sábado, 25 de abril de 2009

Pommery




Cuando mis amigos del grupo humorístico tenían un trabajo importante, me llevaban para ayudarlos a cargar el equipo de sonido y la ropa. En realidad podían hacerlo ellos solos porque eran tres, pero si la fiesta prometía buena comida, bebida, invitadas (todo junto o separado) requerían de mis “servicios” y yo la pasaba genial mientras ellos trabajaban. Lo único que tenía que hacer era cargar y descargar las cosas (cinco minutos de entrada, cinco de salida) y poner cara de estar trabajando. En el medio revoloteaba por la fiesta, picoteando de lo que hubiera, yendo de aquí para allá. En este caso, se trataba del cumpleaños de la esposa del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (en aquel entonces se lo llamaba Intendente) y el asunto prometía muchísimo. Era en su residencia particular, un hermoso caserón de Flores. La seguridad nos hizo pasar directamente a la habitación de uno de sus hijos, el lugar elegido para que el trío se cambiara. Mientras íbamos hacia el cuarto que habían dispuesto, de reojo vi los manjares que había en la mesa, y a las amigas de la hija del dueño de casa, que parecían modelos.
Refregándonos las manos entramos a la habitación, y mientras los artistas se preparaban, una atenta camarera nos trajo un balde con dos botellas de Pommery. Jamás había bebido champagne francés. El problema es que no había comido nada desde hacía varias horas, preparándome para el festín, y no me daban ganas de beber con el estómago tan, pero tan vacío. Y a los chicos tampoco, de manera que nadie tocaba las botellas. Llegó la hora de la actuación y salimos los cuatro, pero uno de seguridad dijo la frase fatal:
- el muchacho que los espere en la habitación.
Y ahí me quedé, con un urso en el pasillo que me miraba con cara de pocos amigos. La camarera no volvió nunca más, mientras de lejos se escuchaban las risas del público ante la actuación de mis amigos. El hambre me estaba matando, y los dos Pommery parecían mirarme sensualmente, desde la frappera repleta de hielo. El cuarto estaba lleno de juguetes y ahí estaba yo maldiciendo mi suerte. Sin ganas y por curiosidad, me serví una copa del precioso líquido, que sentí cómo bajaba por mi aparato digestivo libremente, sin obstáculo alimenticio que se interpusiera ante él. La vida a veces propone esos paraísos incompletos, y uno es libre de tomarlos o dejarlos. Y yo los tomé. A los Pommery, digo, que me los clavé mientras leía una versión para niños de Moby Dick. Todo me produjo una sensación extraña, no espantosa, pero tampoco placentera. Era como estar muerto de sed y que te ofrezcan caviar sin nada de beber. De a ratos me parecía que estaba al lado del Capitán Ahab, luchando contra las olas del mar y el monumental cetáceo. Peor la tuvieron mis amigos, que cuando volvieron al cuarto nos dijeron que debíamos retirarnos de inmediato y no bebieron ni un vaso de agua. Porque los dos Pommery ya estaban fuera de combate, como yo. No recuerdo bien la salida cargando los bultos pero creo que fue poco elegante. Sí tengo una idea de que una invitada me miraba extrañada cuando pasé. Creo que algo le dije, pero no estoy seguro. Eso sí, después me comí mil porciones de muzzarella, con rigurosa Coca Cola. Los políticos con grandes responsabilidades, además de ser millonarios suelen ser excéntricos. Definitivamente.
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15 comentarios:

Cecy dijo...

Que experiencia Machel.

Yo jamàs los probé.
Asi que no se sin son tan rico como dicen.

La música de hoy y justo sabado dan ganas de bailar. (recuerdos de juventud) jajajaja

Besos.

Cecy dijo...

Estan bueno?

Camille Stein dijo...

hay placeres insustituibles, sobre todo los furtivos

son las alegrías y los paraísos que nos quedan a los pobres :)

un abrazo, Marcelo

Helena dijo...

No soy de las que se vuelven locas con el champagne, pero si puedo elegir...entonces, Dom Pérignon Rosé Vintage. ¡No hay palabras!

Besos.

Magah dijo...

Excéntricos y saben y pueden tomar bien.
Amo el champagne frances, Pommery!!
Vale una noche de esas a las que te invitan sus burbujas, al desvarío, una suave borrachera, tranquila, relajada. De esas aventuras furtivas.
Buen relato y chin chin Marcelo, hoy en particular por haber encontado tu blog!

Magah

Soledad Sánchez M. dijo...

Me encanta como nos cuentas las cosas, Marcelo: yo estaba allí, aunque no podía beber porque NO ME GUSTA NADA EL CAMPAGNE. Pero leía a Moby Dick por encima de tu hombro... por cierto te sonaban mucho las tripas.

Un beso.

Soledad.

SUSANA dijo...

¿Las dos botellas? ¿Y salió caminando? Carambita, qué resistencia!
Coincido con Usted, en nuestro país este champagne es una extravagancia y sin sentido. Hace casi tres décadas que Argentina produce vinos y champagne de altísima calidad y a precios razonables. De hecho, desde hace cuatro años Mendoza es una de las ocho capitales mundiales del vino (junto con Bordeaux, Francia, Napa Valley, Usa, Bilbao Rioja en España, Porto, en Portugal, etc.)
En una palabra, los anfitriones…snobs.

Muchas Gracias por la anécdota! (pizza-coca-cola-matrimonio perfecto)
Un beso!

Soledad Sánchez M. dijo...

Y si, ese alguien que tú sabes que baila con la música de mi blog, y yo nos conociésemos en persona... íbamos a ser grandes amigas.

Un beso.

Soledad.

Merche Pallarés dijo...

¡Me ha encantado tu relato! Mira, que quedarte solo en el cuarto de los niños con los "Pommery"... ¿Saliste a gatas?
(Corrección para SUSANA: Bilbao NO está en la Rioja, mi querida. Logroño es la capital de esa zona vinícola). Muchos besotes, M.

Arcángel Mirón dijo...

Tengo suerte: no me gusta el champán. Por muy francés que sea.

:)

Cigarra dijo...

Sólo de imaginarme tanto champan, sin nada en el estómago, casi me he mareado. Necesito una buena ración de pizza!

Haifa dijo...

Jajajajajajajajajajaja, pero así no!!! un debut con Pommery debe ser mas elegante!!! jajajajajaja

Anabel Botella dijo...

Esas son las anécdotas que nunca se olvidarán. Además de escribir soy actriz de teatro para niños. Me recuerda cuando vamos a animar una fiesta y empienzan a sacar bandejas de comida, pasteles dulces y salados o cuando sacan una tarta. Se me hace la boca agua mientras estoy trabajando. Ahora, lo que nunca me han sacado es el Pmmery. Tú has tenido más suerte que yo en ese aspecto.
Saludos desde La ventana de los sueños.

mara y cuyá dijo...

jaja...yo no me he bebido el Pommery, pero estoy mareada también. Es que no he resistido dejar de bailar el Valsecito Criollo...me gusta tanto!!! Ahora no sé si voy a poder hacer los cortes de La Cumparsita...a ver?

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Que bueno, hay que ver los ricos excéntricos que son.

No me acordaba ni que había contado la anécdota de Marraketch.

Te he enlazado porque pensaba que lo estabas y por lo visto no, a lo mejor estabas y se ha quitado porque me ha pasado con varios blogs que visito mucho.

Besos y gracias por avisarme