miércoles, 14 de julio de 2010

De las cucarachas boca arriba: recurso literario y cosmovisión

Dimos cuenta hace un tiempo del riesgo que conlleva escribir sobre cucarachas: recibir el mote de kafkianos, y lo que es peor, en sentido negativo, es decir que no sea kafkiana la literatura de quienes las abordamos como tema sino nuestra mente (claramente enferma para el calificador) Redondamente lo que nos quieren decir en tal caso es que estamos locos, o bien somos drogones que recuerdan a Poe por la simple utilización de un gato negro en un relato de morondanga. Y eso que el Sr. K. nunca dice cucaracha…Empero, haciendo caso omiso a tan injustas calificaciones (porque cualquier mortal está a un trillón de cucarachas de distancia de don Franz, sea en su literatura, sea en su mente) como me resultan simpáticas acometí una historia sobre el encuentro de un tipo con una Cucaracha Agonizante, quien debe su apelativo justamente al desgraciado episodio de haber quedado boca arriba involuntariamente.

Esto merece una pequeña digresión: ¡cruel destino que se vale de un ventarrón, una artera patada o de una contextura física negativa para dar vuelta contra su voluntad a un inocente animalito de Dios! Creo que es un hecho comprobado que el mayor peso de este insecto se encuentra arriba, por causa de su caparazón. Quien tenga alguna duda respecto de este aserto, con el sencillo expediente de rebanar una cucaracha por mitades se la saca (la duda)
Deberá el incrédulo cortar al ex coleóptero en forma horizontal (visto en su posición tradicional) para lo cual es mejor utilizar uno muerto. Esto le evitará la queja de las sociedades protectoras de animales (¿tendrán una “Subdvisión Insectos”?) También le ahorrará una fuga cucarachil. Una solución intermedia es arrancarle las patitas antes de proceder a la incisión, pero no lo aconsejo por la crueldad que implica. Luego simplemente deberá pesar ambas mitades. Una balanza de alta precisión demostrará sin atisbos de duda que la parte superior es más pesada que la inferior.
Me puse a reflexionar sobre las ventajas y desventajas de tener el caparazón del lado de arriba, ya que si bien defiende a la cucaracha de posibles agresiones la convierte en una pluma de bádmiton, cayendo casi siempre de la misma forma: boca arriba.
Se me dirá que si el pesado caparazón estuviera debajo, de nada la defendería. Es verdad, pero lo cierto es que así moriría siempre de pie, como el árbol de la obra de Casona (1) O al menos en la posición para la que fue concebida.


Volviendo a las cucarachas como recurso literario, boca arriba o boca abajo, me alegró no estar solo frente al descomunal insecto kafkiano. Y así fue que me encontré con Gombrowicz, quien en su “Diario Argentino” nos cuenta lo siguiente:

Me ocurrió ayer… Debo decir que nada puede igualarse, en ciertos aspectos, en cierto modo, con el horror del dilema que viví… Me encontré en la situación en que lo humano que hay en uno debe vomitar… Podría decirlo. Puedo atormentarme o no con esto, en realidad sólo depende de mí.

Estaba acostado bajo el sol, estratégicamente situado en la cordillera que forma la arena acumulada por el viento en el extremo de la playa. Son unas montañas de arena, dunas, ricas en colinas, vertientes, valles, un laberinto curvilíneo y polvoriento, en algunas partes coronado por un arbusto que vibra bajo el inesante empuje del viento. A mí me protegía una Jungfrau bastante alta, notablemente cúbica, altiva, pero a unos diez centímetros de mi nariz empezaba el ventarrón que azotaba sin tregua un Sahara quemado por el sol. Unos escarabajos – no sé cómo llamarlos – erraban penosamente por ese desierto, con fines ignorados. Y uno de ellos, al alcance de mi mano, yacía patas para arriba. Lo había volteado el viento. El sol le quemaba el vientre, lo que tenía que ser particularmente desagradable si se toma en consideración que ese vientre suele permanecer moviendo las patitas, y sabía que no le quedaba sino ese monótono y desesperado movimiento de las patas… ya desfallecía, quizás llevaba así muchas horas, ya agonizaba.
Yo, gigante inaccesible para él, con una inmensidad que me hacía ausente para él, miraba ese movimiento… alargué la mano y lo libré del suplicio. Se puso a caminar hacia delante. En un segundo había vuelto a la vida.
Apenas lo había hecho, cuando vi un poco más allá a otro escarabajo idéntico al anterior, en idéntica situación. Movía las patitas. Y el sol le quemaba el vientre. No tenía ninguna gana de levantarme… Pero, ¿por qué salvar a uno y al otro no? ¿Por qué a aquél, mientras que a éste…? Hiciste a uno feliz, ¿pero tiene que sufrir el otro? Tomé una ramita, alargué la mano…lo salvé.
Acababa de hacerlo cuando ví un poco más allá a otro escarabajo idéntico, en posición idéntica. Movía las patitas y el sol le quemaba el vientre.
¿Debía transformar mi siesta en un servicio de socorros de emergencia para escarabajos agonizantes? Pero ya me había familiarizado demasiado con ellos, con su ridículamente indefenso movimiento de patitas… y comprenderán quizá que si ya había empezado a salvarlos no tenía derecho a detenerme precisamente en el umbral de su derrota… demasiado cruel y en cierta forma imposible, imposible de cometer…¡Bah! Si entre aquél y los que había salvado existiera alguna frontera, algo que me autorizara a desistir… pero no había nada, solamente diez centímetros de arena más, siempre el mismo espacio arenoso, "un poco más lejos" es verdad, pero solamente "un poco". Y movía las patitas de la misma manera. Sin embargo, después de mirar a mi alrededor ví "un poco" más lejos a cuatro escarabajos moviendo las patitas, abrazados por el sol… no había remedio, me levanté y los salvé a todos. Se fueron.Entonces apareció ante mis ojos la vertiente deslumbradora-calcinante-arenosa de la loma vecina y en ella cinco o seis puntitos que movían las patas: escarabajos…
Obvio es señalar que el infierno que vivió don Witoldo muy lejos está de la nimiedad que resulta levantar solitarias cucarachas o primos carnales de éstas: los escarabajos. El polaco es récordman. ¡enderezó cientos de insectos en medio de un sol abrasador por el dilema moral en que se vio metido!




También Cortázar se refiere a ellas en su cuento “Tía en dificultades”. Allí relata la historia de esta parienta que teme caerse de espaldas. Nunca entendieron este curioso miedo hasta que…”mi hermano el mayor me llamó por la noche a la cocina y me mostró una cucaracha caída de espaldas debajo de la pileta. Sin decirnos nada asistimos a su vana y larga lucha por enderezarse, mientras otras cucarachas, venciendo la intimidación de la luz, circulaban por el piso y pasaban rozando a la que yacía en posición decúbito dorsal. Nos fuimos a la cama con una marcada melancolía, y por una razón u otra nadie volvió a interrogar a tía; nos limitamos a aliviar en lo posible su miedo”
¡Señoras y señores! o mejor dicho señor y señora (2) Gracias a las cucarachas me veo subido a un mismo bote no sólo con Kafka sino también con Gombrowicz y Cortázar, lo cual no es poca cosa para un obrero de las letras como yo (3)

Y eso me permite asegurar, sin temor a la grandilocuencia, que el mundo está dividido entre dos clases de personas: las que son sensibles a la bocarribez de una cucaracha, y las que no. No tengo ninguna duda de cual de estos dos bandos en pugna será recibido en el paraíso. Deseo que tú, querido lector, estés del lado correcto.


(1) Obra de teatro que no vi ni leí, porque siempre me pareció una tortura insoportable para cualquier ser vivo no poder desplomarse, exangüe, en el momento de la postrera exhalación. Dicha sensación no me abandona ni ante la utilización poética de la figura.
(2) Sospecho que a esta altura del extenso relato, en el mejor de los casos me quedan uno o dos abnegados lectores, posiblemente entomólogos y poetas. Podremos comprobar este aserto no rebanando una cucaracha, sino de modo más sencillo: el valiente lector que haya llegado al final de la entrada y desee comentarla deberá empezar diciendo “¡Marcelo! ¿estás triste? Arriba ese ánimo. ¡Tu historia me recuerda claramente a Kafka!" (y luego seguir con su concienzuda reflexión) No tengo ninguna duda que el número de comentarios se acercará peligrosamente a cero, con o sin esta introducción. No importa. El éxito y el fracaso son dos impostores que no me preocupan (en cambio el dinero, sí)
(3) Seguramente la metáfora aterrizó aquí en forma inconsciente, por causa de otro clásico animalito: la abeja.

29 comentarios:

Cristina dijo...

Su planteo, en exquisito formato literario, es filosófico, existencial.
La cucaracha habita la Tierra hace 300 millones de años ( 55 millones de años antes que los primeros dinosaurios!), y mientras el planeta era escenario de severas transformaciones, ella persistió sin cambiar sustancialmente de apariencia.
Y esto es lo que inquieta.
A la cucaracha no se le perdona la coherencia. Irrita su obcecada insistencia en seguir siendo cucaracha. Incomoda su empecinada negativa a disfrazarse de escarabajo, cerrándose a la posibilidad de convertirse en objeto de adoración o decoración. Molesta su pertinaz resistencia a todo lo que implique alterar su esencia y su apariencia. Y aunque el discurso dominante se refiera a ella como única, son millones las cucarachas que no sólo se empecinan en seguir siéndolo, sino que además se reproducen con convicción.
Su caparazón -que la protege de las agresiones del afuera y del que puede alimentarse cuando ya no le queda nada para subsistir- no deja de ser un peso. Un ventarrón, una artera patada o un descuidado paso en falso, la pone patas para arriba, y en segundos la ancestral superviviente deviene agonizante.
El momento crucial de una cucaracha es sin dudas ese que impone un drástico cambio de perspectiva, el dejar de mirar el suelo y abrirse al cielo infinito sin otra protección que su instinto.
La bocarribez -que usted define y nombra con magistral pericia- marca el destino de la cucaracha: muchas recibirán el drástico pisotón, el aliento letal del aerosol, el certero golpe de escobillón con barrido final.
Y otras muchas, muchas más , encontrarán la vuelta de la mano de un Kafka, un Gombrowicz , un Cortázar, un Hombre Corcho. Hombres con su misma vocación de persistencia, con idéntica convicción por mantener su esencia en su apariencia: hombres-cucarachas.

¡Marcelo! ¿estás feliz? ¡Tu historia me recuerda claramente al Hombre Corcho!

SBM dijo...

“¡Marcelo! ¿estás triste? Arriba ese ánimo. ¡Tu historia me recuerda claramente a Kafka!"

Ya Aristóles lo proclamaba a los cuatros vientos, la reflexión analítica y el método empírico son los únicos que pueden construir válidamente el conocimiento. ASí, que, y no es que no me fie de tus palabras, busqué una cucaracha. No fue cosa fácil, pero debajo del frigorífico conseguí un maravilloso ejemplar hembra (también fue difícil mover el electrodoméstico citado, no se crea usted). Ahora se sorprenderá de mis conocimientos sobre la materia y cómo averigué el sexo del insecto, muy fácil señor mio: por la mirada.

También fue difícil llevarla a la mesa de disección, se movía frenéticamente la probrecita por la palma de mi mano cayendo varias veces de lo que sin duda es una gran altura para el blatodeo

Sujeta por finos hilos y debidamente anestesiada por un dedal de guiski, sujetaba yo el bisturi y.....

No tuve corazón marcelo, me conmovió su mirada.... A la tumba Aristóteles que era un hombre sin sentimientos.

Marcelo dijo...

Cristina, SBM, estoy llorando, pero de felicidad. La ciencia siempre triunfa. Desde mi laboratorio predije dos comentarios: uno de una señora, otro de un señor. Y aquí los tengo.
Seco mis lágrimas en mi guardaplovo blanco, la ciencia siempre triunfa, aunque sus descubrimientos sean casuales: no sé cual de ustedes es el entomólogo y cual el poeta, aunque tal vez sean ambas cosas. ¿Cómo no admirar la erudición del comentario de Cristina, que completa nuestros conocimientos cucarachiles? He ahí una ciientífica o una historiadora de la ciencia de las cucarachas. Y esto, ¿no es poesía?
"El momento crucial de una cucaracha es sin dudas ese que impone un drástico cambio de perspectiva, el dejar de mirar el suelo y abrirse al cielo infinito sin otra protección que su instinto"

¿Y cómo no rendirnos ante un tremendo empírico como SBM, quien no dudó en emborrachar a un coleóptero en pos de comprobar lo que su incredulidad le exigía, para desistir en el momento supremo? Y ese párrafo sutil, que bien podría suscribir un Neruda, un Gelman, un Recúpero?: " Ahora se sorprenderá de mis conocimientos sobre la materia y cómo averigué el sexo del insecto, muy fácil señor mio: por la mirada"

Dama, caballero, podría cerrar el blog ahora mismo y el laboratorio también, de lo dichoso que me siento.
Les agradezco profundamente sus existencias, y tomen los recaudos necesarios para no caer nunca, pero nunca, boca arriba. Y si el destino los pone en ese terrible trance, no se olviden de la dignidad: nada de agitar las patitas desesperadamente pidiendo ayuda, no señor. Apenas unos movimientos leves, circulares, que denoten que están vivos y puedan ser rescatados, pero sin perder la elegancia, never.

Cristina dijo...

Los agradecidos somos sus lectores, Maestro.
Un beso
Cristina (patas para arriba pero relajada, como mi foto lo indica)

Luna dijo...

Esto marca sin duda la diferencia entre un ser humano común y un escritor, poder hacer una historia de algo que para los otros pasa desapercibido o simplemente no les despierta nada.

Besos

Iraide dijo...

Jajaja... me he reído con tu ocurrencia final... dos abnegados lectores, entomólogos y poetas... jaja... bueno, pues ya somos cuatro, de momento.

Y no soy poeta, ni entomóloga, y aunque me encantan los animales, lamento decir que he tenido que convivir en más de una ocasión con cucarachas del tamaño de una cuchara y no les tengo ningún cariño, Marcelo, lo sientoooo.

Admiro tu prosa.
Un abrazo.

Iraide

Greta Samsa dijo...

Ah, Hombre sin fe…0 comentarios, como si hubiera, parafraseando a mi Maestro, una sola página suya que no ofrezca una felicidad.
Aristóteles nos decía que la filosofía nace del asombro, asombro de ser en el tiempo, asombro de ser en este mundo en el que hay otros y animales y estrellas. Para Kafka, ese asombro fue el horror, transmutar las circunstancias y las agonías en fábulas y redactar sórdidas pesadillas en limpio estilo. Permítame agregar a su bello trabajo a Maurice Maeterlinck, otro sujeto que indagó en el tema que nos ocupa. “Las ordenadas e invariables repúblicas de los insectos” le inspiraron dos libros: La vie des abeilles y La vie des termites en 1930, muy recomendables.
Deberé aclararle eso sí, que ni entomóloga ni poeta y mucho menos esto último. (Alguna vez ensayé con la cucaracha de Kafka…le apunté al cura y le pegué al campanario Jajajajajá!)
Terrible la anécdota gombrowicziana (aunque útil para las que adoramos el sol) y mi lado como aspirante al paraíso está definido hace rato: decúbito dorsal.
Lectora agradecida.

Anónimo dijo...

MUY BUENO MARCELO, YO SOY CRUEL, REVIENTO LOS BICHOS, PERO ME HACE ACORDAR A LA GENTE DE LA CALLE, QUE PIDE, UNO LE DA A UNO, HAY OTRO, OTRO, OJO, NO LOS COMPARO CON BICHOS, PERO LA ASISTENCIA ES INTERMINABLE, Y ESTOS DIAS DE FRIO PEOR, AYER DI UNA MANTA, ANTEAYER UNAS FELPAS DE ABRIGO, Y YA NO TENGO NADA QUE DAR, MONEDAS O COMIDA, NADA MAS, ES HORRIBLE.
QUE SUERTE ESTAR TIRADO AL SOL, QUE IMAGINACION TENES, BESOS, MARTA

Pamela dijo...

Salvo la cucarachita Martina, ninguna otra había logrado tocar mis sentimientos. Qué cosa Gombrowitz y a vos Marcelo, qué más te puedo decir!

Isabel Estercita Lew dijo...

Querido y talentoso Cronista: la locura y el talento muchas veces por ir de la mano y mirarse a los ojos tropiezan en vericuetos del período carbonífero y junto con el metamorfoseado Kafka, el pornográfico Grombrowicz, el señor de los cronopios y usted, tienen como antojo escribir a varias manos provocarme este maravilloso placer al leer

Besooo

Estercita

Isabel Estercita Lew dijo...

Lo olvidaba, aplausos para la mejor comentarista bloggera de todos los tiempos, CRIS

miralunas dijo...

a punto de abrir en feisbuc un grupo "salvemos al blog La Menor Idea del terco detractario que piensa en suicidarlo", aparecen acá una Dama que bueno bueno, un Caballero que reconoce a las hembras por la mirada! (no me fijé si dejo teléfono, caramba), una Dama Luna sensible, otra Dama Iraide que lo abraza, una sabia Greta Samsa que jeje, una Dama anonima de nombre Marta que no me nombra,una Dama Pamela con su cucarachita Martina, una Dama Loca que acepta con sensatez un placer a varias manos..., pues, con tal pique, chico, acepte mis aplausos en puntas de pié!

y mi agradecida sonrisa, en estos días que ando necesitando de una plena bocarribez que me haga mirar el cielo.

besos

SIL dijo...

Arribo a este comentario patas para abajo, para poder teclear.
Ya en posición, y en mi calidad de ¨aspirante a poeta¨ he leído toda la publicación.

Detesto los insectos -TODOS- , de chica los ahogaba o quemaba,y ahora, simplemente los piso y o aplasto sin piedad.
Queda feíto, pero nobleza me obliga a confesarle la verdad.
En otro orden de cosas, hace muy poco que conocí a Kafka y su historia cucarachil, por razones de carencia de lectura de esta señora ( QUE USTED YA CONOCE en detalle)

Pero,si algo hemos de rescatar en este instante son dos cosas:

1- ud., mi sublime obrero de las letras, derrama por todos lados imaginación.

2- Si gracias a las cucarachas se vio subido a un mismo bote no sólo con Kafka sino también con Gombrowicz y Cortázar, recontra valió la pena traer a colación a los horripilantes pero más que famosos bichitos (musas de unos cuántos, por cierto)

Después de todo, nadie sabe qué forma tienen las musas. Las cucarachas tendrán lo suyo, para inspirar a estos cuatro grandes - nótese que lo he incluído.

¿qué forma tendrán las musas...?
Si yo le digo que con esa duda se me ha ocurrido una poesía en este mismo instante... Ud me cree?

Beso grande, Marce


SIL

Marcelo dijo...

Muchas gracias Luna!
Un beso

Estás segura de lo que no eres Iraide? Otra pregunta: la cuchara era de café o de sopa?

Marcelo dijo...

Muchas gracias Greta! Su maestro es el mío. Y déjeme decirle que me encantaría echarle un vistazo a su ensayo para una parte II de esta entrada. Podría guardarle un lugar en el segundo bote junto a Maeterlinck...qué me dice?

Marta: vistos de lejos, todos somos bichos!
Un saludo

Marcelo dijo...

Pamela: te cuento que me acabás de desasnar con Martina. No tenía el gusto! Cómo es posible que un cucarachólogo como yo no la conociera? Muchas gracias!

Estercita: una cosa es que me ponga yo, y otra que me ponga vos en ese bote de 4 pasajeros. No es posible, pero sí hermoso. Muchas gracias!

Marcelo dijo...

Muchas gracias Miralunas. Igual le garanto que apostaba a medio comentario con esta temaática, no por lo cucarachil sino por lo extensa antiblog! Pero la vida te da sorpresas (y cucarachas)

Marcelo dijo...

Los escarabajos tienen mejor imagen, Marcela. Son como pequeños rinocerontes que hasta acen simpáticos. Aunque en el verano, en el campo, dan un poco de olor. No sería Necochea esa playa? Allí es el relato de Gombrowicz. Y no te resistas! Cortá una cuca al medio. No volverás a ser la misma...

Marcelo dijo...

Ud. no aspira, Sil. Es.
Aunque acá se reveló interesantemente siniestra. Dejó de usar alguna forma de matar insectos? Dra. Lecter!!! Por otra parte no estaría tan seguro de sus carencias. Estaré esperando esa oda musera y mientras...no le digo que le de un beso, pero al menos déjela seguir de largo a la próxima cuca que vea!

untitle dijo...

Su falta de sintesis, mi falta de lectura bloggera, no se q sera, pero es como q algo...algo no cierra!

Igual le dejo un saludo principito!


=)


...

Claudia Sánchez dijo...

¡Epa!, ayer pasé cuando solo estaban los primeros tres comentarios y hoy.. fíjese! Y usted que no creía...
Su relato me pareció De-so-pi-lan-te!
Anoteló por favor.
Aunque, yo tenía entendido que las alusiones kafkianas hacían referencia a "El Proceso", que deviniera en la película Brazil, no sé si usted la vió... peliculón mire.
Igualmente bien vale para el género cucarachil por lo angustioso e intrincado que debe ser tratar de volver al mundo normal después de una bocarribez.
Fantástica entrada Marcelo!
Besos,

ana. dijo...

ya vine varias veces. ayer leía mientras desayunaba -no pude seguir con mi palmerita :)-...quiero que sepas que estuve acá, que leí...sí no soy nada original ¿por qué debería serlo, no? ¿quien me creo que soy?...le tengo fobia a esos bichos, Marce, pero mucha, sin embargo vuelvo y vuelvo porque el relato es fantástico y los comentarios son dignos del relato, también...no estoy a la altura :(...me quedo como paralizada, pero el post es maravilloso.
Un beso

Hada Isol ♥ dijo...

Pues debo decirte que soy de los que no las puede pisar porque moralmente no puedo quitarle la vida a nada,las odio y me dán asco pero cuando las tengo a tiro no puedo la miro y siento que en ese instante tengo una vida en mis manos,por ello si las encuentro patitas arriba llamo a mi marido de inmediato y el sin ningun remoerdimiento las pisa con cierta zaña,es más cuando coloco esa cruel gotita de veneno siento pena si las veo comerlo,por esto me ha costado mucho sacarlas de mi hogar,tuve que pagar a un asesino a sueldo(fumigador) para que las acabe y me libere de esta angustia y asco!
Vaya amigo,mira por donde una simple cucaracha te ha puesto al mismo nivel de tan ilustres escritores!
Afirmo que leerte es tan grato que te considero desde el primer día que te leí un escritor bastante bueno!
Sobre partir al medio al bichito,me dió curiosidad,lastima que en la facultad cuando estudiaba medicina me traumó el descerebrar una pobre rata de laboratorio,por lo que no podría hacerlo y eso que investigar es lo que más me gusta!
Me quedo con tu explicación y doy por hecho que es así,que el peso es mayor en su caparazón y por esto ellas al igual que el escarabajo quedan patas arriba luchando sin poder revertir esa desgracia.
Marcelo me atrapó tu escrito desde principio a fin ,si algun lector se aburre,lo siento por el,pues se pierde de leer algo muy bueno! te mando un fuerte abrazo!

Marcelo dijo...

Gracias Untitle! Pero lo extenso no es ni bueno ni malo. Es extenso. Imaginate un Cervantes que no encuentra editor y decide publica su Quijote en un blog. Te lo perderías! pero...calma! Que no es el caso de La Menor Idea. Un disparo es breve y no por eso, bueno.
Un beso!

Marcelo dijo...

Viste Claudia? El primero sorprendido soy yo! Y por supuesto que tenés razón. Cualquier cuento burocrático es claramente kafkiano, aunque esté pésimanetente contado. Adoré Brazil y el extraño personaje de De Niro. Y "bocarribez" ha tenido una recepción para mí tan sorpresiva como grata.
Un beso

Marcelo dijo...

Ana! No te quedes paralizada! Los comentarios fueron mejor que el post, el tuyo también. Uno no es consciente de lo que puede generar, y eso te incluye y me incluye. Escribís bien piba, te lo digo en tu blog y en el mío también. Y los que me conocen saben que soy económico en el elogio.
Un beso

Marcelo dijo...

El mundo es grande, Hadita. Lo dijo El General (San Martín) Que se vayan de nuestras casas, que no molesten. Con eso puede alcanzar!
Ser un escritor bastante bueno es un elogio posible, tangible, disfrutable.
Un beso sin fumigar

Merche Pallarés dijo...

No te quejes que tienes 28 comentarios... No me gustan nada, pero nada las cucarachas ni de espaldas ni de pie. Son asquerosas. Besotes, M.

Merche Pallarés dijo...

Vuelvo. Ahora ya tienes 30 con los dos míos. Es que leí el primer comentario (no he tenido tiempo de leer los demás pero volveré porque veo que son muy jugosos) y quedé fascinada con esa explicación científica. Quería que lo supieses. Besotes, M.