lunes, 14 de enero de 2013

El Hombre de la hora


Espío la platea desde el escenario, con el telón bajo todavía. Raleada está de público, he conocido tiempos mejores. Pero este monólogo que preparé es el mejor de mi carrera, sé que no fallará. ¡Sólo espero que me escuchen! Algunos creerán que contaré los mismos chistes de siempre y quizás tengan razón. Es que siempre contamos el mismo chiste y lloramos la misma pena.  Pero eso no importa ahora, ya llega el momento de hacer mi número. No será un numerito, no no no. Será MI GRAN NÚMERO. Por cierto, este smoking me queda perfecto, che. ¡Ni en mis momentos de gloria tuve una pilcha como ésta!
Estoy un poco nervioso, eso sí. Y no por falta de experiencia. Quizás por exceso. Ya ví muchas plateas: llenas, vacías, ni sí ni no. Carísimas y regaladas.  He conocido de ovaciones y  rechiflas, de fotos con el Sr. Ministro y de huidas por la puerta del fondo, incluso sin cobrar. Me tranquiliza una cosa. Ahí adelante estará ella, no la miraré hasta terminar para no distraerme. Pero sé que está y me basta.

Que se apaguen las luces, que se levante el telón, y estén quienes estén del otro lado que se preparen porque…

¡¡Ha llegado El Hombre de la hora!!






martes, 8 de enero de 2013

Jesucristo es mexicano y vende tacos en Buenos Aires

Recién llegado de las vacaciones y estando a día ocho, lo mejor es no gastar de más. Por eso ando con poca plata por Buenos Aires. Encima quise sacar algo del banco y el cajero automático estaba fuera de uso. Así que me tomé una cervecita y pá las casas. Pero cuando pasé por el restaurante mexicano se me apeteció un taco. ¿Valor del de carne asada con queso? Veintiocho pesos. Consultada que fue mi billetera, había en ella un billete de $10.-, dos de $5.- y tres de $2.- Rebusqué en el pantalón y tenía una moneda de $1.-, una de $0,50 y dos de $0,25. Exactamente tenía veintiocho pesos y resueltamente me pedí un taco de carne asada con queso, sin bebida. El sitio es cool, estaba lleno de gente linda y a mí me importó un rabanito. El muchacho que me atendió –mexicano, algo más de veinte años y aspecto grave- era el que a la vez preparaba los pedidos de las mesas, los cuales eran cuantiosos. Recibió en silencio el paquetito de dinero y me sirvió el taco.
Ya había terminado mi comida, y mientras pensaba que no me haría falta cenar, en la barra apareció un taco más. De carne asada con queso.

-         Yo no lo pedí
-         Te lo regalo yo

En la mirada grave del muchacho –casi un niño- imaginé una vida complicada. Me pregunto si los siete mil kilómetros que separan a su tierra de la mía habrán convertido a Buenos Aires en un destino dorado –digamos París- o en un castigo -Siberia- Tal vez un poco de ambas cosas. Pero a pesar de todo lo que habrá pasado para llegar hasta aquí, le sobró paño para pensar que tal vez este argentino estuviera algo corto de divisas, y que tal vez estaría mejor si se fuera a dormir con el estómago un poco más lleno.
Ninguna explicación me pidió, yo tampoco se la di. Me comí el segundo taco y esperé un poco hasta que pudiera levantar la vista entre sus múltiples pedidos pendientes para poder saludarlo. Entonces sí, el chico sonrió.

Ayer contaba risueñamente que el loco de la playa que leía a Nietzche podía ser Dios. En verdad no lo creo, porque no se puede tener apariciones todos los días, y hoy me encontré con Jesucristo, que es mexicano y prepara tacos en Buenos Aires.

¡Dios te bendiga muchacho!





Esta entrada va dedicada a otras dos mexicanas que también me alimentan: María Eugenia Mendoza Arrubarrena y María García Esperón. De momento, me alimentan sólo espiritualmente.

lunes, 7 de enero de 2013

POSTALES



Ecce homo

Iba hacia la playa y un loco debajo del puente me preguntó ¿qué libro es ese? 

Como se trataba del polaco impronunciable preferí mostrarle la tapa. Nada dijo de mi libro pero me habló de Nietzche, el alemán. El loco (pocos dientes, mucho pelo, poco shampoo) me dijo que había leído Así habló Zaratustra y Ecce homo, mientras elevaba la voz porque yo no terminaba de frenarme, temeroso de haberme topado con un dios resucitado, con un pedido de colaboración inminente, o con ambas cosas. Lo cierto es que nunca me frené del todo, entonces él me dijo que quería regalarme un libro, y cuando vio que enfilé resuelto hacia la playa, soltó un insulto feroz e inaudito.

Porque así son los locos o los dioses resucitados. Fulmíneos.

“Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano. Así habló Zaratustra” (Nietzche)
“En general, lo grande no puede ser expresado. En cambio, lo pequeño sí se puede intentar” (Adam Zagajewski)





Permiso

Estaba jugando a la paleta con mi hija y una mala devolución acabó con la pelotita a un milímetro del trasero de una atractiva señora que estaba sentada en la arena. La niña me dijo que no, que ella no iría ni loca, a pesar de ser la que devolvió fallidamente mi smash letal. Así que me acerqué a la dama, que estaba con su esposo, ambos tomando sol. El marido, no sé si adormilado, no sé si aburrido, vio la pelotita casi rozando el atributo conyugal, me vio aproximarme, pero no hizo nada. Así que acerqué índice y pulgar, como quien saca la frutilla de una torta, o una perla de su ostra, y con un delicadísimo pinzamiento, capturé lo que buscaba (o sea, la pelotita) 

Lo que nunca entenderé es qué quise decirle al marido exactamente, en el mismísimo momento en que desarrollaba la sutil operación, cuando le solicité con voz amigable… “PERMISO”

sábado, 29 de diciembre de 2012

2.013: que el deseo sea el deseo del otro.


Este 31 voy a olvidarme de mis deseos de siempre. Los cambiaré por otros. Pero no por otros míos. Lo que tengo es bueno y suficiente, no pensaré en mí.
De puro aburrido nomás miraré a mi alrededor. Buscaré a alguien que necesite algo que yo le pueda dar. Y no me refiero a ninguna forma de beneficencia. Tal vez tengo algo muy bueno y no lo sé, y  cierta persona –llamémosla X- lo necesita con suma urgencia (no me refiero a un pantalón viejo)
Estoy seguro de que cada uno de nosotros puede hacer eso. Que todos tenemos algo muy bueno y conocemos a la persona que lo que necesita. Digo que esto no es caridad. Incluso tal vez nos dé más réditos que los puramente espirituales y alguien haga por nosotros eso que deseamos tanto y solos no podemos.
Pero mejor no pensarlo de ese modo. Ni que se trate necesariamente de algo material. Mejor pensar en la persona adecuada y acertar qué puede necesitar. Eso que nosotros tenemos distraídamente y que para esa persona, sea oro puro.
En todo caso y aunque parezca una contradicción, ese es mi deseo para el 31 de diciembre de 2.012 a las 23:59:59.







viernes, 28 de diciembre de 2012

El Cuarto Mandamiento


Tendría que haberme revisado ese dolor
Debí cumplir mejor
El cuarto mandamiento
Pude haberme administrado de otro modo
¡Era tan fácil evitar el mismo error!
No debí escribir aquella carta
Y sí ciertos poemas
Pude comprarme más ropa
Menos libros
Pagar en término
No debí ver Vélez con Boca
Sino Vélez con Unión
Debí, de una buena vez
Cambiar aquella lámpara
Ordenar esos cajones
Y planchar
Prometo solemnemente
Repetir ciertos errores
Pero no faltar nunca más
El cuarto mandamiento

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Quien se acuerda de los derechos de los blatódeos?








Nos escribe desde Lima (Pcia. de Buenos Aires) Juan Carlos Cucurachi, ingeniero atómico, para alertarnos sobre la proliferación de cucarachicidas que asesinan mediante un método crudelísimo: atrapar a estos milenarios animalitos de Dios en una superficie adherente, matándolos por inanición. Para decirlo en buen romance y sin ambages, señores: los matan de hambre, los matan. La muerte es lenta y produce escenas desgarradoras, por no decir dantescas: la cucaracha queda pegoteada y aunque se prodigue en movimientos desesperados, son en balde. Cucaracha adherida, cucaracha muerta, que expele en sus postreros momentos una especie de pus blanco a través de la barriga por un tiempo que parece infinito, al menos a los ojos de nuestro experto.


Como ya hemos dicho, la muerte es remolona, tarda en llegar, y permite verdaderos velatorios con el insecto aún agonizante: vienen Mamá Cucaracha e hijos a despedirse del padre, el cual incluso tiene algo de tiempo para organizar los asuntos importantes de la casa, más allá de que luego Mamá Cucaracha los resuelva a su antojo (pero ese es tema para otro opúsculo)


Algunas cucarachas que rozan apenas el campo minado, quiero decir adherido, pueden quedar con medio cuerpo y una hilera de patas pegadas y el resto, no. Incluso ha habido casos de cucarachas ligadas en su zona delantera, y hasta inexplicables casos de cucarachas pegoteadas por la retaguardia, lo que ha provocado no pocas situaciones engorrosas de aclarar. A mayor abundamiento, estos últimos casos son espeluznantes por demás, porque al tener las patitas delanteras liberadas, el blatódeo (no lo digo yo, lo dice wikipedia: Blattodea, del latín Blatta, «cucaracha» y del griego eidés, «que tiene aspecto de») da gritos desesperados procurando mejorar la acústica de sus llamados acercando las referidas patitas a su boca (o sus “piezas bucales masticadoras”, siguiendo a wiki)


El Ingeniero Cucurachi asegura (a mí no me consta) que si uno acerca suficientemente la oreja al insecto así atrapado, advierte una especie de cuchicheo (no confundir con Cucurachi) que el idóneo traduce como “auxilioooo” “auxiliooooo” los cuales dejan a uno hecho trizas, más allá de que en verdad no se entiendan bien y se oigan mal, puesto que se trata de una barata (sinónimo de cucaracha, odio repetirme) y no de Luciano Pavarotti. Agrega el Ingeniero que no hay que exagerar con el acercamiento del pabellón auditivo (la oreja) ya que éste también puede ser víctima del letal preparado, encontrándose uno en tal caso no sólo con la superficie pegada a la aurícula sino, lo que es peor, con una o más cucarachas caminándole por canales, yunques y martillos, y lo que es peor, dejando todo el oído interno pegoteado de por vida.



Por todo lo expuesto, señores, mi advertencia. Una cosa es matar cucarachas por razones de higiene, y otra es regodearse con la matanza, revelando instintos impropios del siglo en que vivimos. Eso, sin mencionar la posibilidad de que -si Ud. cree en la reencarnación- ese bicho pegoteado que dejará fenecer tan espantosamente no sea, ni más ni menos, que un Franz Kafka a punto de escribir “El castillo”.

¡Reflexionen!

martes, 25 de diciembre de 2012

Fantasmas de Navidad


Quizás los fantasmas también se juntan esta noche, y celebran Navidad en alguna casa vieja. Quizás encienden cohetes y se ríen recordando viejos tiempos. Quizás haya niños espectro esperando que se hagan las doce para abrir regalos. Quizás brinden y algún espíritu borracho desafíe a pelear a un cuñado detestable. Quizás sean todos pacíficos. O tal vez malvados y crueles con los humanos. El quizá que más me preocupa es que estos fantasmas estén reunidos en mi casa y, ahora que me voy a dormir y escucho una especie de silbido que suena a risa apagada, me estremezco. Quizás esa pequeña luz que entra por la ventana y se marca en la pared, es el ojo de un pérfido fantasma que espera a que me duerma, para hacerme no sé qué maldades de ultratumba.


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