viernes, 6 de marzo de 2009

Sexo oral

Cuando el quinceañero volvió de su viaje, no pensó que habría una sorpresa luego de la sorpresa.
El viaje al país extranjero detrás de un partido de fútbol, comenzó en el "Dragón Verde", un extraño cabaret/casa de citas como nunca había siquiera imaginado.

Se lo contó a sus amigos de la clase. Luego se corrió la voz y empezaron a llegar los compañeros del curso de al lado. Y éstos trajeron a los alumnos más pequeños. Y luego vinieron los de los cursos más grandes. Todos querían escuchar las historias del "Dragón Verde" de la boca del protagonista.

Y el quinceañero, en medio del círculo silencioso, contaba a media voz, como se cuentan las cosas prohibidas. Relataba que había viajado con su padre y un grupo de fanáticos del equipo de sus amores, todos mayores de edad menos él. Que en el medio del "City Tour" con los muchachos aparecieron las luces verdes de las marquesinas del Dragón y los jóvenes decidieron entrar. Que le preguntaron al quinceañero si se animaba, y bastante asustado dijo que sí. Que el portero se negaba a darle acceso. Que el Jefe del grupo dijo que si no entraba el niño no entraba ninguno. Que salió el dueño y vio que eran treinta clientes que no se podía perder de ninguna manera. Que el dueño se llevó un minuto al quinceañero y le preguntó la edad y le aseguró que no sucedería nada malo, que si tenía miedo. Que el niño mintió que no. Que cuando llegó la camarera y todos pidieron whisky él pidió una coca cola. Que en seguida se le acercaron dos chicas muertas de risa. Que todo el mundo se perdió ahí adentro y él se quedó solo con ellas. Que luego dio la vuelta a la manzana con una hasta un hotel. Y que a la noche siguiente fue con la otra. Y en la segunda noche se pidió un gancia con hielo, porque el whisky todavía le resultaba imposible...

El quinceañero advirtió la potencia de los relatos orales en el silencio de iglesia (perdón la herejía) de su audiencia. Y notó que unos preferían los detalles previos. Otros, la concreción del asunto. También observó que a algunos se les entrecortaba la respiración, y había también quién lo seguía cada vez que empezaba el relato pese a haberlo escuchado mil veces, e incluso le servía de apuntador cuando omitía algún detalle.
Las chicas de la escuela tenían prohibido participar de esas reuniones, aunque conocían la historia perfectamente, vaya a saber uno cómo. Seguramente por el estribillo que empezó a circular por el colegio, que le cantaba a cierto "Dragón Verde" y que los profesores no alcanzaban a acertar en su significado.
Incluso el quinceañero contaba el numerito por teléfono, y una vez lo escuchó su madre, quien se volvió loca con su ex esposo, que cómo puede ser, que una vez que viajan juntos ocurre esto...


Quince años después el quinceañero volvió a aquella ciudad extranjera, y pasó por la puerta del Dragón, que seguía existiendo. Iba acompañado, no podía, no quería entrar. Lo que le impactó fue que la entrada no era tan grande ni sus luces eran tan brillantes.
Aún recordaba los momentos que vivió allí. Pero más todavía recordaba esos relatos musitados, rodeado de niños y adolescentes que lo escuchaban como si fuera el cuento más importante del mundo.

Porque no se trata solamente, como en el dicho, de vivir para contarla. También se puede contar para vivirla, ya que en este caso hubo una escuela entera que vivió la aventura en el lejano y exótico "Dragón Verde", simplemente porque uno de ellos se los contó.

20 comentarios:

Reina dijo...

Querido, dulce y temeroso quinceañero; a esa edad es vivir para contarla. Quince años después es contarla para revivirla y recordar el "pánico", la timidez y sonreír.

Besos

maria dijo...

siempre habra leyendas o cuentos que otros vivieron besitos maria

Haifa dijo...

Me parece que esta historia tiene mucho de lo personal, no? ;o).
Muy bueno el relato, muy decriptivo en imágenes y sentimientos.
Besos

David dijo...

wow, como siempre nos relatas estas historias tan llenas de alma...lo bordas en cada punto y final. Un abrazo

Mariela Torres dijo...

Sí, contar una historia es revivirla y reinventarla.
Muy buen relato.

marichuy dijo...

Marcelo

Me encanta el quinceañero; joven pero listo y apto para el aprendizaje rápido. Ya lo creo que sus relatos, contados en la Iglesia, se escuchaban doblemente sabrosos.

Un beso

Merche Pallarés dijo...

Muchos quinceañeros creo que han tenido su primera experiencia en lugares como El Dragón Verde... Lo bueno es contarlo despues por supuesto... Besotes, M.

gloria dijo...

"contar para vivirla"... qué frase, Marcelo. Tú no dejes de contar historias, de quinceañeros descubriendo la vida, de pistoleros moribundos, o de porteros con miradas incómodas. Siempre tendrás un grupo alrededor con los ojos ávidos esperando escucharte (leerte).
Una gran historia, propia de un contador nato.
Un beso.

Aurora dijo...

Nunca mejor dicho, "Sexo oral", el de esos chicos escuchando al quinceañero.
Vos tenés un don para los títulos, y claro que podés participar en mi blog, Marcelo.
Besos.

Camille Stein dijo...

lo importante es contarlo
y saber cómo hacerlo

... el quinceañero se convirtió, sin quererlo, en juglar y relator de historias extraordinarias

un abrazo, Marcelo

Ana dijo...

Ay, Dios!! Yo tengo un niño de trece...¡Cuánto me identifico con la madre!
Adoro las historias de boca a boca. Las personas al relatar los hechos se envuelven de cierto halo de misterio subjetivo que me subyuga.
La sexualidad a esa edad era tan misteriosa y tabú, que escuchar suponía una gran lección de vida... (Eso creíamos)
Ya hay alguien más imaginando aquel Dragón Verde que iluminó sueños adolescentes.

Caminodelsur dijo...

Siempre que volvemos a un lugar el recuerdo es màs grandioso y brillante. Me recordó a una pelicula chilena de iniciación "Julio comienza en Julio".

Cariños

m.eugènia creus-piqué dijo...

Lo que debía disfrutar el niño contando sus aventuras a los del cole, jajaja, buena historia chico guapo.

Fusa dijo...

Me ha hecho mucha gracia el título porque, hace unos años, una amiga estaba convencida de que sexo oral era hablar sobre sexo. Y nunca entendía nada. Yo me reía. Y reconozco hoy que tampoco entendía mucho.

Me ha gustado mucho ese fragmento que empieza todas las frase por Que, como si fuera cosa de juicios.

Un beso, M.

begoyrafa dijo...

Contar historias y que otros las escuchen es una de las cosas más fascinantes que existen, sobre todo las de la adolescencia en la que todo es tan todo. En la adolescencia todas las puertas son grandes, todos los carteles luminosos y todas las coca colas whiskis con soda.
Un abrazo
Rafa

Arcángel Mirón dijo...

Lejos están los tiempos en que yo creía que sexo oral era hablar de sexo. Qué inocente era.

Lena dijo...

Sencillamente delicioso.

Besos, Quinceañero.

(jiji)

:)

esteban lob dijo...

La verdad Marcelo- y no pretendo ser agua fiestas, pero se trata de la verdad- es que en nuestros tiempos con el sida a la vuelta de la esquina, el padre que lleva a su hijo a esos lugares, se hace cómplice de las calamidades que puedan sobrevenirle.

olhodopombo dijo...

e sempre recordando o passado com um sentido presente tão forte!

SUSANA dijo...

Impagable sensación capturar la atención de los compañeros en general (y el respeto sacrosanto de algunos en particular) Es como recibirse de “grande” delante de todos!
Creo que luego de semejante popularidad, el quinceañero fue una suerte de oráculo para los “no iniciados” Jajajajajá! Me encantó el que “servía de apuntador cuando omitía algún detalle del relato”!

Muy bueno Marcelo! Un beso!