martes, 13 de mayo de 2008

Suerte loca II parte (y final)


…Pero volvamos una vez más a nuestro protagonista, que ganó la “cadena”. Feliz, se retiraba de la cena con su chica, y cuando estaba por abrir la puerta del restaurante, entraron tres tipos y le dijeron: “vos no te vas a ningún lado, esto es un asalto…”

Los obligan a sentarse en una mesa del centro del salón. El líder del grupo se dirige directamente a la caja a desvalijarla. Los otros dos empiezan por las puntas, bolsa en mano, a exigir la contribución de cada parroquiano, básicamente billeteras y teléfonos. Nuestro hombre se queda callado, dándose cuenta de que se va todo. Pero cuidado, que la “cadena” la tiene ella, y sabemos cómo son las mujeres…Ya pasó el primer momento del susto y comienza a observar. El más profesional del trío está en la caja, los dos que van por las mesas gritan, amenazan, muestran sus armas, pero permiten que algunos saquen la plata de las billeteras y se queden con sus documentos. Tampoco se llevan los bolsos de las damas. Rápidamente se acercan al centro del salón, y nuestra protagonista ya decidió apostar que la “cadena” no se la llevan… Mientras revuelve el bolso para entregar su billetera, tira los ocho billetes de cien al suelo, debajo de la mesa, con la mala fortuna de que se le desparraman. Ya se acercan los ladrones y decide poner su bolso sobre los billetes….Pero su instinto de conservación le dice que si se lo hacen levantar y ven el dinero, la va a pasar mal, muy mal. Todos los ladrones odian que los quieran engañar. Están armados, ¿y si les disparan? La gana el sentido común y levanta el bolso… ¿La plata también? ¡No! Las apuestas ya se cerraron y la “cadena” sigue en el piso: acomoda los billetes disimuladamente con sus pies y los cubre con ellos, tobillo con tobillo y que sea lo que Dios quiera…
Llegan los ladrones y empiezan con nuestro hombre: afuera la campera (¿trescientos pesos tal vez?) venga el celular (¿otros trescientos?) adiós al dinero que llevaba encima (ya había pagado la cena, supongamos que tuviera doscientos más)
Ya le llevaron ochocientos, pero no esos ochocientos…Esos siguen con ella…
Ahora van por ella: afuera su dinero y otros efectos. Uno de los jóvenes duda. La mira. Algo no está bien. Ella está rígida…pero estos son golpes de tres minutos, más es peligroso. El Jefe le grita “basta, ¡vamos!” Y enfilan hacia la puerta…Ya van a ganar la calle y ella sigue de tobillos apretados y con las manos sobre la mesa, como rezando. Entonces el ladrón vuelve y le grita “¡dámela!”

Ahora ella se da cuenta de que arriesgó todo, pero ya es demasiado tarde…Piensa en disculparse, en tratar de explicarle, pero sabe que será en vano y se enfurecerá más…Entonces el ladrón le grita: “No te hagas la idiota, ¡dame la pulsera de oro!” (¿cuatrocientos pesos?)
Terminó todo y nuestra pareja ha sido limpiada de no menos de mil quinientos pesos…
Pero debajo de la mesa, y debajo de los pies que estaban pegados al piso como con cemento, permanece don Julio Argentino Roca, presidente argentino del siglo XIX, asesino de indios y cara visible de nuestros billetes de cien, por octuplicado…
Y ellos se van felices, porque les han robado casi todo, excepto lo más preciado… ¡la “cadena”!

La suerte no se queda para siempre en ningún lado, pero creo también que en su devenir describe raras parábolas…

“Basta de carreras,
se acabó la timba,
¡Un final reñido
ya no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo.
yo me juego entero
¡Qué le voy a hacer!”
(Tango “Por una cabeza” de Gardel y Le Pera)
*
“Ve al hipódromo por lo menos una vez a la semana
y gana si es posible.
Aprender a ganar es difícil, cualquier idiota puede ser un buen perdedor”
(Charles Bukowski)

Ahora sí, los caballos cruzaron el disco…!

8 comentarios:

avr dijo...

jajajaja!!! Finalmente tuvo un final feliz....desplumados....pero con la cadena!! Insisto....mejor juegue a ganador, digo...para evitarse riesgos innecesarios.

fritus dijo...

Si señor...valió la pena el final de la historia, aquí es dónde empiezan a verse esas cosas del valor sentimental y el valor real...A los ochocientos pesos que acababan de ganar les tenían mas apego-y eso que eran recién llegados- que a los mil y pico que acababan de perder.

un abrazo

Marcelo dijo...

AVR: Si quiere juéguele a ganador, pero no al favorito. Aprenda de la protagonista de la historia que lo arriesgó todo!

Fritus: En la entrada anterior decías "básicamente llegar vivo al día siguiente es, a fin de cuentas, cuestión de suerte" lo comparto plenamente. Por otra parte no creo que el dinero sea fungible. Al menos no lo eran los ochocientos pesos!

angela dijo...

Marcelo, nunca creí que así, terminaría la historia...Un saludo de Angela

Marcelo dijo...

Bueno Angela, quiere decir que te sorprendí, y eso me alegra.
Un saludo

siloam dijo...

lo he pasado muy bien con tu historia.
me alegra conocer el blog.
y mis respetos a tu madre, ya sabes porque.
saludos de una gallega gallega (o gayega :))

Soledad Sánchez M. dijo...

Estupenda esta otra suerte loca.
Engancha tu forma de escribir, un relato muy bueno.

Un beso.

Soledad.

Marcelo dijo...

Siloam y Soledad: Me alegro mucho que les haya gustado! Y espero encontrarlas por aquí o en sus blogs...
Buen fin de semana!