sábado, 21 de agosto de 2010

El secreto de la vida eterna

En el bar “San Cayetano” de la avenida Rivadavia al once mil servían algo en el desayuno que aseguraba la inmortalidad, pero nunca se supo en qué elemento estaba la clave: ¿en el café, en la leche, en las medialunas, en el licuado de banana, en el jugo, en el vigilante, en el terrón de azúcar, en el rulo de la manteca, en las tostadas, en la mermelada de durazno, en el dulce de leche, en los merengues, en la pasta frola o en el vasito de agua? Nadie lo sabía, pero el que acertaba con el ingrediente adecuado detenía el tiempo, por lo menos hasta el siguiente desayuno.
El problema es que, como en todos lados, hay gente sin paciencia para probar cada una de las partes y opta por el todo; así fue que el Loco Luis tuvo una reacción atávica y mató a la gallina: atravesó al encargado de un cuchillazo y se lo comió. Nunca sabremos dónde estaba el secreto. Ahora, lamentablemente, todos moriremos, como cualquier parroquiano de cualquier bar de cualquier universo, quede en Liniers o en un barrio cualquiera. Y Luis está preso, sin dar muestras de no envejecer. Yo voy al bar todos los sietes de agosto. Uno nunca sabe. Tal vez el lavacopas ascendido emboque el secreto de la vida eterna y, de aquí a cien años, esta crónica tenga su segunda parte.




13 comentarios:

Helena dijo...

De aqui a cien años ¡todos calvos! pero me encantara leerte. Un beso Marcelo

TORO SALVAJE dijo...

7 de agosto?
A ver si el año que viene puedo ir.

Saludos.

Cristina dijo...

"A- ... Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor,la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma de un hombre es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.
Z- (burlón) Pero sospecho que al final no se resolvieron
A-(en plena mística) Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos." (JLB, El hacedor)

Bien pudo suceder en el Bar San Cayetano, este "Diálogo sobre un diálogo", o el diálogo mismo.

Sus mundos de café tienen ese no sé qué...

Magah dijo...

Nunca llego a la hora del desayuno. Entonces si en ese bar no cambian lo opción y no sirven la receta de la inmortalidad en la merienda o en la cena, temo que dentro de cien años no estáré para saber si el lavacopas embocó con el secreto de la vida eterna.
Abrazo!

Isabel Estercita Lew dijo...

Tus crónicas... cada día más copadas che!!!
Del secreto de la vida eterna no me fío nada, sin embargo, muchas veces encuentro el secreto de la vida intensa en un par de rulitos de manteca y un siempre último tango en Buenos Aires

beijos

Estercita

PD: Que grossa la Cris!

Antonio Alfonso Alonso dijo...

La vida eterna, el eterno despropósito...

Merche Pallarés dijo...

Yo creo que era la mermelada de durazno... Besotes, M.

SIL dijo...

Me alegra ésto de que no haya riesgo de comer algo que te haga inmortal...
Ya que están parafraseando a Borges por ahí arriba, aporto:

¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte?
lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad...

Este post suena a amenaza de inmortalidad, che, o sea, que original, ES.

Beso, Poeta imperfecto

SIL

Viviana dijo...

Quizás el secreto de la vida eterna esté en esas poesías imperfectas escritas en la servilleta del bar en medio de la urgencia de la idea.
Un abrazo!

Pescadora de Perlas dijo...

Esto me dejó pensando, aunque no lo creas, estoy ajustando algunas cuentas.

Un beso y que disfrutes de este fin de semana colorido que nos regaló el invierno porteño.;-)

miralunas dijo...

En la Panadería San Cayetano de Gualeguay, vendían una galletas altas de puro hojaldre que eran mortales! tal vez ahí esté el secreto de la inmortalidad. no, qué digo? del sentimiento de inmortalidad.
un desayuno mortal; y no morirse.

mi inteligencia carga con el desapego de la mortalidad, asi que esta prosa le resulta igual que aquellas galletas de hojaldre!

abrazos

Steki dijo...

Y sí, yo también iría todos los 7 de agosto. Por las dudas, vio? Ahora me diste hambre! Y yo comiendo una manzana mientras estoy corrigiendo el diario. No te doy penita? Jaja.
Besote, Marce y feliz finde.

claudio dijo...

Estoy casi seguro, que el secreto estaba en la música!!ja!