lunes, 31 de enero de 2011

La cafetera de Clooney

Mil grados en Buenos Aires sin aire. Igual me gustaría tomar un café de la cafetera de Clooney. Pienso que para comprarla tendría que vender un riñón y, en ese caso, tal vez no debiera tomar café. Vuelvo y decido comer sano. Lavo una lechuga. Corto un tomate en el aire y me rebano un dedo. La sangre no para hasta que para. Suena el teléfono mil veces, primer día de trabajo pegajoso (el día)
Es hora de irme a la oficina, me ato los cordones. ¿Por qué están rojos? Maldita sea, me olvidé del dedo cortado y volvió a sangrar. A la hora es como si no hubiera comido, compro papas fritas. Ahora tengo sed, no tengo ganas de trabajar. El teléfono no para. ¿Por qué puse en la casilla de correos “no estoy…vuelvo el 31?” Falta un rato largo para la noche, seguro me pegan cuatro tiros en la esquina. Llego a casa, en la heladera no hay nada, excepto una planta de lechuga, un tomate y una cerveza. Abro la cerveza y después me preparo un café instantáneo, insípido y destructivo. ¡Qué malaria! Seguro que a Mr. Cluni no le pasan estas cosas…



viernes, 28 de enero de 2011

Énfasis

Nunca, pero nunca
Podría lastimarte
Jamás de los jamases
Te mentí
Te amaré siempre for ever
¡lo juro!

Pero si acaso te lastimo
O te miento
O no te amo
No te enojes conmigo

Porque siempre
Pero siempre
¡Mirame a los ojos y decime que no es cierto!
Soñamos
Reímos
Reímos
Soñamos

Lo mismo podría darte
Otro idiota como yo

Pero sin énfasis





martes, 25 de enero de 2011

Amor de mi vida

No me gusta cuando alguien le pone nombre al "amor de su vida" ¿Cómo saberlo sino un minuto antes de morir? ¿Y si en ese minuto final aparece un ser tan delicado y sutil que nos enamora como nadie? Nunca sabremos cual fue el amor de nuestra vida hasta que no llegue la muerte.

lunes, 24 de enero de 2011

Sentidos

A ella se le mojó el audífono
A él se le olvidaron las gafas
Por eso no les quedó más remedio
Que olerse
Gustarse

Y tocarse

domingo, 16 de enero de 2011

El ladrón de Norah

Yo que soy borgeano, siempre sentí recelo de Oliverio Girondo. Es obvio darse cuenta de que el hombre de posición acomodada, seductor y poeta era demasiado para Georgie y su platónico amor por Norah Lange, ese de libros y caminatas. Oliverio la conoció en una fiesta en que Norah había llegado acompañada por Borges y fue éste quien los presentó, como indicando a los amantes su destino inexorable. Al rato de conocerse y ya estando uno al lado del otro, se derramó vino de una botella y Oliverio le prometió a Norah

- correrá sangre entre nosotros.

Y corrió la sangre. De la fiesta, Norah se marchó con Oliverio y nunca fue de Borges. Años más tarde se casaron y el autor de El Aleph, eterno perdedor con las mujeres, continuó enamorándose perdidamente de otras damas.
Cometí el error de tomar partido en el asunto sin considerar las elecciones de Norah Lange. Y así, respeté y gusté de la poesía de Girondo, pero siempre comentando que es un poeta menor y sin comparación posible con Borges.
Esta noche me crucé con dos hermosas poesías de Oliverio y decidí que llegó el momento de perdonarle su osadía. Al fin y al cabo, creo que Dios fue justo en el reparto: para Oliverio Norah, unos versos eficaces, dinero. Y a Borges le reservó la soledad, la ceguera, la inmortalidad.

Claro que no les preguntó a ellos qué hubieran querido elegir.





Puedes juntar las manos

La gente dice:
Polvo,
Sideral,
Funerario,
y se queda tranquila,
contenta,
satisfecha.
Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,
de vida enloquecida.
Ahora es cuando canta
Ahora
y no mañana
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado...
como si no pudiera cantar en otra parte.
¿Comprendes?
Yo tampoco.
Yo no comprendo nada.
No tan sólo tus manos son un puro milagro.

Un traspiés,
un olvido,
y acaso fueras mosca,
lechuga,
cocodrilo.
Y después...
esa estrella.
No preguntes.
¡Misterio!
El silencio.
Tu pelo.
Y el fervor,
la aquiescencia
del universo entero,
para lograr tus poros,
esa ortiga,
esa piedra.
Puedes juntar las manos.
Amputarte las trenzas.
Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.


DICOTOMÍA INCRUENTA

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.





Agradezco a Incal, del blog Usa el reflejo, este reencuentro con Oliverio

miércoles, 12 de enero de 2011

El Resorte

Mi amiga María García Esperón me ha dado una sorpresa. Es que grabó un trabajo mío que no recordaba llamado El resorte, y...saben una cosa? por primera vez me daré la razón. Creo que me está faltando jugar un poco más últimamente. ¿Podría descansar de ser tan serio?
¡Muchas gracias María por este trabajo tan hermoso!




Un viejo resorte llegó saltando hasta mi casa
Lo quise parar y me cortó
Saltando también
Seguí sus pasos
Y los transeúntes me creyeron loco
Aunque empezaron a saltar detrás de mí y del resorte
por la calle Tronador (¿no debió ser Salta?)
Finalmente el resorte se cansó,
o se le acabó el impulso
Y se detuvo en una esquina oscura.
Yo también paré
Y detrás de mí el gran Buenos Aires
Frenó igual que nosotros
Y todos pensamos a la vez:
Fue una pena
Porque era lindo jugar a ser resorte
Entonces los porteños
Tomamos maletines paraguas
bolsos corbatas carteras
Y seguimos siendo grandes que no juegan
Por ahí

lunes, 10 de enero de 2011

El ciego y el borracho

Enero en Buenos Aires, arde. Incluso de noche. Todo el mundo se mueve irritado al compás del calor, con movimientos de insectos atontados. En el fin de la noche se escuchaba el golpeteo metálico del bastón del ciego, inusual a esa hora. Al menos para este cronista, que ve ciegos únicamente durante el día y en lugares menos hostiles. No eran pues una hora ni un sitio tranquilos para el caballero de las tinieblas, entrado en años y que lucía un poco desorientado. Mientras un servidor dudaba en ayudarlo, porque al fin y al cabo la calle nos insensibiliza, por el costado apareció un borracho que, como todo ebrio de ley, luchaba con rabia para demostrar y demostrarse que estaba sobrio. En el centro de una esquina perdida de Buenos Aires, asfixiada por un calor de órdago, este cronista puede asegurar que uno preguntó si estaba perdido, y el otro respondió que sí. Pero la oscuridad de la noche le impide señalar cual de los dos habló primero.



A Miralunas, amiga del Cronista

miércoles, 5 de enero de 2011

Señores Reyes

Lo mío es muy sencillo:

Por favor déjenme conservar todo lo bueno que me rodea. Que de lo malo se ocuparán mi paciencia, mi perseverancia o mi resignación.

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lunes, 3 de enero de 2011

Una poesía

Me pedís una poesía
Y no la tengo
Revuelvo cajones viejos
Papeles nuevos
Y nada
Sigo rebuscando
en fotos amarillas
Recuerdos de hoy
Certeros como una Glock
Que se mece en un columpio

Iré lleno de libros
Buscaré un viejo café
Algo que me despierte
Una poesía para vos
Y será tuya antes que nadie
porque antes, nadie
me la había pedido.