domingo, 16 de marzo de 2008

Guia para tomar café


¿Tomamos un café ? Aquí todavía se puede. En Estados Unidos he notado que no, salvo que lo bebas caminando o en un supermercado. El mozo, impaciente, viene a preguntarte si querés algo más, y si le decís que no, te trae la cuenta… ¡sin que se la pidas!
En Buenos Aires, en algunos lugares, todavía se puede. Ojo, sólo en algunos, porque hay muchos cafés que dan almuerzo, y a las once y media invaden las mesas con manteles, platos y copas tan grandes que podrían albergar un acuario; tu pedido de café no será bien recibido.
En otros, la chica al ver que terminaste se acerca sin que la llames, y amablemente te pregunta si puede retirar las cosas. Al llevarse el plato, el vaso o el pocillo de café para que vos “estés más cómodo” en realidad te deja como desnudo ante la inhóspita mesa, que empieza a agrandarse... Entonces, o pedís otro café para vestirte, para defenderte, para legalizarte, o bien emprendés la retirada. Hice la prueba, y es difícil aguantar mucho ante la mesa vacía.
Por suerte hay bares sin nombre donde el café único que tu economía o tu deseo pueden pagar no molesta.
Pero seamos honestos, a veces los clientes no ayudan. Con el diario por ejemplo. Probá una mañana cualquiera en un bar del centro. El truco es comprar el diario en la esquina, leerlo un rato, y luego dejarlo distraídamente en tu mesa. En menos de cinco minutos aparecerá un señor impecablemente vestido, o una señora muy correcta, y ya tomando con su mano TU DIARIO, te hará el cumplido de pedirte permiso para llevarlo. No será poca la sorpresa que sentirá cuando le digas que el diario no es del bar, que es tuyo, que lo compraste, y que sale más barato que el café que ellos sí están dispuestos a pagar.
Cuidado con los bares donde al café le agregan masitas, alfajorcitos o galletitas. Si los ves en otras mesas antes de sentarte, no lo hagas. Si a media mañana empiezan a poner los manteles, andate, aunque vayas de tarde. No serás bienvenido.

Volvamos a esos bares de nombre que nadie recuerda, que no figuran en ninguna guía turística ni en los barrios de moda. Llevate ese libro que no te deja en paz y leelo tranquilo, que el viejo mozo jamás vendrá a preguntarte si querés algo más, la cuenta o a decirte que están por cerrar!!. Pero por las dudas y no sea cosa que te sorprenda un cambio de firma, estate atento a esos detalles que te di.

8 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Bien, no soy persona de pasarse mucho tiempo en un bar, café o restaurante, rara vez los hago, así que no creo que me pueda encontrar en alguna de las situaciones que apuntas. De todas maneras, cierto que es una tranquilidad y una gozada poder sentarte en un lugar, con tu té o tu café y estar el tiempo que necesites, sin que nadie te moleste.

Un abrazo,

Marcelo dijo...

Gracias Mari Carmen! Bienvenida

Anónimo dijo...

Cuánta verdad hay en tus palabras, pero me pregunto, además de los bares que rodean las facultades, cuántos más te permiten permanecer horas enteras con sólo un café? Es allí donde entienden que la economía debe ser austera y que probablemente pedir algo mas sería casi un milagro. Pero ojo! Este único café es un privilegio del que gozan aquellos que despliegan algún libro, apunte y/o revista con resaltador en mano...Besos!

Marcelo dijo...

Es verdad, en esos bares cerca de la facultad se puede.Estuve en ellos leyendo libros que no son de estudio y no tuve problemas. Yo creo que tampoco hay problemas donde no tienen clientes "fijos", como ser los bares del microcentro, o en shoppings, o turísticos. Si te vas a algún bar de barrio, no vas a tener problema seguro!!!
Muchas gracias por tu mensaje!

Soledad Sánchez M. dijo...

En mi ciudad, se dice que exsiste la mayor proporción de bares por habitante de toda España.
El rito del café de media mañana es sagrado: cafecito, vaso de agua, tapita (un bocado apetitoso, salado siempre -tortilla, patatas bravas-) y el periódico DEL BAR. Eso sí, se dá por hecho que el ritual ha de cumplirse en quince o veinte minutos como máximo (e tiempo de descanso e el trabajo).
Quien puede tomar el café de sobremesa, lo hace casi siempre en compañía, y se extiende la charla hasta una hora.

El cafecito es uno de mis pequeños placeres cotidianos.

Un beso.

Soledad.

Marcelo dijo...

Gracias Soledad por esos datos! Deseaba saber si existía ese rito en otros lares...
Un beso!

Selma dijo...

Sin café no hay buen despertar... Me ha encantado esta Entrada, por aquí pasa más o menos lo mismo, y sí, me quedo en este último bar, para leer, charlar...

Un beso Marcelo.

Aurora dijo...

Pronto será el aniversario...
yo que vos lo celebraba con un buen café