sábado, 31 de mayo de 2008

Otra Noche de Franco Capítulo Final: El Orgullo tiene caminos extraños



Capitulo V: El Orgullo tiene caminos extraños

-Perdón por interrumpir el romance. Galán, derecho para casita, hace frío y te vas a resfriar. Y vos baby, venís conmigo.
- No dejes que me lleve…
La confusión reinaba en su cabeza. Ahora sí que todo el whisky bebido no lo dejaba pensar bien…
¿Qué hace mi cuñado aquí…?
-¿Adonde la llevás?
- A declarar, por supuesto.
- ¿A declarar sobre qué?
- Oíme idiota, ¿te creíste en serio que sos detective?

El orgullo tiene caminos extraños. No le molestó la palabra “idiota”. Le molestaron las otras dos palabras: “en serio”
- No voy a dejar que te la lleves si no me explicás
- Ah, ¿no? Entonces venís con nosotros
Los subieron al Chevrolet con él al volante. Su cuñado, al lado suyo, lo apuntaba. Detrás, ella entre dos de los chicos azules. En el otro auto, el tercero del grupo.
- ¿Adonde vamos nena?
- No sé. ¿Al Departamento Central?
- No te hagas la estúpida, decime donde tenés el video. Me lo vas a decir de una forma o de otra, pero vas a preferir que me lo digas por las buenas…
- OK, hay que ir a Barracas.
El cuñado se dio vuelta y con una mirada fulminante les dijo a sus cómplices. Si ustedes no revisaron bien la casa…

- ¿Y ahora?
- Allí, en la vía…
Todavía a él le quedaba una carta por jugar: nadie lo había revisado, y tenía el revólver. Sólo faltaba escoger el momento adecuado. Se rió de su idea: ¿sólo eso falta?
Los policías empezaron a sospechar: un lugar demasiado intrincado para escondite de mujeres.
- Si me estás mintiendo te mato aquí mismo.
- ¡Te juro que no! Mi amiga me dijo que lo puso debajo de ese durmiente roto. Es un DVD.
- Las primeras luces de la mañana lluviosa le daban a la escena un tono espectral. Varios tipos buscando frenéticos sobre las vías. El momento llegó: cansino, apareció un carguero. Instintivamente todos miraron al tren. Todos menos él.
- ¡Bajá el arma!
- Imbécil, siempre fuiste un imbécil. Ese revólver te lo conseguí yo. ¿Pensaste que te iba a dar uno que funcionara? Por supuesto que no, podrías hacerte daño con él…¡Imbécil!
El tren ya estaba sobre ellos y sin que nadie dijera nada, todos se fueron para un costado de la vía…Pero él ya la tenía tomada del brazo a ella y le gritó: ¡crucemos! De un salto y un segundo antes que el tren los arrollara, consiguieron pasar al otro lado.

Volaron hacia el Chevrolet. Pero no arrancaba. Tenían algo más de tiempo, el carguero es largo…pero nada. Por el espejo retrovisor vio al grupo corriendo hacia ellos. Como en un film vio los fogonazos en la mañana oscura. ¡Les disparaban!
- Vámonos, por Dios!
- ¿Qué querés que haga?
El auto pareció apiadarse y arrancó. Neumáticos chirriando nuevamente, y al cabo de unos minutos consiguieron perderse de vista.
- ¿Ahora qué hacemos?
- No sé. Si tuviéramos el DVD…
- Lo tenemos, siempre lo tuvimos.
- ¿Adonde?
- Aquí, en tu auto. Por qué te pensás que llegué tarde al bar? Esperé a que entraras y luego lo dejé aquí.
- De acuerdo, entonces vamos a llevarlo a la policía, tengo un amigo allí que nos va a ayudar…
- ¿Estás loco?
Observó un brillo diferente en su mirada, que la alejó inmediatamente de ella.
- El video es nuestro futuro, ¿sabés lo que los tipos que aparecen pagarían por él?
Otra vez le saltó el orgullo:
- ¿nuestro futuro? ¿o el tuyo?
- ¿Qué importa? ¿Sos un idiota al final?
Ya estaban frente a la policía. Deliberadamente, le pidió a ella que esperara en el Chevrolet. Entró y le dejó el video a su amigo.
Cuando salió, ni el auto ni ella estaban más…

Estaba cerca de la oficina, y se fue caminando. Cuando llegó, ¡oh milagro! la Secretaria.
- ¿qué hacés un domingo por acá?
- Vine a limpiar este desastre. ¿Qué le ocurrió? Parece como si le hubiera pasado un tren por encima. ¿No se tomó la noche de franco?
- El sonrió y le pidió un café.
- Vi una nota a medio hacer en la Rémington. ¿Quiere que se la termine?
- No, tirala a la basura.




viernes, 30 de mayo de 2008

Otra Noche de Franco Capítulo IV: Mundo Bizarro



Capítulo IV: Mundo Bizarro

-Te quedaste mudo… ¿por qué no llegaste a tiempo?
- es que el auto…
- me estoy arrepintiendo de haberte llamado…La viste, ¿no?
- sí. Pensé que eras vos. ¿Eras vos? Notó que ambos habían comenzado a tutearse, y aún no se habían visto las caras.
- entonces te estaría llamando desde el infierno. No, no era yo. Pero era mi amiga. Podés encontrarme AHORA? La noche aún no terminó y necesito verte.
- OK, adonde?
-en Mundo Bizarro, lo conocés?
- Obvio, en cuánto?
- Veamos si esta vez llegás. En veinte minutos, como antes.

Y colgó sin darle tiempo a nada. Desesperado, buscó en la guía telefónica “Mundo Bizarro”. No pudo asumir ante ella que no conocía el lugar. Guatemala al 4.800, Palermo.
-Si no me falla el auto…El Chevrolet se comportó como un cero kilómetro, y doce minutos después estaba en Guatemala y Jorge Luis Borges, pero…sólo encontró un local cerrado. Había apuntado la dirección en un papel: Guatemala 4.802. Ahí estaba, y nada. Otra vez se enojó, pero alcanzó a ver un pequeño cartel en la persiana baja: “nueva dirección: Serrano 1.222”
Era cerca, arrancó como si le fuera la vida en ello. El olor a neumático quemado fue desapareciendo lentamente por la lluvia…
Eran las cinco y media y en el lugar aún había gente… Se acercó a la barra y pidió un Jack Daniels sin hielo, y satisfecho por llegar a horario, esperó…Pidió otro. Le llamó la atención que con todo lo que había bebido no se sintiera ebrio. Pero no es para fiarse –pensó- todos los borrachos aseguran que no lo están…
Ya eran las seis y se preguntó si no debía irse. Con un cigarrillo en la boca se acercó hasta la rockola por hacer algo, aunque se imaginó que no tendría ninguna canción que le gustase. Sin embargo por casualidad (¿o cosa de brujas?) encontró “Sunny”, cantada por Robert Mitchum. Su canción favorita por su cantor favorito. La puso y volvió a terminarse el segundo trago.
Mientras canturreaba distraído la canción, una voz conocida a sus espaldas le murmuró:
- ¡por fin!

No pudo creer lo que vio cuando se dio vuelta: una mujer de unos veintiocho o treinta años, alta, sensual, de cabellos y ojos oscuros… ¡muñeca!
Le pareció que todo el bar dejó de hacer lo que estaba haciendo, para observarla a ella, y al tipo que saludó.
- Por favor, sentémonos en una mesa, quiero contarte algo…Aún con evidente pánico, no perdía la belleza ni la prestancia.

En voz casi inaudible le soltó todo de una vez: ella y su amiga trabajaban en un lugar no muy decente, pero con una clientela que sí lo era: gente de dinero, gente de poder, gente de estado, gente de iglesia. Todos con ganas de jugar a juegos peligrosos.
Y a la amiga se le ocurrió filmarlos en secreto. Y luego se lo contó a ella.
Ella comprendió lo arriesgado de la situación y buscó a alguien que pudiera ayudarlas. Encontró su nombre en la guía.
Pero antes los dueños del local descubrieron todo y su amiga se escondió en Barracas, por eso le pidió que fuera allí. Fue en vano, los tipos encontraron el lugar, la mataron y ahora la perseguían a ella.
Se relajaron al llegar a este punto. Pudieron mirarse a los ojos por un segundo sin miedo. Ambos tenían miedo, sólo que ella no sabía que él también lo sentía…Ella posó su mano en la mano de él, y se olvidaron del entorno. El Banco Nación se encontraba en Plutón...
-¡Qué escena más tierna!
Eran los tres chicos azules, y el que habló era quien los comandaba. Su cuñado.

Continuará… (5° y último capítulo)

Guatemala 4.802


Pasaje Rivarola

jueves, 29 de mayo de 2008

Otra noche de franco Capítulo III: Los cadáveres hablan


Capítulo III: Los cadáveres hablan
.
Mientras se subía con prisa al auto, rogaba que la batería no le diera problemas…y claro que se los dio. Eso, o el frío de la noche, o los veinte años del Chevrolet, el asunto es que se fueron otros diez minutos hasta que consiguió ponerlo en marcha. Todavía no había salido y ya estaba llegando tarde. Encima comenzó a llover. Por suerte el invierno desmentía que fuera sábado, y las calles estaban desiertas, más aún en la oscuridad de Barracas…
No conocía bien el barrio. Se confundió con la vía del tren y no acertaba la encrucijada. Hasta que vio la calle California (qué casualidad, otra vez cerca de Marlowe…)
Pero en la esquina de la cita, el cuadro era otro: un par de patrulleros con las luces largas apuntando hacia algo. Se acercó un poco más. Como petrificados, tres policías mirando el cadáver de una mujer. Maldijo en silencio al viejo Chevrolet.
Se acercó, y su cuñado lo reconoció bajo el ala del sombrero:
-¿Qué hacés acá?
- Nada, trabajo…Quién es ella?
-No sabemos todavía, estamos esperando al forense…
- ¿A qué médico le tocó el caso?
- a García. ¿Lo conocés?
- No
-¿Conocés a algún médico forense?
- No
- ¿Y entonces por qué preguntás?
- Olvidalo. Puedo darle un vistazo al cuerpo?
- OK, pero no lo toques. Los cadáveres hablan. Eso dicen los forenses.
Comenzó a llover más intensamente, y apuró la inspección. Era una mujer rubia, de unos treinta años, y la muerte la tomó por sorpresa. Bah, eso le pareció indicar su bello rostro y el diminuto agujero rojo en el pecho. Aunque la muerte seguro que siempre nos toma de sorpresa, divagó…

Se preguntó qué estaba haciendo allí, maldijo una vez más su suerte y se fue del lugar.
Volvió a la oficina del Pasaje Rivarola. Decepcionado, colgó el piloto mojado y se sirvió un whisky.
Miró a la Rémington y la nota en blanco. Se refregó las manos para calentarlas, y comenzó a teclear: “Señor Jefe de Personal…”
Sonó el teléfono. Aún no había amanecido. Y ahora quién…?
- Hable…
- ¿Por qué no llegaste a tiempo?
Se quedó estupefacto. Un cansancio repentino lo hundió en su destartalada silla giratoria de estilo inglés.
Era ella de nuevo…




Continuará...

Otra noche de franco (Capítulos I y II)


Escenas del capítulo anterior...(en realidad el capítulo entero, ya que es breve)
La espera

Tenía todo para ser el investigador ideal: la Rémington, el sombrero, el piloto, la puerta de vidrio esmerilado con su nombre y claro, la pistola.
También sufría como todo gran detective de un momentáneo problema de efectivo, y su secretaria venía cuando quería, un poco porque le debía tres meses de salario y otro poco porque no había nada que hacer.
En la biblioteca, la colección completa de Philip Marlowe, y con los zapatos arriba del escritorio vacío, aguarda a que suene el teléfono, whisky en la mano, cigarrillo en la boca. Seguir a tipos casados para probar infidelidades nunca le gustó.
Es sábado a la noche, y aunque no suele trabajar el fin de semana, él espera que suene el teléfono y una voz femenina le pida ayuda desesperadamente.Pero el tiempo pasa y eso no ocurre. Se pregunta si no será hora de volver a trabajar en el banco...


Capítulo Dos

La llamada

Se quedó dormido con la solicitud de readmisión del Banco de la Nación Argentina en la Rémington, mientras el cigarrillo se consumía lentamente sobre el cenicero. A eso de las tres de la madrugada, lo sobresaltó el teléfono. Confundido y sin saber qué ocurría, contestó. Del otro lado de la línea, una voz femenina.
- ¿hablo con el investigador privado?
Pero él no respondió en seguida, calculando la posibilidad de una broma. Le temía al ridículo. ¿Quién podría ser? No reconocía la voz, y además casi nadie de sus allegados sabía de este “emprendimiento profesional”.
- Sí, soy yo. ¿Con quién hablo?
- No tengo tiempo para explicarle ahora. Debe venir ya mismo, estoy en Santa Magdalena y California….
-¿Barracas a esta hora? Es peligroso…
- Lo espero en veinte minutos, por favor se lo suplico, ¡venga!
Se asustó, y aunque se había despertado de golpe, seguía como en sueños. Buscando espabilarse terminó el whisky que había quedado a medias, y pensó en llamar a su cuñado policía para pedirle que lo acompañe.
Giró para buscar el piloto y se topó con la biblioteca.
-Marlowe jamás llegaría con la policía, lo haría antes que ella…

Se puso el piloto, el sombrero, tomó el arma que le había conseguido su cuñado sin papeles y que jamás había disparado, y fue a buscar su viejo Chevrolet en la oscuridad de la noche fría.
La solicitud de readmisión, en blanco, quedó sobre la Rémington.
Continuará...

martes, 27 de mayo de 2008

Las Malas Compañías


San Clemente con mucho viento, 1.981 (El Topa, un servidor, Cacho y el Colorado)

Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.

Mis amigos son unos desahogados
que orinan en mitad de la vereda,
contestan sin que nadie les pregunte
y juegan a los chinos sin monedas.

Mi santa madre
me lo decía:
"cuídate mucho, Juanito,
de las malas compañías".

Por eso es que a mis amigos
los mido con vara rasa
y los tengo muy escogidos,
son lo mejor de cada casa.

Mis amigos son unos malhechores,
convictos de atrapar sueños al vuelo,
que aplauden cuando el sol se trepa al cielo
y me abren su corazón como las flores.

Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rondando por sórdidos arrabales
donde bajan los dioses sin ser vistos.

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa' ellos la amistad es lo primero.
Joan Manuel Serrat

...Cada estrofa del Maestro los pinta de cuerpo entero, porque de nada de ellas me han privado.
A mis amigos!



Liniers, 2.007 : El Jefe, un servidor, el Topa, el Colorado y Claudio, a quien no dejaron ir a San Clemente por no estudiar. El Jefe, que ahí no era el Jefe sino simplemente Vázquez, no sé por qué no fue) El que falta aquí es Cachito, y tampoco sé el motivo de su ausencia.

Quién?


Caminante sobre el mar de niebla (Caspar David Friedrich)

.

Quién será capaz de saber,

al verla llegar

que viene por uno y nada más

que ese es su destino, el nuestro

y todo acabará al fin; o comenzará?

domingo, 25 de mayo de 2008

Podemos ayudarte



¿Que necesitas? Sacamos el cadáver de tu ropero y lo hacemos desaparecer. Te conseguimos cualquier cosa que desees: cigarrillos, la súper TV, chicas, dinero, polvo, lo que sea… ¿Te molesta ese vecino de enfrente? Nos encargaremos de él…
Pero cuidado, que NOSOTROS también vamos a necesitarte algún día… Y si no estás ahí, ah, no querrás saber lo que te va a pasar…

sábado, 24 de mayo de 2008

Una noche trastocada



Bodegón del Abasto.
No es El Bulli.
Es un bodegón del Abasto.
Acá a cien metros se crió Gardel. El lugar es un poquitín áspero.
Pero a mí me gusta mucho.
El ayudante del mozo se equivoca y le retira el vino a la mesa de al lado. Y no habían terminado de comer.
Nosotros estamos cerca, vemos todo.
El hombre reclama que le llevaron la botella sin terminar.
Pasan diez minutos y nada.
La pareja sigue comiendo y no tiene ni agua.
Otros cinco minutos y vuelve el mozo.
La botella original no la encuentra. Entonces trae una botella pequeña, de vino tinto, abierta.
El hombre se queja de nuevo, estaba bebiendo vino blanco.
Aparece el dueño y se disculpa. Vuelve la botella de vino blanco original.
¿Original? Me pareció que el problema estaba solucionado.
Creo oportuno hacer un chiste.
Miriam adivina mi intención, me pide que cierre la boca.
Nunca lo hago en esos casos. Si el chiste ya está en mi cabeza, no puedo reprimirlo.
Le pregunto al hombre si le parece que encadene mi botella para que el mozo no se la lleve. Encima era de la misma marca que le quitaron a él.
El hombre hace una media mueca parecida a una sonrisa, mientras se apresta a probar el resto de vino de la botella devuelta.
Toma la copa del tallo. Intuyo que eso es señal de guerra, va a probar si el vino devuelto corresponde a la marca de la etiqueta. Esa sola actitud me dice que opina que no es el mismo vino.
Empieza a gritar y dice que ese vino no lo paga. Que no es el de la etiqueta. Que es una estafa. Pequeño escándalo, viene el dueño de vuelta y dice que se trata de una confusión.
El tipo no me mira más, pero la que me mira es Miriam, que en silencio me recrimina…¿por qué no cerraste la boca? Si yo te avisé…
El tipo no acepta explicaciones, ni siquiera el obsequio de una botella idéntica a la del problema. Ahora sí me mira para ver qué hago, si tomo partido por alguien. Pero me quedo callado.
Le digo a Miriam que me pareció exagerada la actitud del hombre, que cuando se dispuso a probarla de nuevo ya había decidido hacer el escándalo.
Observo si le pareció adecuado mi silencio postrero.
Pero Miriam ya no me escucha más. Me dice que debí cerrar la bocota, que nunca lo hago en estos casos, que parezco un chico.
¿La verdad? Tiene razón…
Igual al mozo lo adoro, lo conozco desde que tengo quince y si por error se lleva la mesa y las sillas y nos deja comiendo de pie, seguro que tendrá alguna buena razón.
Mi Bulli se llama “La Viña del Abasto”
No hay que reservar con tanta anticipación pero cuidado, que si llegás tarde esperás una hora mínimo.

El que lo quiera conocer, está invitado. Pero del vino me ocupo yo.

miércoles, 21 de mayo de 2008

El árbol de mi niñez


El asunto es así: por un milagro municipal que me pasó mi amigo tocayo, en internet hay registro fotográfico de todas y cada una de las casas de Buenos Aires. Entonces busqué la casa donde viví de niño, hasta el año 1.977. Con mis amigos Claudio, Armando, Mario, el Tano, Riqui, el Gallego, Omar, Horacio y tantos más que ya no recuerdo, nos gustaba jugar a la pelota en la vereda, pero los dueños de las casas vecinas no nos dejaban, porque querían dormir la siesta. Salvo mi mamá, que no tenía problemas con eso…
La dificultad se nos presentaba a nosotros, porque yo vivía justo en la esquina y el juego se hacía difícil, pero como queríamos jugar al fútbol de cualquier manera, inventamos el partido “con vueltita”, que iba del poste de luz de la calle Carhué -que se ve a la derecha- hasta el árbol de la calle Patrón, que se ve a la izquierda. Recuerdo los sustos que le dábamos a las viejitas cuando les aparecíamos en estampida por la bocacalle desierta cinco o seis chicos corriendo detrás de la pelota…
Ese árbol además de servirnos como arco de fútbol, daba a la ventana de la habitación que compartía con mi hermana, de modo que cada vez que abríamos la persiana, era lo primero que veíamos, y nos daba además el primer sonido de la mañana, con los pájaros que en él se posaban. Seguro que no les parecerá un árbol muy especial, en esta foto invernal se lo ve pelado y flaco, pero había pocos en el barrio…Allí nos juntábamos en rueda de amigos de noche y de día, y cuando quería algo de mi casa iba de él a la ventana de mi cuarto, sin pasar por la puerta. Y mi hermana lo aprovechaba cuando estaba frondoso, para espiar desde la ventana al vecino que le gustaba sin que él la viera. En el verano nos sentábamos bajo su sombra y también podía servir de escondite en los juegos.

Han pasado treinta años de esto, nunca más había pensado en este árbol, hasta que Mari Carmen nos propuso hablar de árboles. Para mí era el mejor árbol del mundo.



martes, 20 de mayo de 2008

Paseando por San Telmo (II)

Mientras en el mercado la carnicería esperaba vecinos ávidos de asado de domingo, me tropecé con una antigua tanguería, ya cerrada:
No sólo conocido por "Malena", Demare tiene otras páginas inolvidables como "Mañana zarpa un barco" "Dandy" o "Tal vez será mi alcohol" (Que la censura transformó en"Tal vez será su voz")...Aquí el único instrumento fijo que había era el piano, que tocaban generalmente él o músicos invitados que pudieran aparecer, como Don Mariano Mores. No se bailaba ni había tango "for export", la mayoría del público estaba formada por músicos que subían a tocar, a cantar, o a recitar versos como solía hacerlo el mitológico Julián Centeya, uno de los más grandes poetas del lunfardo...
En el año 74 Don Lucio le contaba a Osvaldo Soriano:
"La música de "Malena" la hice en no más de 15 minutos. Manzi me había entregado los versos unos diez días atrás. Pensé: "Esta noche va a venir Manzi y por lo menos le voy a decir como empieza el tango". Entonces me senté en un café y lo escribí de corrido, sin pulir y sin cambiar nada. Fue en el verano de 1942, en "El Gran Guindado", un bar de Acevedo y Libertador, frente al zoológico, ya lo tiraron abajo..."… "Yo no llegué a tratar mucho a Gardel. Cuando se paró al lado mío en el "Ambassador" me preguntó cómo era "Dandy". Entonces concertamos un ensayo en casa. Vino como un señorito, a la hora que habíamos convenido. Después lo invité a comer un puchero y me dijo: "¿Tu vieja qué es, tana o gallega?". "Tana",le contesté. "Entonces quiero comer pasta". Arreglamos para el día siguiente, para comer unos ravioles. Y mientras mi vieja estaba en la cocina preparando los ravioles le cantó "Dandy" y le dijo: "Mire, esta pieza es de su hijo y con ella hago un gol".



Mi padre trabajo allí y lo conoció a Don Lucio...

Seguí mi camino por San Telmo, y busqué un lugar donde comer, evitando la enloquecida calle Defensa. Casi entro a este restaurant, pero entonces me acordé de la Antigua Tasca...

"Antigua Tasca de Cuchilleros"

Entré a almorzar a esta casa, cuya habitación del frente es de fines del siglo XVIII y las del fondo del siglo XIX. En esa última época gobernaba el General Rosas, y aquí vivía el Sargento Oliden, integrante de la "Mazorca" (fuerza de choque del rosismo) y su hermosa hija Margarita. El padre quería que ella se casara con otro mazorquero -Ciriaco Cuitiño- pero la joven amaba a un payador llamado Juan Cruz Cuello. Se imaginarán como sigue la historia...Margarita se fugó con Juan Cruz y Cuitiño, loco de celos, los persiguió, alcanzándolos en Luján, que queda... ¡a setenta kilómetros de aquí! Juan Cruz pudo escapar pero no Margarita, quien resultó malherida. Aún así logró volver a esta casa, pero murió pocos días después...
Pero esa es historia antigua. El domingo almorcé asado y vino bajo la parra del patio centenario, aunque de vez en cuando miraba a la puerta de calle, no fuera cosa que se apareciera Cuitiño y me confundiera con el fugitivo Juan Cruz...

Pagué la cuenta, era la hora de volver a casa, aunque algunas sorpresas más me depararía el domingo...

lunes, 19 de mayo de 2008

Historias de San Telmo: una carrera fugaz


Mientras deambulaba el domingo por San Telmo, me tropecé con el Bar Dorrego, y recordé que hace unos cuantos años, esperaba a una novia justamente en la ventana de la foto. No era domingo sino sábado por la mañana, con lo cual la zona estaba bastante despejada. Mientras leía el diario, del lado de afuera ví a dos tipos que hablaban entre sí y me miraban. Uno era más veterano y parecía el jefe. Al cabo de unos minutos de cabildeos, se me acercó el otro, y me explicó que el señor que esperaba afuera era un fotógrafo canadiense, que le gustó la imagen mía leyendo el diario sobre la ventana del bar, y quería saber si yo tenía algún problema si tomaba algunas fotos. Le dije que no y empezó el asunto. Colocaron el trípode, primero desde la calle, y detrás del vidrio veía cómo el profesional le iba marcando al asistente las coordenadas de rigor. Luego empezó a menear la cabeza y al rato el asistente que vuelve a entrar. Entonces llamó al mozo, mientras me decía que el toque autóctono completo lo encontraría con él junto a mí, sirviéndome una taza de café, lo que el hombre aceptó sin problemas.
Yo a esta altura estaba algo inquieto, porque no había podido leer el diario, se me hacía tarde y la cita no era en ese bar. Pero soy un hombre de palabra y continué la faena.
Luego de sacar algunas fotos, el artista y su ayudante entraron al salón, le pidieron permiso al dueño, y comenzaron a colocar luces que parecían los reflectores de los Rolling Stones, y otra vez la misma operación: yo leyendo el diario, el mozo sirviéndome distraídamente un café, y el fotógrafo disparando, desde adentro.
Un rato más tarde terminó el asunto, y recién ahí me saludó el profesional, que según el asistente tenía cierto renombre. Contento con la tarea cumplida le pregunté donde saldrían las benditas fotos, si me podrían enviar unas copias y todo ese tipo de cosas, a lo que el asistente me dijo que sí, que me llegarían por correo junto con la revista donde salieran publicadas, porque el profesional era “free lance”
Lo único que necesitaban era que les firmara una conformidad con la publicación, lo que hice de inmediato y gustosamente. Acto seguido llamaron al mozo y siguieron la misma rutina burocrática, pero hete aquí que el hombre desconfió y se negó a suscribir el permiso.
Primero fue el asistente, luego el gringo en su medio castellano, también el dueño del bar e incluso yo tratamos de convencer al tozudo trabajador, en mi caso con técnicas que cruzaron la frontera de la agresión, ya que mientras él decía que no firmaba nada si no entendía bien de qué se trataba, yo le respondía que en ese caso no firmaría nada jamás porque era un burro. Pasó otro rato y el hombre seguía en sus trece. El problemita es que aparecía en TODAS las fotos que tomó el canadiense, quien además se puso de pésimo humor y decidió que la sesión terminaba allí y que nada sería publicado.
En el enojo se olvidó de tomar mi dirección, las fotos nunca las vi, mi carrera de modelo fotográfico murió antes de nacer y mi querido mozo siguió trabajando unos cuantos años más en el bar, por lo cual dejé de frecuentarlo para no recordar el momento con cada café que me sirviera.
Recordando la alianza en su anular, me pregunto por qué no aplicó sus principios antes de casarse…

domingo, 18 de mayo de 2008

Una visita a San Telmo

Esta mañana decidí ir a la feria de San Telmo. En alguna otra entrada he criticado al barrio, porque se encuentra gente de todas partes del mundo menos de…Buenos Aires. Pero lo cierto es que los domingos la feria es maravillosa, y seguramente es pariente del Rastro de Madrid, la Tristán Narvaja de Montevideo o el Mercado de Pulgas de París.
Así que cámara en mano me fui dispuesto a estudiar el terreno a la búsqueda de elementos no turísticos, preturísticos o al menos ligeramente turísticos. ¿ Y por qué hice esto? En primer lugar porque soy un buen anfitrión, y como viajero que soy, sé que todos, cuando llegamos a algún sitio que no conocemos, queremos ir justamente a esos lugares donde no van los turistas. Y en segundo lugar lo hice porque no tenía absolutamente nada que hacer, lo que en lunfardo suavizado sería estar “al divino botón” o bien “al cuete”

¡Allá vamos!


Empecemos con una historia de novela, y de terror para más datos. Aquí nació en 1.846 Felicitas Guerrero de Alzaga, dama ilustre de la sociedad porteña, y el fantasma más famoso de Buenos Aires. Asesinada por un amante despechado, se dice que su espíritu aún merodea la iglesia del barrio de Barracas que sus padres construyeron en su memoria. Aquí también velaron a quien fuera "la mujer más hermosa de la República". Por las dudas mejor no entrar...
Siguiendo con el tono de la foto anterior, desde esta vista aérea de la plaza Dorrego, epicentro de la feria, observamos las mesas dispuestas sobre la vereda de un pequeño hospital. Me pregunto que opinarán los internados de las habitaciones exteriores sobre el bullicio de la calle. Seguramente no tendrán ninguna foto de la enfermera circunspecta que ordena cerrar el pico.
El mercado de San Telmo es del año 1.897. De estilo italiano, por dentro tiene una estructura de hierro con techos de chapa y vidrio. Está a metros del epicentro de la feria y sin embargo no se ven tantos turistas por allí.
Vecinos comprando en el mercado los alimentos para el almuerzo del domingo.
La casa de Castagnino. Nuestro famoso pintor (1.908-1972) vivió en esta casa que data del siglo XVIII. Obsérvese cómo cuidamos los porteños nuestras fachadas notables...



La Iglesia Dinamarquesa: de extraña fachada neogótica, se inauguró en 1.931 para la colectividad danesa y los marineros de esa nacionalidad que llegaban al puerto de Buenos Aires.

El paseo continuó, en estas fotos traté de buscar lugares con menos gente...pero la plaza estaba repleta!

Ya lo verán...

La escena del crimen


Los domingos, cuando me levanto y veo como quedó mi casa luego de la reunión de sábado a la noche, observo todo ajenamente, con ojos de investigador que llega a la escena del crimen. La mesa levantada a medias, y en la cocina, los platos y ceniceros apilados, esperando. Algunas sillas ligeramente separadas de la mesa, indican que al final, la decisión de irse de los invitados fue rápida, y aprobada alegremente por los somnolientos dueños de casa. El vaso de colores anuncia la presencia de un niño en la reunión, y el CD, el encendedor y los naipes, que la velada se extendió. Botellas de cerveza en la cocina, y desorden. Mientras sigo mirando los restos de vajilla sobre la mesa, pienso. Pienso que la diversión nocturna parece efímera vista desde el día siguiente; que a lo mejor algunas pasiones no son tales vistas a la luz del sol.
Estoy solo, entonces decido que todo puede esperar, que el fin de semana no acabó, y salgo a caminar por mi ciudad.

La escena del crimen seguirá intacta unas horas más...


jueves, 15 de mayo de 2008

Están ahí pero no los ves...


“…Aquellos dos, esperando a alguien con un maletín del lado de la calle. Aquel, está marcando puntos para una salidera. ...Están ahí, pero no los ves. Bueno, de eso se trata. Están pero no están. . Así que cuidá el maletín, la valija, la puerta, la ventana, el auto. Cuidá los ahorros, cuidá el culo. Porque están ahí, van a estar siempre ahí. Chorros? No, eso es para la gilada. Son descuidistas, culateros, abanicadores, gallos ciegos, biromistas, mecheras, garfios, pungas; boqueteros, escruchantes, arrebatadores, mostaceros, lanzas, bagayeros, pequeros, filos..."
*
¿Se acuerdan de esta película? Imposible olvidarla…Hay una escena -la que más me gusta del film- en la que el ladrón experto le enumera al novato toda la fauna de delincuentes callejeros de la gran ciudad.
Abajo, un glosario para traducir las palabras del lunfardo (jerga argentina formada con elementos del caló y dialectismos italianos. En principio sólo lo usaban los delincuentes, algo parecido a la giria brasileña y a la germanía de España)
*
Puntos: tipos, hombres
Salidera: asalto a personas que salen de un banco o casa de cambio, poco después de alejarse del mismo.
Chorro: ladrón armado
Gilada: grupo de tontos
Descuidista: ladrón que aprovecha el descuido de sus víctimas
Culatero: ladrón especializado en bolsillos traseros/ Ladronzuelo que aprovecha la detención de camiones y camionetas en los semáforos para distraerle mercancías de su carga. ...
Abanicador: ladrón hábil en abrir puertas, ventanas, o cajas de hierro
Gallos ciegos: víctimas de un estafador, que sin saberlo, hacen trámites fraudulentos de buena fe (por ejemplo, cobrar un cheque falso o robado)
Biromistas: levantadores de quiniela clandestina. Se les dice así por la birome (bolígrafo) que usan para anotar.
Mechera: ladrona de tiendas
Punga/Punguista: ladrón que roba los bolsillos de la víctima. Garfios: los dedos del punguista
Boqueteros/Escruchantes: ladrones que rompen puertas o ventanas para robar.
Mostaceros: pungas que manchan a la víctima con mostaza, para después robarles la billetera mientras lo ayudan a sacarse el saco para limpiarse.
Lanza: ratero
Bagayero: contrabandista
Pequero: Delincuente dedicado a la estafa por medio de trampas en juegos de azar.
Filo: estafador callejero

martes, 13 de mayo de 2008

Suerte loca II parte (y final)


…Pero volvamos una vez más a nuestro protagonista, que ganó la “cadena”. Feliz, se retiraba de la cena con su chica, y cuando estaba por abrir la puerta del restaurante, entraron tres tipos y le dijeron: “vos no te vas a ningún lado, esto es un asalto…”

Los obligan a sentarse en una mesa del centro del salón. El líder del grupo se dirige directamente a la caja a desvalijarla. Los otros dos empiezan por las puntas, bolsa en mano, a exigir la contribución de cada parroquiano, básicamente billeteras y teléfonos. Nuestro hombre se queda callado, dándose cuenta de que se va todo. Pero cuidado, que la “cadena” la tiene ella, y sabemos cómo son las mujeres…Ya pasó el primer momento del susto y comienza a observar. El más profesional del trío está en la caja, los dos que van por las mesas gritan, amenazan, muestran sus armas, pero permiten que algunos saquen la plata de las billeteras y se queden con sus documentos. Tampoco se llevan los bolsos de las damas. Rápidamente se acercan al centro del salón, y nuestra protagonista ya decidió apostar que la “cadena” no se la llevan… Mientras revuelve el bolso para entregar su billetera, tira los ocho billetes de cien al suelo, debajo de la mesa, con la mala fortuna de que se le desparraman. Ya se acercan los ladrones y decide poner su bolso sobre los billetes….Pero su instinto de conservación le dice que si se lo hacen levantar y ven el dinero, la va a pasar mal, muy mal. Todos los ladrones odian que los quieran engañar. Están armados, ¿y si les disparan? La gana el sentido común y levanta el bolso… ¿La plata también? ¡No! Las apuestas ya se cerraron y la “cadena” sigue en el piso: acomoda los billetes disimuladamente con sus pies y los cubre con ellos, tobillo con tobillo y que sea lo que Dios quiera…
Llegan los ladrones y empiezan con nuestro hombre: afuera la campera (¿trescientos pesos tal vez?) venga el celular (¿otros trescientos?) adiós al dinero que llevaba encima (ya había pagado la cena, supongamos que tuviera doscientos más)
Ya le llevaron ochocientos, pero no esos ochocientos…Esos siguen con ella…
Ahora van por ella: afuera su dinero y otros efectos. Uno de los jóvenes duda. La mira. Algo no está bien. Ella está rígida…pero estos son golpes de tres minutos, más es peligroso. El Jefe le grita “basta, ¡vamos!” Y enfilan hacia la puerta…Ya van a ganar la calle y ella sigue de tobillos apretados y con las manos sobre la mesa, como rezando. Entonces el ladrón vuelve y le grita “¡dámela!”

Ahora ella se da cuenta de que arriesgó todo, pero ya es demasiado tarde…Piensa en disculparse, en tratar de explicarle, pero sabe que será en vano y se enfurecerá más…Entonces el ladrón le grita: “No te hagas la idiota, ¡dame la pulsera de oro!” (¿cuatrocientos pesos?)
Terminó todo y nuestra pareja ha sido limpiada de no menos de mil quinientos pesos…
Pero debajo de la mesa, y debajo de los pies que estaban pegados al piso como con cemento, permanece don Julio Argentino Roca, presidente argentino del siglo XIX, asesino de indios y cara visible de nuestros billetes de cien, por octuplicado…
Y ellos se van felices, porque les han robado casi todo, excepto lo más preciado… ¡la “cadena”!

La suerte no se queda para siempre en ningún lado, pero creo también que en su devenir describe raras parábolas…

“Basta de carreras,
se acabó la timba,
¡Un final reñido
ya no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo.
yo me juego entero
¡Qué le voy a hacer!”
(Tango “Por una cabeza” de Gardel y Le Pera)
*
“Ve al hipódromo por lo menos una vez a la semana
y gana si es posible.
Aprender a ganar es difícil, cualquier idiota puede ser un buen perdedor”
(Charles Bukowski)

Ahora sí, los caballos cruzaron el disco…!

Suerte loca (o historia de martes 13)



La historia fue así: un hombre que trabaja en el hipódromo acertó una cadena (saben que los empleados también apuestan ¿no?)
La apuesta en cuestión es harto difícil, porque se trata de pronosticar los ganadores de seis carreras consecutivas. Por supuesto que se pueden agregar varios caballos por competencia, lo que encarece la jugada pero a la vez la hace más factible, y ahí está la hazaña: la acertó “derecha”, es decir, sin combinación alguna, ya que eligió un caballo por carrera. Dio en el blanco con todos…Cualquiera que sepa de estadísticas sabe de lo que estoy hablando. Cobró ochocientos pesos, no son una fortuna, pero es el equivalente de un salario mínimo…Digamos que mientras un obrero trabaja un mes, nuestro hombre levantó su ingreso con seis pases de magia consecutivos.
Las apuestas no son para cualquiera, porque sabemos que el sistema necesita más perdedores que ganadores si no, no funciona. Pero aquí no se trata de azar exclusivamente, ya que también admite el “estudio” de historiales, jockeys, cuidadores, peso, tipo de suelo, si llueve, si hay viento, si el caballo está nervioso antes de largar, si el dueño del animal viene a ver la carrera con su familia y amigos, cuánto le apuesta, y otros cien detalles más. Ese conocimiento lo tiene un tipo que trabaja allí, aunque algo más hay que tener, sino todos los empleados del hipódromo serían millonarios…
Tampoco pueden jugar mucho dinero, de lo contrario el sueldo se iría en una semana.
Pero volvamos a nuestro protagonista, que ganó. Feliz, se retira y decide ir a cenar con su chica, a paladear la victoria. Cena, brindis, cuenta y salida. Cuando está por abrir la puerta del restaurante, entran tres tipos y le dicen: “vos no te vas a ningún lado, esto es un asalto…”
Y allí, como en una pesadilla, avizora el egreso de preciados bienes: celular, campera y billetera, pero sobre todo un dinero que vale más que su precio…la bendita cadena. Como en película de Luis Sandrini, él y ella tienen ganas de reír y llorar a la vez…

A veces pienso que la suerte no se queda para siempre en ningún lado, pero que se detenga solamente dos horas en la vida de uno, ¡es demasiado!

Tal vez sea como dice el tango: “…en el naipe del vivir, para ganar, primero perdí…” ¿No es así chicos?

Ojo, que los caballos todavía no cruzaron el disco…

domingo, 11 de mayo de 2008

Alozaina


Hoy me han venido a visitar mi mamá y mi tía, y luego de recorrer el blog de una andaluza que quería que conocieran (Mari Carmen) hemos buscado algunos datos sobre el pueblo donde nacieron, que queda en la provincia de Málaga. Y hemos descubierto que Alozaina fue reconocido como el pueblo más bello de España en el año 77. Probablemente fueron los árabes sus fundadores, aunque se encuentran vestigios del paso de los romanos por el lugar. Altazaina o Alhosaina podría significar castillejo, y los árabes lo denominaron como "lugar bueno y sano".

Mi abuelo se llamó Antonio De Luna López, y fue Secretario del Juzgado de Paz, y también administraba olivares del Molino. Fue fusilado en el año 1.937 por Franco, y la familia de a poco se fue viniendo para Argentina, excepto una tía que ya se había casado y se quedó en Madrid.

Mi abuela Josefa Campos Sánchez de De Luna tuvo siete hijos: María, Remedios, Miguel, Dolores, Antonio, Micaela (mi madre) y Concepción y murió en Buenos Aires en el año 1.986.
Todos se enamoraron de Argentina pero jamás pudieron olvidar su tierra.


Aquí van algunas fotos que encontramos los tres, ellas fueron en el año 2.000, ahora me falta ir a mí...Si alguno de los que ven esto conoce Alozaina, bienvenida sea la información que quiera compartir.

Fotos de Alozaina

Una calle del pueblo
Entrada del pueblo

Viejos



¿Por qué a los viejos para elogiarlos, les decimos que tienen un espíritu “joven”?
¿Qué conservan la juventud en algún lugar del corazón?

Yo veo muchos ancianos vitales y jóvenes abúlicos.
La vitalidad termina con la muerte, nada más. No tiene vencimientos por edad.

Veo también algunas personas que no saben qué hacer con su tiempo; y otras que no tienen tiempo que perder. Pero no me fijo en sus edades.

¿Por qué a veces da pena alguien sólo por ser viejo, cuando debiéramos admirarlo y desear poder vivir todo lo que él vivió?

¿Por qué envejecer manteniendo el espíritu “joven”?
Yo quiero llegar a viejo con cuerpo de viejo y espíritu de viejo. Mayor sabiduría que ahí no voy a encontrar, seguro.

sábado, 10 de mayo de 2008

Convivencia


Sos como la mosca en la sopa
O una piedra en el zapato
Pajas en ambos ojos...
Con vos sí que me rescato!

Trompetazo en el oído
Café negro y enfriado
Mosquito fino y zumbón,
Que para siempre he amado!

Pisotón dado de taco
Martillazos en los dedos
Corbata clara con ketchup
Pero sin vos nada puedo!

Zapato muy ajustado
Una gotera en el caño
Cuando aquí estás, yo me enojo
Y si te vas ¡ya te extraño!

Insomnio


Vueltas en la cama.
Ojos abiertos al oscuro
Cansancio que no cesa.
Pensamientos en el mañana; y en la mañana.
Frazada puesta, boca arriba.
¿Qué fue ese ruido?

Ya son las dos.

Heladera.
Pastores en T.V.: salvación eterna, no.
Sólo dormir.
Computadora. Mucha luz, ojos que duelen
Mejor me acuesto, de costado.
¿un libro?
Más luz no,
MP3
Son las cuatro.

¿Qué será de la vida de...?
Más vueltas

¿No debería renunciar al trabajo mañana mismo?
Pruebo boca abajo.
¿Pelé o Maradona?

Tengo que volver al gimnasio,
recuperar la forma.
Cien billones de células...despiertas
Son las cinco.

Los pensamientos se apagan
La música desaparece
Sensación placentera
Comienza el viaje
Me olvido de todo…

Son las seis
Suena el despertador.

jueves, 8 de mayo de 2008

Sin ánimo de ofender (II)


Quiero pedir disculpas por si te molesto con mi entrada anterior: no tengo ánimo de ofenderte. Tal vez no sé explicarme, y te interrumpo lecturas mejores. ¡Humildemente y con toda franqueza quiero decir que no volveré a faltarte el respeto, ni a despertarte, salvo que no me quede otro remedio!
Y si me permites, espero arrancarte una sonrisa…

Y si aún no lo conseguí, me la juego por el falso epitafio de Groucho que puede venir al caso: "Perdonen que no me levante..."


miércoles, 7 de mayo de 2008

Sin ánimo de ofender...


“Sin ánimo de ofender…” Si te parece que vas a ofender y eso te tiene tan preocupado como para advertirlo, no lo digas. Y si crees necesario decirlo de todas formas, asume las consecuencias sin más ni más…

“Disculpe si lo molesto…” ¿Te preocupa molestar? Entonces no hagas lo que te parece que puede molestar. Y si quieres o debes hacerlo, hazlo de una vez.

“No sé si me explico…” (o si soy claro, o si se me entiende) ¿Acaso eres Platón?

“¿Interrumpo?” Si lo preguntas seguramente que sí, entonces dí de una vez lo que tengas que decir…

“Humildemente le quiero decir….” ¡acabas de abandonar la humildad, ésta no se declama!

“Con todo respeto…” ¿me lo vas a faltar, no?

"Con toda franqueza..." ¿Antes me estuviste mintiendo?


“Ay, ¿Dormías?” ¡Ya sabes que sí!

“¿Me permite…?” ¿Para qué preguntas mientras comienzas a hacerlo…?

¿Por qué insistimos en anunciar lo que vamos a decir inmediatamente en lugar de ir al grano? ¿por qué queremos amortiguar las palabras cuando se viene algo difícil?
Digamos lo que tengamos para decir de una vez, y si el otro se ofende, se molesta, no entiende, o si interrumpimos algo, o le faltamos el respeto a alguien, o sonamos jactanciosos, a bancarse la que se nos venga...Pero por favor, no anunciemos la próxima línea, no pretendamos atenuar sus consecuencias! Y si no, no digamos nada…

lunes, 5 de mayo de 2008

Angela me preguntó...


Se trata de poner seis cosas que me gustan y seis que no me gustan, pero voy a alterar ligeramente la consigna para no caer en generalizaciones, y así voy a contar cosas que me gustan o no de…ya lo verán, y todo sea para no decir que me gusta la paz y odio la guerra!
Al fin y al cabo, uno se da más a conocer en las cosas simples que en las grandes...

Me gusta:
Desayunar en familia con todo el día por delante para compartir
Comer un asado con amigos
Ir descubriendo restaurantes donde la comida sea sabrosa y los precios razonables
Ir a un restaurante donde los mozos sean amables y el dueño se acerque a conversar conmigo y le interese mi opinión
Una botella de vino tinto, jamón, queso y un tanguito de fondo

No me gustan:
Los lugares de comida rápida
Los almuerzos de trabajo
Los restaurantes donde hay que esperar para sentarse y luego te apuran para que te vayas
Las aceitunas negras y las milanesas de soja
Ir a un restaurante donde comí mal y pagué bien
A esta altura se imponen un par de aclaraciones: soy casi tan guapo como el del cuadro pero mojado peso setenta kilos!

Con esta variante pantagruélica se lo paso a

Vida y Sendero

Shikilla

Cigarrales

domingo, 4 de mayo de 2008

Bogey y un par de chicas...


¿Se puede mejorar esto? Ah, me olvidaba...el tipo medía un metro sesenta y además ceceaba...

sábado, 3 de mayo de 2008

Un deporte internacional

Días atrás contaba aquí de la pasión argentina por mirar mujeres por la calle. Luego de dar algunos consejos, terminaba el relato preguntándome cómo sería en otros países. Entre otros testimonios llegados de España, Cigarra me contó de un porrazo que se dio su primo al tragarse una farola de Madrid por mirar a una de ellas, y Mari Carmen refirió que produjo un pequeño accidente de tránsito porque un automovilista no pudo desviar a tiempo su mirada a ella.
Entonces dudé que se tratara de un fenómeno local.
Y luego me acordé del “Flatiron Building”, un edificio de Manhattan, construído entre 1.901 y 1.903 por el arquitecto Daniel Burnham. En realidad lo bautizaron “Fuller Building”, pero terminó siendo conocido como flatiron, que literalmente quiere decir plancha, por su forma triangular. ¿Y qué tiene que ver este edificio con mirar mujeres por la calle? Que en la esquina de la Quinta Avenida y la calle 23 se formaba una interminable hilera de tipos que aguardaban impacientes y sin disimulo, ya que por la particular forma del edificio se formaban corrientes de viento que les levantaba las polleras a las mujeres, y dejaban ver sus…¡tobillos! Tal era el revuelo que se formaba que la policía debía sacarlos a bastonazos de la calle 23 .
Si bien no es el estilo elegante de mirar que yo pregono, no deja de resultarme simpática esta historia de hace 100 años, especialmente la excitación que podían provocar tobillos femeninos descubiertos por el viento, al extremo de que la policía debiera intervenir…
El año pasado estuve por allí, y me quedé un largo rato en la esquina pero para mi desilusión, no había ninguna hilera de fisgones, ni policías dispuestos a dar bastonazos, ni mucho menos mujeres de largos vestidos donde ocultar sus tobillos.
Entonces ya no veo el asunto como un deporte nacional ni de una época determinada, lo que me obliga a colectar pruebas que delimiten con precisión el alcance geográfico de mi teoría, y no repararé en gastos de viaje ni alojamiento para comprobar “in situ” cualquier testimonio que aquí se agregue, los cuales desde ya agradezco profundamente.

viernes, 2 de mayo de 2008

El Flatiron


Botellas al mar


Tirando botellas al mar

con el papel en blanco, sin fe

qué chance puedes tener

que alguien sepa de ti?

jueves, 1 de mayo de 2008

El Dr. Jekyll, Mr. Hyde, Borges, mi gata Ursula y mi ex gata Negra


Don Jorge Luis se quejaba en “Discusión” sobre el tratamiento que Hollywood le había dedicado a la obra de Stevenson ya que, lejos de captar el carácter moralmente dual de Jekyll y la maldad “sin tregua y sin aleación” de su esencia Hyde, transformó la historia en una lucha entre el Bien (con el pudoroso noviazgo de Jekyll y Beatriz-Lana Turner) y el Mal (la impura cohabitación de Hyde con Yvi-Ingrid Bergman) Sarcástico con la película y las transformaciones del protagonista, Borges dice que “…en las escenas iniciales del film, Spencer Tracy apura sin miedo el versátil brebaje y se transforma en Spencer Tracy con distinta peluca y rasgos negroides…”
¡Debemos agradecerle al Sr. Director que filmara semejante disparate solamente para que Borges nos regalara su mordaz mirada!
Siempre me quedó dando vueltas el asunto de la dualidad moral vs. los impulsos sin freno...

Cuando sólo éramos dos en casa nos trajimos dos gatitas de la calle de 45 días, Ursula y Negra, que de inmediato se hicieron las dueñas del lugar. Ursula era más retraída y discreta, la Negra siempre imponía su personalidad a la otra e incluso a nosotros, mirada fulminante de por medio.
Así fue transcurriendo la convivencia de los cuatro, hasta que nació nuestra hija, que cambió las prioridades y hasta los territorios de cada integrante de la casa. Así, no les fue permitido a las gatas acercarse más a las camas, quienes lo vivieron como una afrenta, resignadamente en el caso de Ursula, con oposición manifiesta cuando se trataba de la Negra, quien rasguñaba la noche entera nuestra puerta queriendo entrar. Sólo teníamos que ver la cara de furia del animalito para saber lo que estaba sufriendo por el despojo…
El clima hogareño se veía perjudicado, porque a la dicha de la llegada de la nueva integrante del hogar, se manifestaba el enojo gatuno. No se acostumbraban a dejar de ser el centro de la casa…
Finalmente pasó lo que temíamos. Cuando nuestra nena tenía tres años le acercó su carita a la Negra y bam! La rasguñó. Rápido exilio a casa de mi mamá y asunto terminado. Ursula al ser liberada del yugo que le imponía su hermana, adoptó una actitud más alegre, y como nunca fue agresiva, se adaptó a la niña y ahora todo está en paz.
La Negra sigue con mi madre y creo que fue un buen negocio para ambas, porque una está a disposición de la otra y nadie disputa nada…
Por supuesto que sigo amando a ambas gatas, y cuando vamos de visita a casa de mamá seguimos los pasos inquietantes de la Negra, que parece haber olvidado el asunto (mi hija también) y viene rápido a acostarse en mi regazo y recordarme su amor…
Y ahora pensé a las gatas –al ser hermanas pero completamente distintas- como una especie de versión felina de Jekyll y Hyde. Una con una actitud más civilizada, dual, resignándose por la invasión que sufrió en su hogar y la otra, dando rienda suelta a sus instintos sin importarle las consecuencias, haciendo lo que me imagino ambas querían hacer al comienzo. Ahora la niña creció y juega con otra actitud con las gatas, que ya no se ven invadidas por ella y la quieren.
Yo creo que algunos animales también tienen sentimientos y pueden expresar amores y despechos como los humanos.
Ahora bien, parece claro quién es quién después del relato, pero a veces temo haberme equivocado en la decisión, y en realidad se haya quedado en casa Mr. Hyde…

Hay un muchacho

Hay un muchacho que se retrata en Montmartre. Corre el año 1904 y él ya sabe quien va a ser. Sólo pinta cuadros tristes y azules, en la escena melancólica del París de principios del siglo pasado. Sus padres lo bautizaron Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz, pero eso nadie lo sabe todavía.


El mundo pronto conocerá a este malagueño por otro apellido, el materno: Picasso



La vida (Picasso, 1903)