miércoles, 11 de marzo de 2009

Es fácil (final)


Supo que había vuelto en sí por el apagado murmullo que alcanzaba a oír. Solamente eso percibía, porque estaba atado de pies y manos en una silla, vendado y amordazado. No alcanzaba a distinguir las voces, sólo sabía que se trataba de un hombre y de una mujer. Estaba tan tensamente maniatado que empujó la silla con todas sus fuerzas hacia atrás, a riesgo de romperse la nuca lastimada. Pero prefería eso a que se le cortara la circulación. Cuando se fue contra el piso el murmullo cesó un instante y luego continuó, más bajo aún. Unos minutos después levantaron su silla y le quitaron la mordaza.


- Gracias, Señora. No estaba siendo muy amable maltratando inútilmente a su detective. Especialmente, si estamos en el medio del campo y no tengo intenciones de gritar. Le agradecería si le dice al Chino que me afloje las sogas. No creo que quiera matarme, o al menos matarme aún, supongo que me lo explicará. Pero el Chino es un imbécil y ya provocó amputaciones con esa estúpida forma que tiene de amarrar a sus víctimas.


El silencio aterrorizado de ella y un resoplido caballar de él le dijeron que había acertado con la identidad de ambos.
- Chino, sacale la venda. ¿Cómo supo quienes éramos?
- Ud. camina siempre nerviosa, con los mismos zapatos altos y ruidosos de esta tarde. Y además, el Tuerto y el Chino siempre trabajaron juntos. No sé por qué no lo hicieron en este caso. Supongo que el resultado hubiera sido distinto con el Chino. La misma cantidad de muertos, pero con el doble de balas y más sangre, lógicamente.
Aunque lo vio venir, no tenía forma de evitar el puñetazo. Sólo intentó caer de costado. Su nuca ya no podía resistir ni siquiera una caricia…
-Gracias Chinito...¿Me va a explicar qué estoy haciendo aquí...Señora?
- O.K. Contraté al Tuerto para que mate a mi marido. Lo haría pasar por un robo. Si venía con el Chino la tarifa se duplicaba, y no tenía el dinero suficiente. Mi marido era -además de tacaño- pacifista, y por estos lugares no hay nadie. El trabajo era fácil. Entonces el Tuerto me ofreció hacerlo más barato pero con otro tipo. No sabemos de donde salió la infeliz de la mina ésta que encima estaba armada y arruinó todo. Cuando el Tuerto no se contactó me di cuenta que algo salió mal. Y más todavía cuando tampoco encontraba a mi marido. Entonces decidí llamarlo al Chino. Un poco de razón tiene, no es lo que se dice precisamente una persona sutil. A Ud. lo traje porque sí lo es, y necesito alterar la escena para que parezca un robo. Como sabía que iba a negarse a hacerlo, le inventé el motivo para que viniera por su propia voluntad. Lo que pasó después, su nuca ya lo sabe. Y lo que viene ahora es muy simple. Me ayuda a que esto parezca un robo. La policía local es muy bruta y nunca hace demasiadas preguntas. Ud. con su inteligencia puede engañarla. Me parece que no tiene muchas opciones, ¿no?
- ¡Claro! Si no la ayudo me mata. Y si la ayudo, Ud. dejará que me vaya tranquilamente, ¿verdad?
La mujer no contestó.
- Lo que no sé es si confía en mis poderes telepáticos o piensa desatarme de una vez. ¿No es cierto Chino? Cerró los ojos al ver el puño que como un garrote una vez más estallaría en su cara…
- ¡Pará Chino! Desatalo y no dejes de apuntarle…
Los tres sabían que nuestro detective era hombre muerto. Sólo había que decidirse cuando lo sería. Y él eligió que fuera lo más tarde posible.
- Hay que limpiar todas las huellas y la sangre. Sacar las armas y borrar la balacera. Revolver toda la casa y hacer desaparecer algunos objetos de valor. Me llevará hacer eso unas tres horas. También debemos deshacernos de los cadáveres de todos menos del de su querido esposo, Dios lo tenga en la Gloria. No hace falta llevarlos muy lejos, estamos en el medio del campo. Yo me ocupo de preparar la casa y el Chino los entierra…
El Chino hizo un extraño ruido que pareció una risa:
-No señor sabelotodo. Tenemos todo el tiempo del mundo. El enterrador de esta familia es usted…
Una vez borradas las huellas, la mujer se quedó en la casa, y el detective, con una pistola hurgándole la nuca herida, cargó los tres cuerpos en la “F 100” y se fue con el Chino hasta el lugar elegido: una zona pantanosa rodeada de árboles.
Nuestro detective empezó a cavar la tierra blanda, alumbrado por la linterna del Chino, que nunca dejaba de apuntarle. Al terminar el pozo, acercó la camioneta y desde arriba empujó los tres cuerpos. El Chino disfrutaba brutalmente el esfuerzo lacerante. La noche seguía oscura y silenciosa, y comenzó a sepultarlos. Cuando la tierra empezaba a disimular los cadáveres, se oyó un ruido sordo, como un eco. El detective se detuvo un instante.
- ¡Seguí!, dijo el Chino
La pala arrojó un poco más de tierra en el pozo, y se escuchó un quejido angustioso y suplicante:
- Por favor... ¡no quiero morir así!
El Chino, como un autómata, dirigió la linterna hacia el pozo y el haz de luz hizo centro en una mano que se movía, apenas. Lanzó un grito de horror: era el ayudante del Tuerto, que no se terminaba de morir nunca. ¿Cuánto tiempo lo tuvo enfocado? Lo que le duró la impresión, no más de cinco segundos... Cuando alumbró de nuevo al detective, éste ya no estaba. Y el palazo en la nuca del Chino fue implacable.


La señora fumaba y bebía whisky en la sala. Por enésima vez iba de aquí para allá taconeando sus zapatos rojos. Lo que más le horrorizaba era la presencia cercana del cadáver de su esposo, que continuaba sentado, como observándola. Se alivió al ver volver la camioneta. La silueta que descendió apenas se distinguía en la negrura nocturna.

- El Chino borró a los cuatro, el plan marcha a la perfección...
Cuando se dio cuenta quien era, se quedó paralizada por el espanto. Ninguna pistola había quedado a mano luego de la "limpieza"

- El trabajo está terminado Señora, ¿puede pagarme lo que me debe?
El detective la miraba fijamente. Recién ahora advertía, pese a su terror evidente, su belleza perfecta y gélida, enfundada en el vestido rojo como sus zapatos, imposible de llevar en el paraje donde se encontraban. Ella sonrió nerviosa, tratando de no perder el control de la situación. Sirvió dos whiskys con hielo mientras intentaba ordenar sus ideas. Luego, encendió dos cigarrillos y le dio uno al detective.
- Claro, por supuesto que sí. Seguramente la tarifa es mayor, ¿verdad?
- No, la tarifa es la misma, porque sólo le cobro por la primera parte del trabajo. También deberá pagar por la segunda, pero no a mí. Y si me disculpa, voy a llamar a la bruta policía local, tal vez en esta ocasión sí tengan muchas preguntas para hacerse. ¡Y por favor! mi whisky sírvalo doble y sin hielo...


FIN




(Cuando me desperté no me podía mover. Los médicos me dijeron que era un milagro eso de estar cuatro días con un balazo en la espalda y sobrevivir, aunque me contaron también que hubo casos de agonías más largas aún y con finales felices como el mío. Igualmente mi final no es tan feliz. No se sabe cómo quedará mi espalda ni cuantos años de cárcel me darán. ¡Pero estoy vivo!

En cambio el Tuerto está bajo tierra. Va a tener que esperarme un poco más en el infierno. Es una lástima, pero el que dijo que el trabajo iba a ser fácil fue él)

37 comentarios:

marichuy dijo...

Marcelo

Buenísimo el final; en verdad me parece estupendo.

Cherchez la femme! Escribió Alejandro Dumas hace más de cien años, en referencia a que detrás de los asuntos más cuestionables y descabellados... siempre hay una mujer.

Me encantó
Un beso

Merche Pallarés dijo...

Opino igual que MARICHUY, muy bueno el final. Me gustan estas pelis de cine negro; las antiguas sobre todo. Muchos besotes, M.

ANABEL dijo...

¡Que chulería la de ese detective! olé, olé, olé sus c.....
En la linea del cine más negro de los cuarente y cincuenta.
Te quedó un relato estupendo.
Besos gordísimos

gloria dijo...

Marcelo, ¿podrías darme el teléfono de ese detective? Tengo un asunto que resolver por lo que contaste es el hombre indicado. Por suerte salió victorioso de ésta y podrá hacerme el encargo. ¿Qué me dices?
Un beso.

P.D.1. Me cambiaré los zapatos, no vaya a ser que me asocie con la anterior mina que le contrató.

P.D.2. Prometo servirle un whisky doble sin hielo.

SUSANA dijo...

"Is easy"… unforgettable!
La femme fatale con zapatos rojos, los engaños, las mentiras cruzadas, la pobre nuca del detective (hasta me duele a mí!) y el ayudante del Tuerto “que no se terminaba de morir nunca” y no se muere! Jajajajajá! El detective impecable y moral… creo que ni se despeinó.
Sssspetacular, Marcelo! Muchas Gracias!

PD: Me mata la duda con esta frase: “El Chino borró a los cuatro, el plan marcha a la perfección” ¿Ironía del detective o se me escapa algo?

Camille Stein dijo...

un colofón magnífico, Marcelo

el género negro nunca muere y siempre seguirá vigente

y con relatos así... uf...


mi enhorabuena

un abrazo

m.eugènia creus-piqué dijo...

Fantástico chico guapo, me encantó. Besos.

Marcelo dijo...

Hola Marichuy! Creo que Dumas tenía razón con las mujeres de su tiempo. La tendrá también ahora?
Un beso y gracias

Marcelo dijo...

A mí también me gusta Merche. Y me gusta verlas ahora...
Un beso!

Marcelo dijo...

Hola Anabel! Como decía en la entrada anterior, el Detective es un personaje estable de esta casa, sólo que hacía mucho que no aparecía. Incluso tiene su propia etiqueta. Lo que no se le conoce es su nombre. Simplemente es "Nuestro detective"...
Un beso

Marcelo dijo...

Gloria: el hombre está chapado a la antigua, no sé si llevará móvil. Como dije la primera vez que apareció, incluso utiliza una vieja Rémington para escribir. Pero sí te puedo decir donde tiene su anticuada oficina. En el Antiguo Pasaje Rivarola de la Ciudad de Buenos Aires, lugar que vale la pena ver y ningún visitante lo conoce. Respecto a tus posdatas, no hace falta. El olvida inmediatamente el caso que acaba de terminar. Y con el whisky doble sin hielo ya tienes asegurada su atención, si es que no la tenías asegurada deantes.
Un beso

Marcelo dijo...

Susana: yo sé que te gusta parcelar la historia y rescatar algún párrafo en especial (a mí también me gusta hacer eso al leer!). Uno, imaginé que podía ser ese. Otro, algún párrafo del final del sobreviniente.
La chica mala, el detective moral, son ingredientes indispensables en esto, verdad?
Sobre la frase, eso lo dice la chica al ver regresar supuestamente al Chino. Los cuatro borrados son el Tuerto, la chica mala, el ayudante del Tuerto y...nuestro detective. El plan era que él también terminara liquidado. Muchas gracias por tu atenta lectura!
La última: en la tercer canción aparece un grupete de señores que yo sé que te gustan mucho...
Un beso!

Marcelo dijo...

Gracias Camille! Te cuento algo? Por supuesto que leí novela negra y vi sus películas. Leí historietas de niño también. Pero no sé si tantas...Creo que es un género que todos tenemos incorporado en nuestro imaginario casi sin advertirlo. Como las películas de cowboys o de la Segunda Guerra Mundial. Eso creo.
Un abrazo y gracias!

Marcelo dijo...

Gracias Geni! Y si necesitás un detective, ya sabés. Simplemente te tomas el avión o lo mandas a buscar a él. No cobra caro, en este caso el problema son los viáticos.
Un beso chica guapa!

Ana dijo...

No ha salido el comentario!!
Decía que...(Más o menos)

Una lectura amena donde el desarrollo, el misterio, la tensión, los personajes...nos dejan atrapados desde el principio.
Debería seguir atendiendo en la misma oficina porque estamos muy atentos a sus devenires.
Éxito Marcelo!! Oye la ovación!!

SUSANA dijo...

Ahora entendíiii! Muchas Gracias!
Encontré el “grupete” Frankie and The Rat Pack con "You´re Nobody Till Somebody loves you" es un lujazo!
Otro beso!

Cigarra dijo...

Me alegro de haber llegado suficientemente tarde como para leer las tres partes de una vez. No se si hubiera podido esperar tantos días para saber el desenlace. Digno de un Hammet o un Chandler, que para mi son de lo mejorcito del género negro. Felicidades, Marcelo.

Selma dijo...

Muy bueno y sorprendente final, creí que lo alargarías más..

Un beso.

Malvada Bruja del Norte dijo...

¡Genial!

Muy bueno de verdad! Me has hecho rememorar las pelis de detectives, y también mi época de adolescente, en la que me dio por leer a Raymond Chandler, D. Hammet...

Soledad Sánchez M. dijo...

Bueno, Marcelo. Perfecto el relato. Lo has cerrado estupendamente (la coletilla final, inesperada).

He podido oler el humo de los cigarrillos y envolverme en la atmósfera tensa de los entierros en mitad del campo.

Un beso, amigo. Y a ver cuando aparece tu primera novela.

Soledad.

Ana dijo...

Hola Marcelo!
El final estuvo genial. Me parece excelente y muy original que retomes las historias de detectives, es un género que marcó una época y que se abandonó con el tiempo.
Contestando a tus pregunta, claro que tengo tabúes, no en exceso, pero creo que todas las cosas tienen un límite; por eso me pareció gracioso encontrar mi nombre asociado a esa frase.
Saludos!!

Marcelo dijo...

Muchas gracias Ana! Y claro que seguirá atendiendo en su oficina de siempre...la escuhé, creeme que la escuché.
Un beso!

Marcelo dijo...

Sabía que te iba a gustar Susana!
Un beso

Marcelo dijo...

Cigarra: qué bueno que pasaste justo ahora! Por que sé de tu gusto por este tipos de relatos (los bien hechos, naturalmente)
Un beso y gracias!

Marcelo dijo...

Hola Selma! Te sorprendí? qué bueno. La verdad es que solamente había pensado la primera parte, pero cómo funcionó decidí continuarla. Y además hacía rato que tenía ganas de que volviera el detective y no le encontraba la vuelta, entonces la solución me apareció mágicamente.
un beso!

Marcelo dijo...

Bruja: pero esto es sólo un aperitivo. Esas novelas se pueden leer ahora pefectamente!
Muchas gracias por tus palabras.

Haifa dijo...

Hola nene!, aún no leí todos los capítulos, estuve sin internet, prometo ponerme al día.
Me sumo a la campaña de Chirolita, contá conmigo.
Besotes

Marcelo dijo...

Soledad! Me hiciste enrojecer.
Muchas gracias por tus palabras.
Un beso!

Marcelo dijo...

Y a mí también me pareció gracioso Ana!
Y muchas gracias por darte una vuelta.
Un saludo

Helena dijo...

Muy buen final¡si señor!. Me ha gustado. No te digo mas porque llevo unos dias muy sosa....ejem. Besitos para el fin de semana.

Isabel Estercita Lew dijo...

Marce, creaste un muy buen clima de suspenso, hasta me asusté un poco con la mano que salió de la muerte, yo esperaba que fuera el Tuerto porque tuve onda con él, jaja.

Beijos

Marcelo dijo...

OK Haifa! Liberen a Chirolita es una gesta noble...Y vos tranquila, que los muchachos nos se van de aquí.
Un beso!

Marcelo dijo...

Gracias Helena! Y no te olvides que para eso está la sal, incluso la pimienta!
Un beso

Marcelo dijo...

Isabel: yo también tuve onda con el Tuerto, pero es que no sabía que la historia iba a continuar. Su trabajo lo estaba haciendo bien, a lo sumo se confió un poco en que no hubiera nadie en la chacra. Pero se llevó puesta a su matadora y además daba trabajo a los socios...En fin, en una de esas lo hago salir de la tumba, pero con las de muertos vivos no me atrevo (todavía)
Un beso!

maria dijo...

siempre deleitandome con estos escritos y palabras varias besitos maria

Patty dijo...

No me esperaba un final con "muertos vivientes" (también llamados zombies, je je). El comentario también me gustó. Muy buena historia, Marce.

Marcelo dijo...

Muchas gracias Maria!
Un beso

Gracias Patty! Y como decía antes, con los zombies todavía no me animo. Todavía!
Un beso rioplatense