sábado, 28 de marzo de 2009

Finales felices

A él le calculo ochenta y siete
(a ella, ochenta)
llegan casi al cierre al restaurante
(¿de dónde vienen?)
De arranque piden vino,
queso y pimientos
(¡le ponen sal!)
después fuccile
pesto y tuco
mientras tanto
se comen con los ojos
y conversan toda la comida
(son dueños del tiempo)
El tiene un cigarro en el bolsillo
Piden la cuenta y yo
que tengo la mitad de sus edades
los envidio como si fueran
estrellas de rock
Y es que lo son.


Dedicado a Helena, que se queja por la escasez de finales felices en este blog, y tiene razón.

Hombre al agua

Creyó que era un sueño pero no.
Estaba dentro de un vaso de agua
Y si no braceaba, se ahogaba
Mas él era un eximio nadador,
y nunca, pero nunca
tenía por costumbre ahogarse en vasos de agua.
Enfiló hacia la orilla de vidrio y demoraba
- ¿será un vaso de whisky?Por fin estuvo a punto de llegar
Incluso rozó el vidrio
Pero el Gigante tuvo sed
y bebió del vaso.

jueves, 26 de marzo de 2009

Sonó la campana (II)

- ¡Espere Jefe! Espere, no haga nada todavía...
- Decidite pibe. Si no te parás ya, es abandono.

(No me puedo ir así. No tanto por mí, sino por ellos. ¿Y si no me olvidan tan fácil? ¿Cómo les voy a dejar mi última imagen en el rincón, diciendo que no? Si ese gancho me lastimó por dentro, pero no por fuera…Que esto termine como tiene que terminar, por nocaut)

- Pibe, usá tu derecha y movete. ¡Movete! Que la tenés por puntos…
- No, Jefe. Perdone que no le haga caso esta noche. Pero la pelea la termino en este round. Es mi derecha o su gancho, pero se termina ya.

Y después…

Después, que sea gloria o historia.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Sonó la campana

Ese gancho me dolió. No sé si fue tan fuerte, pero me dolió. Fue como si todos los ganchos que recibí en mi vida estuvieran representados en ese. No sé por donde entró, no recuerdo haber bajado la guardia. El Rincón ya sabe que me pasa algo porque no hablo. Vino el médico y no encuentra nada en mis pupilas. Tampoco ven ninguna herida. Me preguntan si estoy bien y no contesto. Ahora me van a venir con la historieta del round más. Claro, es emocionante, pero el que pone la cara, el cuerpo y el corazón soy yo. Es verdad que si bajo los brazos la vida me mata, pero ahora estoy en el descanso, y la verdad, es eso justamente lo que necesito, porque me siento extenuado. Me parece que hasta acá llegué. No sé si tuve mucho pero lo di todo. Lo siento por los que confiaron en mi, pero tampoco es la muerte, sólo tienen que esperar por el próximo campeón. En poco tiempo nadie me recordará.

- Estás bien campeón? Levantate que sonó la campana…
- Sí Jefe, estoy bien. Pero no voy a salir. Esta vez, créame que no puedo.

sábado, 21 de marzo de 2009

Tengo un amigo gay

Tengo un amigo gay
uno negro
y uno judío
(yo soy sudaca, y también un poco contrahecho)
Salimos una vez por mes
y nos divertimos mucho.
Juan quiere esta noche ser de la partida
pero le diremos que no
Porque en verdad se llama Wang
Y no nos gustan los chinos.

viernes, 20 de marzo de 2009

El niño estudia canto




Mis amigos Los Maestros
tienen un sobrino
En los ochenta jugábamos al truco
y el chico traía el mate
(o el vino y los chorizos)
En tanto el grupo, atento a la baraja.
"El pibe estudia canto"
dijo un Maestro aquella noche de verano
Familia de cantores, tiene chance (aunque es difícil)
Hoy es Ariel Ardit, Cantor de Tangos
y se codea con Los Grandes.
Los años han pasado y ya no hay truco con Maestros
Mas en cualquier caso faltaría el secretario
porque hoy Ariel
es mano.







Vocabulario en comentarios
www.arielardit.com.ar

jueves, 19 de marzo de 2009

Esta noche no, mi amor

Lo siento, estoy cansado
y no puedo ni un minuto más
hablar de economías y tragedias
Abramos un buen vino
y que las causas
despreciables o gandhianas de este mundo
esperen a mañana.
Echemos hielo (en el balde, en los problemas)
porque esta noche no posible, es un insulto
con estrellas semejantes en el cielo
hacer o hablar de cualquier cosa
que no tenga que ver con el amor.

martes, 17 de marzo de 2009

Interrupción

En dirección opuesta a mi camino
Viene un hombre bien vestido conversando
Busco teléfonos, compañía
pero viene hablando solo
Lo que sea que le oye va a su izquierda
Y el hombre le sonríe, gesticula
Ya nos cruzamos y advierte que lo observo
Se calla y me dedica una sonrisa
cómplice,
que devuelvo.
Ya ganó mi espalda y sigue su camino
Pero giro a ver qué hace
Y él vuelve a hablarle al de la izquierda
Estoy seguro que le dijo

- Te decía que…

domingo, 15 de marzo de 2009

Yo, La Menor Idea



Un domingo 16 de marzo estaba tirado en la cama. En realidad estaba leyendo el diario y una nota me interesó: “el fenómeno de los blogs” Hasta ahí, y como me sucede con los ovnis y cuando me amigo con Dios, sabía que existían, pero nunca los había visto. Así que la leí, y me enteré que había blogs con todo tipo de temáticas y que era un fenómeno mundial. También daba dos o tres sitios de blogs y empecé por blogger.com. Es que quería saber de qué iba la cosa, qué es lo que se escribía, cómo es eso de que cada persona con inquietudes de escribir lo que sea, pudiera hacerlo libremente y mostrarlo. Pero resulta que cuando quise ingresar a la página para curiosear el trabajo de la gente me pedía una clave o bien la creación de un blog. Soy muy curioso, quiero ver blogs. OK, creo uno para poder ver. Me pide mil datos, y entre ellos el principal, nombre del blog. ¿Nombre del blog? Pero si nunca vi un blog y no pensaba abrir el mío. Qué nombre le pongo, si no tengo la menor idea…
“La menor idea” vino hacia mi. Luché un rato con las cuestiones “estéticas”, o sea del formato, y allí puse un texto que había escrito una semana atrás luego de 10 o 12 años sin escribir nada: “Guía para tomar café”. Entonces lo que sucedió fue que el primer blog que vi en mi vida fue el mío… ¡Ahora sí, a ver blogs!
Me encontré con un montón de bloggers estadounidenses y orientales que me mostraban sus familias, sus casas, sus cosas. Empezó a ganarme la desilusión. Blog siguiente, blog siguiente y nada. Me parecía que mi experiencia blog iba a terminar ahí. Pero encontré
“Vida y sendero” de Mari Carmen y me pareció maravilloso. Bueno, entonces hay personas sensibles y que escriben bien. Yo creo que lo leí entero, como también sus otros dos blogs. Y descubrí que se podía comentar. Y que también podía ser más sencillo encontrar otros blogs interesantes si partía de uno que me había gustado. ¡Y me empezaron a comentar a mí!
Yo pensaba que los que pudieran interesarse en lo que escribía era la gente que me conoce. Y resultó que no, la mayoría son personas a las que nunca vi. Lo que siguió después, más o menos lo saben. Una galería de locos para chaleco: El Hermano Marcelo, Pedro Menárdez y el Detective adelante, pero también la poesía imperfecta, que sólo la escribo porque no tengo vergüenza, si nunca leí mucha poesía (lo que es evidente) Como con el blog, primero la escribí, y luego la empecé a descubrir entre los blogueros, los cuales en muchos casos tienen una pluma exquisita para estos menesteres…También apareció mi Buenos Aires querido, el fútbol, la España de mi madre…
Hoy es domingo y estoy tirado en la cama haciendo nada. Me pongo a leer el periódico y me vino el recuerdo. Seguro que me pasé, me pareció que había sido un 13 de marzo. Pero no, resulta que el año se cumple mañana, lunes. Dicen que es de mala suerte festejar antes de tiempo, pero yo no creo en esas cosas. Igual, por las dudas, hoy quiero festejar con todos ustedes los primeros 364 días de vida de La Menor Idea. Está claro que si no hubiera gente con ganas de perder el tiempo aquí, esto se hubiera apagado como fuego de artificio.
Quiero decirles ¡muchas gracias!
Por conocernos. Por permitirles mostrar lo que tengo para decir. Por dejarme conocer lo que tienen ustedes para mostrar, cada uno en lo suyo. Y corrijo el título de esta entrada, a la que le quito el yo y pasa a llamarse “Nosotros, La Menor Idea”

PD: ¿Con qué festejamos? Que sea con tango y ginebra…

sábado, 14 de marzo de 2009

Confieso que he pecado

- Padre, vengo a confesar mis terribles pecados.
- Adelante hijo, estás en la Casa del Señor.
- En primer lugar, confieso que me he divorciado…
- ¡Por Dios! ¿Cómo has podido? Recuerda la Biblia, las palabras de Malaquías (2:16ª) “Yo aborrezco el divorcio –dice el Señor Dios de Israel”. Y las del Nuevo Testamento: “Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mateo 19:6 NVI) ¡Tienes que volver con tu esposa de inmediato!
- No puedo Padre, porque soy homosexual…
- ¡Oh no! ¡No y no! Recuerda que: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones (sodomitas), ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios" (1 Co 6:9-10) y que "Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre" (Lv 20:13) Debes volver de inmediato con tu esposa y abandonar esas prácticas. Es una enfermedad, y te ayudaremos a superarla. Pero deberás pagar por tus pecados! Rezarás el rosario 500 veces por día, asistirás con tu esposa a misa diariamente, y vendrás a nuestras reuniones de "divorciados en proceso de recuperación" y "homosexuales anónimos"

- Padre, aún no he terminado de confesar mis pecados. También soy pedófilo…
- …
- Lo sé Padre: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y lo hundieran en el fondo del mar” Mateo 18, 6) ¡Me voy a matar Padre! Me voy a matar, la muerte merezco por este pecado imperdonable!
- Espera hijo mío. Ese párrafo no habla exactamente de esto…¿Dónde trabajas?
- En la comunidad “Los pastorcitos celestiales”
- ¿Hay niños ahí?
- Sí, y los padres de algunos de ellos ya han venido a preguntarme…
- Espera que hago un llamado ahora mismo. Hola, ¿Monseñor? ¿No tenemos una sucursal de los "Angelitos divinos" en la Patagonia? ¿Tenemos alguna vacante? ¡Bien! Hijo mio, ya te arreglé el traslado. No lo vuelvas a hacer, ¿me lo prometes? Eso no está bien. Pero peor, muchísimo peor es tu divorcio y esa desviación que tienes por los hombres. Tendrás que pagar por ambos pecados. Reflexiona y cumple las penitencias que te di. ¿Amén?
- ¡Amén!

miércoles, 11 de marzo de 2009

Es fácil (final)


Supo que había vuelto en sí por el apagado murmullo que alcanzaba a oír. Solamente eso percibía, porque estaba atado de pies y manos en una silla, vendado y amordazado. No alcanzaba a distinguir las voces, sólo sabía que se trataba de un hombre y de una mujer. Estaba tan tensamente maniatado que empujó la silla con todas sus fuerzas hacia atrás, a riesgo de romperse la nuca lastimada. Pero prefería eso a que se le cortara la circulación. Cuando se fue contra el piso el murmullo cesó un instante y luego continuó, más bajo aún. Unos minutos después levantaron su silla y le quitaron la mordaza.


- Gracias, Señora. No estaba siendo muy amable maltratando inútilmente a su detective. Especialmente, si estamos en el medio del campo y no tengo intenciones de gritar. Le agradecería si le dice al Chino que me afloje las sogas. No creo que quiera matarme, o al menos matarme aún, supongo que me lo explicará. Pero el Chino es un imbécil y ya provocó amputaciones con esa estúpida forma que tiene de amarrar a sus víctimas.


El silencio aterrorizado de ella y un resoplido caballar de él le dijeron que había acertado con la identidad de ambos.
- Chino, sacale la venda. ¿Cómo supo quienes éramos?
- Ud. camina siempre nerviosa, con los mismos zapatos altos y ruidosos de esta tarde. Y además, el Tuerto y el Chino siempre trabajaron juntos. No sé por qué no lo hicieron en este caso. Supongo que el resultado hubiera sido distinto con el Chino. La misma cantidad de muertos, pero con el doble de balas y más sangre, lógicamente.
Aunque lo vio venir, no tenía forma de evitar el puñetazo. Sólo intentó caer de costado. Su nuca ya no podía resistir ni siquiera una caricia…
-Gracias Chinito...¿Me va a explicar qué estoy haciendo aquí...Señora?
- O.K. Contraté al Tuerto para que mate a mi marido. Lo haría pasar por un robo. Si venía con el Chino la tarifa se duplicaba, y no tenía el dinero suficiente. Mi marido era -además de tacaño- pacifista, y por estos lugares no hay nadie. El trabajo era fácil. Entonces el Tuerto me ofreció hacerlo más barato pero con otro tipo. No sabemos de donde salió la infeliz de la mina ésta que encima estaba armada y arruinó todo. Cuando el Tuerto no se contactó me di cuenta que algo salió mal. Y más todavía cuando tampoco encontraba a mi marido. Entonces decidí llamarlo al Chino. Un poco de razón tiene, no es lo que se dice precisamente una persona sutil. A Ud. lo traje porque sí lo es, y necesito alterar la escena para que parezca un robo. Como sabía que iba a negarse a hacerlo, le inventé el motivo para que viniera por su propia voluntad. Lo que pasó después, su nuca ya lo sabe. Y lo que viene ahora es muy simple. Me ayuda a que esto parezca un robo. La policía local es muy bruta y nunca hace demasiadas preguntas. Ud. con su inteligencia puede engañarla. Me parece que no tiene muchas opciones, ¿no?
- ¡Claro! Si no la ayudo me mata. Y si la ayudo, Ud. dejará que me vaya tranquilamente, ¿verdad?
La mujer no contestó.
- Lo que no sé es si confía en mis poderes telepáticos o piensa desatarme de una vez. ¿No es cierto Chino? Cerró los ojos al ver el puño que como un garrote una vez más estallaría en su cara…
- ¡Pará Chino! Desatalo y no dejes de apuntarle…
Los tres sabían que nuestro detective era hombre muerto. Sólo había que decidirse cuando lo sería. Y él eligió que fuera lo más tarde posible.
- Hay que limpiar todas las huellas y la sangre. Sacar las armas y borrar la balacera. Revolver toda la casa y hacer desaparecer algunos objetos de valor. Me llevará hacer eso unas tres horas. También debemos deshacernos de los cadáveres de todos menos del de su querido esposo, Dios lo tenga en la Gloria. No hace falta llevarlos muy lejos, estamos en el medio del campo. Yo me ocupo de preparar la casa y el Chino los entierra…
El Chino hizo un extraño ruido que pareció una risa:
-No señor sabelotodo. Tenemos todo el tiempo del mundo. El enterrador de esta familia es usted…
Una vez borradas las huellas, la mujer se quedó en la casa, y el detective, con una pistola hurgándole la nuca herida, cargó los tres cuerpos en la “F 100” y se fue con el Chino hasta el lugar elegido: una zona pantanosa rodeada de árboles.
Nuestro detective empezó a cavar la tierra blanda, alumbrado por la linterna del Chino, que nunca dejaba de apuntarle. Al terminar el pozo, acercó la camioneta y desde arriba empujó los tres cuerpos. El Chino disfrutaba brutalmente el esfuerzo lacerante. La noche seguía oscura y silenciosa, y comenzó a sepultarlos. Cuando la tierra empezaba a disimular los cadáveres, se oyó un ruido sordo, como un eco. El detective se detuvo un instante.
- ¡Seguí!, dijo el Chino
La pala arrojó un poco más de tierra en el pozo, y se escuchó un quejido angustioso y suplicante:
- Por favor... ¡no quiero morir así!
El Chino, como un autómata, dirigió la linterna hacia el pozo y el haz de luz hizo centro en una mano que se movía, apenas. Lanzó un grito de horror: era el ayudante del Tuerto, que no se terminaba de morir nunca. ¿Cuánto tiempo lo tuvo enfocado? Lo que le duró la impresión, no más de cinco segundos... Cuando alumbró de nuevo al detective, éste ya no estaba. Y el palazo en la nuca del Chino fue implacable.


La señora fumaba y bebía whisky en la sala. Por enésima vez iba de aquí para allá taconeando sus zapatos rojos. Lo que más le horrorizaba era la presencia cercana del cadáver de su esposo, que continuaba sentado, como observándola. Se alivió al ver volver la camioneta. La silueta que descendió apenas se distinguía en la negrura nocturna.

- El Chino borró a los cuatro, el plan marcha a la perfección...
Cuando se dio cuenta quien era, se quedó paralizada por el espanto. Ninguna pistola había quedado a mano luego de la "limpieza"

- El trabajo está terminado Señora, ¿puede pagarme lo que me debe?
El detective la miraba fijamente. Recién ahora advertía, pese a su terror evidente, su belleza perfecta y gélida, enfundada en el vestido rojo como sus zapatos, imposible de llevar en el paraje donde se encontraban. Ella sonrió nerviosa, tratando de no perder el control de la situación. Sirvió dos whiskys con hielo mientras intentaba ordenar sus ideas. Luego, encendió dos cigarrillos y le dio uno al detective.
- Claro, por supuesto que sí. Seguramente la tarifa es mayor, ¿verdad?
- No, la tarifa es la misma, porque sólo le cobro por la primera parte del trabajo. También deberá pagar por la segunda, pero no a mí. Y si me disculpa, voy a llamar a la bruta policía local, tal vez en esta ocasión sí tengan muchas preguntas para hacerse. ¡Y por favor! mi whisky sírvalo doble y sin hielo...


FIN




(Cuando me desperté no me podía mover. Los médicos me dijeron que era un milagro eso de estar cuatro días con un balazo en la espalda y sobrevivir, aunque me contaron también que hubo casos de agonías más largas aún y con finales felices como el mío. Igualmente mi final no es tan feliz. No se sabe cómo quedará mi espalda ni cuantos años de cárcel me darán. ¡Pero estoy vivo!

En cambio el Tuerto está bajo tierra. Va a tener que esperarme un poco más en el infierno. Es una lástima, pero el que dijo que el trabajo iba a ser fácil fue él)

martes, 10 de marzo de 2009

Es fácil (Parte II)


- Es fácil. Lo único que tiene que hacer Ud. es ir hasta la chacra de mi esposo y asegurarse que todo está bien
- ¿Contratar un detective privado para eso? ¿Por qué no pedírselo a un vecino o hacerlo Ud. misma?
- Porque estamos separados hace un tiempo y no deseo verlo ni quiero que piense que estoy preocupada por él. Pero hace unos días que no contesta mis llamados. Si no lo encuentra eche un vistazo, algo que le diga donde puede estar. Por el perro no se preocupe, me lo llevé yo cuando me fui. ¿El dinero no le parece suficiente? Si está todo bien será el trabajo más fácil que jamás hizo.

Nunca le gustó un trabajo cuando el cliente le dice que es fácil. Pero la economía de nuestro detective no estaba para pálpitos ni más preguntas. Salió a la ruta al atardecer y en un par de horas encontró el camino de tierra que lo llevaba hasta la chacra solitaria, la única en varios kilómetros. Ya era noche cerrada cuando dejó su auto detrás de una arboleda. Los últimos trescientos metros los haría caminando. Si como dijo su cliente “todo estaba bien”, volvería tan discretamente como llegó. La luna guiaba sus pasos por el camino.

Antes de llegar a la casa se encontró una vieja Ford “F 100” roja, escondida también entre unos árboles. Le pareció que la había visto en alguna otra parte y no le gustó nada. Pese a ser las nueve de la noche y estar el auto del dueño de casa en la entrada, la chacra estaba completamente a oscuras. No le quedaba más remedio que usar su pequeña linterna. Optó por rodear la finca y buscar alguna ventana abierta. Cuando entró, el primer cadáver que enfocó fue el de una mujer, en la mitad de la escalera. Tenía un tiro en el vientre. En el sillón estaba el dueño de casa, como si estuviera leyendo. Un tiro en el pecho. Y a metros de la puerta otros dos: a uno lo conocía.

- Parece que esta vez al Tuerto le salió mal…

Se le ocurrió que el Tuerto tenía cara de sorpresa. Cinco tiros en la espalda. El otro tenía solamente uno, y estaba junto a él. Parecía estar riéndose.
Para ordenar la secuencia encendió un cigarrillo sin importarle en absoluto preservar la escena de los crímenes.

- El Tuerto va por adelante y el otro por la ventana de atrás. El tipo está tranquilo leyendo. Es simple, no hay nadie cerca. El trabajo lo hace el Tuerto, experto tirador: un disparo en el pecho y luego se aproxima para rematarlo. Se confían, el otro suelta el arma, qué raro…La mujer está arriba y en vez de quedarse quieta desciende y sorprende a los dos “killers” de espaldas. Casi le baja el cargador entero al Tuerto. El otro al oír los disparos quiere huir pero la mujer le emboca el último tiro. Ella lo pierde de vista al Tuerto y éste desde el piso le acierta un balazo en el vientre. El del tiro en la espalda agonizó mucho tiempo. Consiguió moverse un poco pero no hubo caso. Se mueren los cuatro…

Nuestro detective sale de la chacra con la linterna apagada en dirección a su auto. Le avisará a su clienta y a la policía pero lejos de ahí, para evitar preguntas molestas. Mientras camina por la oscuridad de la noche nota que no hay ningún ruido. A la ida había oído algunos grillos y una lechuza. Se rió de sí mismo. La última vez que había estado en el campo fue con la escuela, cómo se le ocurre que el silencio animal es porque hay alguien más…
Un golpe en la nuca volvió más negra la noche. Y eso que la luna hacía rato que estaba tapada por las nubes.

sábado, 7 de marzo de 2009

Es fácil

No tendría que haberle creído al Tuerto. En realidad no le creí, vine por la guita. Para el Tuerto todos los trabajos son fáciles. Y de verdad lo cree porque está loco. Estaba loco, ahora está muerto al lado mío. El único ojo que me mira es el malo, el otro está apagado.
“El tipo vive solo y está desarmado. La casa está en el medio del campo, nadie trabaja para él. Le metemos un par de cuetazos y nos vamos. Hay diez lucas para vos”
Pero el tipo no estaba solo ni desarmado. Ahora estoy en el medio de la nada con el cliente, la mina y el Tuerto, mirándome con el ojo malo. Todos muertos.

Y yo, con un tiro en la espalda. Me parece que fue ella, tiraba como una loca. ¿Cuánto hace que estoy acá? Por lo menos tres días. Sin poderme mover, muerto de sed y dolor. No estoy ni vivo ni muerto. Estoy con un tiro en la espalda, y no me termino de morir. Si al menos viniera alguien a rematarme...
Lo que no entiendo es por qué carajo me causa gracia lo último que le dije antes de entrar:
- Tuerto, ¿estás seguro que es fácil?

Por el amor de Dios

Hay un tipo tirado en un portal
de la avenida Callao
Tiene un brazo extendido
Pide algo
Las personas miran a otro lado
Apuran el paso
Aprietan el dinero
en los bolsillos
Se sienten agredidos
y se defienden
El tipo no habla
pide algo
pero no es un mendigo.
Es un borracho
Me parece que ya sé
lo que le pasa
-¿Le doy una mano para levantarse jefe?
- Sí, ¡gracias!
(sonrió)

Eso era todo

viernes, 6 de marzo de 2009

Sexo oral

Cuando el quinceañero volvió de su viaje, no pensó que habría una sorpresa luego de la sorpresa.
El viaje al país extranjero detrás de un partido de fútbol, comenzó en el "Dragón Verde", un extraño cabaret/casa de citas como nunca había siquiera imaginado.

Se lo contó a sus amigos de la clase. Luego se corrió la voz y empezaron a llegar los compañeros del curso de al lado. Y éstos trajeron a los alumnos más pequeños. Y luego vinieron los de los cursos más grandes. Todos querían escuchar las historias del "Dragón Verde" de la boca del protagonista.

Y el quinceañero, en medio del círculo silencioso, contaba a media voz, como se cuentan las cosas prohibidas. Relataba que había viajado con su padre y un grupo de fanáticos del equipo de sus amores, todos mayores de edad menos él. Que en el medio del "City Tour" con los muchachos aparecieron las luces verdes de las marquesinas del Dragón y los jóvenes decidieron entrar. Que le preguntaron al quinceañero si se animaba, y bastante asustado dijo que sí. Que el portero se negaba a darle acceso. Que el Jefe del grupo dijo que si no entraba el niño no entraba ninguno. Que salió el dueño y vio que eran treinta clientes que no se podía perder de ninguna manera. Que el dueño se llevó un minuto al quinceañero y le preguntó la edad y le aseguró que no sucedería nada malo, que si tenía miedo. Que el niño mintió que no. Que cuando llegó la camarera y todos pidieron whisky él pidió una coca cola. Que en seguida se le acercaron dos chicas muertas de risa. Que todo el mundo se perdió ahí adentro y él se quedó solo con ellas. Que luego dio la vuelta a la manzana con una hasta un hotel. Y que a la noche siguiente fue con la otra. Y en la segunda noche se pidió un gancia con hielo, porque el whisky todavía le resultaba imposible...

El quinceañero advirtió la potencia de los relatos orales en el silencio de iglesia (perdón la herejía) de su audiencia. Y notó que unos preferían los detalles previos. Otros, la concreción del asunto. También observó que a algunos se les entrecortaba la respiración, y había también quién lo seguía cada vez que empezaba el relato pese a haberlo escuchado mil veces, e incluso le servía de apuntador cuando omitía algún detalle.
Las chicas de la escuela tenían prohibido participar de esas reuniones, aunque conocían la historia perfectamente, vaya a saber uno cómo. Seguramente por el estribillo que empezó a circular por el colegio, que le cantaba a cierto "Dragón Verde" y que los profesores no alcanzaban a acertar en su significado.
Incluso el quinceañero contaba el numerito por teléfono, y una vez lo escuchó su madre, quien se volvió loca con su ex esposo, que cómo puede ser, que una vez que viajan juntos ocurre esto...


Quince años después el quinceañero volvió a aquella ciudad extranjera, y pasó por la puerta del Dragón, que seguía existiendo. Iba acompañado, no podía, no quería entrar. Lo que le impactó fue que la entrada no era tan grande ni sus luces eran tan brillantes.
Aún recordaba los momentos que vivió allí. Pero más todavía recordaba esos relatos musitados, rodeado de niños y adolescentes que lo escuchaban como si fuera el cuento más importante del mundo.

Porque no se trata solamente, como en el dicho, de vivir para contarla. También se puede contar para vivirla, ya que en este caso hubo una escuela entera que vivió la aventura en el lejano y exótico "Dragón Verde", simplemente porque uno de ellos se los contó.

jueves, 5 de marzo de 2009

La consulta

Sin fortuna he consultado
a los doctos del amor;
pitonisas, adivinas
falsas reinas del tarot

Solamente necesito que
en romance me lo expliquen.
Si es posible devolver
tantos besos que robados
escondidos y olvidados
no se han muerto

en el fondo de un cajón.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Cinco minutos

El reloj dice que faltan cinco minutos
Para levantarse de la cama
o para entrar al trabajo
Para seguir en la playa
o para que empiece la función.

Cinco minutos para tomarse la última cerveza
Para dar y recibir besos.
Quizás en realidad faltan cinco minutos para morir
o por vivir
Eso no lo sabemos
Lo que me resulta curioso
Es que vivimos como si tuviéramos
Cinco siglos por delante.

martes, 3 de marzo de 2009

Los otros

Menárdez cree en el azar, mas no en la suerte. En este momento exacto en que escribo sobre él, decide buscar el libro de todos los libros. Va hasta la biblioteca desordenada como una Babel del siglo XXI, para abrir el libro al azar:

“Pienso en un tigre. La penumbra exalta
La vasta Biblioteca laboriosa
Y parece alejar los anaqueles;
Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
El irá por su selva y su mañana
Y marcará su rastro en la limosa
Margen de un río cuyo nombre ignora
(en su mundo no hay nombres ni pasado
Ni porvenir, sólo un instante cierto.)
Y salvará las bárbaras distancias
Y husmeará en el trenzado laberinto
De los olores el olor del alba
Y el olor deleitable del venado;
Entre las rayas del bambú descifro
Sus rayas y presiento la osatura
Bajo la piel espléndida que vibra.
En vano se interponen los convexos
Mares y los desiertos del planeta;
Desde esta casa de un remoto puerto
De América del Sur, te sigo y sueño,
Oh tigre de las márgenes del Ganges.

Cunde la tarde y en mi alma reflexiono
Que el tigre vocativo de mi verso
Es un tigre de símbolos y sombras,
Una serie de tropos literarios
Y de memorias de la enciclopedia
Y no el tigre fatal, la aciaga joya
Que, bajo el sol o la diversa luna,
Va cumpliendo en Sumatra o en Bengala
Su rutina de amor, de ocio y de muerte.
Al tigre de los símbolos he opuesto
El verdadero, el de caliente sangre,
El que diezma la tribu de los búfalos
Y hoy, 3 de agosto del 59,
Alarga en la pradera una pausada
Sombra, pero ya el hecho de nombrarlo
Y de conjeturar su circunstancia
Lo hace ficción del arte y no criatura
Viviente de las que andan por la tierra.

Un tercer tigre buscaremos. Éste
Será como los otros una forma
De mi sueño, un sistema de palabras
Humanas y no el tigre vertebrado
Que, más allá de las mitologías,
Pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo
Me impone esta aventura indefinida,
Insensata y antigua, y persevero
En buscar por el tiempo de la tarde
El otro tigre, el que no está en el verso.”

Menárdez cierra El Libro y lo devuelve al anaquel de la biblioteca del caos. Piensa en el tigre borgeano y busca al otro tigre, al que no está en el verso; pero no lo encuentra. En la biblioteca sólo se ve a sí mismo. Aunque cree ver a alguien más en la penumbra, como una imagen reflejada por un espejo. Es un extraño caballero, que parece estar escribiendo algo.

Hoy, 3 de marzo del 9

(cincuenta años después)

lunes, 2 de marzo de 2009

Una mirada molesta

En mi edificio hay un tipo
Que hace guardia sábado y domingo
Cuando lo saludo me saluda
Es muy correcto pero
Hay un problema
Apenas me mira a los ojos
Enseguida escruta lo que llevo:
La bolsa con el desayuno
El diario del domingo
O el teléfono
Y me vuelve loco esa mirada
Me dan ganas de mostrarle la bolsa y decirle
¿Sabés que llevo?
Una cabeza, un pie izquierdo
Y un brazo sanguinoliento
¿Me los cuidás?

domingo, 1 de marzo de 2009

Historias de autostop (II° parte)




- el caño
- ¿qué?
- nos olvidamos el caño
- es un caño, Cacho, busquemos otro
- no, lo hizo mi tío especialmente para la carpa porque se perdieron los parantes originales. Si vuelvo sin el caño me mata...
- Cacho, si volvemos me parece que nos matan ellos
- tengo que ir a buscar el caño
- entonces vamos…

Buscamos un cuchillo entre nuestras cosas, lo suficientemente amedrentador. No lo encontramos, había uno de nuestro amigo el Narigón (Perdón, Claudio) No estaba tan mal, pero no era precisamente el de Rambo…
El plan era el siguiente: llamábamos y Cacho/Carlos pasaba a buscar el caño. Yo me quedaba en la puerta, cuchillo en la cintura y atento. Según la situación, o bien entraba facón en mano al estilo del gaucho Martín Fierro, o bien salía corriendo a pedir auxilio (en ese momento, y ahora también, confiaba más en la velocidad de mis piernas que en mi jamás probada destreza con el cuchillo)
Llamamos a la puerta, y luego de un largo rato se abrió. Era el travesti, sorprendido y ya sin voz afeminada:

-¿¿qué hacen acá??
- nos olvidamos el caño de la carpa.
- ¿el qué…? ¿Adonde quedó?
- nos parece que en el fondo…
- a los muchachos no les va a gustar verlos de nuevo…

El/ella nos miraba de arriba abajo.

- Hagamos una cosa: vengan conmigo y no hagan ruido. Vamos por el pasillo de afuera. Pero si quedó adentro de la casa…

Cacho se fue con el único tipo normal que había allí adentro. No debe haber tardado más que un par de minutos, pero entretanto yo ensayaba la irrupción violenta y cuchillo en mano, o la fuga en busca de ayuda. El asunto es que ambos planes eran complejos, porque los alrededores de la casa también eran de terror.
Apareció mi amigo con su querido caño y nuestro providencial salvador (¿cuántas personas así nos ayudan en algún momento difícil y pasan al olvido rápidamente?)
No sabíamos en qué dirección escapar. De repente apareció un colectivo y preguntamos adonde iba. ¡Al centro!
Subimos todos nuestros bártulos. Bahía Blanca nos esperaba.

Nos alojamos en la tercera pensión que vimos. En la primera había prostitutas y delincuentes. En la segunda, borrachos. En la última no vimos a nadie porque ya era muy tarde. Nos quedamos allí, y una viejecita tan simpática como una bruja de cuento nos llevó al cuarto más húmedo que ví en mi vida.
Luego de un paseo por la industrial Bahía Blanca, nos dimos cuenta que no era lo que buscábamos.

Al otro día temprano ya estábamos en la ruta otra vez. Nos juramos que esta vez elegiríamos mejor….¿Le hacemos dedo a esos abuelitos? ¡pararon!
- No vamos muy lejos, luego nos desviamos de la ruta principal....
Desesperados por irnos de Bahía dijimos que sí. Al rato nos dejaron en el medio de la ruta. No había nada, pero nada, pero nada.
Veinte horas haciendo dedo y no nos paraba nadie. Ya le hacíamos dedo a cualquiera, incluso a las camionetas rojas…Empezó a llover otra vez y soplaba un viento terrible. Nos metimos en una parada de ómnibus con techo, de dos metros cuadrados y sin paredes. Finalmente un viejo camión se detuvo.

- Puedo llevarlos. Pero uno viaja conmigo adelante, y el otro va en la caja. Atrás está un poco asfixiante porque casi no hay aberturas. Voy hasta Tres Arroyos…¿Qué dicen?
- ¡Que sí!

Decidimos hacer la mitad del viaje y luego cambiar las posiciones. La suerte quiso que Cacho empezara atrás. El tipo lo hizo subir. La carga era inofensiva: sólo botellones de vidrio, vacíos. Cerró la puerta con trabas y unas sogas. Parecía un truco de magia. Todo el equipaje había quedado atrás. Incluso el cuchillo.
Otra vez me preocupé. Le pregunté desde afuera

- ¿Estás bien Cacho?
Un murmullo apagado me contestó

- ¡Sí Cabezón!

Me olvidé de decirles que en aquel entonces me llamaban Cabezón. Pero por favor. Ustedes, llámenme Marcelo.




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