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domingo, 1 de septiembre de 2013

La justicia en Herewon


En el país de Herewon, algunos sospechosos de cometer crímenes no son ejecutados al término de un proceso, sino al principio. Esto sucede cuando las cárceles están llenas: se fusila al  excedente de acusados sin más trámite, y luego se los juzga con todas las garantías del debido proceso: juez imparcial y predeterminado con anterioridad a la comisión del presunto delito, asistencia letrada al muerto y penas contempladas por la ley.  Si finalmente un ejecutado es declarado inocente, como ya  ha sido fulminado todo “animus defendendi” de su cuerpo (no se sabe si de su espíritu) simplemente se le piden disculpas a los deudos y se les otorga una pequeña indemnización por tratarse de un “error in procedendo”, expediente que resulta más económico que construir más y más cárceles. Si bien el índice de delitos no ha bajado en Herewon y algunas familias damnificadas se quejan en voz alta pero respetuosa, el gobierno gana todas las elecciones.
Al fin y al cabo, ha cumplido su promesa de no aumentar los impuestos.





lunes, 19 de agosto de 2013

La señora del anillo



La historia del prometido y la estatua es bastante conocida y tiene muchas versiones. Ricardo Piglia menciona a William de Malmesbury y su “Chronicle of the Kings of England” (Siglo XIII); Eduardo Berti, a la “Anatomía de la melancolía” de Robert Burton. Próspero Mérineé lo cuenta en “La Venus de Ille”. También hay una novela de Tim Powers, “La fuerza de su mirada”. Incluso la película de Tim Burton, “El cadáver de la novia”, se basa en un cuento popular ruso judío del SXIX que también cuenta algo parecido.
El centro de la historia sería este: un joven –a punto de casarse o luego de terminar la ceremonia nupcial- se pone a jugar a la paleta con unos amigos. Le molesta el anillo que desde ese día lleva puesto, entonces lo coloca en el anular de una estatua que está junto al terreno donde se hace el partido. Al término del juego, el muchacho va a buscar la sortija y se encuentra con que el puño de la estatua se ha cerrado (en algunas versiones la estatua ha desaparecido) impidiendo que se lo puedan sacar.
Es la noche de bodas y el joven percibe una tercera presencia en la cama, entre su esposa y él (algún cuento dice que siente unas caricias que atribuye a su mujer)
El muchacho siente un susurro junto a su oído:

-         Soy Venus, y he aceptado tu propuesta matrimonial-

Nuevamente se multiplican los desenlaces. En alguno, la estatua asesina a la esposa. En otro, al muchacho. En una tercera narración, el joven visita a un hechicero, quien le escribe una carta a Saturno rogándole su intervención. El joven debe sortear muchos peligros hasta que logra depositar el pedido de ayuda en manos del terrible dios, quien le ordena a Venus devolver el anillo de inmediato y dejar al muchacho en paz.

Francamente este último final no me gusta. Prefiero algún asesinato en el medio, porque no creo que la pobre Venus luego de esperar cientos de años a un candidato suelte la sortija tan fácilmente, por más terrible que fuera el viejo Saturno, capaz de comerse a su propio hijo. Alguien debía morir. O el atolondrado muchacho, capaz de ponerse a jugar con sus amigos a horas de la boda, o tal vez su esposa, digamos que por la fatalidad de las cosas. No hay que poner un anillo en el dedo de nadie a no estar completamente seguro, aunque se trate de un dedo estatuario. Porque, como dice Mérrimeé en La Venus de Ille: “ten cuidado si ella te ama”








sábado, 10 de agosto de 2013

Anfitrión

Parece que Alcmena era bellísima y que además tenía su carácter, porque le dijo a Anfitrión, su esposo y rey, que mientras no vengase a sus hermanos no podría poseerla. Allí fue Su Alteza Anfitrión a vengar y guerrear, a guerrear y vengar, presuroso por volver a casa y consumar el matrimonio con su hermosa mujer. Pero el pícaro Zeus tenía otros planes: transformándose en una copia exacta de Anfitrión, engañó a  Alcmena y la hizo suya.
Humildes mortales, a no ofendernos tanto si el Padre de los Dioses y los Hombres se fija en nuestra esposa y se nos adelanta en lo único que anhelamos mientras matamos por ahí. Es que tiene el poder y tiene la malicia para hacerlo. Sólo susurro una pequeña queja, ¡Oh magnífico Zeus! ¿era necesario que le ordenaras al Sol no salir por tres días para gozar largamente de los favores de la bella? Cuando al rato llegó el verdadero Anfitrión, se podrán imaginar lo que pasó: Alcmena le soltó un insípido ¡que hacés! y siguió durmiendo, para pesar y furia del pobre rey, que finalmente tuvo lo que buscaba pero que debe haber quedado lejos, muy lejos de lo que tantas noches imaginó. Es que después de yacer Zeus, los que venimos detrás, por más malabares que propongamos y cariños que prodiguemos, somos humildísimos mortales. De esa noche atroz nacieron salomónicamente Hércules (hijo de Zeus) e Ificles (hijo de Anfitrión)

Pero esa es otra historia. A modo de consejo para los lectores de este informe, si alguna noche la contingencia los encuentra escondidos en un armario que fatalmente es abierto por un esposo de pésimo carácter, prueben a decirle ¡SOY ZEUS! ¡SOY ZEUS! Con un poco de suerte y si gusta de la mitología, el atribulado consorte dudará y ustedes salvarán sus vidas si se dan a la fuga de inmediato.






Tentativa del rey Anfitrión de matar a Alcmena representada en una cerámica del S. IV a.C. Alcmena aparece subida en lo alto. Abajo se los ve a Anfitrión y a su esclavo Sosías intentando encender con antorchas una gran pila de troncos. En el cielo a la izquierda se ve a Zeus que ha aparecido para provocar una lluvia y salvarla. Alcema, más que tratar de explicarle al esposo parece pedirle ayuda a Zeus. Las nubes son representadas con forma de mujeres con cántaros que arrojan agua sobre la pira.

martes, 25 de diciembre de 2012

Fantasmas de Navidad


Quizás los fantasmas también se juntan esta noche, y celebran Navidad en alguna casa vieja. Quizás encienden cohetes y se ríen recordando viejos tiempos. Quizás haya niños espectro esperando que se hagan las doce para abrir regalos. Quizás brinden y algún espíritu borracho desafíe a pelear a un cuñado detestable. Quizás sean todos pacíficos. O tal vez malvados y crueles con los humanos. El quizá que más me preocupa es que estos fantasmas estén reunidos en mi casa y, ahora que me voy a dormir y escucho una especie de silbido que suena a risa apagada, me estremezco. Quizás esa pequeña luz que entra por la ventana y se marca en la pared, es el ojo de un pérfido fantasma que espera a que me duerma, para hacerme no sé qué maldades de ultratumba.


lunes, 24 de septiembre de 2012

¿Qué hago en Plutón?

El Jefe me dijo que la misión duraría seis meses y ya voy para dos años. Se ve que algún problema hubo, porque nadie me viene a buscar: ni Beto, ni el Capitán del Copa de Oro, ni nadie, che. Y ya me estoy poniendo nervioso. No sé si es el paisaje siempre igual de congelado, o el agua para el mate que de tibionga no pasa, o que estoy harto de hacer tragos frozen. Pero me quiero volver a casa y sigo aquí en Plutón, dale mirar al cielo polar, esperando, y nada. Y si viene uno que no para en la tierra,  por lo menos que me baje en Venus. Pero que alguien me rescate de Plutón porque yo, inventando naves espaciales calefaccionadas, mucha maña no me doy.








viernes, 6 de julio de 2012

Albedríos indultados


Un demonio travieso y envidioso de Dios quiso ser  bueno, entonces le retornó la vista al zaino manso que, herrumbrado en el establo, esperaba la muerte. El viejo patrón advirtió enseguida la alegría del caballo y lo mató, mientras se preguntaba por qué la suerte  perra hace milagros tan crueles. El demonio le susurró al viejo quién era y luego, le arrancó los ojos.

En eso llegó Dios, absoluto y perezoso. Por no intervenir, concedió esa tarde albedríos indultados a demonios bromistas que pretendieran imitarlo, y descansó.

miércoles, 18 de mayo de 2011

¿Qué hago en Plutón?

Que el colectivo 343 tiene un recorrido largo y sinuoso nadie lo discute. Lo que nunca pensé es que quedándome dormido iba a terminar en Plutón. Una frenada fuerte y me desperté. Sobresaltado bajé en la esquina y ahí me di cuenta. Básicamente porque hace un frío espantoso y porque un cartelito todo cubierto de nieve dice “Welcome to Pluton”

Cuando digo que hace frío, es porque hace frío: doscientos diez grados bajo cero (en verano) Decir que me dejé el piyama debajo del pantalón y el pullover y con eso tiro. Es de noche la mayor parte del tiempo y bares no se ven. Por suerte la blackberry me deja mandar sms, quería avisarte para que no te preocupes. El 343 que vuelve tendría que pasar cuando amanezca, el problema es que me parece que acá amanece poco. En fin, en cuanto me cruce con alguien le pido un pucho y con el humo del tabaco seguro se me calienta el cogote un poco más. Pensándolo bien, mi casa no es tan fría.

Bueno, decile a mi vieja que estoy bien y preguntale si me cosió el agujero del guante. La próxima vez que me tome el bondi me los pongo. Encima en el que vine había una ventanilla rota y entraba un fresquete…es que Plutón no es joda. Es tan frío como Necochea en julio, como mínimo. No te enojes si el SMS me quedó largo. Es lo único que tengo para hacer hasta que aparezca el transporte. Y me ayuda a no pensar que tengo $3,25 en monedas y el pasaje Plutón Liniers me parece que estaba a $3,50…¿Me dejará subir el chofer?

sábado, 14 de mayo de 2011

Una pesadilla de Kant

Immanuel Kant soñó que caminaba por una oscura calle de Berlín y alguien lo seguía. Apuraba el paso pero no conseguía perder de vista al extraño. Finalmente éste lo alcanzaba y le decía que era Jesús. Lo invitaba a recorrer el cielo y el infierno; podría hablar con cualquiera que allí encontrase. Immanuel aceptaba y descubría que ángeles y demonios eran muertos que habían optado por continuar siendo tal como eran en la tierra. Y que los que estaban en el cielo no sólo eran justos, sino también inteligentes (allí se hablaba de teología) En cambio el infierno estaba habitado por los que amaron la oscuridad en la tierra. Pero nadie sufría condena o gozaba de salvación eternas, todos podían elegir dónde estar. Alguien le comunicaba que los muertos no se enteran en seguida de que lo están; que los probos comienzan a ver y oír con mayor intensidad que cuando eran simples mortales. Y que en el cielo la luz es mucho más potente que en la tierra. Esa intensidad sensorial los volvía más sabios. Recién entonces advertían dónde estaban.

Por un demonio descubría que en el infierno los sentidos se veían disminuidos y ninguno de sus moradores percibía sus propias imperfecciones. Allí se disfrutaba del robo y la mentira y volvían a encontrarse los malvados terrenales. Ese ser infernal le indicaba a Kant que debía escribir en la tierra que “todo espíritu, bueno o malvado, vive en su propio deleite, el bueno en el deleite de su bien; el malvado en el deleite de su mal” Los demonios eran horribles, llenos de excrecencias y fístulas pero claro, ellos no se daban cuenta y se reputaban hermosos. Sólo los ángeles los veían tal cual eran.

Cuando Kant se dio cuenta de que fue un sueño, recordó que él mismo escribió que todos al despertar reconocemos la irrealidad de lo que soñamos. Que conocer a Dios no le ha sido dado al hombre y por eso Él es indemostrable. Que cualquier contacto con Dios es mero fetichismo religioso, falso de toda falsedad. Tomó un vaso de agua para recuperar la razón y se acostó de nuevo. No había terminado de dormirse cuando descubrió que alguien lo acechaba otra vez por las calles de Berlín. Era Jesús, y lo llamaba “Emanuel” en lugar de Immanuel. Kant apresuraba el paso pero el Señor insistía y le recordaba el significado de su nombre: “Dios está con nosotros”. Con espanto comprendió Kant que en su sueño recurrente ya no era Immanuel Kant sino Emanuel Swedenborg. El hombre que viajó al cielo y al infierno invitado por Dios y volvió para contárselo al mundo. El visionario. El loco. El último hombre en la tierra que Kant hubiera querido ser y sin embargo estaba siéndolo todas las noches en sueños horrorosos, reales.



sábado, 11 de septiembre de 2010

Partida infernal en "El Paraíso"


El once de septiembre de 2.020 Mujica Lainez recibirá a Borges en su casa llamada “El Paraíso” para jugar una extraña partida. El tablero parece de ajedrez pero los casilleros son blancos y rojos y las piezas, diferentes. No son humanas pero tienen vida. El invitado abrirá con Elohim. Manucho adelantará al soberbio Lucifer. Luego Borges seguirá con Adonai y el anfitrión, lujurioso, jugará con Asmodeo. Don Jorge Luis demorará un poco porque no ve. Se asegurará que está tocando a Shadai y le ordenará avanzar en el tablero. Eso enfurecerá a Mujica y con un rugido infernal colocará a Satanás en la lucha.El poeta ciego sonreirá. Probará una diablura con Yahveh. El Duque de Bomarzo se relajará y pondrá en combate a Belfegor. Las piezas estarán dispuestas en forma circular y la lucha será en el centro del tablero. No es momento para guardarse nada y el autor de “Ficciones” dispondrá de Jehová. El de “El Escarabajo” a Leviatán. Hashem es el paso siguiente de Borges que empezará a agotarse y Manucho lo continuará con Mammón. Georgie se quedará sin piezas pese a que Mujica aún tendrá a Belcebú, expectante. Ambos se reirán, la suerte parecerá echada. A punto de voltear a Jehová del medio del tablero, el poeta ciego se arrepentirá. No pondrá un nombre de Dios, pondrá una letra, que es silenciosa y que es la totalidad de la creación. No es el principio ni el fin de la creación, es su todo. Y dentro de la totalidad está Dios. Es la letra “alef”.
La jugada además de brillante será válida, Mujica la celebrará. Sólo le restará traer al goloso Belcebú y los nombres de Dios se enfrentarán a muerte contra los Siete Demonios. Mientras muevan las piezas los jugadores hablarán del Renacimiento y de Spinoza. Manucho le mostrará a Borges su famosa colección de objetos: el horóscopo que le hizo Xul Solar, amigo de los dos; el grabado de homenaje a Beardsley; el diseño de homenaje a Lautrémont; un recibo firmado por Garibaldi; el texto de magia de Stanislas de Guaita “marqués, poeta y morfinómano”. Y por sobre todas las cosas le mostrará el manuscrito de la traducción del “Amadís de Gaula” al francés, del año 1.540. Borges no podrá verlo pero sí olerlo, tocarlo, amarlo. Nuestro mundo dependerá del resultado final del juego, que constará de diez partidas. Contrariamente a lo que podríamos suponer, los jugadores intercambiarán piezas luego de cada partida. Al fin y al cabo, Mujica Lainez aún reside en “El Paraíso” y Borges pasó buena parte de su vida entre tinieblas.

El espejo del salón no dará cuenta de ninguna imagen de lo que allí suceda.




Homenaje de "La Menor Idea" a Manuel Mujica Lainez en el centenario de su natalicio. Las fotos son de su mítica residencia "El Paraíso" de Cruz Chica, Provincia de Córdoba, Argentina, y fueron tomadas el último verano.

Mujica, autor de páginas inmortales como Bomarzo, Misteriosa Buenos Aires o El Escarabajo, y Borges, autor de "El Aleph" y "Ficciones" fueron grandes amigos. Borges le dedicó estos versos:
Isaac Luria declara que la eterna Escritura
Tiene tantos sentidos como lectores. Cada
Versión es verdadera y ha sido prefijada
Por Quien ideó el lector, el libro y la lectura.
Tu versión de la patria, con sus fastos y brillos,
Entra en mi vaga sombra como si entrara el día
Y la oda se burla de la Oda. (La mía
No es más que una nostalgia de ignorantes
cuchillos
Y de viejo coraje.) Ya se estremece el Canto,
Ya, apenas contenidas por la prisión del verso,
surgen las muchedumbres del futuro y diverso
Reino que será tuyo, su júbilo y su llanto.
Manuel Mujica Lainez algunas vez tuvimos
una patria – ¿Recuerdas? – y los dos la
perdimos.


Mujica Lainez se inspiró en estas imágenes para escribir su novela "El Viaje de los siete demonios" Toda su residencia está llena de antigüedades, como las descriptas en el cuento.




Estuvimos allí.



viernes, 16 de julio de 2010

Un sueño verdadero y otro falso

Sueño recurrentemente con partidos de fútbol. Cuando son pesadillas no consigo conectar la pelota, las piernas no me responden, todo ocurre en cámara lenta. Y si son placenteros, las jugadas son perfectas y convierto goles maravillosos.
El de anoche fue un sueño en tiempo real. La jugada era ideal: quedo solo frente al arco, pateo y es un golazo. Dentro del sueño me doy cuenta que estoy soñando y que el sueño es de los buenos, y que todo ocurre como a mí me gustaría. Ya me despido, feliz. Estoy saliendo del sueño. Y de golpe, la desazón. El arquero del equipo contrario es mi padre.

En una isla abandonada están Borges, Cortázar y Mujica Lainez. No hay libros. Es una especie de Lost, allí ocurren cosas extrañas. Los tres reciben cada día un cuento mío, único alimento para sus almas. Semejantes monstruos solamente tienen contacto con la letra escrita mediante lo que a mí pueda ocurrírseme. Es mi paraíso, pero bien sé que para ellos es el infierno.



jueves, 8 de abril de 2010

El 6

Me pasa todos los jueves. Llego a casa bien tarde y rendido de jugar al fútbol (el cuerpo ya no es el mismo después de los treinta, mucho menos después de los cuarenta); también un poco bebido por la cerveza del final. No sé por qué invariablemente marco el piso 6º en el ascensor en lugar del 7º, que es donde está mi departamento.
Nunca me pasa otro día ni a otra hora, y siempre me doy cuenta luego de girar a la izquierda y buscar la puerta del fondo. Dudo un segundo antes de colocar la llave, y al advertir el error me asusto de pensar en la reacción de quien pudiera estar del otro lado. A esa puerta se le cayó el número, como a la mía. Creo que en ese instante postrero dudo por la lobreguez del pasillo, pero es el mismo edificio y todos los pisos naturalmente son iguales.
Hoy, por suerte, no me pasó. En realidad no recuerdo bien cómo fue, porque ganamos y llegué borracho. Ahora que me acosté y todo me da vueltas, tengo la impresión de que alguien me está observando; más de una persona en realidad. Me quiero levantar y no puedo. Trato de ordenarme un poco, ya no estoy seguro del piso en que bajé. Como en sueños pregunto si estoy en el séptimo piso y alguien me dice que no.

-Está en el piso 6, caballero…

La duda me sube del estómago. Antes de preguntarle adivino la respuesta.

- El número de departamento? El 66, claro…

jueves, 18 de marzo de 2010

Un piano en el altillo

Nadie quería dormir en la pieza más alta de la pensión de la calle Alsina. No es que hubiera fantasmas. O si alguien lo pensó, nunca me lo dijo. Pero la Buenos Aires de los años cincuenta es un caos de inmigrantes llegando y no pude elegir, así que tomé el cuarto más alto, el que no quería nadie. Como no creo en fantasmas, incluso cuando me aseguran que no existen, me acosté. Aquella noche de marzo era la primera para mí en Buenos Aires. Ya había dormido un buen rato cuando comprendí por qué nadie la quería. El sonido de un piano llegaba, lejano, desde algún lugar que no podía distinguir. Me asomé por la ventana. Salí al pasillo. Nada. Es que los sones venían de arriba, aunque estuviera en el último piso. La puerta que comunicaba a la terraza estaba cerrada con llave, pero mi curiosidad pudo más. No era precisamente una puerta difícil, con un leve empujón cedió dócilmente. A lo lejos, la Avenida de Mayo y sus fachadas madrileñas tornaron más irreal la situación, como si me encontrara en un sueño. Ahora sí, Bach y su Preludio en C mayor llegaban diáfanos desde la buhardilla del viejo edificio de al lado. Un anciano tocaba el piano y no entendí cómo podía haberlo subido hasta allí, ya que la estrecha escalera no se lo permitía de ningún modo. El ejecutante me daba la espalda, así que aprovechando la oscuridad de las estrellas encendí un cigarrillo y presencié el concierto. Me di cuenta que sólo tocaba obras de Bach. Luego del preludio siguió con los conciertos para piano , y varias veces reprimí el instinto de aplaudir cuando mis palmas ya casi se tocaban. Lloré. El anciano seguía y seguía y en cualquier momento comenzaría a clarear.
Al terminar Tocata y fuga el piano se silenció. El hombre giró sobre sí mismo y apuntó su mirada hacia donde yo me encontraba. Pese a que la noche me ocultaba, me inquietó esa mirada firme. No me asustó pero estaba seguro que él sabía que había alguien, allí en lo oscuro. No alguien. Yo. Luego, sin dejar de mirarme –porque me di cuenta que me había visto- sonrió y me dijo

nevermore

Recién ahí, evitando su mirada insostenible, me di cuenta que el altillo no tenía techo. También, que la función había terminado.

A la mañana siguiente pagué el cuarto y nunca más regresé a la pensión de la calle Alsina. Desde aquella noche sí creo en fantasmas. Aunque en este caso, nunca supe si el fantasma era el anciano o su imposible piano en el altillo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Un problema complicado

Cansado de llevar el problema sobre mis hombros, me metí a tomar un café al "Gato Negro". Pero como no me lo sacaba de encima, el mozo perspicaz me dijo:

- ¿por qué no deja su problema en la silla de al lado y se toma su café relajadamente?

Es que yo no sabía que se notaba tanto. Pero le hice caso y me saqué el problema de mis espaldas y lo puse en la silla de al lado. Incluso el mozo le preguntó si iba a tomar algo, y el problema le pidió un cortado.

- No sabía que se te veía, que hablabas y que además te gusta el café con un poco de leche- le dije

Mi problema no me hizo caso, lo cual tiene su lógica porque no me respeta. ¿Y como me iba a respetar si estoy obsesionado con él? Entonces cambié de táctica y contraataqué:

- ¿trajiste plata? el cortado, si no lo pagás vos, lo va a pagar Magoya. Porque yo, no.

Por primera vez mi problema me miró a los ojos, me reconoció. Creo que me respetó porque me dijo:

- vos me vas a pagar el cortado. ¿O te olvidás que soy el que no te deja dormir hace un año?
- Es verdad- le dije -pero hoy se me canta no tomarte en serio, de puro jodido que soy. Mozo! me cobra el café? El cortado que se lo pague el problema, porque se queda. Yo me voy.

Y el problema se quedó nomás en el café. Ahora está en las espaldas del mozo meterete, que espera un cliente perspicaz que le pregunte por qué no se saca su problema de las espaldas y lo sienta en alguna mesa. Con un poco de suerte, se lo enchufa a otro.

martes, 8 de diciembre de 2009

Los Muertos

¿Sabés cómo me di cuenta que estoy muerto? Porque no siento nada. No se siente nada. Incluso ahora, que me doy cuenta que no siento nada y estoy muerto, no siento nada.
No sé donde estoy, pero no huele a tostadas. No hay luz ni oscuridad (la nada no tiene color); no hay risas, ni mucho menos pájaros.
La muerte es no eso. Es nada. Ni siquiera la esperanza del dolor, que nos hace desear su final. Sé que ahora llega uno nuevo y extrañará su cuerpo, pero no llorará. Es que no puede. Y de inmediato lo invadirá nuestra nada. Es raro acá. El tiempo no pasa, no es más que un segundo eternizado. Nadie se explica bien qué eran el mañana o el ayer. Sin embargo hay recuerdos. De una tarde de otoño, por ejemplo. De los padres. Pero es como si fueran las fotos de un extraño. Uno las mira por cortesía o aburrimiento: el tipo con su esposa; el tipo con sus hijos; el tipo en el mar. El tipo es uno pero parece otro. La esencia de la mortalidad y de la inmortalidad es la misma: poder imaginar una mañana postrera o eterna. Aquí nos está vedado imaginar cualquier cosa, entonces no somos mortales ni inmortales. Somos nada, como el hueco de un ascensor, como una concavidad inútil. La otra vez vino una chica y dijo que sentía olor a chocolate. Debe haber estado loca. Ni siquiera huele a tierra húmeda o a madera podrida. Pero no te preocupes. Es que a veces me está permitido hablarte en sueños. Todo esto no será más que una mala noche de visiones confusas, olvidadas al amanecer. Eso sí, tal vez te despiertes con la boca seca, empapado por una extraña fiebre. Pero no te preocupes. No es nada.

martes, 19 de mayo de 2009

El espejo roto


Cuando oí el estrépito del espejo desplomándose en el suelo, lo primero que pensé fue en mi proverbial torpeza y luego, por supuesto, en los siete años de mala suerte. Lo que nunca imaginé es que detrás del espejo pudiera haber un túnel, y que en la siguiente ocasión que tuviera para reflexionar –es el momento en que esto escribo- me encontrara al final del corredor, viendo como una persona que parezco ser yo pero más vieja, escribe una carta a la luz de una vela, con la esperanza de que alguien lo saque de allí.

sábado, 9 de mayo de 2009

Existe un mundo mejor


- Base Central, les habla el comandante Mateson desde el planeta 3427. Las pruebas de supervivencia y adaptabilidad humanas han sido exitosas. Hay oxígeno suficiente, y luz y calor provenientes de la estrella A3427. A diferencia de la Tierra, no hemos registrado signos de radiación. También hay agua y especies vegetales y animales, y vida inteligente. Lamentablemente los pobladores de este planeta no se han mostrado amistosos con nuestro equipo, por lo que decidí enviarles al escuadrón de androides para acabar con ellos, pero están presentando una tenaz resistencia. Para desgracia de la misión, nuestros androides han confundido al enemigo, seguramente porque son muy parecidos a nosotros, y al volver a la nave para rearmarse han exterminado a toda la tripulación, excepto a quien les habla, que está atrincherado en la cabina de mando. No tengo opciones para volver porque no puedo pilotear la nave solo, de manera tal que solicito instrucciones. Considero que este planeta es totalmente apto para ser habitado por seres humanos ya que, repito, tiene luz, calor, oxígeno y agua potable, pero debemos terminar con el incidente que sigue en su punto máximo entre los androides descontrolados y los habitantes del planeta. Solicito autorización para tirar una bomba de plutonio, o bien una neutrónica, o en su defecto rociarlos con NAPALM, gas mostaza o agente naranja. Repito, espero instrucciones, pero creo que hemos encontrado nuestro ansiado hogar. Les pido por favor le comuniquen a mi esposa que estoy bien, esperando jubiloso mi momento final, porque para esto fui entrenado, y sé que moriré con gloria, luchando por conseguir un lugar mejor para nuestros hijos. ¡Viva la humanidad!

martes, 5 de mayo de 2009

Un 504 sin radio

En Buenos Aires hay miles de taxis circulando. Hay muchos nuevos, otros no tanto, y la mayoría son radiotaxis, porque ahora todo el mundo se quiere asegurar de no correr riesgos.
Hay un Peugeot 504 sin radio que maneja un viejito que escucha tangos y se parece a Sabato. Cuidado, es muy peligroso. ¡Pero no porque te asalte! el viejito te lleva al destino que vos le indiques, sólo que en otro tiempo. Tiempo pasado, para más datos. Cuando me llegó el rumor que me pasó un amigo “tachero” me causó gracia, pero luego hablé con algunos de sus pasajeros, y se me fue la risa. Nadie me quiso dar su nombre del miedo que tenían.
El Sr. “G.” le indicó al viejito que lo llevara a Nogoyá y Bermúdez, frente a la cárcel de Devoto. Y ahí lo dejó. Nomás bajarse empezó a escuchar un barullo de motores y cadenas. Un celular estaba llegando con los nuevos “huéspedes”, custodiados por unos penitenciarios. Pensó que estaban filmando una película de época por lo antiguo de los uniformes, pero no. En un kiosco vio el diario del día: 23 de julio de 1.934…

La Sra. “F.” me dijo que se subió al taxi en Chacarita, y le pidió que la llevara hasta Quintana y Junín, plena Recoleta. Se dio un susto bárbaro cuando vio el cortejo fúnebre. Estaban enterrando a Remedios de Escalada de San Martín en el “Cementerio del Norte”. Era el año 1.823 y el Gral. San Martín, no estaba.

Más delicado fue el caso del Sr. “H.”, que lo único que hizo fue pedirle al doble de Sabato que lo llevara a su casa. Y a su casa lo llevó, sólo que en 1.950, y se vio a sí mismo jugando a la pelota con los chicos del barrio, en la vereda. Lo habían puesto de arquero contra su voluntad y llorando llamaba a su mamá.

Los tres terminaron sus relatos en forma abrupta, como avergonzándose, y me dejaron cada uno de ellos sin contarme como hicieron para volver.
Cuando terminé la última entrevista, me tomé un taxi. Era un 504 sin radio conducido por un viejito que escuchaba tangos, pero me quedé tranquilo porque lo veía parecido a Borges. Pero era él. Claro, los tres testigos no tenían por qué saber de literatura.
Yo iba a “La Viña del Abasto” en Jean Jaurés y San Luis, pero me bajé antes porque era una noche de verano espléndida, y quería caminar un rato.
Estaba tan oscuro que no me di cuenta al principio. De una casa salía la voz del Mudo cantando “Soledad”. Me sorprendió la calidad de la grabación porque no se escuchaba ningún refrito en el piso del disco. Es que era él, el mismísimo Charles Romuald Gardés en su casa de Jean Jaurés 735.
Cuando me di cuenta no me asusté. Los muchachos estaban en el patio, tomando fresco, y el Zorzal Criollo, de buen humor, cantaba unos tangos rodeado de un silencio respetuoso.
Me vio detrás de la puerta entreabierta y me invitó a pasar. Me preguntó:
-¿Quién te viste, pibe?
Esa noche cantó todo lo que le pidieron y me quedé a comer con ellos. Doña Berta, cuando terminó de planchar, hizo ravioles.
A las cinco de la mañana me fui de la casa y empecé a caminar por el Abasto, sin saber bien adonde ir.
Y de repente por Corrientes apareció el 504. Ahora sí, mirándolo bien, me pareció igualito a Don Ernesto. Sonriente me llevó hasta mi casa, y no me quiso cobrar.
En el estéreo sonaba Carlitos cantando “Silencio en la noche”
Así que ya sabés. Si ves un 504 sin radio, conducido por un viejito que se parece a Sabato, pensalo dos veces antes de subirte. Por mi parte voy atento y si lo veo, ya sé bien adonde iré. Jean Jaurés 735. La casa de un amigo.


sábado, 31 de enero de 2009

La máquina de escribir

Cuando en rueda de iniciados los devotos de la reencarnación le contaban sus vidas anteriores, e inevitablemente aparecían Napoleones y Cleopatras, él manifestaba una antigua vida de objeto, lo que chocaba contra los principios del sistema. El señalaba que en su vida anterior fue una brillante y veloz Rémington.

- No puedes haber sido un objeto inanimado, le dijeron.
- Es que no era inanimado. Esa máquina tenía vida en forma de sonetos, cuentos, alegorías y romances. En novelas. En poesías perfectas. La máquina no necesitaba alguien que le escribiera, lo hacía sola, y sin detenerse jamás…

Y así, bebiendo tranquilamente una copa de vino, el ex Sr. Rémington conversaba allí al fondo de la reunión con un Ramsés de barba y bigotes, mientras un Almirante Nelson hablaba de Trafalgar con Don Pelayo, y un tal Bustos se reconciliaba con un Manco Paz de improbables manos exquisitas.
Ninguna fama prestada buscó el ex Sr. Rémington para su experiencia anterior. El, prefería imaginarse como una hermosa máquina. Una máquina de escribir que no se detuviera nunca…



















lunes, 26 de enero de 2009

Procrastinación

En mi barrio hay una viejita con la que me gusta hablar, aunque algunos le escapan porque está medio loca. Y a ella le gusta charlar conmigo porque yo “leo libros” y le cuento las novedades que no salen en la tele.
El otro día le pregunté qué opinaba de la vida después de la muerte. La viejita sonrió. Me contó que un minuto antes de morir todos pasamos por una habitación cuidada por un anciano (más viejito que ella incluso, lo que es mucho decir) El cuarto es pequeño y tiene dos puertas, una de entrada y la otra de salida. Jamás se puede alterar el orden de estas puertas: por una entra la gente, y al viejito le hace mucha gracia los que llegan temblando, temiéndole al infierno por anticipado. También se ríe de los que llegan cantando, en paz, por saberse ganadores del paraíso. A todos ellos el anciano les muestra un cartel pequeño, que está casi al ras del piso de la puerta de salida, la que separa la vida de la muerte y dice:

“Cuando cruces esta puerta, no encontrarás nada, absolutamente nada. Las cuentas que no le pagaste a la vida, impagas quedarán. Lo que no viviste, no podrás vivirlo ya. Y si has sido una buena persona ¡alégrate! Habrá gente que te estará agradecida… pero con ello no has conseguido ningún salvoconducto. No hay tal cielo ni tal infierno. ¡Alégrate de nuevo! La eternidad no era buena, no podría serlo…”

La vieja terminó su historia y yo estaba mudo. Por decir algo balbuceé la palabra “procrastinación” y ella por supuesto que no la conocía. Le dije que otro día volvía y se la explicaba. Es que se me hacía tarde para todo…

martes, 23 de diciembre de 2008

Cuentito de Navidad

Hay algo raro abajo. Primero oyó un ruido apagado, como un murmullo. Cuando bajó, recordó que la lámpara del sótano estaba quemada. La linterna alcanzó a mostrarle un destello, algo que se movía. Revisó meticulosamente todos los trastos, y nada. ¿ratones? Nunca hubo, es otra cosa…
Arriba, la familia reunida en la mesa navideña la llama. El banquete está listo. Comieron y bebieron, y a medianoche abrieron los regalos. Todos están felices menos una.
Porque hay algo raro abajo. Y la única que lo sabe es ella.
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