domingo, 20 de abril de 2008

Un domingo de playa en Salvador

Eran las dos de la tarde y la playa del Farol da Barra explotaba de gente. Era un día hermoso, y además de los turistas, "ficaban" los bahianos, aprovechando el día de descanso.
Nos habían advertido que el domingo era un día para estar atentos, porque entre la multitud acechaban los arrebatadores.
Pero no nos importó, y mi amigo y yo fuimos prestos y cámara de fotos al pecho a disfrutar del día.
El ambiente no era el mejor. Mucha gente y muy cerca nos miraba, sabiéndonos de afuera.
Pero no nos importó, y nos ubicamos en una mesa en la arena a ver qué pasaba.
Como el calor agobiaba, le dije a mi amigo que me iba a meter un rato al mar, y que por favor no perdiera de vista la máquina. Me preocupaba más que nada la mesa de la derecha, eran cinco caballeros que no nos perdían de vista.
Pero no me importó tanto, y me fui a dar el baño. Estuve un buen rato en el agua tibia, feliz de mi suerte, compartiendo ese momento de gracia con tantos desconocidos, pensando que hay ocasiones en que la vida nos premia...
Media hora más tarde, salí del agua y, ¡oh sorpresa!, nuestra mesa estaba vacía. Me quedé tranquilo porque enseguida encontré a mi amigo en la mesa de la izquierda, conversando animadamente con una joven.
Por un momento dudé, pero luego quise convencerme que no sería capaz de algo así…
-¿Tenés la cámara?
-No, la dejé en la mesa…
Por supuesto que la máquina no estaba más, y me pareció que los cinco caballeros se reían de nosotros, mientras no nos quitaban los ojos de encima….
-La tienen ellos, me dije.
-La tienen ellos, me dijo mi amigo.
-La tienen ellos, me dijo la amiga de mi amigo.
Hay encrucijadas en que la vida te pone a prueba. Me acordé del cuento de Borges, “El Sur”, donde el protagonista, que jamás había peleado a cuchillo, se entreveró con un gaucho en lucha a muerte. Supe que era un desafío para saber de qué madera estábamos hechos mi amigo y yo…

Y así fue que nos quedamos un rato más (no mucho) pagamos nuestra cerveza y nos fuimos. Pero no me importó. Al fin y al cabo, la cámara era de él…
¡Salve Salvador, Terra da Felicidade!

13 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Una simpática anécdota para contar a los nietos... y a nosotros :)

Seguro que esa playa tiene que ser divina. Ahora, en las nuestras, las medusas son las dueñas y señoras de sus aguas.

Feliz domingo.

angela dijo...

Marcelo, gracias por venir a leerme, yo también vendré a visitarte , para mí es un honor...Si te digo la verdad y hablando de playas la de Gijón los meses de julio y agosto es como estar en un hormiguero... allí, no puedes llevarla. Gracias por compartir tus experiencias.Un saludo Angela

Marcelo dijo...

Gracias por sus comentarios! Mari Carmen, a cual playa te refieres?

Angela, tengo familia en Gijón y algún día iré a visitarla...Llevo la cámara a la playa?

Mari Carmen dijo...

¿Las de las medusas? Pues las playas del Mediterráneo. El cambio climático está haciendo que proliferen de manera alarmante al llegar el verano.

Marcelo dijo...

ok Mari Carmen, lo tendré en cuenta para cuando vaya. Cuidado con la cámara en Gijón y con las medusas en el Mediterràneo!

SOFÍA dijo...

Marcelo, muchas gracias por pasarte y firmar. Qué lindo viajar!

Saludos y buena semana! Sofía

Marcelo dijo...

Gracias a vos Sofia. Y estaremos atentos!

Anónimo dijo...

Marce!!! se me vinieron tantos recuerdos!!! Conocer Salvador fue algo maravilloso y liberador para mi, pero lo mas entrañable fue conocerlos a ustedes.
Que estes expresandote no solo me hace disfrutar, imaginar y admirarte sino tambien creer que siempre hay tiempo para hacer.
Te adoro con toda mi alma.
Besos enormes.
Caro

Marcelo dijo...

Qué linda sorpresa Caro!! Vos sabés qu te quiero mucho!!

claudio dijo...

Lo peor de esa tarde no fue la camara sino que las chicas también se nos fueron!!Pero esa playa tiene bandera verde con Dios o no?

Marcelo dijo...

Hubiera jurado que era una sola con un chiquito, un hermanito, hijito o sobrinito...Y sobre la bandera verde, por qué no vamos a comprobarlo?

Natalia dijo...

Imaginaba que la anécdota no podía ser con otro más que Claudio!
Corajudos y valerosos resultaron los caballeros argentinos! Gracias a Dios que son así. Caso contrario no conoceríamos esta linda historia...

Marcelo dijo...

Soldado que huye sirve para otra guerra...