martes, 21 de febrero de 2012

Impecable

Freí milanesas

Volqué un poco de aceite

Lavé los platos

Limpié la cocina

el baño

Tendí la ropa

Barrí

Al final

El impulso no cesaba

Y lavé mi corazón

Quedó limpio y perfumado

No hay caso con la plancha

Arrugado me quedó

Como siempre


Se puede llevar una camisa que esté un poco sucia, pero una camisa arrugada, jamás

"Suave es la noche" de Francis Scott Fitzgerald

15 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Muy hacendoso te leo... :)) Besotes, M.

aina dijo...

Y los hombres como tú...¿en qué sección del supermercado los encontramos?

BLAS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SIL dijo...

Marce, las arrugas del corazón son indelebles. Como las grietas del alma.
Pero significa que ¨hemos vivido¨.
Un corazón sin arrugas es como de plástico, vio, de siliconas, naaa, naaaa.

Beso.

SIL

Antón de Muros dijo...

¡Qué trabajador!

Esas arrugas nos siguen, Marce.
Son nuestras marcas de identidad.

Abrazo.

Antón.

Iraide dijo...

Bueno... el corazón tiene mucho trabajo, recibe constantemente estímulos y contraestímulos ( lo que quiera que sea eso), así que mientras esté limpio y perfumado, no me importa que esté arrugado.
En cambio, una camisa...
ay no,
eso

que
no.
;-)

Reina dijo...

Imposible planchar un corazón que ha sido usado...... :(

h.j. dijo...

ummmm.... :)

Índigo dijo...

Me has recordado a un amigo que yo tenía. Nunca llevaba los zapatos sucios...Desgraciadamente, yo sí. Y un día desapareció sin dejar rastro. No sé si se fue a por tabaco, o porque, en realidad, nunca pudo soportar mis zapatos sucios.

mientrasleo dijo...

Me encantó la composición.
Besos

Ana dijo...

La poesía de lo cotidiano no es sencilla señor Suárez, sí enormemente bella. Lo común vence a los individuos y da de comer a los terapeutas...Usted prefiere juntarlo en versos y que parezca extraordinario.

Merche Pallarés dijo...

Siento mucho lo del accidente ferroviario que habeis tenido en Buenos Aires. Espero que no tengas tu ni tus comentaristas a nadie querido entre las víctimas, querido Marcelo. Muchos besotes, M.

Haifa dijo...

Venite a casa y dame una manito, ya que a parte de marido ahora se me instaló el cuñado!!!

Abrazos y me diste antojo de mielcitas y milanesas.

More dijo...

Para ciertas cosas no hay plancha que valga!

Agnes dijo...

Purificar el corazón, como se limpia la propia casa es una bonita analogía. Por más cursi que suene, un corazón limpio, para mi, es aquel que no dejó entrar el rencor