, quisiera estar ahora e Barracas, compartiendo un café con Menárdez mientras espero que pase el sol.

Extraña sensación me provoca tu texto Marce, nuevamente esas ganas de volver a un lugar en el cual nunca estuve y que añoro constantemente...

Vos me entendés


Estercita

América dijo...

Hola querido Marcelo abundar en lo fantástica de tu entrada sobre,pequeñas cosas ,grandes frases nos hacen volvernos sobre nosotros mismos,la literatura de alguna manera también necesita intensamente de las vibraciones de nuestro espíritu ,alma y corazón de la existencia y nuestras circunstancias.

Un abrazo!

Ana María Rivera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.