Que el Zurdo es una bestia ya lo sabemos. Pero otra vez se pasó de la raya. Todavía caminando con cierta dificultad por el problemita que tuvo semanas atrás, salió a trabajar de nuevo y se fue a la cantina de Gaetano a cobrar una deuda en nombre de Gutiérrez, el prestamista.El dueño se resistió. Y eso que de arranque el zurdazo profesional le cerró un ojo. Los mozos no se metieron mientras el Zurdo lo convencía. Después lo llevó al baño de la cantina, que no es lo que se dice pulcro. Lo puso de cabeza sobre el agujero que menos inodoro es cualquier cosa, y un Gaetano amarronado seguía sin aflojar. Recién cedió cuando el Zurdo le golpeó la cabeza contra el espejito del baño. Al ver su rostro ensangrentado y sucio dijo basta. Le dio $1.243.- de la caja y luego fue hasta el fondo y apareció con otros $12.000. La deuda estaba cancelada, incluso los intereses de usura.
Pero el Zurdo siempre hace una de más y decidió quedarse. Es que mientras trabajaba con la puerta del baño entreabierta porque es muy pequeño, olfateó las delicias de la cocina. Así fue que interceptó los tallarines pesto y tuco que estaban a punto de posarse en la mesa 8.El asunto no terminó con el postrero y escandaloso eructo. El Zurdo empezó a ir una o dos veces por semana a comer gratis lo que transformó en rutina: jamón crudo, tallarines y Carcassonne. Siempre riéndose desfachatadamente. Gaetano lo miraba rojo de furia y él comía con más gusto por ese motivo. Pero un día notó que el tano ya no lo miraba con odio. De repente le pareció que toda la cantina había cambiado la actitud. El tano, que siempre lo miraba fijo, ya no lo hacía, y los mozos, que antes no le sostenían la vista, merodeaban su mesa observándolo, como esperando algo. De pronto el tuco le pareció un poco ácido...Se le animarían a él, que era capaz de matar por una pavada?
A la vez siguiente no dudó. Cuando tuvo los tallarines enfrente, gritó:










1939 - Liv Ullman (FOTO), actriz.




