miércoles, 19 de marzo de 2008

Nuestro Padre Querido



Ya es madrugada en la dacha, y las risas de los cuatro invitados se interrumpen. El anfitrión ha dicho “…no se sientan tan seguros…”
¿Eso dicho por EL, el genio de la intriga, el brutal admirador de Iván el Terrible? ¿qué otra cosa puede querer decir que una nueva purga, otra riada de conspiradores asesinados?
La velada había sido excelente, el film en el Kremlin, la comida y la bebida, aunque EL, como siempre fue frugal y no probó el alcohol, y justo antes de terminar, la amenaza.
Se van todos y EL JEFE queda solo. Le dice a sus sirvientes y a la guardia que se va a acostar, que no los necesita más…es muy extraño eso, siempre vive rodeado de asistentes pero, quién se atreve a contradecir al ABANDERADO DE LA LUCHA POR LA FELICIDAD FUTURA DE LA HUMANIDAD? ¿Su ayudante Tukov? ¿La sirvienta? ¿Puede alguien osar a desafiarlo diciendo que esa orden no es habitual?
¿Y a la fría mañana siguiente? ¿Quién se atrevería a entrar sin su llamado? Pasan las horas, y ninguna orden de LA LUZ DE LA ESPERANZA llega desde la recámara… ¿Qué hacer entonces?
Nada, dice el jefe de la custodia, esperemos mientras le aviso a Beria, esperemos a que lleguen él o el Correo…
Primero llega el Correo y lo hacen pasar directo al cuarto de LA LUZ DE LOS TRABAJADORES OPRIMIDOS. Tareas siempre riesgosas para el
mensajero… ¡lo encuentra semi inconsciente! ¿Dónde está Beria?
¡es el Jefe de la Policía Secreta! ¿por qué no llega ninguno de los otros invitados de la víspera?
Finalmente aparece Beria, luego los demás comensales: Malenkov, Bulganin y Jruschev… ¡este último siete horas después de enterado del mal que aqueja al LIDER BIENAMADO y pese a estar tan cerca!
¿Y los médicos? Aun nadie los llamó. Beria insiste en que el PADRECITO DE LOS PUEBLOS descansa plácidamente… ¿Qué espera él? ¿Qué esperan todos? Las horas siguen pasando…Casi 48 horas después de ser visto conciente por última vez llegan los médicos. Están temblando, saben que tienen que revisar a Koba, EL DIOS VIVO, y Beria estará cerca…Un diagnóstico equivocado y estarán muertos pero, ¿equivocado para quién? Siguen temblando, no pueden quitarle la camisa…¡Lo hacen con unas tijeras! Tímidamente y sin dejar de temblar, uno de los médicos dice: "Lesión en un vaso sanguíneo, imposible operar" EL HOMBRE DE ACERO ya es un anciano, ha tenido antes tres hemorragias cerebrales…
Beria parece haber perdido el juicio. Cuando abre los ojos EL GENIAL PENSADOR, le suplica que hable y le demuestra todo su amor, pero cuando vuelve a perder el sentido se ríe, y da todo tipo de indicaciones para el día después…Incluso ha convocado al Politburó y frente a éste, le ha gritado, casi le ha ordenado:
“Todos los miembros del Politburó están reunidos aquí. ¡Por favor di algo, Yósiv Vissariónovich!”
Al cabo de cinco días de agonía y casi sin atención médica, el georgiano que dominó a los rusos; el hijo de un zapatero alcohólico y una sirvienta analfabeta; el ex seminarista; el hombre que transformó a la Unión Soviética en una potencia con la sangre de millones de campesinos, soldados, camaradas, profesionales, y de cualquier persona que se cruzase en su camino o ni siquiera eso, sólo porque podría ser un “futuro enemigo”; el hombre que dijo que “Una única muerte es una tragedia, un millón de muertes es una estadística”; el hombre que cambió literalmente su historia y la historia del siglo XX, ha muerto.
Ha muerto Yósif Vissariónovich Dzhugashvili. Ha muerto Stalin, ¡NUESTRO PADRE QUERIDO!

2 comentarios:

Xavi dijo...

Marcelo, realmente has transmitido muy bien la tensa atmósfera que se debió respirar con la muerte de Stalin. Recientemente, a raíz del 55º aniversario de la muerte del dictador, vi un documental sobre sus últimas horas en el que tu relato encaja perfectamente.

Marcelo dijo...

Gracias Xavi! La verdad es que este año he descubierto con mucho interés todo lo concerniente a la Union Soviética y Rusia, que como bien citas en tu blog, es "un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma" Seguiré atento entonces a lo que aparezca en www.sovietrussia.es
Un abrazo