domingo 6 de diciembre de 2009

La fiesta del C.E.O.

Hay tipos que lo intentan. Digo, escapar de su destino de no ganadores. Se visten más vistoso de lo que deberían, buscan un auto más caro que donde viven. No revelan su pasado de tipo común cuando juegan en las grandes ligas, porque les resulta vergonzante. Y allí salen a ganar. O a intentarlo, escondiendo algunas cartas. El personaje del día casi lo logra. Empezó bien en un buen trabajo, empezó bien con la hija del dueño. No hablamos de amor, ¿de acuerdo? Hablamos de inversiones. Lástima que en la mansión del jefe/suegro el mozo que servía el champagne era un amigo de la infancia. No tuvo mala intención, se le escapó involuntariamente el ¡Hola Hormiga!
Porque a nuestro casi chief executive officer en su barrio le decían “Hormiga”.
Y eso, en esa mansión y en esa empresa, no tiene retorno.

sábado 5 de diciembre de 2009

Reconocimiento


La Señora le pidió al Detective que la acompañara a reconocer el cadáver. Seguramente era su esposo, lo encontraron dentro del auto. Un infarto. Pero no tenía el coraje suficiente para ir sola. Además le entregarían el vehículo con sus efectos personales. Y asunto terminado. El Detective sólo tenía que jugarla de secretario, chofer y hombro donde llorar. Ese sería todo el “trabajo”. El primer impacto de la esposa fue ver en la guantera del auto la caja del maquillaje, al lado de la pistola. Se repuso de inmediato, sabía que tenía alguna historia por ahí porque salía todas las noches. El asunto se complicó cuando vio que era su esposo el que se maquillaba. Y mucho más. Parecía Marilyn, sólo que corpulenta y despatarrada en la camilla de la morgue. El Detective se apartó para encender un cigarrillo, distraído. Durante el regreso no cambiaron palabra alguna. Eso sí. La Señora le pagó el doble. Igual no hacía falta. El Detective se olvida de todos los trabajos inmediatamente.

jueves 3 de diciembre de 2009

La chica del bar

Harta de borrachos que le hablan
de amor
Para tener sexo
La chica del bar
(la camarera)
Se inmunizó
Incluso contra chicas
Que le hablan de sexo
Para tener amor.

Son las cinco, ya termina
En lo único que piensa es que
su chico
No la espere despierto
en la cama.

lunes 30 de noviembre de 2009

Lecciones para escribir "El Cuervo" como Edgar Allan Poe


Muy de vez en cuando (hacía rato que no sucedía) escucho o leo a alguien decir que Poe escribía como escribía por el efecto que provocaba en su mente el consumo de opio y alcohol.
Creo en el valor verdadero de la palabra escrita y si alguien escribió una cosa como esta, seguro que ha de ser cierta.
Pero como para un científico la comprobación empírica lo es todo, durante quince días me dí a la bebida en forma desenfrenada. El opio me costó bastante obtenerlo, como entenderán, porque no estamos en el siglo XIX y en Argentina no es ni libre ni fácil. Pero una vez que mi amigo Juan/Wang me lo consiguió, me lo embutí conjuntamente con todo el ron del que fui capaz, lapicera en mano y papel en mesa.
Tristemente debo confesar que no me salió ni “Un entierro prematuro” ni “El Gato Negro” ni mucho menos “Ligeia”
Me pregunté qué pudo haber fallado, porque escribí las mismas tonterías a las que estoy acostumbrado, sólo que más ilegibles y más olvidables.
Entonces, en un servicio a la comunidad y partiendo de la premisa de que el alcohol y la droga convierten en artista a cualquier idiota, redoblé la apuesta por Ud., querido lector émulo de Poe, que quiere escribir tan brillantemente como él y no sabe qué le falta. Por favor, tome nota de algunos detalles adicionales que lo llevarán sin dudas a la fama.
Son las…

20 Lecciones para escribir “El Cuervo” como Edgar Allan Poe

1) Nazca en Boston pero críese en el sur de los Estados Unidos. Preferentemente, intente que esto ocurra en el siglo XIX (no excluyente)
2) Quédese huérfano a los tres años.
3) No sea adoptado jamás. Viva con un matrimonio que lo tenga temporariamente por espacio de veinte años, mientras a su hermana de sangre la recibe otra familia.
4) Sea criado por una nodriza negra (esencial para escribir cuentos de muertos o aparecidos)
5) A los cinco años lea magazines escoceses e ingleses que abran su mente e imaginación.
6) A pesar de que nadie lo quiera tanto como para adoptarlo legalmente, consiga una muy buena educación escolar. No desdeñe lo que pasa en las calles de su ciudad, Richmond preferentemente.
7) Escuche de primera mano historias contadas por capitanes de veleros. Podrían servirle para escribir relatos como “Manuscrito hallado en una botella”
8) Viaje a Inglaterra y Escocia siendo un niño aún. Sienta los rigores de esa educación escolar.
9) Peléese a muerte mil veces con su casi padre adoptivo. Ame sin condiciones a su casi madre adoptiva que también lo ama a Ud.
10) Domine y traduzca las lenguas clásicas.
11) Vaya a la universidad pero un año solamente porque su casi padre adoptivo no le da un centavo de más.
12) Por el mismo motivo, al regresar derrotado de la universidad, váyase de su casi casa paterna.
13) Hágase soldado y luego inscríbase en West Point.
14) Harto de la vida militar, hágase expulsar ex profeso de la famosa academia solamente para no violar el juramento iniciático.
15) Viva en la pobreza más absoluta intentando ser el primer escritor de los Estados Unidos que intenta vivir exclusivamente de lo que escribe.
16) Cásese con su prima de 13 años que nunca madurará del todo, y jamás la abandone.
17) Vístase siempre de negro.
18) Lea todo lo que encuentre por ahí, sistemáticamente.
19) Búsquese una granja en las afueras de Nueva York. Asegúrese que la finca tenga un busto de Palas Atenea (es un excelente lugar para escribir la ansiada poesía)
20) Luego de perder a su madre, pierda a su casi madre y a su esposa.

Querido amigo, ya está en condiciones de escribir “El Cuervo”. Recuerde que también debe recitarlo de este modo:
“Las damas, sobre todo, estaban fascinadas oyéndolo hablar. Edgar lo hacía admirablemente, seguro de sí mismo, pisando, por fin, el terreno que durante tantos años había tanteado. Su conversación…alcanzaba a veces una elocuencia casi sobrenatural. Modulaba la voz con asombrosa destreza y sus grandes ojos, de variable expresión, miraban serenos o infundían una ígnea confusión en la de sus oyentes, mientras su rostro resplandecía o manteníase inmutablemente pálido, según que la imaginación apresurara el correr de su sangre o la helara en torno al corazón. Las imágenes que empleaba procedían de mundos que un mortal sólo puede ver con la visión de un genio…”

Ahora, claro está, debe beberse de un trago un vaso de ron y probar con el láudano…

¿Que no escribió El Cuervo? Lo siento muchísimo. A lo mejor no era como leí por ahí. Tal vez hiciera falta una insignificante pizca de talento que nada ni nadie se lo puede dar.

“Si un hombre que sólo sabe hablar de bueyes se convirtiera en tomador de opio, lo más probable es que sueñe sobre bueyes”
Thomas de Quincey, “Confesiones de un opiómano ingles”


Hoy a mi puerta un pájaro trinó,
pero abrí
y una sombra se echó a volar.
Hoy recordé a Edgardo,
aquel señor fumador
de amapolas, que era juglar.
//
Hoy haré una página celeste,
trovadicta, trovardiente.
Hoy cantando solo con la luna,
ya que se hizo puta la fortuna.
Hoy me trovaré para alegrarme,
como Edgardo, sin alarde.
Silvio Rodríguez, "Trova de Edgardo"

Los datos biográficos fueron obtenidos de las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe, traducidas por Julio Cortázar.










domingo 29 de noviembre de 2009

Un café en Barracas

Hay un mundo inabarcable para Menárdez. Un mundo que es un país, una región, o un universo, según quien lo descubra. Deliberadamente lo omitió por años, no pensó en él. Y sin embargo siempre estuvo ahí, esperándolo.
Hubo de suceder ese descubrimiento inevitable en la madrugada, cuando la semioscuridad nos revela la monstruosidad de las cosas, pero no en una quinta sobre la avenida Gaona (en Gaona ya no hay quintas de veraneo ni vive nadie, sólo deambulan grises vehículos buscando la autopista) sino en un bar de Barracas, mientras tomaba un café esperando que pase la tormenta. Observó que el sobre del azúcar decía

“Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”

La espantosa frase era inapropiada. Resulta evidente que no se trata de una sentencia hecha para agradar o para dejar un pensamiento breve, positivo, durante la ceremonia del café. Y sin embargo estaba allí. Distraídamente, Menárdez se acercó al mostrador de estaño, hasta la caja que contenía los sobres de azúcar. Ya sabía que ningún otro repetiría la temible frase, pero era menester comprobarlo. Y así fue. Entre los cientos de sobres no había uno igual al primero.

Se volvió a sentar y pidió otro café. El sobre de azúcar que lo acompañaba decía

“La metafísica es una rama de la literatura fantástica”

Menárdez comenzó a entender la naturaleza de las sentencias. Alguien le indicaba que piense en aquel cosmos, el incomprendido, para salvarlo. Quizás si él recordase un tomo de una antigua enciclopedia todo ese universo que hace muchos años se conoció como "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", no fuera olvidado definitivamente. Pero Menárdez no tiene madera de elegido, él lo sabe. Tenía que haber algo más, algo que lo involucrara de otra manera. Quizás la clave le sería revelada con el postrero café.

El sobre decía:

“Los hombres mortales son capaces de concebir un mundo”

Pensó Menárdez que tal vez no le fue indicado recordar ese mundo concebido por otros hombres para salvarlo, sino a la inversa. Tal vez recordando ese cosmos de tigres transparentes y torres de sangre, sus habitantes pudieran pensar en un hombre tomando café.
Al fin y al cabo Menárdez nunca fue otra cosa que el recuerdo de un recuerdo, inventado por un señor que lee en un hotel de Adrogué, afligido por el gran espejo que adivina su figura en la sala taciturna.



Los textos en cursiva pertenecen a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", de Jorge Luis Borges.
Si alguien nunca vio sobrecitos de café como los que aquí se cuentan, encontrará uno en los laterales de la izquierda, abajo.



sábado 28 de noviembre de 2009

De cómo dos traducciones fallidas de la “Historia del Concilio de Trento” del Padre Sarpi me permiten concluir que Dios es conservador.

Cuenta James Boswell en su “Vida de Samuel Johnson” que el en aquel entonces ignoto y pobre escritor inglés le propuso al editor de The Gentlman's Magazine la traducción de dicha obra del original italiano, a la cual le sumaría una vida del autor y notas teológicas, históricas y críticas, con tanta mala suerte que, apenas publicados algunos capítulos de dicho trabajo “se dio el caso, por extraordinario que pudiera resultar, de que otra persona que atendía por el nombre de Samuel Johnson, bibliotecario de St. Martin in the Fields y cura de la misma parroquia, había emprendido idéntico trabajo con el patrocinio del clero”
Es por ello que se produjeron “escaramuzas de poca monta” entre los homónimos rivales y luego de destruirse mutuamente, ninguno de los dos traductores siguió con el trabajo iniciado.



Superstición por la estadística

Me preguntaba cuantas posibilidades había de que ocurriera lo que ocurrió, es decir que dos traductores se llamaran Samuel Johnson y quisieran traducir en un dieciochesco Londres la “Historia del Concilio de Trento” del Padre Sarpi. Por empezar, el primer dato que obtuve fue que en la Inglaterra de aquel entonces había seis millones de habitantes. Es cierto que Johnson parece un apellido muy común, siendo que significa “hijo de John” Por otra parte Samuel quiere decir “al que Dios escucha” o “nombre de Dios” y también era y es un nombre común. Y que si bien hubo un auge de traducciones en la Inglaterra de aquel entonces lo cierto es que en pleno siglo de las luces el 70% de la población europea era analfabeta. Por otra parte, si bien la bibliografía que existía en ese momento sobre un concilio tan importante era copiosa, lo cierto es que Sarpi, siendo un enemigo de la Iglesia Católica y estando su historia del Concilio incluida en el Index librorum prohibitorum, tenía que ser un personaje interesante para los ingleses.


Malas noticias: Dios es conservador
Pero aún así, que dos Samuel Johnson quieran traducirlo a la vez, me parece que es un desafío a las estadísticas que puedo atribuírle carácter metafísico: a contrario sensu de la etimología del nombre de los traductores, Dios no quiso escuchar a ninguno de los dos Samuel decir que un Papa que elabora listas de libros prohibidos no puede ser bueno. Lo cual me lleva a una conclusión escalofriante. A Dios le gustan los papas como nuestro querido Benedicto XVI.

Consultas
Vida de Samuel Johnson, de James Boswell
http://html.rincondelvago.com/la-primera-fase-de-la-revolucion-industrial.htm
http://significadodelnombre.net/samuel.html http://www.misabueso.com/nombres/nombre_samuel.html
http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5577/1/RAEI_01_07.pdf
http://es.wikipedia.org/wiki/Ilustraci%C3%B3n
http://es.wikipedia.org/wiki/Paolo_Sarpi

Imágenes: Paolo Sarpi y uno de los dos Samuel Johnson

Volviste

En realidad te fui a buscar
(querías mi deseo)
El jovencito que te hizo el tratamiento
Llamémosle Frank Eistein
Dice que estás perfecta.
Y la verdad es que así te noto
Renovada
Aunque sospecho de vos, de tu constancia.
Porque me parece que volverás a las andadas
Y me quedaré solo

Una vez más.