Todo marchaba a la perfección. El Cirujano esperaba su momento detrás de la corona que decía “Tus compañeras de la escuela San Carlos” El Enano se estaba aproximando al féretro. El color de su rostro pasaba de la lividez al rojo furioso y sus ojos tenían un brillo mortal. Parecía Linda Blair a punto de comenzar su show ante el cura joven del Exorcista. El Zurdo estaba en el cuarto de al lado, y no pudo reprimir su sonrisa ante la locura que explotaría en un instante, locura que él había imaginado y organizado. Pero recordó que en sus planes siempre hay un momento de zozobra, en que parece que se va a arruinar todo. Se preguntaba si aquí también ocurriría lo mismo.
- Hola Zurdo! No sabía que eras amigo de la familia. O sos pariente de la finada?
No tuvo que darse vuelta para saber que la voz que salía detrás de la cortina de humo de cigarrillo, de adentro del piloto y de debajo del sombrero era la del Detective, que le sonreía mientras bebía whisky oculto en una taza café. Sintió que un frío se apoderaba de sus piernas.
Por decir algo le soltó:
- estás trabajando?
-Vine a acompañar a Sandy. Era amiga de la Señora. A veces se tomaba un whisky en el VIP de su bar, discretamente, sin que su marido lo supiera.
No hubo más tiempo para la charla. Un ¡¡¡POBRECITAAAAAA!!! gritado como si fuera el día del Juicio Final, llevó la mirada de todos al cajón. El Enano estaba colgado de la muerta, dando patadas en el aire, en un evidente ataque de dolor ante la inexorabilidad del fin. Los guardaespaldas del viudo demoraron una eternidad en salir del estado de shock. No atinaron sino unos segundos más tarde en tratar de sacar al pequeño loco que lloraba y decía ¿¿¿POR QUÉ TE MORISTE??? ¿¿¿POR QUÉ TE MORISTE??? El viudo estaba horrorizado, porque además no conocía al desencajado que le hablaba a su esposa. Incluso sospechó si el pequeño no tendría algún vínculo “diferente” con ella. Cuando reaccionaron, dos de los grandotes tomaron el Enano de sus piernas y comenzaron a tirar de él.
- ¡¡¡NOOOOOO!!!
- ¡¡¡NOOOOOO!!!
Y allí vino el desastre. Aferrado a la mortaja, el tironazo se llevó puesta a la muerta y el féretro se cayó de las cuatro columnas que lo sostenían. La situación fue dantesca. Las ancianas que estaban cerca comenzaron a santiguarse. El viudo no lo soportó y se fue al cuarto de al lado. Todos los guardaespaldas estaban desenredando al Enano, que además daba fuertes puñetazos. En el tumulto y con el detective detrás, el Zurdo no vio al Cirujano. El plan fue tan bueno que ni él, que lo había trazado, tuvo tiempo de ver al ejecutor. Apenas alcanzó a ver una sombra saliendo por la puerta principal. Lo habría hecho?
La calma se había recuperado. Incluso le habían acercado un vaso de agua al Enano. Todo el mundo estaba impresionado con él, por la muestra de amor, cariño o lo que demonios fuera que tenía con la occisa.
- Si querés yo te doy…
- Olvidate! Ni siquiera quiero saber qué se llevaron. Yo soy Detective Privado, no policía. Y acá estoy acompañando a Sandy. Eso sí, lo que sea que te estás llevando, no lo liquides rápido. Porque si el viudo se da cuenta y me contrata para que lo recupere, me lo das en un minuto. Está claro?
- Por supuesto, Detective.
El velorio estaba llegando a su fin. Un tipo parecido a Vincent Price dijo lo de siempre:
- Por favor, familiares y amigos, ¿pueden tomar el féretro de las manijas?
Fuera de libreto y con pasos cortos, alguien se adueñó de la última de la izquierda. Los siete portadores estaban desparejos, y el cajón quedaba ligeramente ladeado.
- Una mirada espantada del viudo fue suficiente esta vez, y de inmediato dos gigantones despojaron al Enano de la manija de bronce.
- Por qué no puedo llevarla… ¿¿¿ POR QUÉ NO PUEDO LLEVARLA??? dijo el Enano mientras cruzaba un derechazo sobre el ojo del urso que estaba más cerca de él.
El Zurdo ya iba a ganar la calle, pero aún tenía dudas sobre la parte del Cirujano, si habría podido hacer su trabajo. Es que el Enano se había pasado, como siempre, y a lo mejor no pudo. El féretro era de esos que tienen un pequeño visor a la altura del rostro, y al Zurdo se le dio por darle una ojeada, buscando alguna clave. Extrañamente, la cara no tenía rigor mortis. Tenía como una pacífica semi sonrisa. No había dudas. El Cirujano había pasado por allí.
A Miralunas, que con muñeca perspicaz suele adivinar cosas.


.jpg)


1939 - Liv Ullman (FOTO), actriz.




