miércoles, 18 de agosto de 2010

Un dibujo

"Escribir es una piedra lanzada en lo hondo de un pozo"
Clarice Lispector "Un soplo de vida"



A veces me pregunto para qué escribo. En general las respuestas son muchas y consecuentemente ninguna, por lo que me quedo sin saber. Hoy obtuve una respuesta inesperada. También escribí el cuento "La tortuga fugitiva y el canario feliz" para que Iraide, a quien sólo conozco por sus letras, se lo cuente a un niño y lo dibuje. Desde el inicio del cuento, "La vieja casona de San Pedro tiene un patio hermoso" me había gustado la idea de darle imagen, pero no pudo ser. Ahora sí, y gracias a Iraide, podemos ver a los protagonistas de la historia caminando hacia un destino muy especial.
¡Muchas gracias Iraide! por darme algunas respuestas.
Los que quieran dejar algún comentario, por favor háganlo aquí

El cuento que ilustró Iraide, abajo.

La vieja casona de San Pedro tiene un patio hermoso, lleno de plantas y animales.Entre ellos vive un canario que tiene la puerta de la jaula abierta, aunque no se escapa. Una mañana el viejito que vive en la casa se la abrió (es que después de muchos años, muchas jaulas y muchos canarios se dio cuenta de que no es bueno encerrar a nadie) pero el canario no se animaba a escaparse. Daba una pequeña voladita por el patio, y luego volvía a su jaula.
Sin embargo, la que soñaba con la fuga era la tortuga. No sabía bien adonde porque ignoraba de donde venía. El patio era grande, lleno de plantas e incluso tenía un pequeño estanque. Tenía de todo para ser feliz allí. Menos la libertad. Las veces que se asomó al jardín, percibió los peligros que había en la calle, especialmente con las ruedas de los autos. Pero ella se quería escapar de puro cabeza dura que era.Para eso, le pidió al canario que diera un vuelo un poco mayor y que se fijara si cerca de la casa había más plantas y agua, donde ella pudiera vivir tan feliz como hasta ahora, pero libre. Al principio el canario no se animó, pero era tan insistente la tortuga que comenzó a hacer vuelos más lejanos. Incluso tuvo que esquivar algún hondazo que le tiraron, y volvía exhausto. El viejito a veces se preocupaba por él, cuando demoraba, pero a la vez le daba mucha felicidad ver que su idea había sido buena. ¡Pena que no pensó en la tortuga! Estoy seguro que de haberlo sabido, la dejaba escaparse sin problemas. Pero los hombres no entienden el lenguaje de las tortugas, y les parece que porque no están en una jaula pequeña no deben querer huir.

-¡Encontré un río, tortuga! Le dijo el canario una mañana

Y así fue que la tortuga se enteró de que en San Pedro hay un río hermoso, con un montón de lugares para vivir, donde las personas no llegan. Incluso podría encontrarse con otras tortugas fugitivas, le dijo el canario, pero no sabemos si eso lo vio, o simplemente se entusiasmó tanto con la idea, que le pareció.
Una mañana el viejito estaba regando el jardín y cayó en la cuenta de que la tortuga se le estaba escapando, muy lentamente. También vio que en lo alto volaba un manchón amarillo. Era el canario, que parecía indicarle un camino a la tortuga. Se hizo el disimulado y dejó que la tortuga huyera. Cuando una hora después la vio doblar la esquina, decidió seguir a la extraña pareja, porque le preocupaba que un auto pisara a la tortuga, o que una piedra alcanzara al canario.
Y así fue que a veces el viejito se adelantaba y dejaba un poco de lechuga tierna en el camino. Otras veces ponía alpiste en una rama para el canario, y agua para los dos. Pronto se dieron cuenta de que el viejito los ayudaba y la fuga se convirtió en paseo. ¡Al terminar la tarde llegaron al río!
La tortuga escogió con mucho cuidado el lugar donde viviría de allí en adelante y se lo enseñó al viejito, así podría venir a visitarla cuando quisiera. Se despidieron todos y la tortuga se quedó, feliz. El canario se volvió en el hombro del viejito porque estaba muy cansado. Ya tenía ganas de volver a su jaula abierta, aunque también prometió visitar a la tortuga.
Por cierto, ni la tortuga fugitiva ni el canario tienen nombre. Los animales no acostumbran ponérselos, esas son cosas de los hombres.Por eso, para poder identificarlos, podemos decirles la tortuga fugitiva y el canario feliz.