jueves, 30 de abril de 2009

La Gloria del Coronel



Las últimas batallas, cuando uno de los bandos ya sabe que está perdiendo, son las más encarnizadas. Siempre fue así, y así seguirá siendo. Pasó en Malvinas con Monte Longdon o en la Segunda Guerra con Okinawa. Y en las batallas de la Independencia también. San Martín ya había abdicado a favor de Bolívar toda la gloria en pos de la libertad americana. Pero los realistas no se iban aún del Perú, y el 6 de agosto de 1.824 se libraría la anteúltima batalla: Junín.
Bolívar, que tenía ocho mil hombres (incluídos los granaderos de San Martín) y se enfrentaría contra diez y ocho mil realistas, arengaba así a su ejército:

“¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.
¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles.”

Ante el primer embate de los Granaderos al mando de Mariano de Necochea los Húsares de Fernando VII respondieron eficazmente, hiriendo al líder y provocando el desbande de las fuerzas americanas. El choque de las caballerías fue a sable y lanza. Uno de los primeros en retirarse estratégicamente fue Bolívar , quien pese a su valeroso discurso, “cruzó como un relámpago la distancia que los separaba de la infantería” Detrás de ellos iban los realistas, a la caza de los fugados.
Pero había oculto un escuadrón de reserva, esperando el momento oportuno. Estaba al mando del Coronel Manuel Isidoro Suárez, quien dejó pasar al ejército realista y atacó su retaguardia por un flanco que había quedado al descubierto.
El desenlace cambió dramáticamente. Los que estaban huyendo volvieron sobre sus pasos, y el Coronel Suárez selló una de las últimas victorias de la emancipación americana. Además tuvo tiempo de rescatar al General Necochea: “Las heridas de Necochea fueron... ¡14!: cuatro sablazos en la cabeza; dos que le quebraron el brazo izquierdo, que debieron amputarle; una en la mano derecha que le inutilizó los tres últimos dedos; dos lanzazos en el costado izquierdo, uno de los cuales le perforó el pulmón, a raíz de lo que sufrió una concusión y falleció 25 años después; una estocada en el vientre y cuatro heridas más en los brazos”
Por supuesto que la victoria tuvo un dueño inmerecido: Bolívar. Pero bueno, la política también gobierna las batallas desde adentro.
Me agrada este combate por varios motivos: porque no me lo contaron en la escuela pese a haber sido tan importante; porque no se disparó un solo tiro (toda la lucha fue a lanza, sable y cuchillo); porque hoy casi nadie sabe quien fue el gestor de la gran victoria; y porque el Coronel Suárez fue el bisabuelo de Borges, quien así recuerda a su insigne antecesor:
//
PAGINA PARA RECORDAR AL CORONEL SUAREZ, VENCEDOR EN JUNIN
"Qué importan las penurias, el destierro,
la humillación de envejecer, la sombra creciente
del dictador sobre la patria, la casa en el Barrio del Alto
que vendieron sus hermanos mientras guerreaba,
[los días inútiles
(los días que uno espera olvidar, los días que uno
[sabe que olvidará),
si tuvo su hora alta, a caballo,
en la visible pampa de Junín como en un escenario
[para el futuro,
como si el anfiteatro de montañas fuera el futuro.
Qué importa el tiempo sucesivo si en él
hubo una plenitud, un éxtasis, una tarde.
Sirvió trece años en las guerras de América.
Al fin
la suerte lo llevó al Estado Oriental, a campos del Río Negro.
En los atardeceres pensaría
que para él había florecido esa rosa:
la encarnada batalla de Junín, el instante infinito en que laslanzas se tocaron la orden que movió la batalla,
la derrota inicial, y entre los fragores
(no menos brusca para él que para la tropa)
su voz gritando a los peruanos que arremetieran,
la luz, el ímpetu y la fatalidad de la carga,
el furioso laberinto de los ejércitos,
la batalla de lanzas en la que no retumbó un solo tiro,
el godo que atravesó con el hierro,
la victoria, la felicidad, la fatiga, un principio de sueño,
y la gente muriendo entre los pantanos,
y Bolívar pronunciando palabras sin duda históricas
y el sol ya occidental y el recuperado sabor del agua
[y del vino,
y aquel muerto sin cara porque la pisó y borró la batalla...
Su bisnieto escribe estos versos y una tácita voz
desde lo antiguo de la sangre le llega:
—Qué importa mi batalla de Junín si es una gloriosa memoria,
una fecha que se aprende para un examen o un lugar en el atlas.
La batalla es eterna y puede prescindir de la pompa
de visibles ejércitos con clarines;
Junín son dos civiles que en una esquina maldicen a un tirano,
o un hombre oscuro que se muere en la cárcel"
//
No me gustan las guerras, como a la mayoría. Por otra parte, creo también que los americanos supimos aprovechar las distracciones napoleónicas. Pero me gusta ese Borges que no perdona nunca a sus tiranos. Me gustan los olvidados de la historia. Me gusta el gesto despojado de San Martín, a quien sus pares jamás pudieron honrar en las siguientes y vergonzosas batallas. Me gusta Necochea y sus múltiples heridas, que le permitieron vivir 25 años más.
Me gusta Suárez, escondido, esperando la llamada de la gloria...
/
Tal vez el destino quiso a Suárez en Junín para que lo evoque su bisnieto en esas hermosas letras.
Junín me lo recordó Gloria esta noche, en la voz de Borges.

Referencias:
La batalla sin humo, Carlos Pachá (lagazaeta.com.ar)
Elgrancapitan.org

miércoles, 29 de abril de 2009

Ejercicio de fe

Creo que siete por ocho son siempre cincuenta y seis, sin necesidad de esparcir siete hileras de ocho fósforos cada una y sumarlas.
Creo en los prospectos de los remedios
En las fechas de vencimiento
En la fe notarial
En las tarjetas de crédito.



Creo que los futbolistas son lo único sano de un negocio sucio
En el poder de los blogs
En los preservativos
En las encuestas.


Creo en los husos horarios
En el termómetro
En los repuestos
En los frenos de los autos
En los paracaídas.


Creo que la verdad siempre triunfa al final, o al menos sale a la luz.
En los soportes técnicos
En los planos

En las farmacias de 24 horas.

Creo en los salvavidas
En los perfiles de los bloggers
En las garantías inmobiliarias

En la bandera blanca
En la próxima vacuna contra el sida.

Creo que el banco me devolverá mi dinero cuando se lo pida
O que me prestará dinero cuando lo necesite
Creo en los aviones
En las economías emergentes
En las Naciones Unidas.


Creo en la ruleta
En las balas de fogueo
En que el que las hace, las paga en este mundo.
En las casualidades.


Creo en Dios
Y en Obama.


Creo en la inteligencia de los países desarrollados
En los responsos

En la Edad de Piedra
En Wikipedia.

Creo en la movilidad social ascendente
En las últimas palabras
En la germinación
En los semáforos.


Creo en el horóscopo
En los jurados

En los mecenas
En las compras por teléfono.


Creo en los carnets habilitantes
En los diplomas

En el delivery.


Creo en las industrias no contaminantes
En los títulos de propiedad
En el boletín de calificaciones
En las críticas constructivas.


Creo en los currículum
En los manuales de instrucción.


Creo en las promesas dichas a los ojos
En los diplomáticos
En el menú del restaurante
En los comentarios en mi blog .


¡Creo en el amor a primera vista!

En las cuentas de la luz, del gas y del teléfono.
En la electricidad
En que Potter es bueno para la imaginación de los niños
En los impuestos.


Creo en las claves de seguridad
Y en las autopsias.


Creo en los grupos sanguíneos
Creo en los diagnósticos médicos
Creo en el derecho de defensa
En las radiografías
En los matafuegos
En los plagios involuntarios.


Creo en las buenas intenciones
En los chalecos antibala
En los elevadores
Creo en los consejos
En las becas
Y los cinturones de seguridad.


Creo en las cartas de amor
En las estadísticas
En el reloj despertador
En los bozales.


Creo en los extraterrestres
En que la tierra es redonda
Creo en la palabra empeñada
En el actimel.


Creo que alguien va a llegar a este punto de lectura
Y en la vida perdurable.


Quizás, debería creer en menos cosas.

domingo, 26 de abril de 2009

Pedro Menárdez y el burdel


Nuestro citador de Borges se adentró en el bajo mundo, tratando de entender por qué al insigne escritor, como a tantos otros jóvenes de su generación, lo llevaron a un lugar como ese para para adiestrarse en el arte amatorio, o mejor dicho para iniciarse, con resultados nefastos.
Ya en el burdel, lo primero que le llamó la atención a Menárdez fue que los clientes, antes de concretar el acto sexual, fingen seducir a la profesional, y ésta a la vez finge ser seducida. Poco trabajo le costó a Menárdez imaginar que esa doble ficción se trasladaría adentro del cuarto. Tal vez lo único real de todo lo que allí ocurría fuera la transacción monetaria. En el baño de hombres del salón, se sorprendió aún más con dos caballeros que se acicalaban y bromeaban entre ellos acerca del éxito de sus próximas empresas sexuales, que obviamente tenían un riesgo reducido a cero en lo que a conquista se refiere. Sin darse cuenta, Menárdez, que también estaba frente al espejo como los clientes, dijo:


“Aquí fracasan todas las religiones. La concepción judaica fracasa, ya que el árbol del Génesis lo han talado a golpes de falo y Adán y Eva se ven aquí reducidos a su actuación más lamentable de mercancía y comprador. La concepción hedónica fracasa, ya que al placer lo han mutilado, robándole las tiaras prestigiosas de la visión romántica y subrayando su tonalidad de fatalismo duro”

Los tipos dejaron de hablar repentinamente, como si hubieran recibido sendos mazazos en sus vientres, casi en la línea del golpe bajo.
Por compromiso, uno de ellos balbuceó

- ¿qué dijiste?

“El día, como un perro cansado, se tiende a nuestros pies y le acariciamos el lomo. Y la estatuaria –esa cosa gesticulante y mayúscula- la comprendemos al deliciarnos con las combas fáciles de una moza, esencial y esculpida como una frase de Quevedo. Y que acepta –sin mayor alarde de asombro- la oxidada moneda falsa de nuestros verbalismos"


El otro tipo se había quedado con la cara empapada, y en las manos, suspendida, una toalla de papel no había llegado a destino. Cerró la boca para abrirla de nuevo


-callate porque te corto

Pero no era Menárdez quien hablaba. Mejor dicho, sí lo hacía, pero las palabras eran puestas en su boca por otro, y entonces no podía detenerse:

“De la madeja sensorial, la memoria sólo almacena los datos auditivos y visuales. Los otros –placer, dolor, estados térmicos- únicamente persisten vertidos al lenguaje de la visualidad y la audición. E íntimamente ¿qué pueden importarnos las interjecciones y la plasticidad cambiante de las etapas del ayuntamiento, si estas cosas tienen sólo un valor de paralelismo con el placer, que es lo único esencial y que nadie logrará jamás encerrar en una urdimbre de arte?"

El tipo sacó un puñal, pero el amigo lo detuvo:
- ¡Dejalo! ¿No ves que está loco? ¡Vamos, que las chicas nos esperan!

- Tenés razón, vamos. Pero nos vamos también de este puterío de mierda, el idiota este me arruinó la noche.

Menárdez volvió a la barra y terminó su ginebra, mientras una mujer entrada en años y con boca rojo lápiz le sonreía con forma de mueca. Pagó su bebida y se retiró, murmurando:

“Salimos. El bloque de aire cuadrangular que oprimía nuestras espaldas se hunde. El andamiaje de guirnaldas de brazos y voces acarameladas también se aleja. El cielo se ha llenado de astronomía. Una estrella jadeante tiembla sobre los techos del mercado. Nuestros ojos pulsan muchas estrellas. Las calles, como rieles expertos, nos empujan no se sabe a qué parte”

Y se aleja Menárdez del burdel, habiendo comprendido que aquel fracaso iniciático del hombre que guía sus pasos, era el fracaso de todos los hombres.





Las palabras dichas por Menárdez y en cursiva fueron extraídas de JORGE LUIS BORGES: "Casa Elena (Hacia una Estética del Lupanar en España)". Ultra año 1, no. 17. Madrid, 30/10/1921.


Dedicado a Susana, que con su amor a Borges impide que Menárdez sea atrapado por las redes del olvido.

Pintura VIII es de Eduardo Labombarda

sábado, 25 de abril de 2009

Pommery




Cuando mis amigos del grupo humorístico tenían un trabajo importante, me llevaban para ayudarlos a cargar el equipo de sonido y la ropa. En realidad podían hacerlo ellos solos porque eran tres, pero si la fiesta prometía buena comida, bebida, invitadas (todo junto o separado) requerían de mis “servicios” y yo la pasaba genial mientras ellos trabajaban. Lo único que tenía que hacer era cargar y descargar las cosas (cinco minutos de entrada, cinco de salida) y poner cara de estar trabajando. En el medio revoloteaba por la fiesta, picoteando de lo que hubiera, yendo de aquí para allá. En este caso, se trataba del cumpleaños de la esposa del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (en aquel entonces se lo llamaba Intendente) y el asunto prometía muchísimo. Era en su residencia particular, un hermoso caserón de Flores. La seguridad nos hizo pasar directamente a la habitación de uno de sus hijos, el lugar elegido para que el trío se cambiara. Mientras íbamos hacia el cuarto que habían dispuesto, de reojo vi los manjares que había en la mesa, y a las amigas de la hija del dueño de casa, que parecían modelos.
Refregándonos las manos entramos a la habitación, y mientras los artistas se preparaban, una atenta camarera nos trajo un balde con dos botellas de Pommery. Jamás había bebido champagne francés. El problema es que no había comido nada desde hacía varias horas, preparándome para el festín, y no me daban ganas de beber con el estómago tan, pero tan vacío. Y a los chicos tampoco, de manera que nadie tocaba las botellas. Llegó la hora de la actuación y salimos los cuatro, pero uno de seguridad dijo la frase fatal:
- el muchacho que los espere en la habitación.
Y ahí me quedé, con un urso en el pasillo que me miraba con cara de pocos amigos. La camarera no volvió nunca más, mientras de lejos se escuchaban las risas del público ante la actuación de mis amigos. El hambre me estaba matando, y los dos Pommery parecían mirarme sensualmente, desde la frappera repleta de hielo. El cuarto estaba lleno de juguetes y ahí estaba yo maldiciendo mi suerte. Sin ganas y por curiosidad, me serví una copa del precioso líquido, que sentí cómo bajaba por mi aparato digestivo libremente, sin obstáculo alimenticio que se interpusiera ante él. La vida a veces propone esos paraísos incompletos, y uno es libre de tomarlos o dejarlos. Y yo los tomé. A los Pommery, digo, que me los clavé mientras leía una versión para niños de Moby Dick. Todo me produjo una sensación extraña, no espantosa, pero tampoco placentera. Era como estar muerto de sed y que te ofrezcan caviar sin nada de beber. De a ratos me parecía que estaba al lado del Capitán Ahab, luchando contra las olas del mar y el monumental cetáceo. Peor la tuvieron mis amigos, que cuando volvieron al cuarto nos dijeron que debíamos retirarnos de inmediato y no bebieron ni un vaso de agua. Porque los dos Pommery ya estaban fuera de combate, como yo. No recuerdo bien la salida cargando los bultos pero creo que fue poco elegante. Sí tengo una idea de que una invitada me miraba extrañada cuando pasé. Creo que algo le dije, pero no estoy seguro. Eso sí, después me comí mil porciones de muzzarella, con rigurosa Coca Cola. Los políticos con grandes responsabilidades, además de ser millonarios suelen ser excéntricos. Definitivamente.
//




El debut del asesino sentimental

El trabajo se lo consiguió el Zurdo. El tipo salía todas las mañanas a las siete. Simplemente tenía que acercarse a la ventanilla del auto mientras lo sacaba del garage y dispararle en la sien. El barrio era tranquilo y los vecinos ciegos, sordos y mudos. Un tiro a quemarropa no podía ser problema para él, aunque fuera su primer trabajo. Acostumbrado a manejar armas desde chico, en el campo siempre le disparaba a cualquier cosa. Y siempre acertaba, fuera con escopeta, revólver o rifle.
Así que a la hora señalada estaba ahí y se acercó al auto que iba saliendo de la casa lentamente, en reversa. Cuando le apoyó el caño en la sien, el tipo se quedó duro y cerró los ojos. El debutante demoró un segundo en disparar, suficiente para ver al niño que dormía en la sillita puesta reglamentariamente en la parte de atrás del auto. No se distrajo más y se fue. Sin disparar. Es que él es un eximio tirador, pero le gustan los chicos.
Eso sí, el dinero del adelanto al Zurdo no se lo devolvió. Porque será un sentimental, pero también un delincuente.




jueves, 23 de abril de 2009

Julieta

Ella entró al banco con sus dos hijitos y la panza de ocho meses y medio. Ninguno de los tres hablaba, ninguno sonreía. Se dirigió al último puesto de la larga fila que se formaba ante las cajas. Alguien le dijo que fuera adelante, que la atenderían de inmediato. Ella desconfió y no se movió. Seguro que "privilegio" no figura en su diccionario de vida.
Alguien insistió y le advirtió a un empleado. La atendieron sin demora. Lo único que quería era cambio de cincuenta pesos. Pero no era cualquier cambio: quería billetes de diez, de cinco y de dos, además de algunas monedas.
Le dio doce pesos al mayor, que tendría siete u ocho años. Fueron doce exactamente, ni diez ni quince, y el pibe apenas movió los labios, lo que alguien interpretó como una sonrisa. Se fueron del banco sin mirar atrás.
Alguien imaginó que allí no habría esposo ni padre. A lo mejor era un prejuicio, pero la calle enseña que hay gestos y miradas que hablan. Entonces alguien la imaginó como una Julieta sin un Romeo que fuera a buscarla, ni promesas malentendidas. Pero que era una heroína, a alguien no le quedó ninguna duda.

miércoles, 22 de abril de 2009

Tiro libre


Me pongo en la barrera como siempre
y le pegás con todo, al medio de mi pecho
Otras veces me apuntás a la cabeza o más abajo
¿No será mejor buscar el arco?
Digo, el gol se hace allá, no acá adelante.
Por eso, en el próximo foul cerca del área
No formaré barrera alguna
Dale un chanfle a la pelota
y buscá el palo alejado del arquero
porque yo a la barrera
no voy más.

martes, 21 de abril de 2009

Mosquitos

Las Fuerzas del Mal se empeñan en mandarme
Legiones de ellos, a veces uno solo
Pueden llegar a casa o perseguirme
a suelo antártico
a estepas siberianas
Para irrumpir en el momento exacto
en donde el sueño
me da su dulce abrazo
Y así clavar
sus dagas traicioneras
Es tarde cuando despierto dolorido
Se alejan como aviones japoneses
Cumplieron su objetivo
Regresarán después a torturarme
Una vez más.




Borde

Es raro este amor que se me escapa
Como una peli, al borde del abismo
Él la sujeta mas ella se resbala
Y no hay quien pueda remediarlo
Así parece a veces este amor
Que se sostiene apenas con un dedo
Con una mano temblorosa que se escurre
Hacia el vacío infinito del adiós.

domingo, 19 de abril de 2009

Enigma revelado

El toro por las astas
La sartén por el mango
Agarrado de los huevos.
Así nos gusta decir a nosotros,
los machos.
En cambio, Dios aprieta pero no ahorca.
Yo siempre supe
que Dios era mujer.

Ordenando la Biblioteca del Caos

Hoy estuve de buen humor. Tal vez fue el programa de radio de Luz de Gas, o que vino una amiga a comer con nosotros. Quizás fue el día primaveral o que la paz reinaba en el hogar. Entonces me dije que tenía que hacer algo bueno por mi familia y por mí. ¿Y si ordeno la biblioteca?
Mis dos pequeños muebles así llamados no tienen el menor criterio más o menos desde que soy papá. ¿Por qué? Porque cuando se agrandó la familia en el 2.002 nos cambiamos dos veces de casa y bueno, quien podía tener tiempo de acomodar los libros…
El asunto es que por ahí tomo un volumen, lo empiezo a leer y cuando lo tengo que rescatar se pierde en uno de los dos Triángulos de las Bermudas.
Y hoy, a punto de acostarme un rato antes de ver el partido, sentí que una poderosa fuerza me decía ¡hacé algo por el prójimo que te volverá!
Y en un rapto hogareño me puse manos a la obra: saqué todos los libros, limpié las estanterías y los acomodé con este criterio:
Autores latinoamericanos/españoles
ingleses/norteamericanos
brasileños/portugueses
franceses
italianos
rusos
alemanes
resto del mundo

El 90% de mis libros los compré usados. Buenos Aires, según leí una vez, es la ciudad que más librerías de viejo tiene en el mundo, aunque nunca me convencen esos récords. Pero lo cierto es que las hay, y muchas, y rara vez compro un libro nuevo. No sólo por el precio, es un gusto que me da saber que ese libro pasó por otras manos, por otras miradas. También me gusta comprarlos y no leerlos de inmediato, los dejo en el medio del caos. Y cuando llega esa noche en que estoy con ganas de empezar un libro, sorprenderme con un título que no recordaba tener. Ese placer por comprar y no leer de inmediato no me pasa con los vinos.
Jamás pude organizar una bodega, pero no sólo por razones de espacio. Me resulta inconcebible comprar una botella y no abrirla el mismo día. Tal vez si comprara en cantidad, no sé…
Pero lo que en realidad quería contarles son algunas curiosidades que encontré en mi propia biblioteca, mientras ordenaba el caos.
¡Libros repetidos!
“Adiós muñeca” de Chandler (2)
“Cuentos de los mares de sur” de Stevenson (2)
“Aventuras de un cadáver” de Stevenson (2)
“El Fantasma de Canterville” de Wilde (2)
“Veinticuatro horas en la vida de una mujer” de Zweig (2)
“Facundo” de Sarmiento (2)
“La Fanfarlo” de Baudelaire (2)
Por cierto, los últimos dos títulos no los leí en ninguna de sus respectivas dobles versiones. Y el segundo de Zweig, lo compré este año, pero eso sí, lo leí inmediatamente. Habrá sido porque en este caso sí lo compré nuevo (¡y nada barato!)

¡Libros perdidos!
Normalmente soy capaz de dar un brazo antes que un libro, pero la carne es débil, sobre todo cuando se es más joven, y en pos de vaya a saber qué futuros e inciertos placeres uno habrá soltado libros que recuerdo perfectamente y ya se han ido, probablemente para siempre:
“La insoportable levedad del ser” de Kundera
“Sobre héroes y tumbas” de Sabato
“Libro del desasosiego” de Pessoa
“Sexus” de Miller
“Mujeres” de Bukowski
“El perfume” de Suskind
“El extranjero” de Camus
“Rojo y negro” de Stendhal
“Don Quijote de la Mancha” (¿de quien era este…? Sí recuerdo que el título es un poquitín más extenso)
Lo sé. Algunas pérdidas son francamente imperdonables, y seguramente en su mayoría habrán sido entregados a precio vil…
Rarezas
Me tropecé con estos libros, que no recordaba tener y por supuesto no leí aún:
“Dickens por Chesterton” de Editorial Tor, Buenos Aires,1.930
Una edición 1.944 de “La casa de los siete anillos” de Hawthorne
“La isla del Tesoro” de Stevenson, también muy antiguo (lo leí, por supuesto)
“Un nihilista” de Turguenev, Editorial Argos de Madrid. No tiene el año de edición pero sí el precio: 4 pesetas. ¿Algún amigo español podrá calcular de cuándo será?
“El librero asesino de Barcelona” de Ramón Miguel i Planas
“La identidá Asturiana” de Inaciu Iglesias
“El vía crucis del cuerpo” de Clarice Lispector.
Entre medio de ellos encontré “Las culturas precolombinas” de Henri Lehman, que recuerdo haberlo encontrado en un tacho de basura, en la calle. Y estaba intacto.
Acepto sugerencias de quien haya leído alguno de estos libros, para ver por donde comienzo.

El ránking de autores.
Aquí también me sorprendí. Sacando algunas Obras Completas u Obras escogidas que tengo de Borges, Poe o Shakespeare, en general prefiero comprar los libros como los pensó el autor. Como soy muy curioso, tengo muchos autores, pero no tanto de cada uno de ellos. Pero no siempre fue así, ya que me encontré con algunas sorpresas. Todos ellos fueron comprados hace mucho tiempo…
Nombraré algunos de quienes tengo cinco o más:
Stefan Zweig y Dickens: 5 (me siguen gustando muchísimo)
Bradbury: 7 (también)
Henry Miller: ¡9! (comprados en la veintena, intuyo razones hormonales)
Bukowski: ¡8! (para saber qué sucede después de Miller)
Y el podio, por robo, lejos de este pelotón, se lo lleva…
¡Jorge Amado! Con ¡15! (es que viajé mucho a Brasil…)
Un trozo de libro desconocido

Por último, encontré las páginas 135 a 142 de un libro que no sé cual es. Podría “guglearlo” pero estoy cansado de tanta faena. Si transcribo algunas partes, ¿alguien me dirá cual es?
Primera frase:
“- ¿Estoy cubierto de encimas?- grité para tapar el rugido del motor- No hay casa que pueda destrozar los elementos o alimentos de mi pecado original
La última dice: “Nora se fue a atisbar en los salones donde las sombras se juntaban ahora, naciendo de la última luz”
En el medio se menciona a:
Grynwood (muchas veces)
Charles
El Ballet Cívico de Manhattan
Venecia
El cuadro “Muchachas y flores” de Gainsborough (varias veces)
Madrid
¡La biblioteca!
Si alguno de ustedes tiene este libro, pero sin las páginas 135 a 142, me avisa.


Ahora las bibliotecas están ordenadas. Veremos cuanto duran así...



Hay integrantes de la casa que no están muy convencidos con el terremoto.

Por suerte tengo una secretaria que ayuda a limpiar el polvo cultural.

viernes, 17 de abril de 2009

Un cuento (III y final)




El Príncipe Gris estaba en su castillo, y vio pasar al Dragón, volando con la Princesa Guerrera. Los saludó melancólico desde su torre, que era muy parecida a la del Dragón, y se dio cuenta que ambos se paseaban divertidos. Pero no se sintió celoso, solamente estaba triste. Su padre una y mil veces le dijo que podría casarse con cualquier princesa, pero a él eso no le interesaba. El Príncipe de Ceniza no quería ser un Príncipe Azul, mucho menos un Rey, y tampoco un Guerrero, y en el castillo otra cosa para él no había. ¡Era el heredero de Su Majestad! Todo lo que ocurría en el palacio le aburría, pero el problema es que no sabía qué quería ser.
Entonces decidió salir a dar una vuelta por la ciudad, sin caballo ni pajes. La gente del reino era muy pacífica y nadie lo molestaría. Y así fue que en su paseo vio a hombres y mujeres practicando oficios para él desconocidos, y artesanos que hacían maravillas con sus manos. Y todos eran muy, pero muy pobres. Y sin embargo les sobraba algo que en su castillo escaseaba: la alegría.
Se maravilló con las obras de un creador llamado Benvenuto, de risa fuerte y manos milagrosas.
El artista fingió no reconocerlo y le ofreció una copa de vino que le sirvió su hija Iara, y bebieron gustosos mientras le mostraba sus diversos trabajos. Pero el príncipe no estaba interesado en llevarse nada, sólo quería quedarse y aprender. La sencillez del ambiente lo había eclipsado. Desde ese encuentro y para perplejidad de su padre, comenzó a ir todas las mañanas a la casa del humilde Benvenuto, a aprender con el maestro. Y le gustaba retratar, a veces muy bien y otras no tanto, a la gente que veía en la plaza o en el mercado del pueblo. También pintaba las artesanías, frutas o pasteles que ofrecían.
Y un buen día notó que sus ropas estaban completamente manchadas de los colores que tenía en su paleta: rojos, blancos, amarillos, verdes, marrones, celestes, anaranjados y turquesas. Ya no era un príncipe gris, pero tampoco azul. Lanzó una carcajada como no lo había hecho jamás, y salió corriendo con Iara para mostrarle la transformación a su padre. Y mientras atravesaba el pueblo, la gente comenzó a exclamar a su paso: ¡Qué viva el Príncipe! ¡Qué viva el Príncipe!
¡Qué viva el Príncipe Multicolor...!

El era un príncipe muy especial. Por empezar no era azul sino gris, aunque en realidad de niño sí lo era, sólo que después fue cambiando de color sin saber muy bien por qué. Y ahora, que era multicolor y supo la razón, se sintió dichoso.

miércoles, 15 de abril de 2009

Un cuento (II)

Cuando el dragón volvió a su castillo nadie se encontraba en él. Puso agua en una inmensa olla, y con una bocanada de su fuego la dejó a punto para el té. Desde arriba de la torre se puso a contemplar sus solitarios dominios, y se dejó ganar por la tristeza. Al fondo del camino creyó ver una nube de polvo que se agrandaba. Era la princesa guerrera que volvía cabalgando de despachar a su ceniciento príncipe. Se veía amigable porque no traía su espada, así que el dragón resolvió invitarla a beber té con él. Ella no estaba segura del todo, pero la convenció de que no tenía nada que temer, por una sencilla razón: los dragones no existen.
El dragón le dijo que la vida es curiosa: el príncipe no quería ser azul, la princesa no quería esperar por ningún príncipe, y él estaba cansado de lanzar fuego por sus fauces y apresar princesas desvalidas…
La princesa lo escuchaba atenta. De repente abrió bien grandes sus ojos azules. Posesa, murmuró medias palabras ininteligibles. El dragón alcanzó a oír “conjurar”, y al rato “hechizo”. No tuvo tiempo de nada cuando la princesa le estampó un sonoro beso en su ardiente boca, y el mundo empezó a girar en su cabeza, hasta desmayarse.

Al rato se despertó. Estaba a la vera del río, y fue volando a fijarse en el agua en qué se había convertido. Sin embargo, seguía tan dragón como antes, y rojo, a mayor abundamiento.
La princesa estaba a su lado entristecida, pidiéndole perdón. Le dio otro beso, y nada, seguía siendo dragón.
Entonces él le ofreció dar un paseo, y remontaron vuelo. Ella jamás había volado, y el dragón le pareció muy divertido, y ambos se rieron mucho al pasar por el castillo del príncipe gris, quien los saludó melancólico desde una torre idéntica a la del dragón, aunque sin cadenas. Luego sobrevolaron bosques y montañas nunca vistos por nadie, y ella quedó subyugada por tanta hermosura.
Cuando volvieron al castillo, la princesa le dio otro beso al dragón antes de marcharse.
- No insistas, seré dragón para siempre, le dijo él.
- Lo sé, dijo ella. Y tal vez me guste que lo seas…
Cuando el dragón reaccionó, la nube de polvo se perdía en la oscuridad de la noche. Lanzó una brutal llamarada para iluminar el camino de regreso de tan exquisita princesa, y usó el último resto de su fuego para encender las velas del castillo. Y con el corazón rebosante de alegría, preparó su cena de mil perdices. Se miró en un espejo gigante y le gustó lo que vio. Para ser un animal que todo el mundo asegura que no existe, no le pareció que estuviera nada mal.






Esta continuación se la dedico a Rafa, quien me animó a escribir una segunda parte de gente feliz comiendo perdices. Si bien no es el final tradicional, no deja de ser feliz, sobre todo teniendo en cuenta la reticencia del autor hacia los finales "clásicamente" felices. Además, Rafa no aclaró que la gente feliz comiendo perdiz debiera estar junta. Viviana testeó la primera parte con una crítica exigente, deseo que la segunda no la decepcione tampoco. No sé si con mi crítica particular puedo albergar alguna esperanza...
Por otra parte, toda esta historia nació recordando este dibujo del niño de Lena, a quien se lo hice saber. Increíblemente y sin estar enterada de nada, Fusa descubrió que se trataba del mismo dragón, el del Pez Fruta

domingo, 12 de abril de 2009

Un cuento



El era un príncipe muy especial. Por empezar no era azul sino gris, aunque en realidad de niño sí lo era, sólo que después fue cambiando de color sin saber muy bien por qué. No le gustaba eso de andar rescatando princesas huecas de castillos con dragones, como tampoco besarlas para conjurar malévolos hechizos. Mucho menos le gustaban los bailes que le organizaba su padre –el Rey- para encontrarle una novia de pies muy delicados y zapatos de cristal.
Pero su destino era ser príncipe y él no podía hacer nada, y allí cabalgaba en su hermoso corcel, armado y enhiesto, al rescate de una nueva enamorada que lo esperaba en lo alto de una torre, apresada por un dragón, no sabemos si rojo o verde.
Sucedió que el dragón no estaba en casa, a lo mejor era gris como él, así que no tuvo que desplegar su valerosa espada en lucha desigual, sólo rompió la cadena y, para horror de la amorosa rescatada, no la acompañó de regreso a su palacio sino que le indicó el camino de vuelta con una explicación distraída, y luego se echó a dormir en la cama de la torre.
Pero el dragón -que no era verde ni gris sino rojo furioso- regresó, y más furioso se puso al advertir que su presa había sido liberada por el principito.
Y como el dragón tenía gustos amplios, enclaustró a nuestro príncipe de ceniza en la misma torre y con la misma cadena, y luego de mostrarle su furia exhalando una terrible ráfaga de rayos y fuegos se echó a dormir, porque él también a veces se cansaba de ser un dragón siempre enojado.
Y ambos conversaban por las tardes, aburridos y perplejos por haberse salido del guión, hasta que una noche llegó al castillo una princesa que no era ni hueca ni aburrida, ni vestía como Blancanieves. Ella montaba un bravo caballo, y alzando su espada invitó al dragón al combate.
Pero el dragón seguía cansado de arrojar fuegos por sus doloridas fauces y se marchó sin pelear, no sin antes darle a la princesa las llaves de la cadena de la torre, porque era la última que le quedaba y no quería repararla una vez más.
Cuando el príncipe vio a su salvadora sintió fuego en su corazón, seguramente imbuído por la cercanía de su carcelero. Era hermosa. Se dio cuenta que ahora sí había llegado el amor a su vida…
Sin embargo, la princesa lo acompañó hasta su castillo custodiando su regreso, y se fue por ahí sin más. Es que el príncipe gris le parecía mortalmente aburrido.

sábado, 11 de abril de 2009

Calamity Road


Hoy leía en el blog de Candela que en el Condado de Limerick (provincia de Munster, en el oeste de la República de Irlanda) hay una carretera que todo el mundo llama Calamity Road "...por la presencia en la misma de un cementerio, un hospital, una institución mental y la cárcel..." El nombre verdadero de la carretera es Mulgrave Street, pero nadie lo usa. Buscando Limerick en wiki me enteré también que "...la ciudad data desde al menos la colonización de los vikingos en el año 812; aunque algunos estudios sugieren la presencia de poblaciones anteriores en la zona. Los normandos rediseñaron la ciudad en el siglo XII y añadieron parte de los edificios más notables de la población, como por ejemplo, el Castillo del Rey Juan (King John's Castle)"
¿La verdad? Calamity Road me pareció fascinante...

¡Cuidado forastero!
No detengas tu marcha
en esta carretera
No busques donde pasar la noche.
Resiste
y acelera a fondo sin mirar atrás
Fija la vista en tu norte
O Calamity Road te atrapará
Y terminarás encerrado,
bajo tierra,
agonizante;
entre rejas o
paredes acolchadas
¡forastero!
El castillo del Rey Juan es amigable
Pero su ruta, no.
//
Fuentes:

jueves, 9 de abril de 2009

Samsonite Spinner (II parte)

La cena con el Zurdo terminó a las cinco de la mañana. No es de fiar el Zurdo, piensa el detective. Aunque nunca le hizo nada, en el fondo no termina de caerle bien. Pero negocios son negocios, y el tipo se merecía la fiesta. De haber sabido lo que había adentro de la valija le hubiera pedido la mitad de lo que ganó, al menos. Pero no lo sabía, y por más caro que resultó todo, fue apenas un vuelto. Cena en el “Alvear Palace”, y de ahí a tomar unas copas a Recoleta, siempre hay movimiento ahí. A las tres lo dejó con una hermosa chica de amor instantáneo y tarifa en dólares, que él le pagó por adelantado. Nuestro detective prefirió irse a su departamento, hacía dos noches que no pegaba un ojo.
Unas horas después lo despertó el aroma a café, que inundaba su pequeño hogar, si así puede llamársele a los 30 metros cuadrados y desordenados que alquila. Tres vicios tiene nuestro hombre: whisky doble sin hielo, cigarrillos y…café.
No pudo reaccionar como si fuera un peligro, de tan cansado que estaba. Nadie que viene a matarte prepara café antes, se dijo. El dinero estaba en el banco, entonces prefirió seguir en la cama, la pistola debajo de la almohada. Prendió un cigarrillo y esperó. En eso, a través de la puerta entreabierta, la vio de espaldas. No pudo calcular cuantos siglos hacía que nadie le preparaba un desayuno. Ahora sí podía ver su figura completa, siempre de espaldas, atenta también al pan que se tostaba. Era la hermosa morena de la valija, que se aproximaba con el ruido de sus tacos a la cama, y el impecable desayuno en la bandeja.
- No recordaba tener dos tazas iguales, ni bandeja, ni esa preciosa jarra de café.
- las traje yo, el Zurdo me avisó que venías mal de vajilla.

No se dijeron más nada. El café no lo tomaron, incluso se derramó un poco en las sábanas, pero ellos no lo notaron, no tuvieron tiempo. Ella fue gateando hasta él y se abrazaron en un beso único, largo y profundo, como los que se dan las parejas en los cines sabiendo que no podrá ocurrir mucho más que eso.
Pero ellos estaban en la cama de él, podían ir por más y lo hicieron. Recorrieron a besos cada centímetro de sus cuerpos, a veces explorándose tímidamente, a veces invadiéndose, temerarios. El revólver, la jarra y las tostadas cayeron sábana abajo, formando un estropicio en el desastre que ya era la alfombra. Ella volvió a regalarle su sonrisa de ojos café cerrados, y enredados en su cabello negro, se amaron con los ojos, con las manos, con los sexos, con las risas, en una batalla de sentidos y de orgasmos sin preguntas.
Ella preparó café de nuevo y encendió dos cigarrillos a la vez. No habían pronunciado palabra desde que llegó con la bandeja mil horas antes.
- Tu cliente tiene más valijas y yo sé donde las guarda y para qué. Al Zurdo se le ocurrió algo.


Nuestro detective se sintió cansado de repente. Tan cansado como si hubiera estado manejando dos días y dos noches, sin parar. Tan cansado cómo sólo puede sentirse un hombre desolado. Resulta increíble que el desengaño pueda llegar antes que el amor. Aunque él, de amor siempre supo casi nada.




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miércoles, 8 de abril de 2009

Samsonite Spinner


El Zurdo es un genio. En el Tribeca Hotel, habitación 345, estaba la valija. Nuestro detective todavía no salía de su asombro. ¿Cómo pudo ubicar la maleta simplemente porque se trataba de una "Samsonite Spinner" cuatro ruedas turquesa, que cualquiera podría disimular? Pero el Zurdo conoce el hampa porteño de punta a punta, y le llegó el dato que alguien muy nervioso con una valija como esa se hospedó anoche en el Tribeca. Y le debe tantas cosas al detective, que se lo dijo. Como si este no fuera siempre generoso para pagarle por sus trabajos...
Por supuesto que la abrió para verificar, y efectivamente, allí estaba el millón de dólares. En realidad, novecientos ochenta y cinco mil. Seguramente lo que faltaba lo habrían gastado anoche, todavía con la adrenalina del robo en el cuerpo. En ese estado de locura la plata vuela, y siempre hay gente dispuesta a acompañar a quien tiene ganas de gastarla.
Tomó el teléfono y llamó a su cliente. Un industrial importante, que seguramente tenía decenas de Samsonite con dinero como ese adentro. Pero a nadie le gusta que le roben un millón de dólares, y a su cliente menos. Estaba furioso, tenía algunos sospechosos de la empresa, pero lo primordial era recuperar la plata. Para ud. el 10%, le dijo. No recordaba haber recibido semejante paga... En realidad, estaba seguro de no haber tenido ese dinero nunca.
Llamó a su cliente desde la misma habitación y le avisó. Se sorprendió cuando del otro lado de la línea le devolvieron hielo en forma de silencio. Al rato le dijo:
- La transferencia de sus u$s 100.000.- se la hago en este mismo instante, espere un segundo...ya está, ¿quiere verificar en su cuenta?
- No hace falta
dijo el detective.
- Ahora quiero que espere al ladrón. Sé que es peligroso, pero si llamamos a la policía, nunca volverá por la valija. Y es alguien de mi círculo íntimo. Se imaginará que el círculo íntimo de un millonario está compuesto por medio centenar de personas. Quiero que lo espere y me lo traiga.
- No fue ese el trabajo encomendado, simplemente le tenía que recuperar la valija y lo hice.
- Por eso se lo digo ahora. El precio, póngalo Usted.
Nuestro detective colgó el teléfono sin decir que sí, ni que no.
Abrió del bar de la habitación dos botellitas de whisky y las puso en un vaso sin hielo, y encendió un cigarrillo. No sabía si era para pensar en la propuesta o para esperar al huésped de la habitación. Las luces estaban completamente apagadas y era medianoche. Finalmente escuchó el ruido de la llave. Apagó el cigarrillo y empuñó la pistola con su mano derecha, a la espera del tipo. Pero no era un tipo.
Era una mujer. Morena, cabello largo rizado y ojos café. Cuando lo vio se asustó muchísimo. Pero reprimió el grito y no pidió ayuda. Se dio cuenta que era la ladrona.
- Siéntese, dijo el detective. La escucho.
Le contó que fue empleada de su cliente. Que también fue su amante. Que de buenas a primeras él cortó la relación y comenzó a ignorarla. Que tenía muchos problemas económicos. Mientras decía esto ella se compuso y le pidió un cigarrillo. Se tiró en el sofá y cruzó sus piernas sin disimulo. Fue al grano. Le propuso darle cien mil dólares si la dejaba ir con la valija.
- Es mucho menos de lo que él me dará si la llevo a Ud.
El pánico se apoderó de ella nuevamente. Redobló la oferta. El la seguía mirando mientras fumaba y bebía su whisky doble, impasible.
Finalmente se decidió y volvió a llamar a su cliente.
- Voy para allá con el dinero. No se ha presentado nadie y es peligroso permanecer aquí. Si quiere, llame a la policía.
Tomó la valija y sin mirar más a la mujer se fue. Cuando salió del Tribeca lo llamó al Zurdo y lo invitó a cenar. Pero no se pudo olvidar de la sonrisa de ojos café cerrados cuando ella se dio cuenta que no la entregaría. Al fin y al cabo, no fue ese el trabajo encomendado. Y pensó que tiene algo de razón la publicidad. Hay cosas que el dinero no puede comprar. Al menos, no todavía.

lunes, 6 de abril de 2009

Fe de ratas: Un paseo por la Mansión de ayer

Estimado lector:
Nuestro guionista nº 134 cometió una equivocación imperdonable para el Directorio, y es dar por obvio que llamar "Mansión" a la tiendita de la protagonista de la entrada de ayer era una broma, a nuestro criterio de mal gusto, puesto que se trata de alguien que vive en la calle. Entonces, para despejar toda duda respecto del lugar donde se desarrolló el relato en cuestión, hemos enviado un equipo a tomar fotos del sitio que sirvió de inspiración al cuento, aprovechando que por la hora estaba desierto. Incluso los amenazantes gatos que casi dan cuenta con la vida del guionista, fueron reemplazados por unos pequeñines somnolientos que no intimidaron en absoluto a nuestro equipo. Sin más prolegómenos, los lugares del relato:


Por este camino se llega...


Primera vista: la tiendita, plegada, a la derecha.


Desde el pie de la escalera, otra vista de la tienda, que incluye dos gatitos durmiendo en lugar de vigilar como los gatos titulares (para ver alos minigatos haga click en la foto)


Vista panorámica de la plaza.
//
Esperamos haber aclarado el asunto, la que les acabamos de mostrar es la "mansión" de nuestra protagonista...
Les informamos también que hemos recibido pedidos de sanciones para el escritor 134, por lo que ayer mismo fue enviado a Guantánamo, habiéndose perdido de vista que la prisión ha sido cerrada recientemente. Así las cosas, el 134 nos ha enviado una foto desde "La Bodeguita del Medio" haciéndonos pito catalán mientras se bebe un mojito.
Pero nosotros tenemos una responsabilidad con nuestros 234.786.987.908.943 lectores de todo el orbe (sin contar los paraísos fiscales) y con esta fe de ratas pretendemos reparar el dislate de nuestro ex-empleado.
Buenas noches

El Directorio


domingo, 5 de abril de 2009

Toda una Señora

Ella vive en la escalera más escondida de la plaza, detrás de la embajada, en el mejor lugar de Buenos Aires. Tiene muchas pertenencias, y se la custodian tres gatos grandes, de mirada dura. Un día pasé bien cerca de ellos a ver qué hacían y creí que me mordían…
Tiene los cabellos muy blancos, los ojos muy celestes y los dedos muy amarillos, y siempre va abrigada aunque haga calor, como todos los mendigos.
El está mareado, perdido y tímido, sentado en un banco de la plaza sin saber adonde ir. Sus ropas todavía no están tan mal, pero sí lo suficiente como para que ella se de cuenta qué cosa nueva le está pasando.
- ¿querés mate cocido?
El, primero dudó, pero lo cierto es que llevaba un día sin comer, entonces dijo que sí y se acercó a la escalera, a la mansión de ella. Los gatos le dieron paso, y ella un pedazo de pan. Más tarde fumaron dos medios cigarrillos, y él le contó su historia de abandonos y locuras. Ella lo escuchó en silencio, y cuando él le preguntó sus como, sus cuando y sus por qué, no contestó. Es que hacía tanto tiempo que vivía allí, que lo había olvidado. O eso le dijo, al menos. Pero a cambio le mostró mil tesoros encontrados en la basura, con ademanes exquisitos.
-Es hora de ir a la cama
Y se metió en su tiendita. A él lo dejó afuera en la noche de otoño todavía tibia, pero le dio un pequeño colchón despanzurrado. No fuera cosa que pensara en dormir con ella, que es toda una Señora.

viernes, 3 de abril de 2009

La Menor Idea presenta: "Teatro Breve para lectores cansados"



Estimado lector: La vida moderna nos somete a múltiples exigencias laborales, familiares y sociales. La más reciente de ellas proviene de la blogocosa. Ud. sabe que cuando da la vuelta por sus blogs preferidos, comienza a leerlos con gozo y luego con sombras. Y así, empieza comentando los opúsculos dando muestras de su interés y don de gentes. Pero humanos somos y al llegar al blog nº 123.876 que visita en el día ya no sabe quién es el autor, qué diablos está diciendo, y lo que es peor, incluso no sabe qué es lo que Ud. acaba de comentar, o qué coñazo quiso decir nadie. En ese momento su cónyuge/descendiente/ascendiente o quien sea le empieza a reclamar que deje la maldita computadora y viva una vida...
Ud. duda. Porque primero leyó con los cinco sentidos, luego con los dos ojos, después con uno, para terminar planeando en vuelos rasantes sobre todos los textos que de buena fe quiso abarcar y no pudo. Pero los planeadores están hechos para textos cortos y caen en picada de inmediato, estrellándose contra la pantalla de su ordenador, fulminados por el sueño ante el post inabarcable. Y lo que es peor, se nota. Por lo menos, lo notamos en este blog...
Por eso, los 250 autores que integramos "La Menor idea" hemos resuelto hacer este "Teatro Breve para lectores cansados" Porque lo malo, si es breve, nadie lo va a recordar. Lo único que nos preocupa es que ya haya abandonado este presentación, por extensa...
Hoy presentamos: "La deuda"
PRIMER ACTO

Llaman a la puerta de Nicolás Lopertutti. Son las doce del mediodía y el dueño de casa pregunta desde la cama y con voz aguardentosa:

NICOLAS LOPERTUTTI: ¿Quién es?

UNA VOZ EN OFF: ¿Está el Sr. Lopertutti?

NICOLAS LOPERTUTTI: ¿Quién lo busca?

UNA VOZ EN OFF: Venimos a entregarle un premio que se ganó en una promoción...
NICOLAS LOPERTUTTI: (mientras se pone las pantuflas y se rasca el bajo vientre, piensa en voz alta, mirando cómplice al público) Estos son los cobradores y me quieren engañar... ¡Lopertutti no está!
UNA VOZ EN OFF: Bueno ¡gracias! Bocha, golpeá en la puerta de al lado...¿Está el Sr. Wang? ¿Sí? Lo felicitamos, somos de la firma "PRICE WATERGATE" y acaba de ganarse un BMW simplemente por atendernos!

NICOLAS LOPERTUTTI: (que había estado con la oreja pegada a la puerta, saca un pistola y le grita desde la ventana a la voz en off) Lopertutti soy yo, y saben qué? métanse el auto bien en el fondo del garage ¡pelotudos! Y disparando grita: ¡Tomá esto Bocha! ¡Tomá esto Wang!

Se escucha gente que huye. Unos instantes después...
OTRA VOZ EN OFF: ¡Abra la puerta antes de que la tiremos abajo Lopertutti! venimos a llevarnos algunas cositas de su casa por la deuda que Ud. no canceló con "ZIMERMAN BROTHERS"...
NICOLAS LOPERTUTTI: Se pone a buscar más balas para suicidarse, pero se le terminaron...angustiado murmura
¡Lopertutti no está!

FIN DEL PRIMER Y UNICO ACTO
TELON
(NO CONTINUARA)

NO INSISTA, LO VIMOS BOSTEZAR LUEGO DEL PRIMER DIALOGO
¿Que le pareció extenso? Es cierto, pero fue por culpa de la presentación
¿Que le pareció malo? Qué esperaba, "La importancia de llamarse Ernesto"???
Lo único que no le permitiremos, es que lo encuentre malo y extenso.
Buenas noches

jueves, 2 de abril de 2009

Uno (otoñal)

Seguramente es el otoño que llegó
con su frío
de árboles marrones
y lloviznas
repartiendo melancolías

Pero uno que va de contramano
por las calles de la vida,
arranca el día alegre
con vientos en la cara
revuelta de hojas secas
tomando mate mientras la vida pasa
en la sonrisa de una niña

Uno se pregunta por qué será
que siempre estamos esperando

mil mañanas:
que vuelva el calor,
que llegue el viernes

Y sin embargo ahora hay una fiesta
de grises y marrones
(también amarillos)
en el cielo y en la tierra
que nadie parece agradecer

Excepto uno que va de contramano
por las calles de la vida y espera
que lleguen otros invitados
a esta fiesta otoñal

que es suave y sutil
como la vida a veces

miércoles, 1 de abril de 2009

Alfonsín

Hay un tipo que caminó entre cadáveres tibios
amenazas y prepotencias
y se mantuvo fiel a sus principios.
Que fue vilipendiado por esa picadora de carne
llamada patria
Pero nunca perdió el eje.
Fue acusado de muchas cosas
la mayoría injustas
nunca de ladrón.
Tuvo que lidiar con asesinos
que todavía tenían las manos manchadas
sin perder de vista la responsabilidad que le dimos
que no era otra cosa que la esperanza.
Hoy el pueblo, que a veces fue frío con él, se manifestó
Como con Gardel, con Eva o con Perón.
Fue a despedirse del demócrata.
La República Argentina
es república, a partir de él.

Los negros del blues

Anduve por Chicago y vi
la Torre Sears y la John Hancock
La Magnífica Milla
Con sus Hugo Boss y Ferragamo
Y el Art Museum
¿Y los negros del blues?
Pregunté.
¡Después!
Primero Chicago Bulls
Navy Pier
Y Al Capone
¿Y los negros del blues?
Pregunté
Hay mucho teatro, cultura, mejor que Nueva York
¡La Torre de Agua y el Millenium!
¿Y los negros del blues?
Pregunté
Hay un show para turistas en un barrio acomodado
Y tocan bien
¿Y los negros del blues?
Pregunté
¿Los querés ver?
Dijo harto mi anfitrión
Y me llevó al barrio feo y peligroso de los negros
Acá están, me dijo
¿Querés bajar a preguntar?
...
No, mejor llevame a “Towers Records” a comprar CDs
Y eso que en el barrio había blues por todas partes...

Vista desde el John Hancock Center


Parque Millenium