viernes, 6 de agosto de 2010

El Señor Schulz



El Señor Schulz es muy tímido y se ve pequeño, muy pequeño, con las mujeres. El las ve a todas esbeltas, autoritarias y con paso seguro. Le gusta observarlas y dibujarlas con las piernas cruzadas. Pero más le gustan sus pies. Eso. Sus pies. Sus pies moviéndose. Sus pies con zapatos de taco. Sus pies descalzos. Los hombres que aparecen en los grabados llevan su cara. Son una especie de pequeños duendes sufrientes. De placer, claro. Y tienen orejas grandes como él.
El Señor Schulz vive en Drohobycz, un pueblito perdido de Polonia, que antes fue Austria y luego será Ucrania. Nada sucede allí. Salvo en tiempos de guerra.
En la casa del Señor Schulz sí ocurren cosas. O mejor dicho, en su mente. Allí hay mujeres hermosas que se portan muy mal con él. Estudiantes que esconden su lujuria, aunque no pueden ocultársela a él. Que pisan suavemente su cara, recostadas en un cómodo diván. Parece que no han visto al gnomo orejón que están usando de tapete. Y que llora de placer mientras hace sus grabados. Silenciosamente. Una lágrima suya llega hasta el tapete verdadero y reproduce maquinalmente a otros seres, más pequeños, más artificiales, más fugaces.
Cuando el Señor Schulz no dibuja, escribe. Y lo hace mejor aún. Y en sus ratos libres traduce a un escritor, a quien podríamos llamar el Señor K.
Pero el mundo de Schulz está amenazado por partida doble. Hay una calle llamada de los Cocodrilos que es una mancha blanca en el mapa. Pertenece a un barrio que no es como cualquier otro de la ciudad vieja: es gris, automatizado, impersonal. Este barrio es todo eso porque es moderno. De tan utilitario parece de utilería, y allí se exhiben y venden telas, como las que vende su padre. Y mujeres.

En Drohobycz no sucede nada excepto en la casa del Señor Schulz y en la calle de los Cocodrilos. Hasta que llega la muerte. No podrá el Señor Schulz seguir creando lo que más le gusta, deberá sobrevivir a la guerra pintando retratos para su carcelero alemán. Sabe que si concluye demasiado pronto, morirá. De todos modos un disparo absurdo –todos lo son- terminará con él.


Ochenta años después veo sus grabados. Leo sus cuentos. Pienso en la barbarie que interrumpió su obra. Que la incendió. Y que no pudo evitar que su mensaje llegue hasta el 2.010 para que un tipo cualquiera lo descubra. Igualmente eso no me alcanza y me entristezco por su muerte ¡Pobre Señor Schulz!
Tal vez si cierro una habitación con cosas viejas, con sus dibujos y sus libros, se produzca una vez más el milagro anunciado por su padre: el crecimiento de una vida, tan real como la de cualquiera; sólo que más fugaz, acaso sin terminar. Tal vez, como en el caso de aquellos seres del tapete, sólo sea necesario derramar una lágrima.

En Buenos Aires no sucede nada, igual que en Drohobycz. Quisiera que aparezca un Señor Schulz en mi habitación cerrada, para que siga pintando aquellas mujeres hermosas y un poco autoritarias. Me encantaría eso.



“Apenas me eché a andar me di cuenta de que había salido sin abrigo. Por un instante pensé en volver atrás, pero luego me pareció una pérdida de tiempo. La noche no era fría. Por el contrario, estaba veteada por corrientes de extraña tibieza, por el aliento de una primavera irreal. La nieve se había hecho compacta bajo la forma de blancos corderillos, un vellón suave e inocente con aroma de violetas. El cielo también se rizaba. La luna parecía desdoblarse y multiplicarse, exhibiendo todas sus posiciones y fases.
Esta noche el cielo develaba su estructura interna, exponiendo como sobre una mesa de autopsia las espirales y las volutas de la luz, el corte de los bloques azules, el plasma de los espacios, los tejidos de las divagaciones nocturnas”

Las tiendas color canela, Bruno Schulz, 1934



Biografía de Bruno Schulz

Escritor y artista gráfico polaco nacido en 1892 en Drohobycz (en esa fecha territorio del imperio austro-húngaro, en 1918 pasó a formar parte de Polonia, más tarde a Rusia y en la actualidad pertenece a Ucrania). Estudió arquitectura en Lwow y ejerció como profesor de dibujo en su ciudad natal. A partir de 1922 expuso su obra gráfica. Considerado uno de los maestros de la narrativa polaca, es autor principalmente de dos libros de relatos en prosa, Las tiendas de color canela (1934) y Sanatorio bajo la clepsidra (1937). En el primero recrea el mundo de su juventud, de la relación con su padre en la tienda de telas, de sus inventos y sus manías, y de sus perdidas del sentido de la realidad. El éxito de su primera obra le llevó a relacionarse con escritores de la talla de Witold Gombrowicz, o Debora Vogel. Escribió también una novela El Mesías, pero ésta se extravió durante la guerra, y siempre se especuló con que estuviera en poder de la KGB. Tradujo a Kafka al polaco. Cuando los alemanes invaden su ciudad, Schulz queda bajo la “protección” del oficial de la SS Feliks Landau, quien se aprovecha de sus cualidades de pintor. Hace murales en las paredes de la habitación del hijo pequeño de Landau, en la “Reitschule” y en el casino de la Gestapo. Acto seguido trasladan a los judíos al gueto. Schulz con sus familiares es desplazado a una casa en ruinas de la calle Stolarska 18. Empieza a guardar sus manuscritos y dibujos en varias cajas y se las entrega a sus amigos de fuera del gueto. Enferma. Intenta recuperarse en un ambulatorio judío. Está desnutrido y sufre una profunda depresión. Consigue papeles falsos con ayuda de sus amigos de Varsovia. Pretende escapar. Prepara su huida de Drohobycz. Con el apoyo de la «Judenrat» trabaja durante unos meses catalogando las bibliotecas polacas confiscadas por los soviéticos y después por los alemanes.
El 19 de noviembre de 1942: Schulz intenta escapar de Drohobycz con papeles falsos y la ayuda económica de sus amigos. Hacia las 11 de la mañana se dirige a la «Judenrat» para recoger su ración de alimentos y coincide con una «acción salvaje» de la Gestapo contra los judíos. Muere asesinado de un disparo, ejecutado por Karl Günter, miembro de la Gestapo y antagonista de Landau.
Fuente: Wikipedia-epdlp- Estudios preliminares de Elvio Gandolfo (biblioteca básica universal) y Juan Carlos Vidal (Obra completa)

26 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Ese disparo absurdo es la guinda de la injusticia.
Después de sufrir lo insufrible viene la mala suerte y lo remata.

Debe ser que hay hilos que nos mueven y no los vemos.

Saludos.

María Eugenia Mendoza dijo...

Hermosa y conmovedora historia, narrada magistralmente.
Gracias por presentar y contribuir a rescatar la memoria de Bruno Schulz artista. Me duele conocer a Bruno Schulz víctima de la barbarie.

Va un abrazo.

Iraide dijo...

Acabas de descubrirme un pequeño tesoro. Ese párrafo que nos muestras es una preciosidad... me he quedado enganchada a él y lo leo y leo... ¿la nieve no es sólo nieve? ¿la luna es tantas cosas en un momento? ¿ese cielo que describe, es el mismo cielo que veo todos los días?...

Y una música deliciosa.
Gracias

SIL dijo...

Podría copiar y pegar el comenario de Iraide...

Esa prosa es tan bella...

Esta noche el cielo develaba su estructura interna//

Su otra lo ha trascendido.
Ha muerte, sólo en los trámites administrativos.


Lamentaremos su muerte, pero en realidad pienso que debiéramos gritar ¡pobre raza la del humano!, que con absurdos , siempre absurdos motivos, extermina a los seres que han nacido para elevarla.

Una perla este post.

Beso grande

SIL

SIL dijo...

Fe de erratas: estoy dormida...

Testado: comenario.-No vale.
Léase: comentario. Vale

Testado: otra.- No vale.
Léase: obra.- vale

Testado: ha muerte- no vale.-
Léase: ha muerto.- vale

Me voy a duchar, para despertarme.

:)

Ana dijo...

Línea a línea cautivas en tu presentación la atención, creas misterio en la descripción del personaje, y lo que muestras produce gran empatía. Casi lástima; lo elijo digno pero no de lástima.
Se me ocurre que al margen de las circustancias ¿Cómo quedaría nuestra vida en boca de algunos?
¿Quién contó la suya para producirnos admiración, empatía y vano cariño póstumo?
Hoy, tú. Gracias poeta.

Cristina dijo...

Seudofauna, seudoflora, jubilados de ciudadanía oblicua que conviven entre maniquíes de cera, prostitutas y cabezas de peluqueros. Piernas danzantes, organillos de ritmos porfiados, otoños inexplorados, y un padre: "hombre extraordinario que defendía sin ninguna esperanza la causa de la poesía".

En estos tiempos y "en esta ciudad de la mediocridad no hay lugar para los instintos exuberantes ni para las pasiones oscuras e insólitas". Pero Bruno Schulz nos lleva por fantásticos laberintos urbanos en coches de plaza sin conductor, en tranvías de papel maché, en trenes sin horario ni estación.

Sólo La Menor Idea podía infiltrarse en el comercio de los billetes de tren, la plaga de la ciudad, y deleitarnos con este viaje de recorrido desconocido y sin final.

¡Gracias por Bruno Schulz, Marcelo!

SUREANDO dijo...

..."Su baja autoestima lo hacía disculparse por estar presente..."
Buenísimo Marcelo, gracias por este rescate de Bruno Schulz, es increíble que dentro de ese horror, de esos años de ignominia hayan florecido artistas como Bruno.
Un abrazo

miralunas dijo...

y en Buenos Aires, una mujer un poco autoritaria que no es hermosa,que teme estar viviendo, a veces, en la Calle de los Cocodrilos, ve su alma ocupada por una inaudita congoja que humedece el teclado de su computadora, porque el señor Schulz no hubiera pintado sus pies; aunque tal vez, solo tal vez, la hubiera aceptado en su clase de dibujo. Y entonces puede sonreir apenas. Y pensar en una tienda color canela que irá a buscar por la calle Corrientes.

gracias, Cronista, por esta emoción en mañana de viernes.

SUSANA dijo...

Delicadísimo tratamiento de este hombre hermoso y trágico.

¿Los escritores llegan simplemente por azar o los buscamos? Casi no me animo a la tercera opción, que se acerca más a la magia.
Su Schulz, estimado Marcelo, bien puede ser uno de los personajes más conmovedores de este espacio. Es venturoso desenterrar del olvido, sospechar la timidez y el placer, ver rodar la lágrima; irse por esas calles grises y urbanas; disfrutar junto a Bruno de la noche eterna y esas tiendas color canela.
Descruzaré las piernas y volveré con zapatos de taco, así le hubiera gustado a él.

PD: La música...

Blackberry dijo...

Preciosa la narración, y más aún el piano de fondo... La música de la calle de los Cocodrilos, transmite miedo, desazón, congoja... supongo que algo así serían los sentimientos del señor Schulz... he tenido que parar el track.
Siempre consigues sorprender.:)
Buen verano Marcelo!

Pamela dijo...

Tu relato está maravilloso Marcelo, sin embargo no cesarán los disparos, todos absurdos

Isabel Estercita Lew dijo...

El señor Schulz acaba como un Schehrazada de la paleta, hasta que un disparo absurdo como todos los disparos, lo mata

Me encantó

Estercita

Quidquid dijo...

Hola Marcelo:
Muy bueno tu Sr. Schulz!
Buen fin de semana,
Luis

Alelí dijo...

como una de las señoritas del Sr. S, aunque menos autoritaria, he recibido el impacto directo en el asombro que creció como una plantita a orillas del mar, cuando entendí que dos personas tan lejanas de tierras, tiempos y experiencias finalmente se conectan desde algo tan humano, como el arte.

maravilloso, feliz viernes.

y soy la N° 180! felicitaciones.-

Mariela Torres dijo...

La historia de Schulz es muy triste, la que vos contás es artística, así que los artistas son dos.

Besos.

Claudia dijo...

excelente hallazgo, hermoso homenaje!

Cecy dijo...

Hoy encuentro dos historias que se cruzan y se abrazan casi sin tocarse, la del señor Schulz y vos con tanta ternura y que bien la pude llevar.

Me encanto Marcel.

Pescadora de Perlas dijo...

Cuanta poesia aunque su historia muy triste ¿no?, el tiempo no la ha podido borrar.

Un bso

esteban lob dijo...

Como descendiente directo de víctimas judías de la barbarie pre segunda gran guerra, podrás imaginar estimado Marcelo la forma en que me impactan estas historias.

Aquellos que, contrariamente a mis padres, no pudieron salir de Europa antes del 1 de septiembre de 1939 (yo tenía tres años entonces), se convertirían luego en millones de infortunados Schulz.
Ciertamente pudimos haber sido parte de ellos.

Un abrazo.

Steki dijo...

Pero qué bueno, che, me atrapó. Bella su pintura y bello su escrito. Y... qué vida, pobre hombre! Un placer haberte leído, Marce. Lo hacés de maravillas. Gracias por desasnarme.
Besote y feliz finde.

h.j. dijo...

Es duro hacer grabados, requiere de un arte fino, como contar historias. En ambos casos todos podríamos, pocos son artistas.

Las imágenes encantadoras.
gracias por traerlo

malena ezcurra dijo...

En Buenos Aires suceden muchas cosas, hay tantos señores Schulz que se mueren por los pasos cortos de unos pies descalzos.


Hermoso rescate Marcelo te juro que se arrugó mi alma.


Abrazo


M.

Daniel Os dijo...

Sea ya a modo de arte, de ser amado o de golem de algún capricho castrense, la memoria inmortaliza a su sujeto… desdichada eternidad para quien la muerte representaba el fin de un tormento.
D.

SUSANA dijo...

Algunos autores irrumpen violenta e imprevistamente en nuestra vida. No los precede la víspera, una espera, la expectativa ni tan siquiera los buscamos. Es más, puede que incluso encuentren la puerta principal de nuestro corazón, cerrada. Entonces se cuelan por la de servicio, a nuestras espaldas. Como Schulz, hombre de cataclismos propios y ajenos.
Desde que llegó estoy cruzando y descruzando piernas. Me propongo postergarlo, le confidencio que no tengo tiempo y estoy ocupada. Y al rato descubro que sigo buscándolo afanosamente. Me pregunto si acaso hay que recorrer un camino para atisbar el genio escondido en las umbrátiles tinieblas de sus dibujos y letras. Probablemente. Le reclamo a Gombrowicz no haberme dicho antes de ese “gnomo minúsculo, macrocefálico, demasiado timorato pasa osar existir,y que había sido expulsado de la vida,y se desarrollaba al margen” Seguramente ambos polacos se ríen de mi candidez. No hay antes ni después. “La Rosa es sin porqué” según Angelus Silesius. “El Arte sucede” de acuerdo a Whistler. Y yo continúo entre el asombro y el placer, oscilando los tacos y con el fantasma de Schulz cómodamente instalado en mi sofá.

Claudia Sánchez dijo...

Es fantástico leer esta historia con tan exquisita música. Gracias Marcelo por estos aportes.
Saludos!