miércoles, 21 de julio de 2010

Manual de pequeñas estafas, engaños y chascarrillos

"No hay crímenes pequeños" Dijo el ex alcalde Giuliani, y empezó a limpiar Nueva York a palazos. La verdad es que puede que tenga razón, pero...¿Qué sería del ser humano sin las pequeñas infracciones? Por ejemplo, pensemos en ese oficinista que fuma marihuana. No quiere drogarse, sólo busca elevar un poco su autoestima, porque fumando frente al espejo no ve al tipo de saco y corbata que es sino a un peligroso consumidor de hachís. Luego del porrito regresa a su escritorio y trabaja felizmente otras 32 horas.
O aquella señora que intenta evitar la fila del banco, pidiéndole prestado el hijo de un año a su hermana para que le cedan el lugar y así volver más rápido a mirar TV a su casa.
La psicología humana es insondable y no la vamos a descubir aquí. Tampoco la juzgaremos. Los que integramos La Menor Idea tenemos una visión estética de la vida, no moral. Y dentro de nuestro código consideramos detestable que hoy, en pleno siglo XXI, haya personas que para vivir la vida "intensamente" hagan los mismos trucos que nuestros abuelos, tratando de pasar el billete falso que recibieron esta mañana en el bar comprándole flores a la abuelita del puesto de la esquina. O los caballeros que le ponen un calco que dice "MEDICO" a su vehículo para estacionar en cualquier lado, y no pasaron el cuarto grado de la escuela.


Por eso le presentaremos pequeños trucos novedosos, que no solamente hemos patentado sino también probado en el mismísimo terreno de la ciudad de Buenos Aires, para que lleguen a la mesa del consumidor debidamente probados y con garantía ISO 10.000. No necesariamente tienen fines de lucro, muchas veces también es para resaltar la parte lúdica que tenemos todos, el niño que llevamos dentro, que suele estar al lado del enano fascista que también tenemos dentro y arriba de nuestra parte femenina (los hombres) o masculina (las mujeres) ¿Han pensado todas las personas que viven dentro nuestro? Ni que fuéramos Linda Blair. Me pregunto dónde terminará ubicado nuestro hígado con semejante superpoblación....


LA IMPORTANCIA DEL MOVIL: En todos los casos es imprescindible llevar un teléfono celular. Siempre genera duda o produce distracción. Si es costoso o llamativo, mejor. Veamos las tres rutinas que preparamos para Ud.


1) En el restaurant, "el enojado"
En 1.930 más o menos se estilaba que fueran cuatro muchachones a comer, se sentaran en la mesa más próxima a la puerta y previo sorteo se fueran retirando de a uno, a paso nervioso, con la finalidad de no pagar la adición. El último literalmente salía como si estuviera corriendo el Derby de Inglaterra. Los mozos, conocedores del truco, ni bien entraba un cuarteto que enfilaba a la mesa de la puerta alegaba que estaba reservada y los destinaba otra, ubicada al lado del cocinero. Como además no tenían un peso, terminaban presos, lavando platos o con un ojo en compota.
Truco LMI: Lo que le ofrece La Menor Idea, querido lector, es algo diferente. En primer lugar debe ir con su pareja, en lo posible los dos de punta en blanco. Es mejor que su acompañante no esté al tanto de lo que va a suceder, así disfruta plenamente de la cena y no despierta sospechas. Ya pasó la entrada, el plato principal, el postre. Tomaron un buen vino y pidió la cuenta. El mozo se la trae en ese librito de cuero que no permite ver nada de lo que hay adentro. Son $320. Ud. saca cuatro billetes de cien pesos tomando mucho cuidado de que el mozo lo vea desde lejos. Ya se acerca el garçon a retirar el dinero y suena su teléfono. Ud. se enfrasca en una conversación difícil. Incluso puede subir el tono de voz. El mozo intenta retirar el libro con el dinero pero Ud., enojado y distraído por causa de la charla apoya una mano encima de la cuenta y no lo deja llevársela. El mozo espera que termine la conversación, pero la conversación no termina. Entonces lo llaman y va a la cocina a buscar otro pedido. El garçon se queda tranquilo porque vio los cuatro billetes de cien adentro de la adición. Ud. se levanta, pasa por su lado, le avisa que el dinero quedó adentro, que el vuelto es de propina, lo saluda y se va. Con el dinero en el bolsillo, claro. Por las dudas, cuando haya ganado la calle, corra o tome un taxi. A su pareja le dice que hay que huír porque acaban de entrar asaltantes al restaurant. No se quede mirando vidrieras en la misma cuadra porque puede ser peligroso. Y tampoco repita el truco en el mismo restaurant. Plazo de utilidad del truco hasta que lo descubran los propietarios de restaurantes: un mes.


2) Para orinar en la calle "el workaholic"
Ud. viene por la calle y no puede entrar a ningún lado solicitando un excusado, por el motivo que sea. O tal vez, está un poco alcoholizado y quiere recordar su época de adolescente. Entonces decide orinar en la vía pública. Pero si lo hace de la manera tradicional, probablemente lo lleven preso.
Truco LMI: se coloca entre dos autos, sobre la vereda (acera) como si estuviera a punto de pasar entre ellos. Con la mano derecha toma su teléfono y empieza hablar a los gritos. Con la mano izquierda toma su miembro y procede a realizar la micción. Pueden surgir dudas sobre qué tomar con cada mano según se trate de un diestro o un zurdo, o según la escala de valores de cada uno. Las estadísticas de LMI señalan que la gente tiende a tomar con su mano hábil el bien más valioso de los dos, y en general es el teléfono de última generación. Como Ud. habla a los gritos la gente lo mirará a la cara, no hacia abajo (tampoco había la gran cosa para ver allí) pero si a pesar de todo alguien ve lo que está haciendo y lo reconviene, siempre queda la alternativa de alegar stress laboral y que están a punto de echarlo. No faltará quien se ofrezca de "campana" para que ud. termine la operación con total tranquilidad. Plazo de utilidad del truco: indefinido. ¡Atención! No está suficientemente probado para mujeres. Zona de riesgo: que aparezca el dueño de uno de los dos vehículos en plena operación.


3) Un famoso en el hospital
Ud. vive cerca de un exclusivo Centro de Salud en el que se atienden políticos, actores y deportistas. Casi todas las semanas se apostan decenas de periodistas y cámaras de televisión y Ud., cansado, debe pedir permiso para abrirse paso y así llegar a su hogar. Todo eso lo tolera. Lo que no tolera es el curioso que se acerca y le pregunta a Ud. quien está internado. Ud. no sólo que no tiene la menor idea de quién se trata sino que además no le interesa saberlo. Pero aproveche y disfrute. No le diga que no lo sabe. Nómbrele a cualquier famoso que se le ocurra. Por ejemplo le dice "internaron a Maradona" Puede hacer dudar incluso a los periodistas que están allí de guardia. Y si quiere subir la apuesta, puede mencionarle a alguien que haya muerto hace poco o que sea imposible que esté en la ciudad. Es ideal para estos casos decir que está internado Luis Miguel, complicado por una fiesta sexual que se hizo en medio de una lipoaspiración, adonde no faltaron barbitúricos mezclados con alcohol y bifes de chorizo. Inmediatamente "responde" su celular y se retira de la escena. Alguien no sólo que lo creerá, sino que además lo agrandará y repetirá


Querido lector: si su vida es un desastre y está completamente abatido, haga lo que tenga que hacer que no lo detendremos. Pero si está buscando pequeñas emociones, esas que le hagan sentir que Ud. no es quien es sino quien quiso ser, estos pequeños trucos pueden alegrar el gris de sus días. Eso sí, no lo haga en Nueva York. Porque viene Giuliani y lo muele a palos...







AVISO LEGAL La Menor Idea no comparte nada de lo que aquí se ha dicho por incurrir algunas de las conductas en tipos previstos por los códigos penal y contravencional (Se trata simplemente de una jodita)

16 comentarios:

Mariela Torres dijo...

A partir de la frase: "Y dentro de nuestro código consideramos detestable que hoy, en pleno siglo XXI, haya personas que para vivir la vida "intensamente" hagan los mismos trucos que nuestros abuelos", me interesó vivamente, porque si hay algo que quiero son novedades, nada de trucos antiguos, qué es esto señor mío, ¿no hay creatividad?, por eso me gustó.

Saludos.

esteban lob dijo...

¿Una "jodita"?
Jajaja, Marcelo. Gran jodita.
Pero, a estas alturas de la vida, yo ya no tendría coj...para hacerla.
(Creo que antes, tampoco.)

Un abrazo.

miralunas dijo...

anotado! se agradece tal aporte a la cultura popular! la del restaurante esta buenísima!

se le lee muy suelto, cronista!

Juan Secaira dijo...

hace tiempo conocí a un viejo de unos 50 años con mucha labia, que decía tener auto (resultó ser de la tía) y que embaucaba muchachitas, les aseguraba que tenía una óptica, cuando en realidad únicamente era un vendedor de cercos, y cuando iban a hacer compras con cualquiera de las incautas, justo antes de pagar decía: uyy, me olvidé de tomar el shampoo y corría a los estantes, mientras tanto la chica pagaba, pues la gente de la fila le presionaba por el tiempo.
Lo malo es que esos trucos le duraron poquito, hasta que la tía se aburrió, el dueño de los cercos le pasó una cuenta altísima y las muchachas le vieron llorar como un patético.
saludos, gran post.

María Eugenia Mendoza dijo...

Querido Marcelo:
Me hiciste recordar los malos momentos que pasábamos cuando "clientes" del pequeño negocio familiar de comidas que mi madre puso al quedar viuda, aplicaban diversos trucos para no pagar sus consumos. Ahora me dan risa, pero en aquellos momentos, para qué te cuento.
Pero nostalgias aparte, este manual es una joya de narrativa. Si una cena para dos cuesta 320 pesos argentinos (no sé cuántos mexicanos) seguro que con lo que paguen los otros clientes la casa no pierde. Por otro lado, me ha dado mucho risa ese dato estadístico sobre la mano usada para los bienes más valiosos.
Un abrazo grande.

salustiana dijo...

Santo dios Marcelo, y yo creyendome una auténtica delincuente por pasearme con las tetas al aire delante de mi ventana, a fin de provocar a mis vecinos. Me encanta verles la cara de sorpresa. Pero visto lo visto, lo mío no es más que una pequeñez de colegiala. Es usted un peligro público, jajajajaa. Saludos de mis puercos¡¡¡

Cristina dijo...

Su "Manual de pequeñas estafas, engaños y chascarrillos" era el libro que faltaba en mis bibliotecas. Colocaré el ejemplar entre la jurídica y la de verdad.
Destaco el servicio de advertir sobre Giuliani, la Tolerancia 0 y las normas penales. Especialmente porque vivo en una provincia con pretenciones de Intolerancia 100, y con alguno que otro dirigente de mano dura y cabeza durísima, que todo el tiempo escriben con faltas y sin falta nuevos proyectos penales(aunque no atajen ni un penal, pero eso es otro punto).
Como soy de las nostálgicas, no puedo sustraerme a eso de vivir intensamente repitiendo los viejos trucos de la infancia, pero ahora con más desparpajo y el sustento doctrinario de este Manual, tan útil.
Estoy pensando, por ejemplo, en pisar baldosas flojas después de haberse lavado la vereda, mientras se camina discutiendo por el celular un tema importante, a viva voz. Se caminará con paso enfático, y se pisará la baldosa clave con efecto, de modo que con fuerza salpique de agua sucia al señor de impecable y largo sobretodo camel, que antes de ir a la oficina lleva a su perro a mear canteros ajenos.
Imitando al perro, le cuento que pienso aplicar su truco LMI para orinar en la calle -el workaholic- para arruinarle el zaguán a la Sra. M. que lo encera dos veces por día y es un espejo negro que invita a ser arruinado. Bastará que al pasar se me caiga una carpeta y se desparramen varias fojas, lo que me obligará a agacharme y efectuar el truco sin problemas (aporte con perspectiva de género: ese mal hábito callejero no tiene porqué ser exclusivamente masculino!!!)
Usted siempre novedoso y tan práctico!
¡Muchas gracias!

Merche Pallarés dijo...

Me he reido un montón con este post transgresor. Recuerdo que cuando teníamos "La Familia" en Ibiza y yo era la cajera del restaurante, unos franceses muy habilidosos, no sé cómo, pagaron la cuenta pero me dijeron que habían dado X dinero. Yo sabía que no era cierto, que me habían dado lo justo pero en esa confusión, ellos, muy dignamente, me dijeron que esperaban el cambio. ¡Sabía, deep down, que me estaban tendiendo una trampa! Pero con las prisas y las aglomeraciones del restaurante, les devolví lo que me pedían. Total, que no me pagaron sino que se fueron ¡con más dinero! los muy cabroncines/boludos... Eso solo me pasó una vez. Nunca más. Besotes, M.

Claudia Sánchez dijo...

¡Jajaja! me encanta porque, si están probadas, como garantiza, puedo imaginarme las situaciones... y la del "workaholic" es simplemente genial. Oiga, usted no estará haciendo apología del abuso del celular nó?
Saludos!

SIL dijo...

¡Las estadísticas de LMI señalan que la gente tiende a tomar con su mano hábil el bien más valioso de los dos, y en general es el teléfono de última generación!!!!

:DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD


APOLOGÍA DE LA VIVEZA CRIOLLA

de lujo !!!!

Sin incurrir en tautologías, sencillamente brillante, Marcelo.

Beso inmenso.

SIL

Luna dijo...

Quien no le ha mentido a un policía para evitar una multa, o al farmaceutico para que te venda algo sin receta, o al tintorero para que te entregue lo que dejaste cuando perdiste la boleta...


En fin, somos aprendices de mentirosos.

Besos

ALE. dijo...

Advertencia solidaria para todos los hombres de la ciudad de Buenos Aires que ya se agendaron "el workaholic" : anda por la zona un tal gaucho Rivera, que no está interesado en ningún celular, él va cueste lo que cueste por lo otro...

Marcela dijo...

Yo nunca quiebro las leyes. No, no es porque sea buena persona: soy cobarde.

Y ese aviso legal no sirve: si me animo y hago algunos de tus trucos y voy presa, nombro tu blog enseguida!!

Besos!

Cecy dijo...

Esta muy buena la picardia del restaurant... (mire dije picardia).
Usted cualquier cosa me consigue un buen abogado?

Las demás paso, me da cosita, y sobre todo con este frio hacer pipi en la calle, que feito.

jajajaja

Un beso.

Quidquid dijo...

Hola Marcelo:
He estado unos días fuera y hoy paso solamente para desearte un buen fin de semana,
Luis

miralunas dijo...

un maestro el hurgador, un romántico, un sempiterno caminador, mi preferido.

por él estoy acá.

gracias