domingo, 7 de junio de 2009

En la sala de espera

El Sr. K. estaba en la sala, aguardando su turno con el Doctor. Estaba solo porque era el último paciente del día y la secretaria ya se había marchado. Mientras leía distraído una revista, se cortó la luz. El Sr. K. se quedó quieto, esperando que algo sucediera; que volviese la luz, que apareciera alguien. Pero nada de eso ocurría. Luego de unos minutos en total oscuridad y donde sólo escuchaba su propia respiración, el Sr. K., tanto como para demostrarse iniciativa, se levantó. Trató de avanzar un poco pero tropezó con la mesita de las revistas, y al caer se desorientó. Era la primera vez que iba a ese consultorio, y no recordaba bien las formas de la sala de espera. Se sentó en el piso, y se preguntó cómo podía ser que nadie apareciese. Como mínimo esperaba la llegada del médico o del paciente que tendría que estar atendiendo en ese momento, si es que lo había, y nada. El tiempo pasaba y murmuró un auxilio, pero le dio vergüenza y se calló. Comenzó a gatear, buscando el escritorio de la secretaria. En los cajones tal vez tuviera una linterna. Palpando, empezó a moverse, mientras sentía que el miedo y la transpiración comenzaban a esparcirse por su cuerpo. Finalmente halló el escritorio, y empezó a revolver con angustia los cajones. Temía que al hacerlo a ciegas se pudiera lastimar con unas tijeras, por ejemplo. Felizmente tanteó una caja de fósforos. Encendió uno, y allí aparecieron en penumbras, las sillas, las revistas y la mesita que quedó ladeada por su tropiezo. De nuevo se hizo la oscuridad, y prendió otra cerilla. Decidió buscar el consultorio del médico, a quien no conocía aún. Golpeó y solamente encontró silencio. No podía ser que lo hubieran dejado solo, tendría que haber alguien del otro lado. Encendió el tercer fósforo y abrió la puerta. Lo primero que vio fueron las decenas de diplomas en la pared, que reflejaban en el vidrio que los cubría su propia figura, fantasmal. El Doctor era una eminencia. Al costado del escritorio, la biblioteca, repleta de volúmenes especializados. Y detrás del cómodo sillón, acurrucado y con los ojos cerrados, casi en posición fetal, invadido por el pánico, encontró al Doctor. Cuando regresó la luz, el Sr. K. ya había alzado su voz y el médico parecía empezar a reaccionar, dándole las gracias por su ayuda. Ya repuesto, el Doctor lo invitó a sentarse, pero el Sr. K. declinó gentilmente la invitación, aduciendo que su tiempo se había terminado. Es que quería pensarlo mejor. Tal vez el Doctor no fuera el psiquiatra adecuado para atender su problema.
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31 comentarios:

Gatadeangora dijo...

No!no creo que fuera el adecuado. Lo mejor que hizo fué largarse de allí.

Besitos

Merche Pallarés dijo...

¡Pobre Kafka! Qué angustia... Es lo único que necesitaba... ¡Estar en la consulta de un psiquiatra y que se fuera la luz! Menos mal que se marchó. Besotes, M.

Isabel Estercita Lew dijo...

Kafkito se quemó mucho el dedo? Menos mal que se mandó a mudar, ese psiquiatra lo podía volver loco!
Beijos
Estercita

Lena dijo...

Este sentido del humor tuyo es delicioso.

Embriaga leerte...me hipnotizas y luego me haces estallar a carcacajas.

(Ladrón de risas)

Besos, besos, Ch. P.

Haifa dijo...

Pobre Kafka, ni él safa de vos , che!!!!

Espero que nunca diga "que hora es?"

Parsimonia dijo...

La situación es verdaderamente kafkiana y el proceso del descubrimiento del doctor. Toda una revelación.
Muy simbólico ese miedo de dejarse llevar en manos de un incapacitado para ese fin.
Me gustó volver a leerte.
Besos.

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Se tenían que haber sentados los dos en una mesa de un bar y haberse tomado un café o una copa.

Muy bueno MArcelo

(* dijo...

Hizo bien el señor K. Tanta oscuridad no es buena para verse los problemas, jeje. Me encanta el humor que necuentro siempre que te leo. Se me dibujan sonrisas grandes en la cara.

Un dulce beso.

Soledad Sánchez M. dijo...

Una sabia lección la que nos da K., lo que no ha dicho... es que quizás su visita al psiquiatra era infundada.
O que el psiquiatra somos todos.
O que él era el psiquiatra de su psiquiatra.
No obstante, me alegro de que se hiciese la luz. En su pequeñez, el buen doctor se hizo humano.

No me canso de decírtelo, eres un crack.

Un beso.

Soledad.

Blackberry dijo...

Buenísimo!
He sentido el miedo y la angustia del señor K. Yo habría hecho lo mismo, creo que ni siquiera habría intentado ver al Doctor.
Un beso, Marcelo

Miriam dijo...

El Sr K tiene problemas, pero definitivamente algo de lucidez le queda... y tonto no es. Esas elecciones son básicas, de otro modo uno mas que mejorar empeora...
Bien Sr. K, buena elección...

Angiehope dijo...

Hola:

El Señor K, necesitaba ayuda, es verdad!, pero esa escena le hízo entender que ese Doctor no podia ni ayudarse el mismo.

:D

Saludos desde Perú.

Miriam dijo...

Me quedé pensando, será así como se ve a primera vista? O será que el profesional que padezca el problema será el indicado para entender y desentrañar los problemas del paciente??
Es otra visión no menos válida...

Verbo... dijo...

Buenísimo,

reflexivo,
lo seguí paso a paso

hasta la decisión acertada.

Besos ♥

Laura dijo...

Yo también me hubiera ido. Después de todo, no era tan kafkiano el tal Kafka...
Un saludo

Marcela dijo...

Sin palabras. Excelente. El Sr K hubiera actuado así sin dudas en una situación como esa.

ana. dijo...

...y también te pareces al señor K (el de la foto) cuanado escribis, lo que no es descabellado, él y Borges se llevaban bastante bien.
Un abrazo fuerte.

Cecy dijo...

Parece no ser el adecuado.

Pero parece, hay tantos cuerdos dndo vuelta que a veces prefiero uno que no lo este.
Je.

Besos.

Selma dijo...

Angustioso como "El Proceso" pero muy bien procesado y resuelto...
As usual, Brother Marcelo.. ;-)

Un beso!

Arkantis dijo...

Yo salgo corriendo...

Un besote

carlota. dijo...

Que angustia pordios.

Besotes .

esteban lob dijo...

Bien dicen que de tanto atender pacientes, los siquiatras terminan peor que sus clientes.

Saludos.

adriana rey dijo...

Qué suerte tuvo el Doctor de tener un paciente como el sr. K, no?? Debería haberle cobrado.

* HADA ISOL dijo...

Pues tal vez era el adecuado,tengamos en cuenta que era una eminencia,y por lo general los psiquitras de tanto tratar a los que cruzaron la linea de la cordura quedan en el medio como en la cuerda floja!
me encantó tu escrito es perfecto como siempre! que tengas buenas noches Marce!!!!!!!!!!!!

marichuy dijo...

Marcelo

Jajá, vas a curarte con el psiquiatra y resulta que la "eminencia" elegida, está más trastornada que tú. Bonita cosa.

Un beso

Mariela Torres dijo...

¡Pobre K! Y yo creo que no hay necesidad de que vaya a un psiquiatra, ¿para qué?

Excelente relato.

elshowdefusa dijo...

Me encanta la imagen. Es algo sobre lo que nunca he escrito nada y siempre me parece muy curioso. Cuando se apaga la luz, nuestros movimientos torpes, las manos delante y los ojos muy abiertos, por si alcanzáramos a ver algo. Y cuando vuelve la luz, qué estúpido te sientes, así, medio agachado.
Y muy gracioso el final... casi que el sr. K. debería quedarse a atender al psiquiatra y no viceversa.

Un beso, M.

gloria dijo...

Sencillamente genial, Marcelo. He sentido el miedo a la oscuridad como si estuviera ciega...

Tu texto me ha hecho reflexionar... y bueno, creo que el psiquiatra podría ayudar al Sr.K., dependiendo de su problema... ¿cuál es el problema del Sr.K.? Si no tiene que ver con las fobias, el médico está capacitado, y si tiene que ver... bueno, al menos podrá comprenderle desde la experiencia y no sólo desde la teoría... Ay, perdona, ¿ves? ya me salió mi lado de enfermera incorregible.

Me ha gustado mucho.

Un beso enorme.

Maritoñi dijo...

Es genia la entreda, bastantes problemas he tenido yo con psicólogos y psiquiatras...FUCK THEM!

fritus dijo...

Querido amigo...esto me recuerda a que , cuando empecé, sobre los veinte años de edad, a perder pelo...me recomendaron un dermatologo ( una eminencia, decían) por supuesto no entraba en la seguridad social...cada visita valía una pasta ( mucha plata, como decís vosotros)....cuando, tras esperar casi media hora, pasé al despacho de la eminencia...el tipo en cuestión era calvo como una bola de billar...

"Muy buenas tardes, encantado de conocerle"...y me largué de allí echando chispas.

No es afkiano pero es real como la vida misma, oiga.

Un abrazo.

ADRIUNICA dijo...

Me encantó, Yo podría hacer 1000 comentarios, hago terapia desde bebé jaja!! Mi conclusión es que somos nuestros propios psicoanalistas, necesitando de un profesional que, a su vez, ordene nuestras propias ideas...En
realidad es esa la función del psicólogo, ordenar nuestros propios pensamientos, para llegar a entendernos un poco nosotros mismos. Besitos Adri. De paso te pido que vuelvas a entrar a www.tia-abue-preferida.blogspot.com dónde escribo hace bastante, espero algún comentario tuyo cálido, como todo lo que leo en tu página.