miércoles, 24 de abril de 2013

Más bondad del corazón



Quizás debiéramos dejar de calificar a las personas como buenas o malas enteramente. Tal vez no somos más que el resultado final de una cuenta, donde según la cantidad de acciones virtuosas o injustas hoy somos medianamente buenos, ayer fuimos pérfidos y mañana seremos -si la suerte nos acompaña-  santos. Incluso podríamos ser abyectos esta tarde y benévolos a partir de la medianoche.

Entiendo que esto podría ser otro abuso de la estadística y además de difícil comprobación, a menos que contratemos un contable que vaya apuntando nuestras acciones en el debe o en el haber las veinticuatro horas. No faltará quien diga que la  madera de cada persona es inmutable, pero creo que pensar así es no ver el bosque que se oculta detrás del árbol, si se me permite el exceso arbóreo.

Lo que me entusiasma de tener algún viso de razón es alinear mi epitafio hacia ese norte, previa conciliación de cuentas:

"Aquí yace MSDL, un hombre mayormente bueno"

domingo, 21 de abril de 2013

Un viejo


Será que esto fue todo?
Que sólo queda recordar
Ser evitado?
Hombre joven rara avis
Que cierras tus sentidos
A lo que serás
En breve.






sábado, 6 de abril de 2013

Círculos


Creemos que arrancamos
Que transcurrimos
Que llegamos
Y sin embargo
Ni siquiera tenemos certeza
De habernos movido un ápice
Del punto de partida

domingo, 31 de marzo de 2013

Felices


Para los que estén en familia, o solos, crean o no.
¡Felices pascuas!

sábado, 23 de marzo de 2013

Apenas

Yo no estoy aquí
Ni en ningún sitio
Soy apenas un recuerdo
que alguien
Se dejó olvidado
En el asiento de atrás
De un taxi

miércoles, 13 de marzo de 2013

Casigol


Soy casi un caballero
Casi sincero
Casi confiable
Soy prácticamente un Gran Hombre
El que cuando era joven casi quería cualquier suegra
Sin embargo me pasa
Lo que a esos delanteros
Que están en el área
Ojos abiertos
Fuertes para el choque
Gran olfato
Pero poco gol
Mi sobrina me lo dijo
Se llaman “Casigol”
No convierten casi nunca pero eso sí
Se lo merecen







lunes, 11 de marzo de 2013

Spaghetti western


 El Rubio de dientes increíblemente blancos viene caminando por el medio de la calle del pueblo, dos de la tarde, ni un alma sale con semejante sol. El Malo tiene a la chica y el Rubio viene a buscarla. Se huele la emboscada del Malo y sus secuaces. Pero Rod, amigo del Rubio, está apostado en el techo de las oficinas del correo y liquida a casi todos los Malos antes de morir por una bala cobarde que le entra por la espalda. El  Rubio venga la muerte de su leal compañero pero queda herido en el hombro y busca al Malísimo, escondido en esa geografía quieta como la muerte. La chica está atada y hace lo que hacen una de las dos clases de chicas del oeste: llora. Un diente de oro brilla en la calle desierta y alerta al Rubio que dispara y le da al Malo en el vientre. El Malo está malherido, se mira la herida, la mano queda roja en un momento, como intentando tapar el agujero. Clama piedad. El Rubio duda un instante, patea el Colt del Malo, no encuentra a la chica. El Malo aprovecha la distracción y saca un segundo revólver de su bota. Pero la Chica en verdad es más dura que el Rubio y no tiene piedad. Con el Winchester de Rod – que había terminado de morir en la mitad de la calle sin soltarlo-  clava una bala en la frente del Malo. Los dos agujeros, al Malo, se le hacen inmanejables y muere con cara de sorpresa, ojos bien abiertos, sentado, la espalda contra un poste. De repente los banjos suenan en el Saloon,  fiesta. Hay chicas fáciles (la otra clase de mujeres del oeste) que bailan con vaqueros rudos. El Rubio ya se recuperó de la herida, se bebe un whisky de un trago, sube a la Chica a su caballo y se larga triunfalmente de ese pueblo espantoso. La imagen del caballo y la pareja fundiéndose en el horizonte del desierto, títulos.






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