domingo, 1 de septiembre de 2013
La justicia en Herewon
lunes, 19 de agosto de 2013
La señora del anillo
sábado, 10 de agosto de 2013
Anfitrión
martes, 25 de diciembre de 2012
Fantasmas de Navidad
lunes, 24 de septiembre de 2012
¿Qué hago en Plutón?
viernes, 6 de julio de 2012
Albedríos indultados
miércoles, 18 de mayo de 2011
¿Qué hago en Plutón?
Que el colectivo 343 tiene un recorrido largo y sinuoso nadie lo discute. Lo que nunca pensé es que quedándome dormido iba a terminar en Plutón. Una frenada fuerte y me desperté. Sobresaltado bajé en la esquina y ahí me di cuenta. Básicamente porque hace un frío espantoso y porque un cartelito todo cubierto de nieve dice “Welcome to Pluton”
Cuando digo que hace frío, es porque hace frío: doscientos diez grados bajo cero (en verano) Decir que me dejé el piyama debajo del pantalón y el pullover y con eso tiro. Es de noche la mayor parte del tiempo y bares no se ven. Por suerte la blackberry me deja mandar sms, quería avisarte para que no te preocupes. El 343 que vuelve tendría que pasar cuando amanezca, el problema es que me parece que acá amanece poco. En fin, en cuanto me cruce con alguien le pido un pucho y con el humo del tabaco seguro se me calienta el cogote un poco más. Pensándolo bien, mi casa no es tan fría.
Bueno, decile a mi vieja que estoy bien y preguntale si me cosió el agujero del guante. La próxima vez que me tome el bondi me los pongo. Encima en el que vine había una ventanilla rota y entraba un fresquete…es que Plutón no es joda. Es tan frío como Necochea en julio, como mínimo. No te enojes si el SMS me quedó largo. Es lo único que tengo para hacer hasta que aparezca el transporte. Y me ayuda a no pensar que tengo $3,25 en monedas y el pasaje Plutón Liniers me parece que estaba a $3,50…¿Me dejará subir el chofer?
sábado, 14 de mayo de 2011
Una pesadilla de Kant

Immanuel Kant soñó que caminaba por una oscura calle de Berlín y alguien lo seguía. Apuraba el paso pero no conseguía perder de vista al extraño. Finalmente éste lo alcanzaba y le decía que era Jesús. Lo invitaba a recorrer el cielo y el infierno; podría hablar con cualquiera que allí encontrase. Immanuel aceptaba y descubría que ángeles y demonios eran muertos que habían optado por continuar siendo tal como eran en la tierra. Y que los que estaban en el cielo no sólo eran justos, sino también inteligentes (allí se hablaba de teología) En cambio el infierno estaba habitado por los que amaron la oscuridad en la tierra. Pero nadie sufría condena o gozaba de salvación eternas, todos podían elegir dónde estar. Alguien le comunicaba que los muertos no se enteran en seguida de que lo están; que los probos comienzan a ver y oír con mayor intensidad que cuando eran simples mortales. Y que en el cielo la luz es mucho más potente que en la tierra. Esa intensidad sensorial los volvía más sabios. Recién entonces advertían dónde estaban.
Por un demonio descubría que en el infierno los sentidos se veían disminuidos y ninguno de sus moradores percibía sus propias imperfecciones. Allí se disfrutaba del robo y la mentira y volvían a encontrarse los malvados terrenales. Ese ser infernal le indicaba a Kant que debía escribir en la tierra que “todo espíritu, bueno o malvado, vive en su propio deleite, el bueno en el deleite de su bien; el malvado en el deleite de su mal” Los demonios eran horribles, llenos de excrecencias y fístulas pero claro, ellos no se daban cuenta y se reputaban hermosos. Sólo los ángeles los veían tal cual eran.
Cuando Kant se dio cuenta de que fue un sueño, recordó que él mismo escribió que todos al despertar reconocemos la irrealidad de lo que soñamos. Que conocer a Dios no le ha sido dado al hombre y por eso Él es indemostrable. Que cualquier contacto con Dios es mero fetichismo religioso, falso de toda falsedad. Tomó un vaso de agua para recuperar la razón y se acostó de nuevo. No había terminado de dormirse cuando descubrió que alguien lo acechaba otra vez por las calles de Berlín. Era Jesús, y lo llamaba “Emanuel” en lugar de Immanuel. Kant apresuraba el paso pero el Señor insistía y le recordaba el significado de su nombre: “Dios está con nosotros”. Con espanto comprendió Kant que en su sueño recurrente ya no era Immanuel Kant sino Emanuel Swedenborg. El hombre que viajó al cielo y al infierno invitado por Dios y volvió para contárselo al mundo. El visionario. El loco. El último hombre en la tierra que Kant hubiera querido ser y sin embargo estaba siéndolo todas las noches en sueños horrorosos, reales.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Partida infernal en "El Paraíso"

El once de septiembre de 2.020 Mujica Lainez recibirá a Borges en su casa llamada “El Paraíso” para jugar una extraña partida. El tablero parece de ajedrez pero los casilleros son blancos y rojos y las piezas, diferentes. No son humanas pero tienen vida. El invitado abrirá con Elohim. Manucho adelantará al soberbio Lucifer. Luego Borges seguirá con Adonai y el anfitrión, lujurioso, jugará con Asmodeo. Don Jorge Luis demorará un poco porque no ve. Se asegurará que está tocando a Shadai y le ordenará avanzar en el tablero. Eso enfurecerá a Mujica y con un rugido infernal colocará a Satanás en la lucha.El poeta ciego sonreirá. Probará una diablura con Yahveh. El Duque de Bomarzo se relajará y pondrá en combate a Belfegor. Las piezas estarán dispuestas en forma circular y la lucha será en el centro del tablero. No es momento para guardarse nada y el autor de “Ficciones” dispondrá de Jehová. El de “El Escarabajo” a Leviatán. Hashem es el paso siguiente de Borges que empezará a agotarse y Manucho lo continuará con Mammón. Georgie se quedará sin piezas pese a que Mujica aún tendrá a Belcebú, expectante. Ambos se reirán, la suerte parecerá echada. A punto de voltear a Jehová del medio del tablero, el poeta ciego se arrepentirá. No pondrá un nombre de Dios, pondrá una letra, que es silenciosa y que es la totalidad de la creación. No es el principio ni el fin de la creación, es su todo. Y dentro de la totalidad está Dios. Es la letra “alef”.
La jugada además de brillante será válida, Mujica la celebrará. Sólo le restará traer al goloso Belcebú y los nombres de Dios se enfrentarán a muerte contra los Siete Demonios. Mientras muevan las piezas los jugadores hablarán del Renacimiento y de Spinoza. Manucho le mostrará a Borges su famosa colección de objetos: el horóscopo que le hizo Xul Solar, amigo de los dos; el grabado de homenaje a Beardsley; el diseño de homenaje a Lautrémont; un recibo firmado por Garibaldi; el texto de magia de Stanislas de Guaita “marqués, poeta y morfinómano”. Y por sobre todas las cosas le mostrará el manuscrito de la traducción del “Amadís de Gaula” al francés, del año 1.540. Borges no podrá verlo pero sí olerlo, tocarlo, amarlo. Nuestro mundo dependerá del resultado final del juego, que constará de diez partidas. Contrariamente a lo que podríamos suponer, los jugadores intercambiarán piezas luego de cada partida. Al fin y al cabo, Mujica Lainez aún reside en “El Paraíso” y Borges pasó buena parte de su vida entre tinieblas.
El espejo del salón no dará cuenta de ninguna imagen de lo que allí suceda.
Homenaje de "La Menor Idea" a Manuel Mujica Lainez en el centenario de su natalicio. Las fotos son de su mítica residencia "El Paraíso" de Cruz Chica, Provincia de Córdoba, Argentina, y fueron tomadas el último verano.
Mujica, autor de páginas inmortales como Bomarzo, Misteriosa Buenos Aires o El Escarabajo, y Borges, autor de "El Aleph" y "Ficciones" fueron grandes amigos. Borges le dedicó estos versos:Tu versión de la patria, con sus fastos y brillos,
viernes, 16 de julio de 2010
Un sueño verdadero y otro falso
El de anoche fue un sueño en tiempo real. La jugada era ideal: quedo solo frente al arco, pateo y es un golazo. Dentro del sueño me doy cuenta que estoy soñando y que el sueño es de los buenos, y que todo ocurre como a mí me gustaría. Ya me despido, feliz. Estoy saliendo del sueño. Y de golpe, la desazón. El arquero del equipo contrario es mi padre.
En una isla abandonada están Borges, Cortázar y Mujica Lainez. No hay libros. Es una especie de Lost, allí ocurren cosas extrañas. Los tres reciben cada día un cuento mío, único alimento para sus almas. Semejantes monstruos solamente tienen contacto con la letra escrita mediante lo que a mí pueda ocurrírseme. Es mi paraíso, pero bien sé que para ellos es el infierno.

jueves, 8 de abril de 2010
El 6
Nunca me pasa otro día ni a otra hora, y siempre me doy cuenta luego de girar a la izquierda y buscar la puerta del fondo. Dudo un segundo antes de colocar la llave, y al advertir el error me asusto de pensar en la reacción de quien pudiera estar del otro lado. A esa puerta se le cayó el número, como a la mía. Creo que en ese instante postrero dudo por la lobreguez del pasillo, pero es el mismo edificio y todos los pisos naturalmente son iguales.
Hoy, por suerte, no me pasó. En realidad no recuerdo bien cómo fue, porque ganamos y llegué borracho. Ahora que me acosté y todo me da vueltas, tengo la impresión de que alguien me está observando; más de una persona en realidad. Me quiero levantar y no puedo. Trato de ordenarme un poco, ya no estoy seguro del piso en que bajé. Como en sueños pregunto si estoy en el séptimo piso y alguien me dice que no.
-Está en el piso 6, caballero…
La duda me sube del estómago. Antes de preguntarle adivino la respuesta.
- El número de departamento? El 66, claro…
jueves, 18 de marzo de 2010
Un piano en el altillo
Al terminar Tocata y fuga el piano se silenció. El hombre giró sobre sí mismo y apuntó su mirada hacia donde yo me encontraba. Pese a que la noche me ocultaba, me inquietó esa mirada firme. No me asustó pero estaba seguro que él sabía que había alguien, allí en lo oscuro. No alguien. Yo. Luego, sin dejar de mirarme –porque me di cuenta que me había visto- sonrió y me dijo
nevermore
Recién ahí, evitando su mirada insostenible, me di cuenta que el altillo no tenía techo. También, que la función había terminado.
A la mañana siguiente pagué el cuarto y nunca más regresé a la pensión de la calle Alsina. Desde aquella noche sí creo en fantasmas. Aunque en este caso, nunca supe si el fantasma era el anciano o su imposible piano en el altillo.
viernes, 25 de diciembre de 2009
Un problema complicado
- ¿por qué no deja su problema en la silla de al lado y se toma su café relajadamente?
Es que yo no sabía que se notaba tanto. Pero le hice caso y me saqué el problema de mis espaldas y lo puse en la silla de al lado. Incluso el mozo le preguntó si iba a tomar algo, y el problema le pidió un cortado.
- No sabía que se te veía, que hablabas y que además te gusta el café con un poco de leche- le dije
Mi problema no me hizo caso, lo cual tiene su lógica porque no me respeta. ¿Y como me iba a respetar si estoy obsesionado con él? Entonces cambié de táctica y contraataqué:
- ¿trajiste plata? el cortado, si no lo pagás vos, lo va a pagar Magoya. Porque yo, no.
Por primera vez mi problema me miró a los ojos, me reconoció. Creo que me respetó porque me dijo:
- vos me vas a pagar el cortado. ¿O te olvidás que soy el que no te deja dormir hace un año?
- Es verdad- le dije -pero hoy se me canta no tomarte en serio, de puro jodido que soy. Mozo! me cobra el café? El cortado que se lo pague el problema, porque se queda. Yo me voy.
Y el problema se quedó nomás en el café. Ahora está en las espaldas del mozo meterete, que espera un cliente perspicaz que le pregunte por qué no se saca su problema de las espaldas y lo sienta en alguna mesa. Con un poco de suerte, se lo enchufa a otro.
martes, 8 de diciembre de 2009
Los Muertos
No sé donde estoy, pero no huele a tostadas. No hay luz ni oscuridad (la nada no tiene color); no hay risas, ni mucho menos pájaros.
La muerte es no eso. Es nada. Ni siquiera la esperanza del dolor, que nos hace desear su final. Sé que ahora llega uno nuevo y extrañará su cuerpo, pero no llorará. Es que no puede. Y de inmediato lo invadirá nuestra nada. Es raro acá. El tiempo no pasa, no es más que un segundo eternizado. Nadie se explica bien qué eran el mañana o el ayer. Sin embargo hay recuerdos. De una tarde de otoño, por ejemplo. De los padres. Pero es como si fueran las fotos de un extraño. Uno las mira por cortesía o aburrimiento: el tipo con su esposa; el tipo con sus hijos; el tipo en el mar. El tipo es uno pero parece otro. La esencia de la mortalidad y de la inmortalidad es la misma: poder imaginar una mañana postrera o eterna. Aquí nos está vedado imaginar cualquier cosa, entonces no somos mortales ni inmortales. Somos nada, como el hueco de un ascensor, como una concavidad inútil. La otra vez vino una chica y dijo que sentía olor a chocolate. Debe haber estado loca. Ni siquiera huele a tierra húmeda o a madera podrida. Pero no te preocupes. Es que a veces me está permitido hablarte en sueños. Todo esto no será más que una mala noche de visiones confusas, olvidadas al amanecer. Eso sí, tal vez te despiertes con la boca seca, empapado por una extraña fiebre. Pero no te preocupes. No es nada.
martes, 19 de mayo de 2009
El espejo roto

sábado, 9 de mayo de 2009
Existe un mundo mejor

martes, 5 de mayo de 2009
Un 504 sin radio
Hay un Peugeot 504 sin radio que maneja un viejito que escucha tangos y se parece a Sabato. Cuidado, es muy peligroso. ¡Pero no porque te asalte! el viejito te lleva al destino que vos le indiques, sólo que en otro tiempo. Tiempo pasado, para más datos. Cuando me llegó el rumor que me pasó un amigo “tachero” me causó gracia, pero luego hablé con algunos de sus pasajeros, y se me fue la risa. Nadie me quiso dar su nombre del miedo que tenían.
El Sr. “G.” le indicó al viejito que lo llevara a Nogoyá y Bermúdez, frente a la cárcel de Devoto. Y ahí lo dejó. Nomás bajarse empezó a escuchar un barullo de motores y cadenas. Un celular estaba llegando con los nuevos “huéspedes”, custodiados por unos penitenciarios. Pensó que estaban filmando una película de época por lo antiguo de los uniformes, pero no. En un kiosco vio el diario del día: 23 de julio de 1.934…
La Sra. “F.” me dijo que se subió al taxi en Chacarita, y le pidió que la llevara hasta Quintana y Junín, plena Recoleta. Se dio un susto bárbaro cuando vio el cortejo fúnebre. Estaban enterrando a Remedios de Escalada de San Martín en el “Cementerio del Norte”. Era el año 1.823 y el Gral. San Martín, no estaba.
Más delicado fue el caso del Sr. “H.”, que lo único que hizo fue pedirle al doble de Sabato que lo llevara a su casa. Y a su casa lo llevó, sólo que en 1.950, y se vio a sí mismo jugando a la pelota con los chicos del barrio, en la vereda. Lo habían puesto de arquero contra su voluntad y llorando llamaba a su mamá.
Los tres terminaron sus relatos en forma abrupta, como avergonzándose, y me dejaron cada uno de ellos sin contarme como hicieron para volver.
Cuando terminé la última entrevista, me tomé un taxi. Era un 504 sin radio conducido por un viejito que escuchaba tangos, pero me quedé tranquilo porque lo veía parecido a Borges. Pero era él. Claro, los tres testigos no tenían por qué saber de literatura.
Yo iba a “La Viña del Abasto” en Jean Jaurés y San Luis, pero me bajé antes porque era una noche de verano espléndida, y quería caminar un rato.
Estaba tan oscuro que no me di cuenta al principio. De una casa salía la voz del Mudo cantando “Soledad”. Me sorprendió la calidad de la grabación porque no se escuchaba ningún refrito en el piso del disco. Es que era él, el mismísimo Charles Romuald Gardés en su casa de Jean Jaurés 735.
Cuando me di cuenta no me asusté. Los muchachos estaban en el patio, tomando fresco, y el Zorzal Criollo, de buen humor, cantaba unos tangos rodeado de un silencio respetuoso.
Me vio detrás de la puerta entreabierta y me invitó a pasar. Me preguntó:
-¿Quién te viste, pibe?
Esa noche cantó todo lo que le pidieron y me quedé a comer con ellos. Doña Berta, cuando terminó de planchar, hizo ravioles.
A las cinco de la mañana me fui de la casa y empecé a caminar por el Abasto, sin saber bien adonde ir.
Y de repente por Corrientes apareció el 504. Ahora sí, mirándolo bien, me pareció igualito a Don Ernesto. Sonriente me llevó hasta mi casa, y no me quiso cobrar.
En el estéreo sonaba Carlitos cantando “Silencio en la noche”
Así que ya sabés. Si ves un 504 sin radio, conducido por un viejito que se parece a Sabato, pensalo dos veces antes de subirte. Por mi parte voy atento y si lo veo, ya sé bien adonde iré. Jean Jaurés 735. La casa de un amigo.
sábado, 31 de enero de 2009
La máquina de escribir
- No puedes haber sido un objeto inanimado, le dijeron.
- Es que no era inanimado. Esa máquina tenía vida en forma de sonetos, cuentos, alegorías y romances. En novelas. En poesías perfectas. La máquina no necesitaba alguien que le escribiera, lo hacía sola, y sin detenerse jamás…
Y así, bebiendo tranquilamente una copa de vino, el ex Sr. Rémington conversaba allí al fondo de la reunión con un Ramsés de barba y bigotes, mientras un Almirante Nelson hablaba de Trafalgar con Don Pelayo, y un tal Bustos se reconciliaba con un Manco Paz de improbables manos exquisitas.
Ninguna fama prestada buscó el ex Sr. Rémington para su experiencia anterior. El, prefería imaginarse como una hermosa máquina. Una máquina de escribir que no se detuviera nunca…


lunes, 26 de enero de 2009
Procrastinación
El otro día le pregunté qué opinaba de la vida después de la muerte. La viejita sonrió. Me contó que un minuto antes de morir todos pasamos por una habitación cuidada por un anciano (más viejito que ella incluso, lo que es mucho decir) El cuarto es pequeño y tiene dos puertas, una de entrada y la otra de salida. Jamás se puede alterar el orden de estas puertas: por una entra la gente, y al viejito le hace mucha gracia los que llegan temblando, temiéndole al infierno por anticipado. También se ríe de los que llegan cantando, en paz, por saberse ganadores del paraíso. A todos ellos el anciano les muestra un cartel pequeño, que está casi al ras del piso de la puerta de salida, la que separa la vida de la muerte y dice:
“Cuando cruces esta puerta, no encontrarás nada, absolutamente nada. Las cuentas que no le pagaste a la vida, impagas quedarán. Lo que no viviste, no podrás vivirlo ya. Y si has sido una buena persona ¡alégrate! Habrá gente que te estará agradecida… pero con ello no has conseguido ningún salvoconducto. No hay tal cielo ni tal infierno. ¡Alégrate de nuevo! La eternidad no era buena, no podría serlo…”
La vieja terminó su historia y yo estaba mudo. Por decir algo balbuceé la palabra “procrastinación” y ella por supuesto que no la conocía. Le dije que otro día volvía y se la explicaba. Es que se me hacía tarde para todo…
martes, 23 de diciembre de 2008
Cuentito de Navidad
Arriba, la familia reunida en la mesa navideña la llama. El banquete está listo. Comieron y bebieron, y a medianoche abrieron los regalos. Todos están felices menos una.
Porque hay algo raro abajo. Y la única que lo sabe es ella.











1939 - Liv Ullman (FOTO), actriz.




