sábado, 4 de mayo de 2013

Un incidente en el Chino


Reconozco que no era para tanto. Pero me molestó que todos hicieran oídos sordos a mi reclamo. Me pareció imprudente que no hubiera ninguna Quilmes Stout fría en la heladerita del chino. Steven, el dueño, leía impertérrito. Así que, sólo por llamar la atención y para remarcar mi disgusto, le pegué un botellazo de Quilmes Bock (esa sí la tenía fría) en la cabeza. Por los gritos entendí que Steven había acusado recibo de mi malestar, pero nunca esperé la traición de la empleada local, tan muda como Steven y que no sé por qué yo pensaba que teníamos un código. La muy bandida me clavó uno de los cuchillitos Tramontina (que están en oferta por docena) en mi omóplato izquierdo (no paró hasta el hueso) Me la saqué de encima con el pico roto de la botella en su garganta (un poco de sangre también le saltó) pero Steven ya tenía ánimos como para contestarme con un champagnazo en mi frente (el desgraciado eligió la marca más barata) Alguien llamó a la policía y nos llevaron al hospital. A juzgar por el consigna de la puerta, creo que luego terminaré en la cárcel (ellos no y me parece injusto) 
Me dijo el enfermero que cuando la poli se fue, desaparecieron del fondo del súper tres docenas de Quilmes Stout. Y que tampoco estaban frías.



3 comentarios:

SIL dijo...

Un relato con esencia del Viejo Oeste, pero ocurrido en el Nuevo Este...


Le mando un beso, Marce.



SIL

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que buena historia, cargada de ironia. Y a mi me recordó Sin City.

esteban lob dijo...

Qué imaginación, Marcelo.

Cuando hablaste del chino, creí que era el chino Ríos, la única referencia eterna en Chile a un chino, aun que ellos sean unos mil cuatrocientos millones.

(CHINO RÏOS: Tenista chileno, número uno del mundo, al ganar a Agassi.Claro que le duró como semana y media).